Sevilla, XV Festival de Cine Europeo (5): Balance final

  03 Enero 2019

Un total de 76.000 espectadores

sevilla-donbassHace días los organizadores de Festival de Cine de Sevilla aportaron unas cifras a modo de balance sobre la edición de este año. No cabe duda que este evento anual tiene el apoyo del público sevillano, ya que el número de espectadores que acuden a las salas de cine durante su celebración crece cada año. En esta ocasión han sido más de 76.000 espectadores los que han respondido con su presencia a la programación del Festival.

La Sección Oficial sigue siendo la más seguida por el público, alcanzando los 16.976 espectadores, seguida de Las Nuevas Olas con 11.176 y la Selección EFA completa la opción preferente del público con 7.845 asistentes. La nueva sección competitiva Revoluciones Permanentes, que sustituye a la hasta ahora denominada Resistencias, ha tenido casi 3.000 visitas.

Estos datos suponen un respaldo para este certamen cinematográfico que, después de quince ediciones, podemos considerar plenamente consolidado. Uno de los aciertos del Festival es favorecer la interacción del público con los creadores. Este año se han celebrado más de 160 coloquios, vinculados a las proyecciones.

La Sección Oficial ha dado cabida a cineastas reconocidos como Olivier Assayas que abrió la sesión inaugural de esta edición del Festival presentando Non-Fiction, una comedia arropada por el nivel de sus intérpretes: Juliette Binoche, Guillaume Canet y Vicent Macaigne.

También László Nemes, después de su exitosa El hijo de Saúl (2015), ha presentado en Sevilla Atardecer, su segundo largometraje. Una historia que transcurre a principios del siglo XX en Budapest, en la que los miembros de una familia burguesa son víctimas del desmoronamiento del Imperio Austrohúngaro y el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. Con una producción ambiciosa y un metraje quizás excesivo, este filme resulta algo decepcionante, en función de las expectativas creadas por el director con su opera prima.

Donbass, del director ucraniano Sergei Loznitsa, ha obtenido el premio más importante del certamen, el Giraldillo de Oro. Es un filme militante que denuncia la invasión de Ucrania por parte de Rusia, tomando como material de referencia vídeos caseros grabados por los propios habitantes y luego subidos a Internet. Es una película impactante que aplica un estilo prácticamente de documental y en la que el sufrimiento de la población civil es el elemento más presente en esta historia, desafortunadamente muy cercana a la realidad, la cual apenas es reflejada por los medios de comunicación.

Aunque la película que ha recibido más premios ha sido Ruben Brandt, Collector de Milorad Krstic, una llamativa cinta de animación que con un formato de thriller propone un homenaje al cine, con numerosos guiños a filmes clásicos, y cuya trama propone a los espectadores un viaje por la historia de la pintura, tras los cuadros más famosos de Velázquez, Botticelli, Van Gogh, Warhol o Hopper y cuya pesquisa supone la curación del protagonista. Con un dibujo de estilo cubista esta producción rodada en 2D y 3D, obtiene un resultado atractivo, e incide en una tendencia ya muy reconocible como es la del cine de animación para adultos.

Ray & Liz de Richard Billingham, ha obtenido el Gran Premio del Jurado en esta edición; una ópera prima de carácter autobiográfico en la que el director proyecta aspectos de su infancia en una familia desestructurada, temporalmente situada en la época del gobierno conservador de Margaret Thatcher. Filme pesimista que  profundiza en la complejidad de la vida familiar en tiempos difíciles.

Algunas de las películas que nos han gustado de esta Sección Oficial han sido El peral salvaje, del director turco Nuri Bilge Ceylan, que incide en su exploración sobre las facetas emocionales en el contexto familiar y rural, en la línea de sus obras anteriores como Sueño de invierno (2014) y Érase una vez en Anatolia (2011).

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También la inquietante e innovadora Touch me not de la directora rumana Adina Pintilie, premio Oso de Oro en la última edición del Festival de Berlín. Y cabe mencionar dos documentales de producción española, incluidos en esta sección: Idrisssa, crónica de una muerte cualquiera, de Xavier Artigas y Xapo Ortega, filme de denuncia que investiga la muerte de un emigrante africano en un CIE, silenciada por las autoridades y los medios de comunicación. También La ciudad oculta, de Víctor Moreno, ya comentada en una entrega anterior de esta serie, es una película experimental y arriesgada, que demanda de nuestros sentidos atención e imaginación.

Dentro de la sección Las Nuevas Olas nos han gustado Anna’s War, de Aleksey Fedorchenco, por su forma de narrar la terrible historia de supervivencia de una niña en la Segunda Guerra Mundial, durante la ocupación nazi de la Unión Soviética; The Tower, de Mats Grorud, de nuevo una película de animación para adultos, que aborda la situación del pueblo palestino, desplazado tras la fundación del estado de Israel en 1948; y Putin’s Witnesses, de Vitaly Mansky, de nuevo un documental, producido a partir de materiales rodados durante el acceso al poder y el primer año de mandato de Putin, que supone un retrato poco complaciente del líder ruso.

De la Selección EFA, destacamos, de las películas que hemos tenido oportunidad de ver, la producción sueca Border, de Ali Abbasi, ganadora de la sección Un Certain Regard de Cannes, que plantea una provocadora historia sobre lo que supone ser diferente. Y también destacamos Girl, de Lukas Dhont, filme insistentemente premiado en diferentes festivales durante este año, que cuenta la historia de Lara, una adolescente que lucha por convertirse en bailarina.

De la Sección Revoluciones Permanentes, cabe mencionar a M que ha obtenido el premio a la Mejor Dirección, otorgado a su directora Yolande Zauberman; se trata de una crónica sobre el abuso sexual infantil dentro de una comunidad judía ortodoxa en Israel. Es un documental de denuncia que logra imágenes y testimonios de ámbitos hasta ahora ocultos a los ciudadanos. También cabe citar El Rey, de Alberto San Juan y Valentín Álvarez, traslación al cine de la obra de teatro homónima que se centra en la figura de Juan Carlos I y su reinado. Una película crítica sobre el conjunto de la sociedad española y sus cuentas pendientes.

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Más allá de los títulos que han podido disfrutarse en las secciones competitivas, otros atractivos de esta edición han sido los ciclos dedicados al director sueco Roy Andersson y a las directoras Ildikó Enyedi y Ula Stöckl.

En síntesis, con una oferta de 228 películas proyectadas y 116 estrenos nacionales, el Festival de Cine Europeo de Sevilla, ha incidido, si cabe aún más que en ediciones anteriores, en la capacidad del cine para mostrar de una manera crítica, una realidad que, en la Europa actual, es preocupante, oscura y desencantada.  

Hablamos de la capacidad del cine para denunciar injusticias, errores, abusos y desvíos incompresibles. La eficacia para señalar a culpables, por acción u omisión, y la importancia de dirigirse a nuestras conciencias, hacen de este medio una herramienta fundamental para reconducir tendencias alarmantes, pero también para alimentar la esperanza de que siempre es posible mejorar el presente.

La presencia cada vez más evidente, de lo que el Festival sevillano ha dado fe, de mujeres directoras y de las nuevas generaciones de creadores en el universo cinematográfico, permiten mantener la esperanza en la vitalidad del cine europeo.

El hecho de que se han otorgado los premios de la Academia del Cine Europeo —ya anunciados en el propio Festival— en la capital andaluza (en los  que ha triunfado la película de Pawel Pawlikowski Cold War), y que el próximo mes de febrero será sede de la ceremonia de los premios Goya, concedidos por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, confirman a Sevilla como una ciudad de cine.

Escribe Juan de Pablos Pons

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