Grupo salvaje (The Wild Bunch, 1969) de Sam Peckinpah

  05 Julio 2017

Camino a la redención

grupo-salvaje-0En ocasiones no hacen falta grandes arengas ni palabrería explicativa para transmitir un mensaje. Algunas películas notables consiguen este objetivo con elementos netamente visuales, logrando instantes de cine en estado puro. En la escena que vamos a analizar las miradas y la gestualidad de los intérpretes logran informarnos sobre sus acciones venideras y, lo que es más importante, sobre la intencionalidad ética que acompañará a las mismas.

El general Mapache está disfrutando de lo lindo torturando y mostrándonos el cuerpo hecho jirones del infeliz Ángel. Desolados, los hombres de la banda de Pike Bishop deciden ahogar sus penas en alcohol y compañía femenina en el prostíbulo del campamento mejicano. Sólo Dutch espera lacónico en la entrada del burdel a que sus compañeros acaben la faena mientras saca punta a un palo con un cuchillo.

Tras hacer el amor, Bishop se viste en silencio. La prostituta se refresca con delicadeza y le mira con dignidad. El ambiente es sórdido pero a la vez reposado y tranquilo. Un bebé gimotea sobre un camastro justo al lado. Hay un cruce de miradas entre el hombre y la mujer. Sin embargo en la estancia de al lado, solo separada por una cortina, los hermanos Gorch (los insuperables Warren Oates y Ben Johnson) no quieren pagar lo acordado y la meretriz reniega de ellos y los insulta. Los hombres se ríen de la mujer mientras juguetean indolentes con un pequeño gorrión.

Las quejas de la mujer desamparada y la brutalidad de sus compadres provocan que Bishop llegue al hartazgo ante tanta ignominia acumulada. Este descorre la cortina y se queda mirando fijamente a los hermanos Gorch, su mirada pétrea parece decirles: “Tenemos que acabar de una vez con todo esto”, pero sólo exclama: “Vámonos”. Los hermanos captan el escueto mensaje, se miran nerviosos, y finalmente esbozan una sonrisa mezcla de satisfacción y locura: “¿Por qué no?”, responde Lyle Gorch.

El pájaro queda moribundo encima del camastro. La muerte de la inocencia. Quizá el único plano demasiado explícito de esta escena prodigiosa.

A la salida del burdel los tres hombres recogen a Dutch que observa la actitud del grupo y comprende con un brillo de euforia en los ojos y sonrisa sarcástica que el final se acerca. El grupo pone a punto sus escopetas y pistolas y se dispondrán a recorrer con el mayor aplomo posible y un redoble de tambores el largo camino hacia la redención.

Y todo ello con sólo unas escasas líneas de dialogo.

Lo dicho, puro cine.

Escribe Miguel Angel Císcar

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