Sicario (2015) de Denis Villeneuve

  17 Enero 2020

La incursión más allá de Río Grande

sicario-0El western es el género proteico por excelencia y buena prueba de ello es esta larga secuencia de la película de Villeneuve en la que se narra magistralmente una incursión al otro lado de la frontera, desde El Paso a su equivalente transfronterizo Ciudad Juárez.

Una caravana conformada por unos nuevos carromatos motorizados se dispone a cruzar el limes fronterizo con la intención de recoger a un jefe del cártel de la droga. El director canadiense logra crear un suspense narrativo inoculando en el espectador la misma sensación de tensa alerta que emana de sus imágenes.

Juárez es la bestia, el leviatán, un territorio salvaje, comanche, en donde las reglas de la civilización brillan por su ausencia. Unas panorámicas cenitales ofrecen un mapa del territorio, el muro divisor, el espacio inconmensurable, tan abierto como árido. Por en medio de la senda, la caravana de vehículos cruza la frontera sin detenerse, a todo trapo, escoltados y flanqueados por patrullas de federales mexicanos, especie de comité de recepción que infunde más resquemor que seguridad.

Los planos generales dejan paso a la mirada de Kate (Emily Blunt), un agente del FBI cuya misión es dar cobertura legal a los actos ilícitos que se van a cometer. La mirada legalista y ética de Kate se empapa de todo lo que ve, de ese paisaje urbano-desértico del interior del vientre de la bestia. Prácticamente no hay diálogos. Las palabras sobran, los ojos de Kate lo absorben todo, esa violencia explícita (unos cuerpos decapitados y mutilados que penden, cual trofeos y espantajos admonitorios, de un puente urbano) y la latente, próxima a estallar. Recogido el paquete, se invierte el recorrido.

En el viaje de regreso se ha de producir el conflicto, y se producirá. Los planos exteriores y generales se suceden con planos medios desde el interior de los vehículos. La quietud y el estatismo de Kate, su mutismo, anticipan la erupción violenta. Villeneuve introduce la caravana en medio de un atasco. La detiene. El ataque es inminente. La tensión se masca. Aparecen  unos coches con unos sospechosos indubitables. Las apariencias no engañan. Se nos enfocan sus armas. Los integrantes de la caravana se aprestan a sacar las suyas y bajan de los vehículos para intentar abortar el ataque. Kate permanece en el vehículo, impertérritamente nerviosa, con su pistola preparada.

En una tan breve como intensa escena se produce el tiroteo. Kate se mantiene al margen. No obstante, hay una coda final que ella será la encargada de resolver: mata a un atacante, aunque sea para evitar la muerte de un compañero. Kate ha sido bautizada, se ha visto abocada a participar activamente en el desenlace de la operación, muy a su pesar.

La caravana se pone en marcha. Los hombres se reintegran a los vehículos. Un satisfecho Matt (Josh Brolin) masca chicle. Ya tiene a Kate en donde quería. La incursión ha sido un éxito. Como lo fue la que protagonizó John Wayne para John Ford en Río Grande (1950). Ahora los mexicanos son los nuevos apaches. Ambos directores sólo han utilizado las armas en unos pocos segundos, como colofón y clímax de una gradación que han ido recreando con auténtica maestría. En Ford hay una catarsis; en Villeneuve,  un vómito inducido por un mundo sin reglas, más primitivo y salvaje que los paisajes fordianos.

Escribe Juan Ramón Gabriel

  

 


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