36 Mostra de València – Cinema del Mediterrani (11): Luzzu

  27 Octubre 2021

Ojos que no ven...

mostra-luzzu-0Luzzu es una película maltesa que se ha hecho con el premio a la mejor dirección de la 36 Mostra de Valencia.

Cuenta la historia de Jes, un pescador tradicional del archipiélago mediterráneo sobre cuyos hombros y conciencia descansa, por un lado, el peso de la tradición secular y familiar —hay constantes apelaciones a su padre y su abuelo, ambos pescadores tradicionales— y, por el otro, la necesidad de ganar dinero para un tratamiento médico para su hija y para obtener la aprobación de su familia política.

Un luzzu es un tipo de embarcación tradicional maltesa que ha cobrado tal importancia desde los fenicios, que hasta aparecía en las monedas y escudos de armas malteses. Es todo un símbolo nacional y aglutina casi todos los elementos identitarios del archipiélago: los ojos de Osiris a proa, como medio de protección para los pescadores; la bendición eclesiástica; la marca de los pies de los recién nacidos en la llamativa pintura multicolor del casco.

A pesar de todos estos elementos, el luzzu es un elemento en desuso. La pesca tradicional ya no da para vivir ni siquiera en un país fuertemente terciario como Malta. Muchos de los pescadores se ven abocados al cambio de oficio.

El protagonista rechaza la pesca de arrastre y se enfrenta a la desaparición de la tradición por motivos ecológicos y familiares. Parece un buen tipo: un poco simple —quizá por su juventud—, y sometido a tensiones económicas y personales insoportables. Debe decidir entre aceptar el desballestamiento de su luzzu, aceptando la subvención de la Unión Europea, o intentar sobrevivir con trabajos ilegales o simplemente infructuosos.

La película muestra perfectamente estas tensiones, y también atesora una crítica despiadada a la burocracia europea, inconsciente de que con su destrucción de formas de vidas tradicionales fomenta el mercado negro o ilegalidades diversas entre los que deben reconvertir sus actividades.

La importancia de la mirada     

Luzzu es una película que hace de la mirada un elemento central. No hablo metafóricamente; los ojos del protagonista ocupan planos recurrentes. La película acaba con un cruce de miradas entre dos amigos. Las propias luzzu tienen dos ojos a proa, y la mayor parte de las escenas cruciales se muestran desde la subjetividad visual —y casi nunca auditiva—, del protagonista: ve pasar a lo lejos los pescados ilegalmente comercializados y los enjuagues entre casi todos los actores implicados en el mercado negro; capta la desesperación entre sus compañeros o mira con culpa los resultados de sus acciones.

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Hay que señalar aquí que la película utiliza muy hábilmente el peso de la amistad como elemento ambivalente: ¿son los amigos un refuerzo o un obstáculo en la dura lucha por la supervivencia?

Pero, volviendo a nuestro tema, solo hay algo que el protagonista no se atreve a mirar al final y que se resuelve fuera de campo, magistralmente, con un sobrecogedor recurso auditivo. Es algo que resulta imposible de ver sin sentirse herido, tal es la empatía que el realizador Alex Camilleri consigue imprimir con los elementos materiales y espirituales de su película.

Luzzu es una película aparentemente sencilla, pero también poliédrica. Esta extraña contradicción se resuelve acudiendo a la definición de lo que es el buen cine: la habilidad para transmitir mucho con poco.

En este sentido, el dominio de los recursos cinematográficos de Camilleri es innegable. Su capacidad para hacernos pensar un buen rato después de acabada la proyección es muestra de ello. El premio a la mejor dirección es totalmente justo.

Escribe Ángel Vallejo

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