Centauros del desierto (The searchers, 1956) de John Ford

  04 Septiembre 2016

Los pliegues del amor

centauros-del-desierto-1Dos figuras femeninas se asoman por  el vano de las puertas con que, simétricamente, se abre y se cierra esta epopeya sobre el odio y el amor.

La primera recibirá y acogerá a un soldado vencido pero no derrotado; la segunda ocupará el lugar de la primera en el plano fílmico, pero no en el corazón del nómada apátrida, cuyo segundo regreso a su anhelado hogar será imposible: no podrá franquear la puerta, pues ya no dispone de una mujer que recoja el capote sucio y polvoriento en el que se ha cifrado todo su derrotero vital, su travesía por un espacio del odio, por una geografía tan inhóspita como violenta, en la que laten, tal como los antropónimos de los personajes denotan, todas las pasiones y anhelos primigenios del Antiguo Testamento (y de la nueva tierra de promisión).

La primera mujer es Marta, la servicial cuñada, casada con su hermano Aarón. Ethan, remedo de un Odiseo al servicio de una utopía política imposible en su pragmatismo, indeleble en su gesto honorífico (el Sur), interpretado por un inconmensurable John Wayne, la saluda con un casto beso en la frente, un beso en el que se contiene toda una —también imposible— historia de amor, un beso tan liviano como profunda es la conmoción que sacude interiormente a Marta, depositaria de un cariño oculto entre los pliegues del sobretodo de su amado.

Ella custodiará ese abrigo y lo volverá a extraer y desplegar cuando, al día siguiente de su regreso, Ethan haya de partir de nuevo, ocupando el lugar —como antaño, ante la Guerra Civil— de su hermano, para perseguir a una banda de salteadores y de —indios— cuatreros. El mismo beso tan casto como intenso se posa en la frente rendida, entregada, de Marta. Toda la humanidad, el descomunal físico de John Wayne parece plegarse ante la diminuta Marta, que sostiene entre sus brazos el extendido capote de Ethan. Esta despedida será definitiva; este beso será el postrero.

Cuando, tras la persecución fallida de los indios, Ethan comprenda que todo ha sido una estrategia para alejarlos de la casa; cuando intuya las consecuencias de haber picado ese cebo, aún dispone de suficiente contención emocional para intentar reparar lo irreparable.

Cuando llega al arrasado predio, su potente y angustiada voz brama el nombre de Marta, cuyo cuerpo encontrará entre la devastación del hogar, tras haber sido vejado por los feroces indios comanches. Su amor, la mujer de su hermano, y éste mismo: Aarón, así como el hijo varón (depositario del sable de su tío) han sido asesinados. Sus sobrinas Lucy y Debbie han sido raptadas.

La persecución se iniciará. El dolor y el anhelo de venganza se desatarán. El capote todavía cumplirá una función: será el sudario con el que Ethan envuelva el cuerpo de su sobrina mayor: Lucy, violada y asesinada, durante la batida, por los hombres del jefe Cicatriz. En la secuencia final, Ethan no puede atravesar el umbral, entrar en la casa. Ethan ha perdido su capote. Ethan ya no tiene quien se lo doble.

Principio y final del filmhttps://www.youtube.com/watch?v=YcUWKxY4NXk

Escribe Juan Ramón Gabriel

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