Encadenados (Notorius, 1946), de Alfred Hitchcock

  11 Julio 2018

Champán

Encadenados - 0Es conocida la costumbre que tenía Hitchcock de aparecer fugazmente en sus películas. Lo que hoy se llamaría un cameo. Esas apariciones eran en ocasiones humorísticas, otras representaban un auténtico alarde (véase si no la que hace en Náufragos). Pero casi siempre se producían al inicio de la película, pues el director consideraba que era una manera de no distraer la atención del espectador, quien de otra manera estaría más pendiente de encontrarlo que de la misma trama.

Sin embargo en Encadenados esta regla se rompe. No vemos a Hitchcock hasta rebasada la hora de película, del poco más de hora y media de su metraje, casi ya en la resolución final. Podría parecer casual, pero en absoluto lo es.

Alicia le ha robado la llave de la bodega a su marido, Alexander Sebastian, para que su amante y compinche, Devlin, acceda e investigue lo que allí se esconde. Lo va a hacer durante una fiesta, donde los invitados son agasajados con el champán que el anfitrión guarda en esa bodega. El problema es que sólo existe una llave, la que ha sido robada, lo cual convierte a Sebastian en el único que puede acceder ella, y por lo tanto si el champán se agota tendrá que ser él quien baje a por más o quien ordene a alguien que lo haga, descubriéndose así el robo.

Lo que a partir de ahí tiene lugar parece una secuencia de suspense, tan del estilo del autor, en la que no sabríamos en realidad qué va a ocurrir hasta que finalmente se resuelva. Pero en realidad no lo es. Y no lo es, precisamente, por la aparición de Hitchcock.

Podría decirse que las posibilidades de ser descubierto el engaño son proporcionales al champán ingerido, a la sed de los invitados. Cuanto más beben más peligro. Y así parece desarrollarse por cuanto entre las idas y venidas de los asistentes se van intercalando planos de las copas y de las botellas, cada vez más escasas. Sin embargo hay un detalle que convierte en superfluo todo ese aparente crescendo, y es el que nos muestra al mismo Hitchcock bebiendo, colaborando en que el champán se agote.

Es decir, quien decide qué va a ocurrir, el director, el único que puede dictaminar si el robo se va a descubrir o no, contribuye a la resolución del enigma en uno de los sentidos, toma partido, de tal modo que la intriga desaparece. Con su aparición al principio de la fiesta nos está desvelando el desenlace de la trama, porque él no es un invitado más, sino aquel de quien depende qué va a ocurrir con ella. Y efectivamente así es: Alexander Sebastian acaba dándose cuenta del engaño.

Hitchcock fue el primer director que se convirtió en estrella, el primero que compartió de igual a igual cartel con los actores, lo cual no era sino un reconocimiento de su autoría, del poder que tenía sobre el artefacto cinematográfico. En esta fugaz aparición lo que hace es ejercer ese poder, al tiempo que lo muestra de manera clara y precisa.

Escribe Marcial Moreno

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