Mi hija, mi hermana (Les cowboys, 2015)

  19 Agosto 2016

 

Un pañuelo sobre una mesa

mi-hija-mi-hermana-1Mi hija, mi hermana (Les cowboys es su título original) es una revisión moderna de Centauros del desierto. Pero su punto de vista, sobre todo en la primera parte de la película, se centra en los efectos de la desaparición de la joven más que en el periplo para rescatarla. Y es ahí, en la disección de la herida que deja la huida de la muchacha, donde resplandece la escena más hermosa de esta obra.

El padre ha conseguido encontrar su pañuelo, aunque el rastro de la hija se le ha vuelto a esfumar. Con ese pañuelo vuelve a su casa. La cámara enmarca a los tres miembros que quedan alrededor de una mesa. Queda libre el cuarto lado, el que ocuparía ella, y que ahora está ocupado por los espectadores. Ese cuarto lado hace la función de la cuarta pared teatral que se derriba para presenciar la representación. Aquí también tiene ese efecto. El que ese lado de la mesa quede vacío es la condición para que la película tenga lugar, y es la grieta por la que accedemos a la historia quienes estamos a este lado de la pantalla.

El padre arroja el pañuelo sobre la mesa, y al hacerlo está poniendo de relieve la ausencia de la hija, o mejor habría que decir, forzando la semántica, su presencia en forma de ausencia. Ella está no estando, y todos los personajes giran alrededor de ese no estar. El vacío que deja llena la pantalla, lo inunda todo. Toda la tragedia que los personajes están viviendo está concentrada en un objeto cotidiano, en el significado que lleva aparejado. Los personajes vivirán a partir de ahora relacionándose, cada uno a su manera, a su particular e individual manera, con ese objeto delator depositado sobre la mesa.

En la escena no se pronuncia ninguna palabra. El pañuelo los hace enmudecer a todos, como presagio de que ya nada hay que decir. En cierto modo ese pañuelo ha roto la comunicación, ha destruido los vínculos que los unían.

Y entonces se produce la constatación de esa realidad. La cámara nos habla. Lejos de amparar a los personajes, de prestarles un cobijo, el plano se aleja lentamente, los abandona, y finalmente se resuelve con un largo fundido a negro. La destrucción de lo que allí contemplamos se ha producido. La familia ha quedado rota, y no sólo por la desaparición de uno de sus miembros, sino por el desmoronamiento de lo que une a los que quedan.

Tras el corte, que sirve para introducir una de esas largas elipsis que contiene la película, sabremos que la unidad familiar se ha disuelto, que los padres se han separado. Un pañuelo sobre una mesa fue el detonante.

Escribe Marcial Moreno