El desprecio (Le mépris, 1963) de Jean Luc Godard

  11 Septiembre 2016

Los créditos iniciales

le mepris-1Un reducido equipo de rodaje compuesto por script, jirafista, impulsor del travelling, quien se preocupa de los cables, y el director de fotografía montado en la cámara, está al fondo del plano. La cámara se mueve, sobre los raíles del travelling, en una panorámica lateral. Todos siguiendo ese movimiento lateral de cámara (visto frontal por el espectador) van acercándose a un primer plano.

Cuando prácticamente es complejo encuadrar a todo el grupo, la cámara que rueda ese caminar del grupo, realiza un pequeño movimiento ascendente para centrarse exclusivamente en el director de fotografía, el propio Raoul Coutard, fotógrafo de Le mépris. Persona y cámara pasan a ocupar un primerísimo plano. Coutard mide la luz y da la vuelta a la cámara, que termina mirando a los espectadores. Personaje y cámara exaltan su presencia en un primerísimo plano rodado en el formato cinemascope.

Se produce un fundido en negro y comienza la historia.

A lo largo de todo ese plano los letreros de crédito han sido sustituidos por una voz en off que da cuenta de todos cuantos intervienen en la película, sistema que tres años después, con otra intencionalidad, utilizará Truffaut en Fahrenheit 451.

De manera perfecta Godard, en ese momento inicial, fuera (aparentemente) de la historia, presenta un estudio solitario, en decadencia, Cinecittá, donde ya no tienen lugar los numerosos rodajes de años atrás, mientras detrás de la pared del estudio se ven una serie de edificaciones, probablemente invasoras en un mañana próximo de los estudios. Paralelamente, nos indica que asistimos a un rodaje con un equipo no demasiado numeroso.

La idea, al cierre de la secuencia, con la cámara mirando al espectador, deja muy claro que los que ven la película son los personajes de la misma. La cámara toma al espectador y lo devuelve a la pantalla en una historia de amor y desamor contemplado como la propia Odisea que intenta rodar Fritz Lang.

Aunque, claro, las referencias como en todo Godard son muchas. Y sobre todas ellas resplandece la sobra de Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1954) de Rossellini: la dificultad de amar y ser amado

Escribe Adolfo Bellido López