61 Seminci, Semana Internacional de Cine de Valladolid (4): Finaliza la Sección Oficial

  31 Octubre 2016

Humor, drama  y modesta subversión femenina

sem2-la pazza gioiaEl festival de cine vallisoletano ofrece en su última etapa una oferta desigual en contenido y calidad, aunando el drama sentimental con la comedia ácida.

El italiano Paolo Virzi consolida la solvencia que alcanzó como director en La bella vita (1994) con La pazza giogia (Locas de alegría), una irónica y entretenida comedia con toques de humor cáustico impregnado de emotividad.

Sin perder el dinamismo dramático de El capital humano (2013), Virzi construye una road-movie urbana donde relata las disparatadas peripecias de dos mujeres fugadas de un psiquiátrico. Con homenaje explícito a Thelma y Louise, descapotable incluido, el filme integra la comicidad y la crítica sociopolítica con el análisis de los traumas profundos que originan las enfermedades mentales. La película denuncia en última instancia la desaparición de los manicomios y el abandono de sus pacientes en una sociedad que no está preparada para atenderlos.

Otros tonos más dramáticos se manifiestan en la última realización de la polifacética brasileña Anna Muylaert, Mae só há uma (Madre sólo hay una). Su cuarto largometraje profundiza en los problemas de adaptación de los niños robados cuando éstos se ven obligados a integrarse en sus nuevas familias.

Con un realismo que evidencia las contradicciones sentimentales de un adolescente inestable y abrumado, el filme describe con ecuánime distanciamiento el proceso de aprendizaje de los angustiados miembros del nuevo grupo familiar. Sin embargo la imparcialidad del narrador se desvanece, en el cierre del relato, mediante una idealizada alusión al amor como solución simple a un problema  tan complejo.

Más decepcionantes resultaron la francesa Réparer les vivants (Reparar a los vivos), de Katell Quillévére y el filme que clausura el festival, Les  fils de Jean (Los hijos de Jean). En ambos casos nos encontramos con dramas sentimentales construidos alrededor de diferentes argumentos.

En el primer caso, la película pretende concienciar al espectador de la necesidad de los trasplantes de órganos con una historia llena de tópicos y un planteamiento más enfocado al entretenimiento que al análisis. La joven directora roza el melodrama en esta adaptación del best-seller de Maylis de Kerangal, fiel a su constante intento de explorar el sufrimiento con resultados más que cuestionables.

En el segundo título, el reiteradamente nominado a los Premios César Philiphe Lioret roza lo inverosímil con un tierno relato sobre un joven que busca a su familia biológica y la encuentra donde no lo esperaba. En esta película, el protagonista Mathieu (Pierre Deladonchamps) se muestra como un heroico e inalterable observador sereno, bondadoso y listo, a pesar de la tensión desencadenada por su presentación ante la nueva familia. Si combinamos lo anterior con ocultas y sugeridas complicidades de miradas y silencios en medio de bellos y románticos paisajes canadienses, y rematamos con un final consoladoramente feliz, el resultado no es otro que una  fábula más ideal que creíble.  Con todo, es una historia bien contada y entretenida.

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En esta última parte de la semana se singulariza Sufat Chol (Tormenta de arena), ópera prima de la joven realizadora israelí Elite Zexer, un relato sobre la problemática de la mujer beduina en su lucha por conquistar pequeñas parcelas de libertad.

Como explica con lucidez Lammis Ammar, la actriz que encarna a la protagonista de la historia, el problema de los beduinos es demasiado complejo para ser abordado en profundidad por una simple película que no es más que una gota de agua en medio del océano. Sin embargo, la novel directora y guionista nos ofrece un relato cohesionado y suficiente para plantear un conjunto de conflictos que determinan las circunstancias en que vive esta comunidad.

La ocupación del territorio expulsa a los clanes hacia paisajes hostiles y marginales donde sus miembros levantan sus pobres viviendas e intentan preservar su identidad. El machismo, las convenciones y la tradición —desde las bodas concertadas a la poligamia— actúan como elementos represores frente a la demanda de libertad de la mujer, que se encuentra dividida entre dos mundos.

El desgarramiento sentimental de la protagonista le conduce a la renuncia de su felicidad en aras de un pragmatismo basado en la solidaridad femenina. El compromiso generacional —en el que participan la madre, la hija y la hermana pequeña— se expone sutilmente como estrategia a largo plazo para resolver un conflicto para el que no sirven las soluciones fáciles. Estas mujeres “a la espera” evidencian un problema cultural en el que también los hombres están atrapados. Un planteamiento inteligente y una historia aparentemente sencilla pero sugestiva.

Entre los cortometrajes defraudó ligeramente el esperado Cheimaphobia de Daniel Sánchez Arévalo, que parece inspirado en un detalle de su premiada novela La isla de Alice. La inocencia de la niñez como forma de superar el dolor de la muerte de un ser querido es un recurso más fácil que original, y la pureza y frialdad formal del lenguaje cinematográfico tampoco aportan novedad alguna.

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Desconcertante fue el supuesto corto I Am Here, del canadiense Eoin Duffy, pero tal como aclaró su autor, el estático dibujo que permanece fijo durante los cinco minutos de duración del filme, se explica por su trayectoria profesional como diseñador gráfico: una rareza del festival.

El autor de Vaysha la ciega dio la clave del corto de la niña, que ve el pasado con su ojo izquierdo y el futuro con el derecho, como metáfora de la sociedad actual que no vive el presente por la añoranza del recuerdo o los sueños del porvenir. O sea, una clara reivindicación del Carpe Diem, contenida en un ingenioso relato.

Dentro del Ciclo Cervantes + Shakespeare, pudimos ver el último trabajo de Manoel de Oiveira, ya estrenado en la Mostra de Venecia de 2014, O velho do Restelo. Se trata de un breve documental con Don Quijote como testigo de las reflexiones del director sobre el declive histórico de la nación portuguesa.

Los versos de Os lusiadas en boca del actor Luis Miguel Cintra resuenan bellísimos con el fondo del paisaje oceánico y los bosques que multiplican sus troncos y ramas  gracias a un hermoso efecto visual. En este sueño literario del autor también se escuchan las voces de Camilo Castelo Branco (Mario Barroso) y Teixeira de Pascoaes, configurando una sinfonía musical y estética donde se vuelcan los lamentos del director por la grandeza y el poder perdidos.  Al verlos representados por ese Quijote silente, símbolo del fracaso y la desventura, entendemos el sentido del título de este breve filme, pues O velho do Restelo es una expresión popular portuguesa que aún se emplea para los vaticinios funestos.

Se acaba la Semana de Cine. Hemos disfrutado de la ciudad y de sus salas. El gran número de secciones y la incompatibilidad de algunos actos debido a la programación, nos han privado de la posibilidad de visitar algunas de ellas, como Punto de Encuentro y Cortometrajes. Los ciclos dedicados a Richard Linklater y Kiarostami han sido un acierto muy bien acogido. Una línea que esperamos tenga continuidad en un futuro, que desearíamos se aventurara en terrenos más arriesgados que el presente.

Escribe Gloria Benito

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