Luces de la ciudad (City Lights, 1931) de Charles Chaplin

  02 Noviembre 2017

Charlot se encuentra con la florista

luces-ciudad-0En menos de tres minutos y en catorce planos (quizá, como luego veremos, podrían suprimirse los dos últimos) Chaplin da una auténtica lección artística, configurando una de los grandes momentos del cine en general y de su obra en particular.

De los catorce planos, doce son fijos, en los restantes existe una pequeña panorámica (en cada uno de ellos) cuyo objetivo es simplemente dimensionar espacialmente la acción.

La secuencia narra el encuentro de Charlot con la florista ciega. Se inicia con un gran ramo de flores, del que saltamos a dos planos de la florista: la mujer sentada ofreciendo flores (uno) y un primer plano de su rostro. Hay un gran tráfico en la calle. Un coche se detiene a su lado. Charlot trata de sortear el tráfico. Al encontrar a un policía motorizado opta por abrir la puerta del coche más cercano para salir por la otra puerta a la calle. La florista le ofrece flores. Charlot se queda quieto. La observa. Luego se acerca a ella mientras le ofrece una flor, luego otra. Opta por la primera. Cuando se la va a entregar la flor cae al suelo. Charlot la recoge y se la va a devolver cuando comprueba que la mujer se ha arrodillado buscándola. El vagabundo comprende que la mujer es ciega. Se queda con la flor. Le da el único dinero que tiene e inicia la marcha. En ese momento una persona entra en el coche parado. La florista, creyendo que es quien le ha comprado la flor, le dice (en subtítulo, ya que la película carece de diálogo) que se olvida de la vuelta. Charlot que contempla la acción, se da cuenta de la confusión. Se marcha.

Dos planos posteriores intentan rebajar el tono dramático-sentimental de la acción con una nota cómica y muy bien podrían haber sido suprimidos: el vagabundo se sienta cerca de la mujer por la que se siente atraído, para contemplarla. Ella va a llenar un jarro de agua en una pequeña fuente. Tira el contenido del agua que va a dar al rostro de Charlot, quien decide marcharse.

Esta secuencia modélica —aparte de ser esencial para el desarrollo de la acción al narrar el encuentro de Charlot con la florista—, introduce la importancia del sonido. El golpe de la puerta del coche cuando el vagabundo es confundido con el propietario del coche y el posterior golpe cuando el dueño del coche entra en él. Para la florista ciega ambas personas son las mismas. Es en este segundo momento cuando Charlot se da cuenta de la confusión que se ha producido. Doble, en realidad, ya que él tampoco ha sido consciente de que una ciega es quien vende flores. Descubrimiento que se hace con un gran sentido del poder de la imagen.

Chaplin se negó a rodar esta película con diálogos. Le parecía que era algo impropio de un arte que sólo era posible a través de la imagen. Sin embargo no reniega de los sonidos que en la película (escena del boxeo, por ejemplo) tienen gran importancia. Algo capital en este momento clave del encuentro.

La siguiente película que ruede Chaplin cinco años después, Tiempos modernos, también carece del diálogos, llegando incluso a ridiculizarlos como en el inicio de Luces de la ciudad (los discursos del principio, al inaugurar un monumento). Sin embargo cuatro años después realizará ya un filme con sonidos y diálogos (1940), El gran dictador.

Crítico con los nuevos sistemas, como lo era Eisenstein, da una lección de su utilización en esta prodigiosa escena de Luces de la ciudad.

Escribe Adolfo Bellido López

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