61 Seminci, Semana Internacional de Cine de Valladolid (7): Abbas Kiarostami

  25 Noviembre 2016

Una auténtica mesa redonda

seminci-kiarostami-0“El círculo simboliza la equidistancia,
la armonía y la perfección.”
(Timeo, Platón)

Una de los ciclos más gratificantes de esta Seminci 2016 ha sido el dedicado a rememorar al recientemente fallecido director de cine iraní Abbas Kiarostami. Y una de las sorpresas más agradables fue la celebración de la mesa redonda presentada y coordinada por la periodista de El Norte de Castilla Angélica Tanarro.

Rodeada de un excelente grupo de especialistas y amigos del director, los asistentes pudimos disfrutar del placer de escuchar las sucesivas exposiciones de los participantes —interesantes por sí mismas— y apreciar el modo en que las ideas de unos iban complementando y enriqueciendo las del resto.

Este fenómeno no es nada habitual en una sociedad donde  casi nadie escucha lo que dicen los demás, y las reuniones de “sabios” resultan a menudo una suma arbitraria de discursos individuales, que se superponen sin criterio alguno. El resultado de estas tertulias mal llamadas debates suele ser confuso y, lo que es peor, aburrido. Por eso nos sorprendió tan gratamente comprobar que por una vez los participantes se expresaban con claridad y pasión llevados por su admiración por Kiarostami y su cine.

Y lo que es mejor y más raro, admiramos la coherencia del discurso resultante, que conformaba una unidad estructurada y bien cohesionada. Creemos que todo ello se debe a la pericia de la conductora de la mesa, a su preparación, al interés y orden de las cuestiones que planteó, y a los conocimientos profundos de los miembros de la mesa. Ellos nos guiaron durante casi hora y media por ese paseo cinematográfico.

(No señalamos a los autores de cada intervención para que prevalezca la ligazón del discurso.)

Los miembros de la mesa

El exdirector de la Seminci, Fernando Lara; el escritor Gustavo Martín Garzo; el crítico Carlos Heredero; Ahumad Taheri, periodista y director del Centro Cultural Persépolis; Seifollah Samadia, fotógrafo de Kiarostami y director del corto inaugural del ciclo: 76 Minutes and 15 Seconds with Kiarostami.

El contenido de un discurso colectivo pero bien avenido

Resulta inevitable recordar aquellos años 80 en que el festival perfiló su identidad como Muestra de Cine de autor, lo que posibilitó la llegada, entre otros, de Abbas Kiarostami en el año 1993, con una selección de películas y cortos del director iraní.

Su estilo tiene la impronta del humanismo, el amor por la naturaleza y el profundo conocimiento de Irán. Se trata de un estilo basado en el conocimiento de la realidad y la tradición cultural persa, transmitida mediante el lenguaje formal del neorrealismo italiano, hecho del que algunos han inferido su afinidad con Rossellini en Copia certificada.

Un estilo que se fundamenta en la mirada y en la combinación del relato de ficción y el documental. A este respecto hay que precisar que Kiarostami se centra en perseguir la belleza de la imagen y la sencillez formal. Su arte consiste en convocar la vida mediante la mirada. Su objetivo es aprender y enseñar a mirar de otra forma, mostrando las cosas cotidianas y la mirada del hombre sobre ellas.

Aunque su cine es esencialmente contemplativo, exige una gran elaboración técnica con una cuidada selección de encuadres y planos. Como decía él mismo: “Qué arte no busca la belleza”. Kiarostami la encontraba en los lugares más inhóspitos y castigados.

En España, es el cine de Víctor Erice el más afín al director iraní. Ambos se cartearon entre 2002 y 2008 y en sus misivas debaten y comparten la búsqueda de nuevos lenguajes y otras preocupaciones. Ambos participan de la misma concepción del cine, cuyo propósito consiste en poner al espectador en contacto con la realidad, la verdad oculta tras las apariencias de las cosas.

Si Primer plano fue el filme que combinó magistralmente ficción y documental, La vida continúa sorprende por su mirada centrada en el espíritu de lucha de los supervivientes del terremoto, más preocupados por instalar la antena de TV para ver el Mundial que por sacar a los muertos de los escombros amontonados tras los derrumbamientos.

En Kiarostami se percibe una personalidad profunda. Era un hombre modesto, sencillo y poco protocolario. Era un sabio, un místico moderno. Insistimos en su mirada penetrante, que descubre lo oculto, lo escondido, para así radiografiar la realidad. En su presencia hay que ser escuchante.

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Se trata de un ser irrepetible, pues cinco minutos con él nos cambian la vida. De sus alumnos decía que les enseñaba “nuevas formas de vivir, no sólo de hacer arte”. Entendía el cine como una forma de compartir la belleza que, según él, no se puede soportar en soledad. La función del arte —decía— es transformar la realidad, impulsar la vida como arte y el arte como vida. Los que le conocieron, durante unos días o a lo largo de 25 años, confirman la humildad y cercanía de su mirada, que siempre situaba a la altura de la gente. 

En cuanto al documental 76 minutos y 15 segundos, el título hace referencia al tiempo que vivió: 75 años y 15 días. La necesidad de realizar el documental se asocia al interés por detalles de su vida, que nos hablan de la independencia y autenticidad de Kiarostami, lo cual era muy difícil en el contexto sociopolítico iraní.

En castellano diríamos que “no se casaba con nadie,” ni “bailaba al ritmo de quien toca” como reza una expresión persa. Kiarostami baila a su ritmo, que es el del viento. Su concepción del cine incita al espectador a reflexionar y crecer. Afirma que lo más importante del cine sucede cuando se acaba la película. Precisamente lo contrario de los filmes que abducen al público y cuando termina la proyección se acaba todo.

Su pasión por la verdad se enlaza con la verosimilitud de sus historias, como lo demuestra el hecho de que en sus películas las mujeres nunca llevan velo dentro de sus casas. De este modo contravenía las prescripciones de la moral impuesta por el poder religioso, porque se negaba a falsificar la realidad en función de criterios que no fueran su fidelidad a lo verdadero.

Elegante en su conducta con los demás, eludía la confrontación, por lo que no tuvo demasiados problemas políticos para realizar su cine. Su amor por la vida le llevaba a levantarse a las 4 de la madrugada para subir a lo más alto y ver salir el sol. “Espero con el mayor respeto la Luz” —aseguraba—. Era un humanista dinámico, gran fotógrafo, escritor, ilustrador, poeta y…carpintero.

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Algunas amables disputas

En primer lugar, uno de los miembros de la mesa contradice su supuesto distanciamiento de los conflictos políticos con el relato de una anécdota sobre sus insistentes protestas cuando, en una proyección, la copia de su cortometraje se había reducido de 17 a 10 minutos. Y recuerda que sí que había problemas con la embajada iraní cuando pretendía controlar y censurar el contenido de las películas que se presentaban en el Festival.

A continuación, otro llama la atención sobre la mirada que trasciende lo aparente. Una secuencia de El viento nos llevará muestra al director rondando por las laberínticas calles de un pueblo y buscando leche. En un lugar oscuro, una muchacha permanece en la sombra mientras sólo se ven sus manos ordeñando al animal. La mirada se complementa con el recitado de su poema Tráeme una ventana y una lámpara, sobre cuyo significado simbólico se ofrecen dos interpretaciones.

Quizá se trate de una metáfora del cine de Kiarostami: la ventana para ver y la lámpara para penetrar, pues sólo con la imaginación se puede penetrar el mundo y captar su esencia. Todo su arte es poesía, tanto su cine como sus Poemarios escritos como haikus, donde mezcla tradición y originalidad.

O quizá habría que considerar otra interpretación: la ventana es la mirada, el cine que abre la pantalla y muestra cómo el cine reflexiona sobre sí mismo. Las dos realidades, historia mostrada y análisis de su esencia son la ventana y la lámpara respectivamente. Lo real debe emerger de la realidad representada. En Kiarostami el cine reflexiona sobre el cine y desarrolla su propio metalenguaje.

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La síntesis final

Existe unanimidad sobre el carácter poético de su lenguaje cinematográfico y el tempo lento de sus filmes, que nos obligan a detenernos y pensar. Sobre el hipotético corpus teórico que definiría su cine éste se sintetizaría en la mirada, que permite observar primero y ver después. La forma más breve de expresar esta idea sería el postulado contenido en la sentencia: “Muchos miran pero pocos pueden ver

Kiarostami no concibe el cine sin verosimilitud, también defendida por Cervantes en su teoría de la novela contenida en los discursos de Don Quijote. Un rasgo relevante es su interés por los niños como personajes que reflejan la inocencia y la verdad sin falsificaciones.

A la afirmación de Godard que dijo que “el cine empieza en Griffith y acaba en Kiarostami”, alguien replica con humor que no es así porque “La vida continúa”. Y el cine también. De acuerdo con este principio esperamos el futuro estreno de su obra póstuma, montada en la cama del hospital donde pasó sus últimos días a base de planos de 4 minutos.

Si admitimos las ideas de Platón sobre la perfección del círculo como base de la armonía del universo, admitamos también que esta mesa merece también en calificativo de redonda.

Escribe Gloria Benito

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