Toni Erdmann (2016), de Maren Ade

  25 Abril 2017

De la contención al exceso

toni erdmann-0Inés trabaja en una empresa de consultoría alemana que está realizando un estudio en Rumanía. Es lo que llamaríamos una ejecutiva despiadada, además de, o quizá por eso mismo, una profesional de éxito. Impregnada por el devenir de su actividad laboral, su vida privada se ha adecuado a los modos que en ella imperan. Los sentimientos no ocupan un lugar destacado en su quehacer cotidiano, y su independencia linda con la soledad. Es fuerte y resolutiva, sin necesidad de apoyo o protección externa.

Hay una escena que lo pone de manifiesto con gran sencillez. Inés se está preparando para la fiesta que va a dar en su casa. Se coloca su vestido nuevo y se da cuenta de que no puede acabar de abrocharse la cremallera de su espalda. No hay nadie que pueda ayudarla, pero no le importa. Coge un tenedor de la cocina y sirviéndose de él lo consigue.

Con este simple gesto la directora no sólo nos está hablando de la soledad de la protagonista, sino de lo reiterada y asumida que le resulta esa soledad. Porque Inés no muestra en ningún momento la más mínima duda sobre qué hacer. La naturalidad con la que procede delata lo habituada que está a situaciones como ésa. Sabe lo que tiene que hacer porque lo ha hecho muchas veces. Es su vida.

La escena quedaría redonda si no fuera porque no ha acabado.

No sabemos muy bien por qué pero decide quitarse el vestido, y ahí no va a haber ningún tenedor que la ayude. Ya no resulta tan sencillo, y la vemos realizar difíciles contorsiones tratando de liberarse de la prenda. Alguien le podría echar una mano, pero no hay nadie que pueda hacerlo.

La escena abunda por tanto en el hecho de que Inés es una mujer sola, casi abandonada. Eso ya se nos dijo momentos antes, de una forma además mucho más elegante, con lo que la continuación de la secuencia no hace sino reiterar lo que ya sabemos.

Pero además le sirve a la directora para introducir su mensaje moral, el que impregna toda la película. Ese mensaje no es otro que su advertencia sobre las penalidades que se arriesgan a sufrir quienes opten por vivir solos, una enmienda a lo que Inés representa. Hasta ella misma, en medio de su forcejeo, parece haber descubierto la verdad y llega incluso a esbozar un breve sollozo. Pero ahí ya no es el personaje quien se muestra, sino una marioneta en manos de quien dirige la película.

Lo que va de la primera a la segunda parte de la escena es lo que distingue al buen cine de los sermones reiterativos.

Escribe Marcial Moreno  

toni-erdmann-1 toni-erdmann-2
toni-erdmann-3 toni-erdmann-4
toni-erdmann-5 toni-erdmann-6