XXII Festival de Málaga, cine en español (2): Ecuador del festival

  22 Marzo 2019

De momento, nos quedamos con hambre

mal-roviraLlegamos, tras su arranque el pasado 15 de marzo, al ecuador de la vigésimo segunda edición del Festival de Cine de Málaga con la misma sensación del que se va a un buen y consolidado restaurante, de esos con estrellas Michelín, a probar un aperitivo, porque en nuestro caso, por circunstancias personales, no hemos podido tener banquete de cine y saborear hasta ahora el festival como nos habría gustado.

El certamen ha crecido tanto en los últimos años que incluso aunque una persona o equipo esté dedicado o dedicada por completo a cubrirlo, cuesta «probarlo» todo. Quizás no hayamos elegido bien nuestra degustación, pero el caso es hasta ahora, quien escribe estas líneas, está un poco con la sensación de estómago de quien ha mezclado mal y, al tiempo, se ha quedado con hambre de probar un plato lo suficientemente sugerente, de esos que llenan…

Y no ha sido por falta de variedad, desde luego, porque estos días han pasado por Málaga producciones de géneros y nacionalidades variopintas. Los primeros días han tenido un fuerte acento local, con Dani Rovira como homenajeado y, al tiempo, protagonista de la comedia, fuera de concurso, Taxi a Gibraltar y con el estreno de lo último de Colomo, A pesar de todo.

A cargo del guionista malagueño Javier Jaúregui, con cinco años de trabajo previo y ambientada en Cádiz, la cinta narra las aventuras y desventuras de un chirigotero sumergido en un mundo de narcos al que encarna el también malagueño Salva Reina. De lo mejorcito, su actuación, junto a las historias secundarias, de la cinta, que si bien suena como una de las candidatas a la Biznaga que otorga el público, encierra, tras de sí, altibajos y ciertas «licencias» del director que restan credibilidad a la historia, si bien es cierto que no es algo, con su mezcla de géneros y en lo que él ha calificado de thriller esperpéntico, que parezca perseguir.

Han pasado también por la sección oficial del cine de Málaga estos días, como vienen haciéndolo desde que dejara de ser cine español para convertirse en cine en español, producciones de diversos países iberoamericanos. Y algunas otras que, independientemente de su nacionalidad, evidencian el efecto Netflix y el peso que la industria de producción audiovisual online está adquiriendo.

Desde Instinto, serie protagonizada por Mario Casas y producida por Bambú a modo de thriller erótico, hasta la película A pesar de todo, de la misma productora, dirigida por la mexicana  Gabriela Tagliavini. Con cierto toque almodovariano (empezando por Marisa Paredes, la madre que sigue moviendo los hilos una vez muerta, y por Rossy de Palma) y, al mismo tiempo, de comedia anglosajona, un reparto muy televisivo, y una trama inicial no demasiado original (encuentro familiar, en este caso de hermanas muy diversas, con motivo de un fallecimiento), destaca, de la cinta, la realización y, sobre todo, el reparto.

En una historia que la mayoría de medios han calificado ya como de «mujeres», pero que a mi parecer habla más bien de prioridades, de encuentros y desencuentros, las secuencias con «ellos» (Carlos Bardem, Tito Valverde, Joaquín Climent y Emilio Gutierréz Caba) no tienen desperdicio.

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Funciona bien también el mix de actrices que dan vida a las hermanas, Blanca Suárez, Amaia Salamanca, Macarena García y la malagueña —y única morena de las hermanas— Belén Cuesta. Si las dos primeras se marcaron, además, un «duelo de looks» que dio casi más que hablar que la película en su visita a Málaga, es Cuesta la que aporta, una vez más, humanidad y espontaneidad, con su personaje tan dramático como cómico.

Como su paisano Rovira, a quien veremos también en Los Japón poniendo punto final a esta edición, la malagueña ha hecho doblete en el Festival. Forma parte, así, también del reparto de otra de las cintas de su sección oficial de largometrajes, Litus, de Dani de la Orden (quien recordemos clausuró la anterior edición con la taquillera El mejor verano de mi vida), calificada por éste como «dramamedia» y que ha sido, hasta el momento, de los platos fuertes que han pasado por esta sección.

Quizás está cocinada demasiado «a fuego lento» en cuanto a ritmo y, a la vez, «a tirones» en cuanto a guión (con flashbacks que no terminan de funcionar y textos y situaciones algo forzadas), es otra de las producciones que han formado parte de nuestro menú cinematográfico estos días, El doble más quince, del bilbaíno Mikel Rueda, quien no termina de sacar todo el potencial a Maribel Verdú, en su personaje de mujer madura anclada en una rutina en la que irrumpe un adolescente.

Nos ha faltado, quizás, animación. Dicen los compañeros de butaca que Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, apunta Biznaga. Mientras tanto, parece que la recta final del certamen trae platos fuertes, y nosotros, esperamos ansiosos.

Escribe María Sánchez | @cibermarikiya

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