Breves apuntes sobre Punto de Vista 2020

  19 Marzo 2020

Anne Charlotte Robertson, Rabih Mroué y el público

anne-charlotte-robertson-0Ya hemos vuelto de Pamplona. Han pasado unos días desde que acabó el Festival Punto de Vista, referencia clave del cine de no ficción en España. Nos incorporamos al festival algo tarde, el jueves por la mañana, así que no pudimos ver todas las películas de la Sección Oficial, aun así, pudimos disfrutar de tres de los trabajos galardonados por el jurado: Aquí y allá de Melisa Liebenthal; Apiyemiyekî? de Ana Vaz; y Once Removed de Lawrence Abu Hamdan.

Más allá de comentar las películas premiadas —el palmarés de este año lo podéis consultar en la misma web del festival— nos gustaría resaltar el cortometraje Jiíbie de la colombiana Laura Huertas Millán. Este trabajo aborda los rituales ancestrales en torno a la hoja de coca verde que todavía se realizan en Colombia. Un buen trabajo, que pasó algo inadvertido por el festival, quizá porque se programó justo después de Apiyemiyekî? de Ana Vaz, una película ejecutada de forma más artesanal que la de Millán, menos precisa, diría incluso que inacabada, que le da un aire fresco y original.

Pero lo que más nos sorprendió (y eso que ya veníamos preparados, habíamos visto dos de sus piezas meses antes) fueron las tres sesiones de Anne Charlotte Robertson. Estas sesiones fueron programadas por Haden Guest, historiador, comisario y director del Harvard Film Archive (HFA), institución a la que Robertson donó toda su obra y, que se presentó dentro de la sección de retrospectivas que el festival realiza cada año, dedicada a reflexionar en torno a las obras de cineastas o corrientes de otras épocas.

Después de sumergirnos en el trabajo de Robertson, a uno le queda claro que la cineasta vivió por y para el cine. Realizó su carrera desde mediados de los 70 hasta principios de este siglo, con su cámara Súper 8 y sin apenas ayuda o medios. Un cine en primera persona, rico en recursos, en el que todo es susceptible de ser filmado y donde trata temas a menudo intrascendentes: sus obsesiones, sus problemas de sobrepeso y salud mental, el amor, o la falta de éste, pero también la muerte, la soledad… Para Robertson filmar era algo más que una herramienta, era una terapia. Como dijo Haden Guest: el cine era su ancla cuando estaba perdida. 

La primera sesión comenzó con Pixillation (1976) una de sus primeras películas. Un ritual de iniciación, decidido y elegante, donde ya se presenta a sí misma como una dualidad. Desde joven se le diagnosticó un trastorno bipolar y sus cambios de ánimo, crisis depresivas y fases maniacas, son recurrentes y forman parte del «complejo tejido de sus películas».

Pixillation es un trabajo todavía de «principiante» donde hace uso del stop motion, al igual que en Magazine Mouth (1983), otro de sus cortometrajes, donde la cineasta lo engulle todo y en el que deja ver su obsesión con la comida, pero donde también se advierte una crítica voraz al consumismo y a las políticas liberales de Ronald Reagan.

Sin duda, su obra maestra es Five Year diary, comenzada en 1981 y que en principio duraría 5 años, pero que, finalmente, acabó extendiéndose hasta 17. Treinta y seis horas divididas en 83 capítulos, de los que en el festival pudimos ver, entre otras, A short Affair (and) going crazy (1982) y también, Emily Died (1994).

Su complejo mundo interior se refleja también en las diferentes capas de audio que la cineasta incorporaba a sus películas. La directora realizaba un primer comentario durante la misma filmación, un segundo en la postproducción, y en algunas ocasiones, un tercer comentario durante las presentaciones que hacía de sus películas, las cuales grababa en pistas y más tarde incorporaba al film.

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Otra de las sesiones que no formaban parte de la sección oficial, pero que nos interesó especialmente, fue la conferencia performática de Rabih Mroué titulada Make me stop smoking. No es una película, pero casi. El artista lee delante de la pantalla y, a su vez, se apoya en imágenes en movimiento a las que incorpora subtítulos, de forma que, en ciertos momentos podía parar de hablar y dejar correr las imágenes y los textos.

Un ensayo en el que hace uso de su archivo personal: obras inacabadas, notas y vídeos que va hilando de forma brillante y que constituyen un recorrido por los temas que siempre le han interesado: el conflicto libanés, el poder de las imágenes, el teatro, etc.

Después de nuestra primera experiencia en el Festival Punto de Vista, estamos contentos al comprobar que, efectivamente, el festival ofrece una visión adecuada a los tiempos que corren, demostrando tener una visión muy aperturista que relaciona el cine, y en concreto el cine de no-ficción, con otras prácticas artísticas y nuevos medios.

Ahora que parece que el cine ha quedado relegado en su gran mayoría a las plataformas streaming o las grandes producciones comerciales, fue sorprendente ver cómo gente tan joven colmaba las sesiones de todas las películas, así como el entusiasmo e interés que mostraban por las «otras» maneras de hacer, ver y reflexionar el documental que propone el festival.

Escriben Rubén Marín Ramos y Ana Císcar

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