The Post (Los archivos del Pentágono, 2017), de Steven Spielberg

  21 Junio 2018

El camino de las mujeres

Los archivos del Pentágono - 113Los archivos del Pentágono es una película monumental, y con ella Steven Spielberg, su director, confirma la indiscutible calidad que está adquiriendo su filmografía. Y lo que es mejor, lo hace ahondando en los procedimientos que caracterizan al cine clásico americano, aunando la milimétrica precisión de sus tramas, la elegancia en la exposición, el entretenimiento inteligente y la profundidad de sus planteamientos. Cine para todos porque todos pueden encontrar en él lo que buscan.

Los grandes temas de la película, los que primero saltan a la vista, hacen referencia al papel de la prensa, a su necesario compromiso con la defensa de la democracia, y a lo que realmente ésta significa. También al poder político y sus miserias (y a sus esclavitudes), a la guerra, a la administración de Justicia y el respeto que merece (o no) y a un modelo de vida que, a pesar de sus carencias, debe seguir defendiéndose.

Pero más allá de esa imponente fachada también podemos y debemos reconocer otros planteamientos en apariencia menores, pero sólo en apariencia, pues sin ellos la película carecería de la riqueza inabarcable que atesora. Se trata de la pasión por el oficio (Bagdikian, estremeciéndose cuando percibe que la imprenta se ha puesto en marcha), el conflicto entre la razón y los sentimientos (el hijo de Kay, quien luchó y pudo morir en Vietnam) o el trayecto que las mujeres recorrerán a lo largo del filme.

De esto último trata la escena aquí seleccionada. La mujer no ocupa un lugar arquetípico e inamovible durante todo el relato. Su evolución va desde la periodista que se ocupa de las noticias del corazón o de la propia Kay, retirándose con las esposas cuando sus maridos comienzan a hablar de política internacional, así como de la cohorte de asesores masculinos que ella tiene, siempre en segundo plano y ahora, por azares del destino, en primera línea de fuego, hasta el plano en el que, codo con codo con Bradlee, camina por las entrañas del periódico, por su sala de máquinas. La película nos cuenta esta evolución.

Un momento antes de esa última escena nos resume todo lo acontecido a este respecto en un plano memorable. Se ha producido la vista en la que el Times y el Post, por una vez unidos, defienden frente al Estado su derecho a seguir publicando los documentos del Pentágono. Al finalizar salen las delegaciones, cada una por su lado, al exterior del juzgado, y mientras todos se arremolinan alrededor de los representantes del Times, el gran periódico, Kay sale por una esquina del plano. No se detiene, camina decidida y segura de ella misma, sin necesitar el reconocimiento de los acartonados colegas masculinos. Y en ese momento las mujeres se giran a mirarla y a reconocerle su valor, su proeza. No hay vítores ni aplausos, tan sólo una mirada entregada, casi una reverencia. Ella se abre paso entre la multitud trazando una senda que será recorrida por quienes ahora la admiran, una legión de mujeres, jóvenes y mayores, que tomará su relevo, que asumirá su protagonismo en la Historia.

Sin alardes, sin proclamas.

Escribe Marcial Moreno

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