73 Biennale de Venecia (2): películas imprescindibles

  14 Septiembre 2016

 

Venezia 73, sección a concurso

les beaux jours d aranjuezEl Festival internacional del cine de Venecia sigue con una maravillosa programación de películas variadas e imprescindibles, junto con huéspedes e invitados de gran relevancia.

La atención principal de las representaciones fílmicas de este año está dirigida a la comunicación y a la relación entre hombre y mujer. En muchas películas hemos asistido a diálogos entre personas de culturas distintas o, también, una incomunicación de distinta naturaleza entre los personajes

Después de Lalaland, presentado en la inauguración, sorprendente, en este sentido, para la sección Venezia 73 de las películas en competición, Les beaux jours d’Aranjuez del fotógrafo y director Wim Wenders.

Contar este filme es como describir un poema: difícil, pero emocionante. Un hombre y una mujer están sentados en el jardín de una maravillosa casa, posiblemente situada en la periferia de París. El viento sopla ligero alrededor de sus cuerpos. Conversan empezando un diálogo sobre el amor, las relaciones sexuales y las diferencias entre el mundo femenino y masculino. Intentan comunicar, sin embargo no consiguen llegar a un punto común, a conectar entre ellos. Sus discursos tocan la filosofía y la vida. A veces no se comprenden.

Mientras hablan, un hombre desde el interior de la casa los observa, intentando imaginar sus conversaciones o más bien imaginando a ellos como protagonistas de su historia, la que parece esté escribiendo a máquina. ¿Quién es este hombre? ¿Es un escritor? ¿Y por qué no hay comunicación entre él y las dos personas fuera de la casa? ¿Es él que se imagina a ellos o son ellos que recuerdan a él? Las dos realidades parecen fundirse y no reconocerse. El hombre y la mujer siguen hablando, con una manzana en la mesa entre ellos. ¿Será el jardín del Edén? ¿Será el paraíso? ¿Y el hombre que los observa será la serpiente?

No encontraremos unas respuestas a estas preguntas. Sin embargo son ellas mismas que llevan a dudar de todo lo que vemos y, en el mismo tiempo, a considerarlo como verdadero. El estilo peculiar como siempre con Wenders ha alcanzado un aspecto muy innovador con el uso de las 3D, muy raro para una película definida como dramática. Esto, según el director, “ha permitido sentir más cerca el ambiente, el viento, el atmosfera”. Cada encuadre es como un verso, ya que el ritmo es fluido e intenso. Hay que recordar que esta película es una adaptación de una pièce teatral de Peter Handke, fiel compañero de trabajo del gran director.

Siempre en la sección de Venezia 73, en concurso, formidable ha sido la película de Tom Ford, Nocturnal Animals, adaptación cinematográfica del libro homónimo. Un filme que, antes de todo y ya desde la primera escena, impacta por su belleza estilística, inevitable por el currículo de Ford, estilista y diseñador, que realiza encuadres perfectos con una atención a los colores y a la simetría. Su magia estética se acopla perfectamente con la historia, donde realidad y ficción se unen en un juego de paralelismos bien estructurados.

Susan es una organizadora de exposiciones de arte contemporáneo, está casada con un médico y vive en una casa maravillosa. Un día recibe un paquete por parte de su ex marido escritor, Edward, que contiene el borrador de un libro que está a punto de publicar para tener una opinión. El libro se llama Nocturnal Animals, apodo que él mismo solía darle, por su dificultad en dormir de noche. Susan empieza a leerlo y, desde las primeras líneas, se sumerge dentro de la narración, imaginando los personajes de una historia que le toca íntimamente.

La película presenta una estructura paralela donde se alternan realidad y ficción y, en muchos puntos, no reconocemos los límites entre la una y la otra. Tom Ford realiza una perfecta línea de continuidad entre el libro y la realidad, reconociendo la importancia del diálogo entre las artes y, por eso, efectuando un ejercicio estilístico que no es nuevo, sino innovador, jugando también con la imaginación de Susan y con su trabajo, que la mantiene continuamente en contacto con el arte y la perfección.

Sin embargo, Susan deja de ser perfecta una vez que abandona sus ideales y se catapulta en la tragedia de Tony, el protagonista del libro. Estos dos personajes están conectados porque ambos buscan algo. Una a sí misma y el otro, posiblemente, su venganza. ¿Se puede, entonces, ser uno mismo cuando se desea venganza? La película, quizás, no contestará a esta pregunta, pero el espectador sí que se atreverá. En fin, un filme que merece la pena ver y para el que Tom Ford, como ha declarado en una entrevista durante la conferencia de prensa del festival, ha podido expresar toda su atención a la estética, característica fundamental de esta interesante obra.

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Francois Ozon participa a este Festival, siempre en Venezia 73, con Frantz, una película delicada e intensa. Mitad en blanco y negro, mitad en color; mitad en francés, mitad en alemán; mitad una historia verdadera, la otra mitad una mentira. La trama se desarrolla alrededor del personaje de Anna, una chica alemana que ha perdido a su novio durante la guerra. Cada día va al cementerio para poner unas flores en su tumba. Un día, ve a un chico que hace lo mismo. Así que empiezan a conocerse y él se presenta como un amigo de su difunto novio. A partir de ese momento, Anna descubre poco a poco unos secretos que desconocía.

El filme juega alrededor del concepto de mentira. Lo que es no parece y al revés. La estrategia del color en algunos momentos del filme subraya escenas de un particular clímax que nos llevan a considerar que, posiblemente, los colores están fuera de una realidad posible y concreta y se conectan más bien con las emociones de los personajes. Una película que refleja en su trama ambigüedad e incertidumbre sobre el pasado del chico, la “incoherencia” estilística o, mejor dicho, los cambios estéticos del color y de otros componentes del encuadre. Un filme que contiene también muchísimas referencias literarias y artísticas, que se mueve entre horizontes artísticos distintos y que proclama, en un cierto sentido, la importancia del arte, como la música, la pintura, la poesía. Sin embargo, el arte es ficción y, por eso, mentira.

El film más aplaudido y aclamado del Festival en la sala y, por eso, hasta ahora uno de los favoritos al León de Oro, ha sido Ciudadano ilustre. La película argentina de Mariano Cohn y Gastón Duprat es una historia dentro la historia que supera el límite entre la literatura y el cine para alcanzar una sublime creación fílmica que ha provocado una ovación de casi diez minutos.

El filme está estructurado en capítulos, como si fueran los de una novela y en cada uno de ellos se desarrolla una situación específica o está centrado en un aspecto en particular. La trama rueda alrededor de Daniel Mantovani, un famoso escritor que ha recibido el premio Nobel de literatura. Después de unos años, recibe una invitación a su pueblo natal, Salas, para obtener la ciudadanía de honor y decide ir, no obstante se niega a participar a cualquier evento que lo muestre como protagonista. Una vez llegado al pueblo, empiezan a desarrollarse acontecimientos que pasan de ser irónicos a trágicos, continuamente.

La belleza de esta película no es solo la estructura, sino también la irreverencia de condenar la ignorancia y demostrar la fuerza de la cultura, sin nombrarla. Es un filme valiente, con una crítica muy sutil hacia las sociedades cerradas, que muestran dificultades al cambio, por considerarlo imposible. Lo que deja esta película es la esperanza hacia la honestidad de quien cree que la cultura tiene que estar inscrita dentro de una sociedad y, por esto, no se tiene que nombrar, porque si no desaparece.

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The bad batch, película de Ana Lily Amirpour, siempre en concurso en el festival, es un filme protagonizado por la joven Suki Waterhouse y Diego Luna, contando como personajes secundarios con Keanu Reeves y Jim Carrie, que interpreta un hombre que no habla, bajo un aspecto que podemos definir como de vagabundo y, por eso, absolutamente irreconocible.

Distópico, ambientado en la frontera entre Méjico y Texas, nos cuenta la historia de unos caníbales y unos  seres humanos, en una época post-apocalíptica, que luchan por la supervivencia; ambos grupos marginados porque son “defectuosos”. De hecho, “The bad batch” significa justamente “el lote defectuoso” y, en una cierta manera, quiere referirse y dirigirse a los que están en las fronteras, separados de los demás.

El canibalismo, las referencias continuas a la carne, un perfecto montaje que interpone primeros planos nítidos con imágenes desenfocadas del desierto, las dunas desoladas y el deseo, por parte de todos los personajes, de buscar la belleza física, contraponiendo las imágenes fuertes de los momentos de canibalismo a las ganas de cuidar esos cuerpos. El filme arranca muy bien, con una idea original. Sin embargo se pierde, entre diálogos muy poco sólidos y un final que se queda como suspendido, sin tener una validez real y un significado satisfactorio a nivel narrativo.

Otro filme en concurso es Une vie, adaptación cinematográfica de un relato de Guy de Maupassant, un filme en concurso de Stéphane Brizé, que cuenta la historia de la vida de una mujer, desde su relación con los padres y el trabajo en las granjas, hasta su matrimonio destrozado por la infidelidad y el sufrimiento haca un hijo que no demuestra ser lo que se esperaba de él.

Muy atento a cada detalle, el director cumple un verdadero juego de armonía entre música y colores que son el espejo de las sensaciones de la protagonista. Algunas escenas en los jardines de la granja recuerdan algunos cuadros de Monet. La construcción y deconstrucción de la protagonista fascinan y se insinúan como acto narrativo importante y que se adapta perfectamente al cuento original. Une vie es el descubrimiento del lado delicado del festival, más clásico, donde el cine construye su estupenda adaptación.

Muy esperada en las salas ha sido Jackie, nueva película de Pablo Larraín. Un retrato introspectivo de un momento histórico muy importante vivido por Jacqueline Kennedy, es decir el cuento, en Dallas, de lo que ocurrió justo después del atentado a su marido John Kennedy. Natalie Portman cumple este delicado e intenso viaje dentro de la first lady americana, por muchos considerada una reina, a través de una entrevista que sobrepone momentos presentes a momentos pasados, el dolor al alegría, la fuerza a la debilidad. Todo rueda alrededor de Jackie que captura la cámara y la atención.

El filme, ha declarado Larraín durante la conferencia de prensa, ha sido un intento de recrear a través de un collage de vida, muerte, recuerdos y proyecciones hacia el futuro, a partir de un icono como Jacqueline hasta su inocencia. Natalie Portman ha afirmado que esta película ha sido, posiblemente, la película más peligrosa que haya hecho, ya que ha tenido que crear la ilusión de un personaje símbolo de una nación y, al mismo tiempo, símbolo de belleza. En definitiva, una forma de introspección personal que toca temas políticos y sociales, aunque lo que engancha de este filme es simplemente la humanidad de una mujer dolida y fuerte, la única reina, quizás, de los Estados Unidos.

Merece la pena también nombrar algunas de las películas fuera de concurso que han capturado la atención de la crítica y del público.

The young Pope, por ejemplo, que es una película que en realidad comprende dos episodios de una miniserie dirigida por Paolo Sorrentino, y que será transmitida en Italia en un canal vía satélite.

La perfección fotográfica del director es algo que ya no sorprende: la belleza de las formas estéticas y de los encuadres alcanzan niveles muy altos, y esto no es un eufemismo. La trama es muy cínica y pungente, irreverentes los personajes, desde el nuevo Papa americano Pio XIII, interpretado por Jude Law, a todos los que le rodean, como la hermana Mary, interpretada por Diane Keaton. Cada uno parece ser sospechoso hacia el otro, mostrando la iglesia como protagonista y, al mismo tiempo antagonista de sí misma, una jaula que es muy difícil de abrir.

Diálogos hilarantes y sorprendentes, una continua búsqueda del significado de Dios y del concepto de religión. Sueños que se alternan con reglas que respetar dentro del mecanismo eclesiástico. Un clima frío y conservador, muy lejano de lo que se respira hoy en día en la iglesia católica con el Papa Francisco. A este propósito, Paolo Sorrentino, durante la conferencia de prensa, ha declarado que el hecho de haberse alejado tanto de la figura del Papa actual es debido al hecho de que por los papas hay un pasaje cíclico: ninguno es igual que el otro y “después de un papa tan democrático, lo más probable es que haya uno muy conservador”. Una especie de profecía, posiblemente. Y nuestra profecía es que la miniserie posee todos los elementos para llegar a un éxito, no sólo televisivo, sino también “crítico”, considerando la gran calidad demostrada en la sala.

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Mel Gibson ha presentado, siempre fuera de concurso, Hacksaw Ridge, una película protagonizada por Andrew Garfield, que interpreta a Desmond Doss, un hombre de Estados Unidos que realmente ha existido y que fue el primer objetor de conciencia en recibir el permiso para participar en la batalla final de Hacksaw Ridge, contra los japoneses, sin armas.

Una historia muy conmovedora, unas escenas quizás excesivamente largas, pero unas tomas precisas y una dirección impecable. Durante la conferencia de prensa, Mel Gibson ha especificado, delante de un tipo de interpretación del filme como pacifista (combatir sin armas): “No existen las guerras justas. Yo mismo odio la guerra, como todos. Pero hay que venerar a los guerreros y espero que esta película lo haga”. Un razonamiento muy “estadounidense” con ciertos clichés que llegan también, por ejemplo, a representar la guerra y todo lo que se hace como dictado por Dios: “La fe es lo que guía al protagonista”, afirma Garfield. Y en este caso, por suerte, la fe le lleva a hacer algo admirable. Una película que enmascara en su trama el patriotismo americano y el nacionalismo con una historia tierna y de fe que, uniendo estas dos partes, se funde perfectamente para satisfacer a cualquier tipo de público.

Por último, es interesante señalar, para la sección “Jornadas con los autores”, una película muy aclamada en sala que ha sido, Indivisibili del director napolitano emergente Edoardo de Angelis. Una historia perturbadora que ve como protagonistas a dos gemelas siamesas, cuyos padres deciden llevarlas al éxito justamente aprovechando de su “deformación”.

Ambientes escuálidos y cutres son los que rodean a estas dos niñas iguales, pero muy distintas. Una más rebelde, la otra más obediente, pero ambas reclamando, de forma distinta, el derecho a ser libres de vivir su edad. Muy peculiar, quizás, la obsesión  que une a estas dos chicas indisolublemente y que se refleja en la que los padres sienten hacia ellas, como si fueran trofeos y tesoros.

La banda sonora en dialecto de Nápoles realizada por un famoso cantautor, Enzo Avitabile, hace de marco a una historia insaciable, donde todo nunca es bastante. Los colores de fondo, siempre en tonalidad fría, son los azules y grises de una vida sumisa y robada. Lo que más sorprende, en este filme, es la delicadeza con la que el director construye una historia básicamente muy oscura y dolorosa, hasta ser inimaginable. La continua relación con la religión, imágenes de santos y vírgenes que vigilan sobre estas mujercitas, hasta fundirse, en un acto casi milagroso, con ellas en el final perturbador. Un filme que se ha merecido muchos aplausos y críticas positivas, ya que la dirección es sorprendente y reveladora.

Estas han sido los filmes que hemos considerado de más relevancia. Esperamos con mucha atención y tensión la finalización del festival para conocer, finalmente, cuál será la ganadora del León de Oro.

Escribe Serena Russo 

jackie