25 Festival de Málaga (2): recta final

  25 Marzo 2022

Días efímeros los de esta edición del Festival de Cine de Málaga

malaga-20-camera cafe 7Dicen que con la edad el tiempo transcurre más rápido… Será eso lo que le está ocurriendo a esta 25ª edición del Festival de Málaga, que está pasando delante nuestra como un suspiro desde que comenzara el pasado viernes 18 de marzo y se acerca a su final.

Está siendo una edición diversa, intensa, efímera, líquida como diría Bauman, e incluso, gaseosa, como los tiempos que corren. Que resulta complicada de seguir para quienes, como es mi caso, compaginamos la asistencia al festival y la escritura de estas líneas con otras tareas profesionales y personales. No son falta de ganas, créanme.

En unos días en que paradójicamente el arranque de la primavera ha traído de nuevo meteorología invernal y en plena costa del Sol apetecía estar al resguardo del viento y de la lluvia en las salas de cine, nos hemos perdido vivir en primer plano más de la cuenta. La vida y sus circunstancias. Pero aun así, hemos podido seguir parte de sus pasos, especialmente en lo que a películas españolas de su Sección Oficial se refiere.

Así, como si de una criaturita se tratara (porque después de tantos años yendo debo confesar que lo siento un poco así), y si bien es cierto que la experiencia de «parto» en la gala de inauguración no fue del todo positiva (demasiado masiva, quizás, para algo cuyo encanto está en lo íntimo y cercano), en sus primeros días de vida «de plata» nos arrancó numerosas sonrisas que compensaron con creces, con comedias como El Test, de Dani de la Orden, con Alberto San Juan, Miren Ibarguren, Blanca Suárez, Carlos Santos y Antonio Resines, entre otros. La trama, basada en una obra de teatro homónima, plantea una pregunta que mucho tiene que ver, precisamente, con tiempos vitales: ¿qué harías si tuvieras que elegir entre tener 100.000 euros inmediatamente o un millón dentro de 10 años?

Pero fue sobre todo Canallas, de Daniel Guzmán (que siete años antes triunfó, recordemos, en Málaga con su ópera prima), la que nos hizo recordar que lo grande está en las pequeñas cosas y, con una película sin pretensiones, distinta, que mezcla actores profesionales con otros que no lo son buscando credibilidad y realismo, consiguió arrancar la carcajada y, al tiempo, conectar con la audiencia. Un humor para todos los públicos y, al tiempo, con su sello, que ha gustado también a la crítica, y con la que Guzmán podría repetir Biznaga.

Y también, por qué no, dejó buen sabor de boca en sesión matinal de domingo, el estreno fuera de competición de Cámera Café: la película, adaptación de la popular serie televisiva en versión largometraje, pero igual de chanante que siempre. Bajo la dirección de Ernesto Sevilla, y un guion surrealista en el que colaboran también Joaquín Reyes y Miguel Esteban, la cinta traspasa la sala del café y los límites de unos personajes que, como buen café, mantienen su esencia con los años. A la mezcla original se suman, entre otros, Ingrid García-Jonsson o Javier Botet, maravillosos ambos.

Y es que las comedias, más en los tiempos que corren, son imprescindibles para coger fuerzas. Hasta La cima, de la mano de Javier Rey y Patricia López Arnai, bajo la dirección de Ibón Cormenzana, nos llevó otra de las proyecciones de la sección oficial de largometrajes de este año. Con este título se presentó una historia de superación, de narrativa y contenido extremos en palabras de su propio equipo. Una aventura en el Annapurna que comienza con un encuentro casual de alpinistas y que relata el modo en que a veces nos acercamos a la muerte para vivir más la vida, apuntaba Cormenzana.

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Y hablando de vida y de maternidad, no podían faltar en estos primeros días de festival su participar Cinco lobitos, una de las películas más aplaudidas de esta edición. No es para menos. Maternidad, enfermedad y familia, temas sin duda delicados, son tratados con sensibilidad y lejos de mitos por la vasca Alauda Ruiz de Azúa en la que es su ópera prima. No haremos spoiler, solo diremos que Málaga es un certamen donde las voces femeninas han llegado, especialmente en sus ediciones más recientes, muy lejos en el palmarés.

Tras el primer fin de semana de esta 25ª edición, y como si nuestra criatura fuera cumpliendo años con los días, vinieron clásicos de la adolescencia como Llegaron de noche, de Imanol Uribe, y hubo que ponerse serio. No tanto, que también, por la propia trama de la cinta (sobre la matanza en El Salvador de seis jesuitas —cinco españoles— que impartían clases en la Universidad CentroAmericana junto a una cocinera y su hija), sino porque esta ha pasado sin pena ni gloria por Málaga. Entre los puntos más destacados por la crítica, su reparto, especialmente Juana Acosta, protagonista y peso pesado de la historia.

Entre las producciones latinoamericanas, la chilena Mensajes privados, especie de experimento narrativo construido con historias tristes de la pandemia, o la cinta del argentino Leonardo Brzezicki Almost in love (Ámame), protagonizada por Leonardo Sbaraglia, Miranda de la Serna y Eva Llorach también han formado parte de los días «juveniles» del certamen. Avanzadas las jornadas, en medio de la semana también se han estrenado títulos como Mi vacío y yo, otra de las que parece haber tenido mejor acogida; o Libre, de Natural Arpajou.

Y es que son ya veinticinco «añitos» y el evento vuela por su cuenta, en los momentos de escribir estas líneas, hacia su recta final. Una recta final marcada por el protagonismo femenino.

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Si días atrás la realizadora catalana Carla Simón emocionara al público en Málaga con Alcarràs, un acertado retrato de la agricultura en familia proyectada fuera de concurso tras su paso por la Berlinale, en las últimas jornadas ha sido otra catalana, María Ripoll, quien con sus Nosaltres no ens matarem amb pistoles (Nosotros no nos mataremos con pistolas) presenta una historia de base real que define como dramedy, donde el humor se hace recurso para «atravesar corazones» en medio de un drama que, según sus propias palabras, trae a la palestra temas «aún tabú» en la sociedad actual.

Y hablando precisamente de la importancia del cine para visibilizar problemáticas sociales como la violencia machista o los males del sistema judicial o policial, La maniobra de la tortuga, cinta andaluza dirigida por Juan Miguel del Castillo, encierra tras de sí un thriller bien logrado con un enorme reparto, con una magistral y, al tiempo, conmovedora Natalia de Molina a la cabeza. Otras cintas en femenino como Las niñas de cristal (de Jota Linares) y La voluntaria (de Nely Reguera), echan el cierre, el viernes 25 de marzo, a la sección oficial a concurso en sus bodas de plata.

El Festival de Málaga concluirá el próximo sábado su programación de estrenos, con Llenos de Gracia (fuera de concurso) y la lectura de un palmarés que puede traer, en esta edición un tanto extraña, más de una sorpresa. Tanto, como la calima que el jueves inundó la ciudad, que viró a un sepia al más puro estilo del cine clásico. Cierto que la estampa no tenía mucho que ver con el atardecer soleado del cartel de esta edición. Pero todo es cuestión de perspectiva.

Escribe María Sánchez (@cibermarikiya) | Fotografías Antonio Viciana / Festival de Málaga

malaga-22-la maniobra de la tortuga Eloy Muñoz