Tiro en la Cabeza (2008), de Jaime Rosales

  08 Enero 2017

Tesis sobre un nuevo cine

tiro-en-la-cabeza-0La antepenúltima secuencia de Tiro en la cabeza —aquella en la que tiene lugar el asesinato de los dos policías— supone un ejercicio de un carácter muy arriesgado. Ello se debe tanto a sus formas como al contenido vinculado a las mismas, lo que convierte la obra en una apuesta muy personal del realizador Jaime Rosales (1).

En Tiro en la cabeza el espectador se convierte en un voyeur, un espía que persigue a un sujeto que parece ser un cualquiera, y digo esto último porque a lo largo del filme parece ser que su vida tan solo la ocupa la —¿aburrida?— rutina. Para resaltar esta calidad de observador lejano se juega con el sonido, de forma que nunca se escucha lo que sucede al personaje, sino lo que rodea a la cámara.

Sin embargo, en esta secuencia que aquí analizamos se rompe tanto con la supuesta cotidianidad como con el silencio del protagonista patente en el curso de todo el metraje. Así, antes de llevar a cabo un acto tan bárbaro como puede ser el de acabar con la existencia de un semejante, podemos oír cómo el etarra grita: “¡Txakurra!”. Son las únicas palabras que escuchamos de sus labios en toda la película, emitidas con la intención de acentuar el clímax (2).

Después ocurre el crimen, retratado con una frialdad y una amoralidad espeluznantes. Retrato que se ve apoyado por el uso de teleobjetivos o zooms, que mantienen tanto a la cámara como al espectador en la distancia. Esto provoca que veamos la escena como unos extraños, al mismo tiempo cerca y lejos de un hecho tan brutal y tan cruel, como quien ve las fatídicas noticias de la situación actual del planeta sentado en un confortable sofá.

Con Tiro en la cabeza, Jaime Rosales nos presenta su tesis particular, una propuesta sobre un tipo de cine muy atrevido y peculiar. Por desgracia no todo el mundo está dispuesto a tratar de entender —independientemente de que luego guste el filme o no—, dando lugar a un rechazo vacuo y sin fundamentos en lugar de uno razonado y lógico.

Notas

(1) Muy similar por cierto a la que realiza Alan Clarke en su película Elephant, 1989 (No confundir con el Elephant, 2001, de Gus van Sant, que curiosamente también tiene algo que ver).

(2) De nuevo encontramos aquí otra semejanza, esta vez con el final de La isla desnuda, 1960, del director japonés Kaneto Shindo.

Escribe Pepe Sapena


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