La La Land (La ciudad de la estrellas, 2016), de Damien Chazelle

  09 Junio 2017

Del comienzo al final: la imposibilidad de un sueño

la-la-land-22Un gran número musical abre el filme de Damien Chazelle, un inesperado encuentro lo cierra. La obertura nos lleva a la marcha al trabajo en un día cualquiera en Los Ángeles. Todo el mundo lleva su coche y, como siempre, tendrá que soportar un gran atasco. Coches, personas encerradas en sus vehículos esperan poder continuar su camino. En medio del descomunal atasco los propietarios de los vehículos salen de sus coches y comienzan a bailar entre los autos. Cuando los coches se ponen en marcha sus propietarios vuelven a encerrarse en ellos para proseguir su camino.

Se ha explicitado, en pocos minutos, la idea central del filme: lo que es (la realidad) y lo que se desea y no se consigue (la irrealidad, el ensueño). Los conductores desearían salir de sus vehículos, pero la realidad es que están dentro de ellos. Desean sentirse libres, moverse, reír pero en realidad están dentro, prisioneros de sus obligaciones, de  una realidad que el deseo no puede cambiar.

En este juego de realidades-irrealidades, de fluir de la vida y ensueños incumplidos, el final señala de forma precisa la realidad que lleva, probablemente, a alcanzar la meta (profesional) propuesta, pero dejando claro al mismo tiempo que ese triunfo ha supuesto la renuncia a muchas cosas, entre ellos a un amor: el sentido del adiós a la juventud, a las ilusiones de una vida rota por la presión de la propia existencia.

Chazelle muestra así esa despedida, sin palabras, dada por las miradas de él y de ella, quienes de manera casual se han visto y que certifican, en la salida de la protagonista de la sala donde su amor ha triunfado, el adiós a todo lo que soñaron. Un momento dado de manera precisa, en los planos anteriores al cierre, por esa película familiar imaginaria que daría cuenta de una vida común que nunca será posible.

Un final brillante, certero, que puede recordar otros finales excelentes semejantes, en donde la vida ha quedado atrás para siempre, como ocurre en, por citar dos títulos, Esplendor en la hierba de Kazan o en la más cercana Café Society de Woody Allen. Las verdades del hoy, en definitiva la vida, dista mucho de lo que ayer se había imaginado. La realidad imponiéndose a lo pensado, a lo querido.

El tema, en definitiva, de esta curiosa y por momentos brillante película a la que en la ceremonia de los Oscar se le concedió, por un lamentable error, el premio a la mejor película. Así lo fue durante unos segundos hasta que la realidad se impuso y aquel gran premio voló a otro filme. Curiosamente en la realidad de aquella ceremonia se seguía cumpliendo el sino de la historia contada a lo largo de La La Land.

Escribe Adolfo Bellido López

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