Moulin Rouge (Moulin Rouge, 1952) de John Huston

  08 Septiembre 2016

El intento de suicidio de Toulouse Lautrec

moulin rouge-1Toulouse Lautrec regresa, en la noche, hundido, a su casa. Una mujer de mala vida, a la que quiso ayudar, se ha reído de él, le ha ridiculizado. Ha perdido todo el gusto por la vida. La excelente foto, en color, de Oswald Morris acrecienta el estado en el que se encuentra.

Decide poner fin a su vida. Para ello comienza a abrir las llaves de gas que tiene en su habitación. Las ventanas se cierran. Se prepara para morir, de pronto se queda fijo mirando una de sus pinturas. La observa. No está terminada y hay cosas que, quizá, deben rehacerse.

Lautrec toma los pinceles y se acerca al cuadro. Da algunos trazos. Observa el resultado. Sigue observando mientras, sin tan siquiera mirar lo que hace, su vista sólo se fija en el cuadro, va cerrando una a una las diferentes llaves de gas. Y después abre las ventanas.

La vida vuelva a surgir.

Una secuencia excelente en una película que no es la mejor, ni mucho menos, de Huston, y que contó con unos colaboradores excelentes: el ya citado fotógrafo Morris, Georges Auric cómo músico (se hizo muy popular uno de los cortes musicales) y, nada menos, que Jack Clayton como productor ejecutivo.

Huston, vitalista, boxeador, periodista y hasta pintor, quiso rendir tributo a Lautrec y Morris adornó la foto en color de acuerdo a la pintura del francés. Al igual que los personajes retratados fueron buscados y representados dando la impresión de ser los mismos a los que Toulouse Lautrec inmortalizó en sus cuadros, retratos o carteles.

La secuencia señalada, la mejor del filme, expresa claramente cómo el arte salva al pintor. Atraído por un cuadro no terminado se abstrae del mundo cruel que le empuja hacía la muerte.

Sin palabras, de forma clara, Huston lo expresa en la citada secuencia donde el arte se erige como el exponente supremo de una existencia.

Un momento memorable donde la idea ha sido expresada a través de una certera visión cinematográfica.

Escribe Adolfo Bellido López