El placer (Le plaisir, 1952) de Max Ophüls: Primer episodio

  10 Diciembre 2019

 

El baile en La máscara

el-placer-11Hay muchos aficionados al cine, y que incluso escriben cosas de cine en blogs o cosas parecidas, que ignoran, aparte de lo que es el lenguaje del cine, a muchos de los grandes directores de la historia del cine. Uno de ellos es Max Ophüls, amado por la nouvelle vague, sin duda uno de los grandes técnicos que ha tenido el cine. Su problema, el de su desconocimiento, es que muriese a mitad de los años cincuenta del siglo pasado.

Cuando se habla de cómo utilizar una cámara hay que hablar de Ophüls porque para él la cámara es el todo, una cámara en movimiento casi constante. Alguien puede pensar que eso es algo gratuito. Y de hecho en muchos casos puede serlo, pero no en Ophüls donde esos movimientos están en función de los personajes, de lo que viven, de sus ansias, ilusiones, del momento feliz o infeliz que viven. Es un reflejo de acciones, temores, alegrías… de los propios personajes. Ejemplos maravillosos de utilizar la cámara en función de lo que se cuenta.

El placer, una de sus obras maestras, consta de tres partes. En esta sección ya hemos puesto algún ejemplo correspondiente al comienzo de la segunda historia. Ahora me centraré en la primera de ella que como las otras dos se basan en cuentos de uno de los mejores cuentistas franceses, Maupassant.

La primera de las historia, La máscara, cuenta la historia de una persona mayor que negándose a envejecer todas las noche acude al café-salón de baile para bailar sin cesar. Cuando el personaje entra en escena la cámara de acuerdo al mismo comienza a realizar un movimiento continuo señalando tanto el ajetreo del local, su sentido de baile, alegría, juerga continuada como la propia adicción del personaje.

Es un momento singular, preciosista que se serenará en cuento salgamos del local para encontrarnos con la realidad del personaje en la mísera casa en la que vive.

Es esa secuencia en la sala de baile, primorosa, impresionante por la forma en que la cámara es movida con enorme inteligencia. Por momentos nos preguntamos cómo se ha podido diseñar tal movimiento de cámara en el que se sigue a un personaje y al mismo tiempo describe personajes y ambientes.

Sólo por esa escena ya no sólo El placer sería grande sino también quien fuese el autor de tal claridad, exactitud y expresión. Lo que se cuenta en función de lo contado. ¿Hay quien dé más? Seguro que no.

Si alguien duda de la grandeza de Max Ophüls que vea esta maravilla que es El placer en su totalidad o en una de sus tres historias, y entonces descubrirá la razón de su maestría. Juegos de cámara que también le servirán para en varios momentos, aquí sobre todo en el tercer episodio, para pasar de un tiempo a otro.

Escribe Adolfo Bellido López

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