La mujer del cuadro (The woman in the window, 1944) de Fritz Lang

  11 Septiembre 2017

 ¿Era tan sólo un sueño?

la-mujer-del-cuadro-0A muchas personas les decepciona o les parece impuesto el final del excelente filme de Lang La mujer del cuadro. Sorprendentemente se ha llegado, incluso, a decir que es un final impuesto por la censura. Imposible, decían, admitir que el honorable profesor, capaz de actuar como un criminal, terminase suicidándose. Aún era peor descubrir que todo lo película se cerrara (con algún añadido más al que se consideraba aún más erróneo) con el despertar del profesor: todo había sido un sueño. ¡Vaya deriva para un filme perteneciente, al parecer, al cine negro!

En realidad ese despertar, y los nada embromados planos finales, son los que convierten a la película en algo distinto y realmente interesante, siguiendo el regusto freudiano de muchos títulos americanos de los años cuarenta. No iba a ser sólo Hitchcock el maestro de lecciones en este sentido. O al menos el único. Lang también sabe algo de eso: de Freud y del psicoanálisis.

Las lucecitas que brillan al comienzo de La mujer del cuadro deberían poner en guardia al espectador. Porque en su comienzo se indica claramente de lo que va a hablar la película, cuál será su deriva. No hay trampa alguna y sí una clara idea pertinente sobre lo que se va a contar.

En ese inicio, de acuerdo a los principios del cine clásico, mediante un encadenamiento de planos somos conducidos al aula de un centro en donde alguien imparte una clase. Hemos visto un plano del centro, del aula, de la puerta donde aparece el nombre del conferenciante, el profesor protagonista (Edward G. Robinson) y del título de su charla. Después pasaremos al aula donde nuestro personaje está hablando, explicando sus teorías. Por encima o por debajo de la palabra comprobamos cómo en la pizarra, en el centro, situada detrás de él, aparece un nombre señalado de forma destacada. Y que queda perfectamente claro para el espectador en su acercamiento al protagonista al moverse sobre la tarima desde donde imparte su clase magistral. Oímos sus palabras, que de pronto (sin que la lección termine) se cortan de forma brusca para pasar a otra secuencia produciendo una ruptura con la narrativa del cine clásica.

¿Por qué se corta la lección? ¿Cuál es el nombre destacado en la pizarra?

Vamos con lo último: “Freud” es el nombre escrito, resaltado en la pizarra. ¿Qué tiene que ver eso con el filme? ¿Y a qué se debe lo primero, el cortar bruscamente la lección? No hay tal, la lección no se corta, más bien es el resto del relato, porque a partir de ahí vamos a asistir a una lección (continuando la que comienza a dictar el profesor) sobre ciertas propuestas de Freud. Y, en concreto en la película, referidas al subconsciente. 

De ahí la grandeza de este título, su andadura por el mundo de los sueños y sus mundos ocultos, escondidos: llamativos deseos en la vida del profesor. No estamos ante un clásico filme negro, estamos ante una soberbia lección sobre el mundo de Freud, los sueños y las represiones, todo ello perfectamente expuesto en las imágenes de un gran Lang que seguiría insistiendo con Freud en títulos como Secreto tras la puerta o Gardenia azul.

Bueno, eso sin contar que quizá detrás de su serie sobre el doctor Mabuse (o sobre M) y probablemente sobre toda su obra aleteen las doctrinas del padre del psicoanálisis. Por cierto, al igual que Lang, vienés y judío.

Como dato curioso (probablemente no el único) una película de serie B de 1946 también utiliza el sueño como dominador de la narración. Se trata de Extraña interpretación de Anthony Mann, que comparte con el filme de Lang la cita (como llamada freudiana) del espejo presente en muchos momentos.

Escribe Adolfo Bellido López

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