El escritor (The ghost writer, 2010) de Roman Polanski

  04 Octubre 2017

El hombre que nunca existió

El escritor-00Un escritor contratado para escribir las memorias de un político descubre todo un complot que debe salir a la luz. El escritor es lo que se suele llamar un negro, es decir,  alguien que escribe pero no ve su nombre impreso. De ahí el más exacto título original del filme, The Ghost writer.

La inexistencia de alguien que, en realidad, no existe. ¿Cómo mostrar esto por parte de Polanski de manera elocuente? Será en el cierre del filme: el político que escribe sus memorias (referencias claras a Tony Blair) es asesinado, por lo que el verdadero escritor, al tanto de toda la intriga política, está dispuesto a dar a conocer lo que él sí ha escrito. Pero él no existe y el autor de las memorias ha sido asesinado.

Creyendo en su poder, el escritor acude al acto de homenaje al político asesinado llevando el libro en sus manos. Sobre sus páginas escribe las conexiones existentes entre personajes y destacados espías. En ese acto se deja ver e incluso se atreve a levantar su copa dirigida a protagonistas activos de la trama. Marcha del local donde tiene lugar el homenaje. Sale a la calle por donde poca gente transita. Es de noche. El protagonista aprieta las hojas originales del libro. Debe entregarlas a la prensa, a alguien que crea en su historia para que la gente sepa la verdad. Intenta coger un taxi que pasa de largo. Sigue caminando por la calle, moviéndose hacía su izquierda hasta salir del encuadre. Vemos cómo por el lado contrario viene un coche a toda velocidad. Después, oímos en off un golpe. No hemos visto lo que ha ocurrido, pero enseguida, del lado por el que ha desaparecido el escritor, comienzan a entrar, debido al viento, hojas y más hojas que poco a poco se van perdiendo a lo largo de la calle. Alguien llama diciendo que ha ocurrido un hecho grave. Y, poco a poco, la película va dando paso a los letreros de crédito mientras desaparece la imagen.

Un cierre perfecto para mostrar la muerte de… nadie, de un ser que nunca ha existido. De ahí que no veamos el momento en que es atropellado salvajemente por un coche. Se ha hecho desaparecer a un paseante cualquiera por una (falsa) imprudencia temeraria. Ni el personaje existe, nunca ha existido para nadie, ni tampoco el libro cuyas hojas están siendo removidas, sin orden alguno, por el viento.

Polanski ha resumido todo el filme, toda la inutilidad de un trabajo, la imposibilidad de sacar a la luz lo que el público no debe saber, en estos planos finales perfectos, elocuentes. No se sabrá nada, no queda nada, los grandes poderes han dictado un veredicto. Ellos seguirán existiendo, ordenando, utilizado a hombres inexistentes para que, al fin y al cabo, sean los depositarios, sin saberlo, de su trasfondo político.

El ser, el individuo, nada puede hacer contra un sistema. No es más que alguien insignificante que, como el protagonista de ese filme de Polanski, desaparecerá de acuerdo a un plan (pre)establecido con el fin de que ellos, los de arriba, sigan con sus negocios, en el Poder.

Escribe Adolfo Bellido López

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