Apocalypse Now (Apocalypse Now, 1979) de Francis Ford Coppola

  08 Octubre 2016

 

The End

apocalypse now-1“Mi película no trata sobre Vietnam. Mi película es Vietnam”. Con esta famosa frase, Coppola sentenciaba una de las opiniones más certeras que se hayan podido decir en la historia de Hollywood.

Fade in (Fundido) y ante nuestros ojos se abre un idílico jardín de palmeras, naturaleza, calma, remanso... ¿Todo va bien? A priori el escenario se presta para ello, pero parece que no, el zumbido de unas hélices perturba nuestros sentidos, algo acecha.

De pronto, un helicóptero de combate irrumpe en plano; luego otro, los dos haciendo su eventual pasada por la zona. Su mera presencia nos advierte del peligro y, desde luego, cuando hablamos de la guerra, nada bueno puede suceder. El polvo hace aparición, como una macabra metáfora del futuro devenir (“polvo eres y en polvo te convertirás”), anticipando algo que estaba claro desde el principio, segundo tras segundo, fotograma a fotograma. La secuencia contempla una sucesión de elementos perfectamente conectados que terminan por desembocar en la verdadera esencia de la película: la guerra.

Inmediatamente después llega el fuego y la destrucción, todo ello potenciado por la estupenda música de The Doors, siempre in crescendo. La cámara va desfilando con un movimiento constante, dejando ver de forma descriptiva las consecuencias del fuego abrasador.

El rostro del capitán Benjamin L. Willard se encuentra boca abajo, en una posición vulnerable, completamente descolocado y fuera de lugar, de modo que a nivel visual el encuadre adquiere un sentido que va mucho más allá de lo estético.

En cuanto a la iluminación, el tratamiento del color funciona a la perfección: mediante la utilización de tonalidades cálidas se consigue transmitir sensaciones verdaderamente asfixiantes que canalizan perfectamente la idea del film. La belleza natural antes contemplada se torna devastación y, ante ella, nuestro protagonista, aunque aparentemente solo, se halla rodeado por una visceral psicodelia que lo envuelve todo.

Las hélices de los helicópteros dan paso al hipnótico movimiento del ventilador en una elipsis sublime y, sin apenas darnos cuenta, hemos avanzado en el espacio y el tiempo, desembocando en la habitación del cochambroso hotel. Poco a poco, todo parece volver a la aparente normalidad, la música se apaga y la luz entra por entre las rejillas de la persiana dando paso a un nuevo día en Vietnam.

La pesadilla ha terminado, pero sólo por ahora.

Escribe Luis Ortí

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