Abracadabra (2017), de Pablo Berger, y Cielo negro (1951), de Manuel Mur Oti

  07 Diciembre 2017

Dos finales liberadores

abracadabra-0La tercera película de Pablo Berger —después de las interesantes Torremolinos, 73 y Blancanieves— es, probablemente, la más ambiciosa pero también la menos conseguida.

El planteamiento almodovariano, con ¿Qué hecho yo para merecer esto? como referente, precisaba menos contención y mucho más desmadre. Hay una falta de equilibrio entre un cierto naturalismo y una alocada trama de tonos esperpénticos, sin lograr que el filme se integre en una determinada corriente.

Nadie pondrá en duda que nos encontramos ante un filme bien rodado, ambicioso, pero al que le falta un dominio total del absurdo ya que no se ciñe, por otra parte, a mostrar con claridad sus cartas temáticas que, en cierta manera, desde la irracionalidad o la pesadilla, dan pie, eso sí, a un claro y brillante final: la mejor secuencia, sin duda, de esta rocambolesca película, en la que un largo (y hermoso) travelling se ciñe sobre una excelente Maribel Verdú (Carmen) liberada del dominio y de las trampas de los hombres (dispares: reales, desdoblados o imaginarios) dominadores de su vida.

Ahora, desde la duda, desde sus interrogantes, bajo la lluvia, camina hacia una clara toma de conciencia liberadora, mediante la cual será ya ella dueña de su propia vida, no sometida a los dictámenes del modelo que los otros quieren imponerle. Lluvia liberadora, también interrogantes en su caminar hacia el futuro después de eliminar o resolver sus conflictos (vividos o ensoñados) para ser desde ahora ella misma.

Largo, larguísimo, perfecto travelling que antecede a nuestra protagonista,  dejándonos ver sus facciones, introduciéndonos a través de sus gestos en sus reflexiones, sus vacilaciones, su despedida del ayer y su renacimiento, con una sonrisa, al hoy.

Hasta aquí, pues, una gran escena final, de una gran calidad. ¿Original o reenviada al hoy desde el recuerdo de otro filme conocido por el director?

Habría que preguntárselo al director. Habría que indagar si conocía un filme de Mur Oti Cielo negro, de 1951, cerrado también de forma prácticamente idéntica y con una idea muy parecida, aunque allí lo espiritual (el tiempo de su realización así lo mandaba) vencía a una proclama feminista.

En el filme de Mur Oti, una mujer (Susana Canales) que va perdiendo la vista (lo simbólico como norma) siente el engaño sufrido en una relación. Su intento de suicidio, arrojándose del madrileño puente de Toledo, es cortado por la llamada de las campanas de las iglesias cercanas. La llamada surte efecto y la mujer (también bajo la lluvia) es precedida en un larguísimo —y hermoso— travelling en el que se trata (sin la hondura de la Carmen del filme de Berger) de comunicarnos todos sus estados de ánimo a lo largo de su apresurado caminar.

Maribel Verdú (Carmen) y Susana Canales (Emilia), en fin, desde el mismo recurso narrativo, alientan el encuentro con un mundo nuevo. El travelling, en definitiva (en palabras de Godard), convertido en una cuestión moral… ¿O será, en el caso de Carmen, amoral?

Escribe Adolfo Bellido López

Abracadabra - 1 Cielo negro - 1
Abracadabra - 2 Cielo negro - 2
Abracadabra - 3 Cielo negro - 3