62 Seminci, Semana Internacional de Cine de Valladolid (2): inauguración

  26 Octubre 2017

La librería de Isabel Coixet  

seminci-21-libreriaEn la Rueda de Prensa posterior a la proyección de la película, Isabel Coixet declaró que el proyecto de La librería se había gestado en los despachos de los productores de Diagonal Televisió y A Contracorriente, patrocinadores principales del filme. Probablemente este hecho determine las características de una propuesta creativa adecuada para un recorrido comercial que aspire al reconocimiento de los festivales internacionales y se asegure la complicidad de un público amplio.

Con una factura impecable y la participación de un cuarteto de actores de reconocido prestigio (Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Billy Nighy, Honor Kneafsey), la versión de la novela de Penelope Fitzgerald es tanto una muestra del talento narrativo de su guionista y directora como de su opción por suavizar el nihilismo de la obra con un final más dulce y esperanzado.

Con un lenguaje clásico que en otras manos menos expertas parecería tópico, construye Isabel Coixet un relato donde idea y emoción se complementan y solidifican sin dejar apenas espacios vacíos o resquicios por los que el espectador pueda penetrar y elaborar su propia interpretación. Todo está muy claro en este filme, desde el placer hedonista y profundo por los libros al poderoso dominio de una clase que desprecia la auténtica cultura en aras de proyectos más decorativos y espurios.

La historia evidencia la universalidad de un tema que contrapone el caciquismo con el amor a la cultura de verdad, enfrentando a la honesta e ingenua Florence Green con la malvada y soberbia Violet Gamart, la controladora y vanidosa líder local. De nuevo maldad y bondad convenientemente asignadas a unos personajes sólidamente perfilados respecto a su diseño y evolución, que no es mucha.

Esta película alcanzará seguramente un notable éxito de taquilla, pero no corresponde a lo que se entiende por cine independiente o de autor, rasgo que identifica a esta Semana de Cine, tal como mencionó con saludable sorna el showman y humorista Corbacho en la gala de inauguración.

Muy distinto es el panorama que ofrece la Sección Punto de Encuentro con el corto iraní Retouch (Retoque) de Kaven Mazaheri, que resuelve con un humor bastante ácido la agobiada subordinación de una esposa, harta de su marido autoritario e inmaduro.

Más dura es la película del también iraní Ali Asgari que, en su primer largometraje Napadis Shodan (Desaparición), plantea con comprometida valentía el tema del desamparo de las mujeres para ser tratadas de sus dolencias femeninas cuando éstas son el resultado de acciones contrarias a la moral impuesta por los guardianes de la fe  en un régimen totalitario. Con unos recursos muy básicos, el director consigue introducir a sus personajes en una atmósfera asfixiante mediante una road movie urbana y nocturna, un ir y venir por las calles de Teherán, en una incesante e inútil búsqueda de ayuda por hospitales y farmacias. La clandestinidad y el abuso de los que convierten los derechos de las mujeres en fuente de negocio se denuncian en este filme que recuerda el ambiente de España en la década de los años 60.

En la Sección Oficial, debuta el cine egipcio con The Nile Hilton incident, tercer largometraje de Tarik Saleh, que, como la premiada en la anterior edición, Cash, aborda la situación del país en los días previos a la caída de Mubarak. En realidad se trata de un thriller de género negro en el que confluyen dos líneas narrativas: el desengaño de un policía enredado en intrincadas redes de corrupción y la enérgica agitación colectiva de las calles, es decir, la intrahistoria dentro de la Historia. La miseria y marginación de migrantes y desfavorecidos, en contraste con los prostíbulos y urbanizaciones de lujo de las poderosas minorías, configuran el paisaje social por el que discurre este aceptable aunque meritorio relato.  

Observamos el mismo nivel y criterio en el proyecto del matrimonio polaco Kos-Krauze, que trabajó durante ocho años en Ruanda para mostrar los efectos de la guerra y las masacres de 1994. A pesar del interés del tema y el intento de analizar el carácter íntimo y personal de las secuelas psicosomáticas del estrés postraumático, el guión de la película deja algunos cabos sueltos que afectan al ritmo narrativo de la historia y a su coherencia estructural.

La otra película polaca, Pokot (El rastro), de la veterana Agnieszka Holland, es una fábula sobre la crueldad de la caza que desentierra los cuentos infantiles que ya nadie se cree. Bastante decepcionante.

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La experiencia más gratificante llegó con The Party, de la británica Sally Potter. Rodada en blanco y negro y con un reparto acreditado entre el que volvemos a encontrar a Patricia Clarkson y Emily Mortimer, disfrutamos además de la presencia de Kristin Scott Thomas, Bruno Ganz, Cillian Murphy y Thimoty Spall.

Con los recursos de la comedia clásica británica, la directora cimenta una historia en la que los invitados a una celebración dejan caer sus máscaras. Aunque la idea de reunir a un reducido número de personajes en un espacio cerrado no sea nueva (Un dios salvaje, Quién teme a Virginia Wolf), la agilidad y cohesión del guión, el carácter chispeante de los diálogos, la ambigüedad y doble sentido de las frases y el ritmo fluido de la acción dotan al filme de una calidad que hará las delicias del público, sea cual sea su grado de exigencia.

Y puesto que la trama de la historia combina humor sarcástico, parodia y análisis de la estupidez universal con una realización casi perfecta poco más se puede pedir. No sería sorprendente que esta película obtuviera algún premio en la actual edición de la Seminci, aunque aún es pronto para presentar hipótesis, pues queda mucho cine que ver.

La competencia puede llegar de la mano de otra habitual de la Semana, la japonesa Naomi Kawase y su poética e intimista propuesta Hikari (Hacia la luz). Se trata de una sugerente historia con varios planos narrativos que pueden dar lugar a diferentes lecturas.  

El argumento gira alrededor del trabajo de Misako (Ayame Misaki), escritora de audiotextos destinados a invidentes para que éstos puedan imaginar las películas. El tema de la ceguera física e interior origina un juego de símbolos y metáforas que conciertan lo narrativo con lo metaliterario.

En suma, una interesante reflexión sobre las diferencias entre el lenguaje icónico y verbal dentro del proceso psicocognitivo de construcción de un universo imaginario a partir de distintos referentes: el mundo de los videntes e invidentes. Como en el filme anterior, la realización, la música y la fotografía son excelentes, así que tenemos otra película candidata al galardón.

Los cortometrajes no están llamando demasiado la atención. De momento. Así que esperamos a tener más impresiones, datos y experiencias, si llegan. De lo que si estamos disfrutando es de la retrospectiva del cine islandés, sección que está siendo muy bien recibida por el público. Pero de eso y de las directoras de la nueva sección Supernovas hablaremos otro día.

Escribe Gloria Benito

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