A war (2015) de Tobias Lindholm

  18 Diciembre 2017

La conciencia

a-war-0Bajo la apariencia bélica, A war es, realmente, una película moral. No importa que el contexto sea el de la guerra de Afganistán o cualquier otro. Lo importante es la disyuntiva que finalmente se plantea. A saber: ¿Hay que decir siempre la verdad o está justificado traicionarla en favor de un bien mayor? Dicho de otro modo: ¿Existe un bien mayor que el respeto a la norma una vez dilucidadas las consecuencias que se derivarían de ignorarla, sea cual fuere la norma? Entre nosotros quizá resultara un dilema superfluo, inexistente incluso, pero en Dinamarca, de donde procede la película, la comprensión del problema es, seguramente, bien distinta. Königsberg está más próximo a aquellas latitudes que a las nuestras.

El núcleo de la cuestión atañe a un oficial danés quien, intentando zafarse del ataque que está sufriendo y, como es su obligación, salvar a sus hombres, ordena, sin la información suficiente, bombardear una zona que resulta ser refugio de civiles, niños incluidos. Abierta la investigación correspondiente, y llegado el juicio, al oficial se le plantea la tesitura de mentir para salvarse o decir la verdad y asumir su responsabilidad en las muertes originadas. Finalmente, con la ayuda también mendaz de un compañero, se inclinará por la primera opción, estrategia que resultará un éxito al quedar absuelto.

Y aquí llega la hermosa escena de la resolución del juicio. Una vez pronunciado el veredicto la sala, con sus antiguos compañeros y su familia, estalla en aplausos. Todo es alegría y felicitaciones. Sin embargo el director matizará el triunfo. El sonido desaparece poco a poco y la ruidosa escena queda en silencio, no porque los protagonistas hayan callado, sino porque, en realidad, lo que estamos escuchando es la conciencia del acusado. Tan solo una larga nota musical acompaña el triunfo que ya no lo es tanto. El militar queda recluido en una cárcel de la que no será tan fácil liberarse: la cárcel de su conciencia. El reconocimiento público desaparece, queda en un segundo plano, para dejar paso a su íntimo tormento, a su soledad.

En el fondo la secuencia es muy similar a la que cerraba Match Point, donde el protagonista, tras conseguir sus objetivos, se alejaba del glamour de ese mundo que tanto ambicionaba y que tanto le había costado conseguir para quedar marginado en una esquina del salón.

Qué lástima que A war no acabe ahí. Como con demasiada frecuencia ocurre en el cine actual, se insiste con un par de planos, el de los pies del niño y el del militar en el porche de su casa con aire meditabundo, en lo que la escena anterior tan bien había contado.

Escribe Marcial Moreno

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