Holy Motors (Holy Motors, 2013) de Leos Carax

  22 Febrero 2017

Reflexiones en torno a la belleza del gesto

holy-motors-0Un ser extraño duerme en el regazo de la bella joven que ha secuestrado. Un asesino perpetúa su crimen. Un anciano yace en su lecho de muerte. Un compendio de escenas en torno a lo feo, lo atroz o lo banal que Leos Carax descubre al franquear la cuarta pared de su habitación, metáfora del cubículo de la mente humana.

El trayecto lo llevará a una sala de cine abarrotada por espectadores ensimismados ante una pantalla gigante. Es en la acción de traspasar el marco de confort y caminar hacia lo desconocido —culminando en el enfrentamiento con la pantalla de cine— en que Carax escenifica el gesto del hecho cinematográfico. Aquel en que el cine más allá de ser mera atracción visual pretende molestar al espectador, situarlo ante otras realidades geográficas, históricas, ideológicas y sociales y despertarlo de su letargia mental. O lo que sería el poder de las imágenes para resituar al individuo en su presente.

Las de Holy Motors son imágenes que “violentan el efecto de realidad sin distorsionar el tiempo”, como dice Carlos Losilla. Pues acompañamos a un actor, M. Oscar, en una jornada de trabajo que discurre en diferentes enclaves de París, por eso necesita de un vehículo que lo transporte.

Con cada salida de la limusina —camerino y hábitat— M. Oscar se sumerge en un entorno —milieu— diferente donde se mimetizará sin dificultad. Con cada vuelta al vehículo la experiencia nueva se acumulará a las anteriores alejándolo cada vez más de su propio yo.

M. Oscar es un actor que llega a un escenario, interpreta su rol y lo abandona para volver a la limusina donde, como un autómata, se preparará para la siguiente función. Se desmaquillará, elegirá un nuevo atuendo y repasará los diálogos acciones ocultas en el backstage, pero que Carax revela. Es más, del énfasis del realizador por recrearse en este proceso, casi ceremonial, emerge la voluntad por deconstruir el propio hecho cinematográfico que en forma de ficción unos instantes antes nos mostraba a un padre dialogando con su hija adolescente o a una anciana pidiendo limosna.

De ahí la dimensión poética del gesto del actor y del realizador detrás de esa puesta en escena, y que remite necesariamente al poder del ejercicio fílmico para circular entre los infinitos universos que ocupan un mismo espacio.

Escribe Aïda Antonino i Queralt

holy-motors1 holy-motors2
holy-motors3 holy-motors4
holy-motors6 holy-motors7