61 Seminci, Semana Internacional de Cine de Valladolid (2): sombras y luces

  26 Octubre 2016

Las furias y el invitado ilustre

sem-el ciudadano ilustreEl esperado y promocionado estreno de Las furias, ópera prima del dramaturgo y director teatral Miguel del Arco, no cumplió con las expectativas creadas en torno a su primer largometraje, que inauguró la SEMINCI el pasado 22 de octubre.

A pesar de la cuidada puesta en escena, reflejo de la experiencia teatral del autor, y del elenco de actores —José Sacristán, Mercedes Sampietro, Carmen Machi, Gonzalo de Castro y Alberto San Juan— que participan en el proyecto, la película no consigue alcanzar el nivel de unidad y coherencia necesarios para trasladar al espectador un mensaje claro tanto desde el punto de vista temático como formal.

El intento de actualizar la tragedia clásica se frustra a causa de un guión en el que encontramos indicios simbólicos demasiado evidentes —desde los nombres griegos de los tres hermanos al reiterativo grito furioso y los surrealistas sacrificios de animales—,  dentro de un argumento con un ritmo narrativo desigual y forzado. El conocido tema de las tensiones existentes entre los miembros de una familia disfuncional, fuente de iracundos y escondidos rencores y comportamientos más o menos psicóticos, se  hace tópico en  esta historia  cuyo final fuerza el mensaje moral de la pervivencia de la vida sobre la muerte.

Dos filmes muy diferentes contrastan lenguaje y contenido en la Sección Oficial y Punto de Encuentro, respectivamente.

Nos referimos a Eshtebak (Clash), la segunda obra de Mohamed Diab sobre la revolución egipcia, una película que pone en evidencia el caos, la arbitrariedad y la violencia de la confrontación entre el partido de Los Hermanos Musulmanes y el ejército.

El clima de terror se concentra en el espacio cerrado y claustrofóbico de un furgón militar donde se amontonan los cuerpos y las vidas de una diversidad de personajes anónimos, cuyo trágico destino se convierte en metáfora de un pueblo desorientado y víctima de los desmanes de uno y otro bando. El montaje combina los planos amplios y generales, filmados con “cámara al hombro”, con los primeros planos que reflejan el miedo y dolor de los confinados.

Estos dos aspectos de una misma realidad trágica se estructuran en un filme de estructura circular que se inicia y concluye con la entrada y salida de los prisioneros del furgón siniestro. El autor juega con la tensión dramática a su antojo, alternando secuencias de alta temperatura emocional con escasos momentos de silenciosas y contenidas pausas. El desorden y la anarquía se manifiestan mediante un exceso de golpes, tiros, piedras y rayos láser cruzados, que otorgan al filme un carácter más pasional que racional, más emocional que reflexivo.

Por el contario, la película israelí Asuntos personales (Omor Shakhsiya) de la directora novel Maha Hajj, traslada a la pantalla su experiencia personal, como palestina residente en Israel, a una familia dividida tanto geográfica como sentimentalmente. El hecho de que unos vivan en Ramala, otros en Nazaret y alguno en Suecia, convierte al espacio en un elemento tan disgregador como la falta de comunicación entre los personajes que ven así acrecentarse su soledad y aislamiento.

Con un lenguaje visual minimalista que abunda en planos estáticos y descriptivos, el filme adquiere cierta hierática gravedad donde la mirada se dirige hacia las espaldas de los otros, en sintonía con la intención de configurar una historia enclaustrada en una soledad que sólo se liberará mediante la palabra.

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La francesa Anne Fontaine, experta en narrar historias ficticias inspiradas en hechos reales, como demostró en el biopic  sobre Cocó Chanel, presenta ahora Les innocentes, un relato cuyo argumento progresa de una forma muy correcta y agradable hacia un final feliz.

A pesar de la dureza de la situación de la que arranca —el embarazo de varias monjas violadas por soldados rusos en la Segunda Guerra Mundial— la directora consigue articular los hechos en función de su valor dramático eludiendo un enfoque naturalista.

Las observaciones de Anne Fontaine cuando se le pregunta por esta opción edulcorada siguen la senda de las intenciones que le movieron a realizar la película: expresar la confrontación entre materia y espíritu o la del pragmatismo frente a las creencias. Estos mensajes, implícitos en el filme, así como la valoración de la desobediencia positiva y la transgresión de las normas en aras de un bien general, quedan eclipsados por el tratamiento sentimental y emotivo de los peligros que afligen a unos personajes invariablemente fieles a su propio rol: buenos o malos. 

Muy distinta en tema y forma es El ciudadano ilustre, una ácida y divertida comedia del dúo argentino formado por Gastón Duprat y Mariano Cohn. Aunque en esta obra los directores no inventan nada nuevo, se valen inteligentemente de todos los recursos de la narración y del humor, así como de su experiencia en la producción televisiva y publicitaria.

Con diálogos cuidados y una estructura ágil y muy efectiva, crean el personaje del escritor Daniel Mantovani (Oscar Martínez) que, tras ser galardonado con el Nobel vuelve a Salas, su pueblo natal, para vivir la más alocada y extravagante de las experiencias. Con la proporción exacta de comicidad, humor, crítica y parodia, a la película le espera un futuro lleno de éxitos ya sea con Oscar o sin él.

Dos directores, viejos conocidos en la SEMINCI, el serbio Goran Paskalejvic y la india Deepa Mehta, concurren en la Sección oficial con dos películas muy diferentes.

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El primero presenta Tierra de dioses (Bev Boomi), filme intimista y moroso que cuenta una historia de redención y superación de un pasado oscuro y aún muy doloroso. El protagonista Rahul vuelve a su pueblo natal, en el Himalaya, cerca de uno de los lugares sagrados de India, el templo de Kedarnat.

La interpretación, intensa y profunda, recae en el actor indio Victor Banerjee, amigo y también colaborador del director en la escritura del guión. Con el cuidado y elegante lenguaje con que suele dar forma a sus historias y una espléndida fotografía, Paskalejvic aborda la búsqueda del perdón y la paz por un hombre que ve acercarse su final.

Además de mostrar bellísimos paisajes y las manifestaciones más genuinas del folclore local, el argumento plantea sutil pero contundentemente el problema de las castas y los problemas que su pervivencia produce. El final esperanzador sobre el destino humano se aviene perfectamente con la mentalidad y la filosofía hindúes de los versos de Rabindranath Tagore, muy presentes en la película y muy alejados del pragmatismo europeo.

Deepa Mehta, con Anatomy of violence, parte de un hecho real, la brutalidad de una violación múltiple sufrida por una joven dentro de un autobús, en Nueva Delhi. Con la forma de falso documental para dar más verosimilitud al contenido, la directora teje una red de hechos a partir de las biografías de los violadores, mediante la cual muestra al espectador las causas sociales y culturales que han llevado a los jóvenes a cometer tal crimen.

La técnica de fragmentar y combinar diversas historias puede restar claridad al relato si no se realiza una adecuada selección y montaje de las mismas. En este caso, la estructura de la película se desequilibra por el exceso de tiempo dedicado a la presentación de los delincuentes y su degradado contexto económico y cultural.

Lo que sí queda claro es el mensaje sobre el problema de las agresiones sexuales a las mujeres y la necesidad de incidir en políticas que propicien grandes cambios en actitudes y costumbres. Un filme necesario y pertinente, aunque parezca poco cohesionado y adolezca de un irregular ritmo narrativo.

Respecto a los cortometrajes, sólo han destacado dos títulos: El paciente de las once (The eleven o’clock), de Derin Seale, por su humorística y correcta realización. Aunque la historia de un psiquiatra cuyo paciente cree ser psiquiatra no es original, las escenas y los diálogos están bien resueltos y orientados a producir en el espectador el efecto deseado de confundirle y hacerle reír.

Más interesante ha sido Por cuánto tiempo, no por mucho (How Long, Not Long), de los daneses Michelle Kranot y Uri Kranot, por su técnica de animación y compromiso temático.

De momento y hasta que aparezca esa película que nos emocione de verdad, lo que nos está haciendo disfrutar en la SEMINCI son, entre otras cosas, las dos retrospectivas, la de Abbas Kiarostami y la de Richard Linklater. Y el Quijote, claro.

Escribe Gloria Benito

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