El tercer asesinato (Sando-me no satsujin, 2017) de Hirozaku Kore-eda

  15 Febrero 2018

¿Y ahora qué?

El-tercer-asesinato-1¿Qué ocurre cuando un abogado consciente de su capacidad profesional se topa con un caso que lo enfrenta a su realidad personal y vital? ¿Qué pensar cuando un (aparentemente) sencillo caso de asesinato se comienza a complicar y se entremezcla, incluso, con problemas de ámbito íntimo?

La película de Hirozaku Kore-eda reivindica, desde su comienzo, la necesidad de ir más allá de lo aparentemente real, incluso desde la propia verdad de las imágenes.

En el inicio, el espectador contempla un asesinato. Sabe pues quién es el asesino. Un juego sencillo. Un plano en el que vemos todo el proceso de ese asesinato que se proyectará de forma real, simbólica o referencial, sobre los otros dos asesinatos señalados en el título.

Pero, la verdad, incluso la nuestra, se puede reconducir hacia la incertidumbre, poniendo en entredicho lo que hemos visto. En este sentido, el lúcido filme de Kore-eda parece erigirse en una variante de Rashomon, de Kurosawa.

Nos movemos en el mundo de la verdad mentirosa, de la incertidumbre de lo que hemos visto. En un territorio fronterizo que traspasa lo que aparece en la pantalla, aquello que creemos haber visto.

La película trata de ir más allá de esa visión primigenia al decirnos algo tan claro como que la verdad de los hechos trasciende lo que nuestros ojos ven o lo que alguien ha dicho. Cuando eso ocurre, cuando la duda acontece, el mundo de la creencia, de la seguridad, se viene abajo.

Como le ocurre al abogado protagonista del filme. Su seguridad, la forma de seguir una vida reglada, tranquila, en un camino hacia el éxito, se desmorona.

Nada mejor para sitiar al personaje que el plano final, el que cierra esta interesante introspección sobre el ser humano, al mostrarnos al protagonista en el centro de una serie de cruces de calles que dibujan, además, una cruz. Con él en el centro.

Una vida transformada, un sujeto parado, anclado, muestra todas sus dudas frente al futuro, frente al camino que debe tomar, marcado desde ese punto en el que ahora se encuentra.

Y al que, sin duda, también ha llegado el propio espectador pensando en el camino que debe tomarse ante la falsa objetividad de unas imágenes frías, entresacadas quizá de un archivo policial.

Escribe Mister Arkadin

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