Un paseo por el Festival Nocturna

  01 Diciembre 2018

Funhouse

nocturna-cartelLos amantes del fantástico tienen una cita en Madrid que se enmarca, como si de una conjunción cósmica se tratara, entre la celebración Sitges y la fiesta de Halloween: tal disposición parece impulsar con el mejor viento a favor la celebración del Festival Nocturna que alcanza ya su VI edición.

Tras estos años, el festival se ve sin duda consolidado por la cantidad y el nivel de profesionales del género que han pasado por él. Así, han desfilado Dario Argento, Don Coscarelli, Caroline Munro, John Landis, Joe Dante o Álex de la Iglesia para ser reconocidos con el premio Maestro del Fantástico que en la presente edición recayó en el director y guionista Don Mancini, creador de un icono del género como es Chucky, el muñeco diabólico.

El premio fue entregado de manos de un seguidor del festival que había sugerido a la organización el nombre de Mancini y el aniversario del estreno de Child’s play como idóneos; así lo contó Sergio Molina, director del festival, comunicando el interés por el mismo de ser una muestra cercana y en contacto con los fans. Mancini remarcó la lealtad del público del fantástico, expresando su alegría y sorpresa porque su creación fuese recordada 30 años después. Refirió películas españolas como La mala educación de Almodóvar o ¿Quién puede matar a un niño? de Narciso Ibáñez Serrador, señalando a esta última por la fuerte y temprana influencia que significó. El homenajeado de la presente edición agradeció el premio y comentó el miedo que en la cultura norteamericana existe a quedar obsoleto, poniendo en valor una vez más el recuerdo y reconocimiento otorgados.

Esa tarde, The Night Eats the World (Dominique Rocher) se encargó de calentar los motores: una aproximación independiente al cine de zombis (en su versión “infectados”), apuesta minimalista, heredera de cierta estética occupy que arranca con interés, despliega un dispositivo narrativo (como una trampa destinada no al posible agresor no-muerto, sino a nosotros, los espectadores), pero que sin embargo pierde fuelle al no ser capaz de sacrificar alguna ocurrencia para dar ritmo y coherencia al relato. A destacar la aparición de Denis Lavant, actor fetiche de Léos Carax, que avala la producción con una interpretación eminentemente física. De forma paralela, The Nightshifter (Dannison Ramalho) nos mostraba el descenso a los infiernos de un empleado de la morgue con la capacidad paranormal de hablar con los muertos.

Acto seguido a la ceremonia de inauguración, se proyectó la esperada nueva versión del clásico Halloween, con producción ejecutiva del propio John Carpenter y dirección de David Gordon Green, que atesora títulos tan dispares como Superfumados, Joe o Manglehorn y sabe adquirir para esta ocasión un estilo seco y funcional tras las cámaras. Esta producción Blumhouse consigue defender el regreso de Michael Myers con personalidad propia, cortando a cuchillo cualquier desarrollo anterior; lo hace retomando la cinta original, obviando cualquier secuela y desmarcándose de la reinterpretación de Rob Zombie en su díptico Halloween: El origen y Halloween 2. A resaltar, no solo el protagonismo de Jamie Lee Curtis, que compone una Laurie Strode anciana, traumada y paranoica, sino también por la idea de cómo los acontecimientos pasados se desbordan, vertiéndose en las subsiguientes generaciones. Una cinta cruda y de imagen ruidista, rematada con un clímax potente y efectivo, cuya consagración en taquilla promete un resurgimiento tanto de la saga como del slasher.

La opción alternativa que sin duda se vio eclipsada por el estreno internacional de la nueva incursión de Michael Myers en la pantalla era Discarnate (Mario Sorrenti), historia de pesadilla científica descontrolada con tendencia a la descomposición y la nueva carne.

nocturna-invocation-enver

Tras la jornada inaugural, el festival continuó ofreciendo la carnaza deseada, alternando cortometrajes a concurso con los títulos de las distintas secciones. El premiado Amancio vampiro de pueblo precedió a la Argentina Aterrados a la que siguió la destacada por el jurado The Invocation of Enver Simaku. El broche a la trilogía Giallo de los hermanos Onetti (precedida por Sonno profondo y Francesca) lo puso Abrakadabra: treinta años después de la muerte de su padre, un prestigioso mago, Lorenzo, continuador del oficio familiar, deberá descubrir quién trata de incriminarlo en una serie de asesinatos.

Al cierre de la noche del miércoles, se presentó la ocasión de disfrutar de What Keeps You Alive de Colin Minihan (premio a la mejor actriz para Brittany Allen y Blogos de Oro de la crítica), thriller de supervivencia planteado en un territorio aislado, o la cinta de terror Why Hide? (James Edward Cook), retorcida velada navideña en la que una reunión de amigos desemboca en el caos cuando uno de los invitados desaparece y las verdaderas razones del plan vacacional se revelan como un plan siniestro.

La tercera jornada del festival vino regada por dos estupendas propuestas: Ghostland (cuyo título original matiza Incident in a Ghostland), se hizo con el Premio Paul Naschy de la sección oficial a la mejor película y el Premio a la Mejor Dirección. Pascal Laugier (Martyrs) construye una historia angustiante, de un preciosismo sórdido, desesperante y barroca. Perturbado viaje a través de un espejo deformado donde la acción estalla y se fragmenta explorando los dispositivos por los que la mente trata de huir del trauma. Excelente procesado de la imaginería de Lewis Carroll, pesadilla intertextual, que supera en todos los sentidos los planteamientos de Sucker Punch o The Ward para alcanzar el tono irreal de Mulholland Drive.

La otra grata sorpresa fue Piercing, de Nicolas Pesce (The Eyes of My Mother, 2016). Una cinta de comedia extrema, cómplice con el espectador (el uso de la pantalla partida y una banda sonora apropiada son un regalo) y explícita en sus intenciones. Adaptación del propio Pesce de una novela de Ryû Murakami (firmante de Audition) en la que un hombre se despide de su mujer e hijo recién nacido para emprender un viaje de negocios que resultará la excusa para cumplir un deseo oculto: planificar y llevar a cabo un asesinato. Magistral interpretación del dúo protagonista, Christopher Abbott (The Sinner, James White) y Mia Wasikowska (Alicia a través del espejo, Stoker) sin que las intervenciones de la actriz española Laia Costa (Victoria) se les quede a la zaga. Un artefacto brillante, impecable en su puesta en escena de aires retro, que atesoró el premio Vincent Price a la mejor actuación para Christopher Abbott, entregado a Marina Queraltó de la distribuidora La Aventura Audiovisual.

nocturna-piercing

Encaminando el tramo final, se pudieron disfrutar en las salas de los Cinesa Fuencarral una variedad de títulos, auténtico abanico de géneros y enfoques.

La esperada Verano del 84, segunda incursión cinematográfica de los creadores de Turbo Kid (François Simard, Anouk Whissell, Yoann-Karl Whissell), que presenta, en un ejercicio de homenaje y nostalgia, a un grupo de detectives adolescentes empeñados en investigar al nuevo habitante del vecindario.

El caso de Heretiks (Paul Hyett) que se proyectó con presencia del director de la aclamada Howl y la productora Marcia Do Vales, no supo colmar la expectativas: la extraña congregación de almas perdidas, donde una Reverenda Madre da una segunda oportunidad a jóvenes acusadas por sus comportamientos blasfemos o rebeldes, sufre el acoso de una fuerza maligna. Decepcionó en parte por su imagen digital cercana a lo televisivo, pese a lo atractivo del diseño y estética de sus criaturas.

En la australiana Boar (Chris Sun), remake del clásico Razorback de 1984, los paisajes naturales esconden a una monstruosa criatura, un jabalí salvaje y territorial capaz de perseguir incansablemente a quien traspase sus dominios.

El animé tuvo la mejor representación con Mirai of the future (Mamoru Hosoda), original propuesta en la que la animación se alía con la imaginación y la fuga de la realidad, a través de los viajes en el tiempo, que se alzó con el Premio del Público y Mejor Guión de la Sección Oficial.

Con un claro homenaje al cine más colorista y sobrenatural de Argento, The Night Sitter (Abiel Bruhn, John Rocco), es un esforzado ejercicio de género: el plan de una niñera para cometer un robo se verá truncado por el repentino despertar de unas fuerzas malignas.

Por su parte, la mexicana Vuelven (Tigers are not afraid) de Issa López (Casi Divas, Efectos secundarios), cosechó el Premio a la Mejor Película de la sección Dark Visions con una historia de realismo, terror y fantasía.  Estrella, es una niña de 11 años que, ante la desaparición de su madre, se aliará con una pandilla de huérfanos para tratar de sobrevivir en una fantasmal México DF a consecuencia de la guerra del narcotráfico.

Blood Fest supo ganarse la sesión golfa presentándose como una mutación depauperada de The Cabin in the Woods (Drew Goddard), obra de culto instantánea, comedia negra hilvanada de guiños más que explícitos al cine de terror, destilado gamberro de The Faculty o la saga Scream. Pese a que la trama pierde interés y originalidad según avanza el metraje (desaprovecha la oportunidad de pergeñar un puzle narrativo, de resolver con ingenio), el ritmo y tono canallesco sobreviven hasta el final, que no es poco a tenor de la masacre en masa que se planea en el esperpéntico festival de la sangre.

nocturna-boar

La ceremonia de clausura puso el broche al festival con la lectura del palmarés y entrega de premios, incluido un merecido reconocimiento a la carrera de Jorge Grau (Premio de Honor Nocturna Madrid) y su aportación al fantástico español, que por motivos de salud recogió su hijo. Y es que la programación ha impulsado la difusión de lo que se ha llamado Fantaterror con los pases en la Sala Berlanga y Cineteca de las imprescindibles La marca del hombre lobo (con Paul Naschy y dirigida por Enrique López Eguiluz), Pánico en el transiberiano de Eugenio Martín, La semana del asesino de Eloy de la Iglesia, La novia ensangrentada de Vicente Aranda y, del propio Grau, Ceremonia Sangrienta y No profanar el sueño de los muertos.

Mancini volvió al atrio a tener unas palabras con los asistentes. Esa misma tarde, se tuvo la oportunidad de disfrutar de Child’s Play con presencia del director. Tanto Amancio vampiro de pueblo (Alejo Ibáñez), como Baghead (Alberto Corredor), obtuvieron los galardones al mejor cortometraje nacional e internacional, respectivamente.

La mención especial del jurado quiso resaltar a The Invocation of Enver Simaku, de Marco Lledó por «su atrevimiento formal y argumental y propuesta de combinar terror clásico, documento político y social y la recuperación del folclore y las creencias ancestrales como mecanismos del horror».

A continuación, la esperada Mandy de Panos Cosmatos, que va de camino a convertirse en la película de género del año, vista la trayectoria y reconocimiento que desde Cannes y pasando por Sitges (donde consiguió el galardón a Mejor Director), está cosechando. Una cinta de desbordante estética en la que la actuación de Nicholas Cage se ve revalorizada y con el genial aporte interpretativo de Andrea Riseborough. Un viaje entre lo real y lo imaginado, la naturaleza y la alucinación, rebosante de belleza y violencia, aderezada por la música del desaparecido compositor Jóhann Jóhannsson (puedes leer la reseña completa en la sección Sin Perdón).

Para los que aún tenían ganas de más, quedaba The Ranger, un slasher punk sin cortar, primer salto al largo de la directora Jenn Wexler.

En definitiva, una muestra dedicada al terror y fantástico que ha supuesto un año más un aliciente en el panorama cinematográfico de la capital, con tanto desenfado y atrevimiento como respeto por el género, que encontró la respuesta de un público entregado, creando ese ambiente inigualable de los festivales: el de los aplausos en mitad de la proyección y al finalizar una película o arropando las intervenciones de los premiados y homenajeados, además de las colas bullentes de expectación por esos títulos punteros, clásicos o de corta distribución, y el rumoreo apabullante al dejar la sala cuando el haz del ensueño se apaga y las luces nos devuelven a la realidad.

Entonces, lo visionado se precipita hacia el mundo, del boca a boca a las redes, y persiste en el recuerdo, porque seguramente nos habrá cambiado por dentro.

Y esperando al próximo Nocturna, pensamos: el año que viene volveré a ver todas las que pueda.

Escribe Manuel María López Luque

Palmarés completo de Nocturna en su web oficial

nocturna-con mancini