DocumentaMadrid 2016 (2): Balance

  18 Julio 2016

Un paseo por las distintas secciones

docu-mapplethorpeLas distintas categorías que componen la sección oficial del festival han proyectado este año 32 largometrajes y 24 cortos entre sus distintas categorías: Largometraje Documental, Cortometraje Documental y Panorama del Documental Español.

Largometraje Documental

Dentro de esta categoría se han proyectado un total de 16 largometrajes, 13 en la sección competitiva y 3 fuera de ella. Un puñado de buenas películas que han contado con el beneplácito del público que les ha otorgado una media de notable alto.

Mapplethorpe: Look at the pictures (2016) de Fenton Bailey & Randy Barbato. EE. UU.

Y con él llegó el escándalo.

Robert Mapplethorpe (1946-1989) vivió poco pero intensamente, aunque contrariamente a lo que hubiera deseado no hizo un hermoso cadáver. El sida le consumió en vida y se lo llevó con apenas cuarenta y dos años y muchas ganas de seguir viviendo, preguntándose hasta el último momento por qué le había tocado a él.

Siempre deseó ser famoso y aunque la fotografía no fue su primera opción (empezó pintando) buscó con obsesión el reconocimiento y la riqueza. Cuando le llegó no le quedaba tiempo para disfrutarla. No obstante nos dejó una obra magnífica y profunda, brutal a veces, sofisticada, erótica, minimalista, expresiva y profundamente personal.

Ahora 27 años después de su muerte se estrena este documental, del malogrado fotógrafo neoyorquino, que hace un recorrido pormenorizado por su vida y obra, repasando los acontecimientos más relevantes de su trayectoria personal y profesional,  otorgándole a él la voz narradora y depositando en muchos de los que le conocieron y compartieron con él vida, trabajo, amor y amistad (hermanos, amigos, amantes, comisarios, empleados, colaboradores…)  el privilegio de construir y deconstruir con sus opiniones, testimonios y confesiones un proteico retrato del ser humano y del controvertido artista.

El retrato se complementa con cientos de fotografías de sus álbumes más célebres los   Portfolios X (desnudos sadomaso), Y (flores y bodegones) y Z (desnudos de hombres afroamericanos), sus primeras “polaroids” y otros documentos ajenos, trabajos de investigación, noticias, imágenes de archivo, documentos audiovisuales, fotografías inéditas personales, etc.

Ególatra y perfeccionista obsesivo, consiguió que nada se interpusiera en su búsqueda de la fama y la belleza absoluta que plasmó en composiciones tan atrevidas y escandalosas unas veces como melancólicas, frágiles y sutiles otras.

Escándalo, pornografía, censura, repugnancia, provocación, obscenidad, polémica… son algunos de los términos que frecuentemente se asocian a la obra de Mapplethorpe, especialmente por quienes le niegan a sus imágenes el valor de arte.

La película comienza precisamente con imágenes del polémico debate en el Congreso de los Estados Unidos del año 1990 sobre el arte y la obscenidad (a propósito del caso Barrie, donde se procesó al director del Museo de Arte Contemporáneo de Cincinnati y a la propia pinacoteca por exponer varias fotografías de Mapplethorpe consideradas obscenas y pornográficas en su exposición póstuma The Perfect Moment) y la necesidad de controlar las subvenciones públicas a los proyectos que traspasasen los límites de  lo permisible.

La película recorre su biografía artística y personal, sus estudios de arte en Pratt, la importancia de sus sucesivas parejas (Patti Smith, Sam Wagstaff…), sus escarceos con las drogas, su capacidad de trabajo (“tienes que creer en lo que haces para poder conseguirlo” decía)… pero sobre todo incide en los momentos más desconocidos, íntimos o personales expresados por quienes compartieron con él algunos de ellos. 

El testimonio de una de sus hermanas mayores nos acerca a su infancia, al niño tímido y reservado de Queens que pronto abandonó su entorno familiar católico para buscar su propio camino. Tercero de seis hermanos, sus padres renegaron de él cuando conocieron su tendencia homosexual y sus excesos, pero después de muerto volvió a casa y sus cenizas descansan junto a su madre. 

Al recuerdo nostálgico de la hermana se contrapone la voz crítica de su hermano pequeño Edward, colaborador y amigo, que hace de él un retrato algo menos entrañable. Trece años menor, Edward trabajó para su hermano durante varios años, cuando ya Robert era famoso. Edward no tenía, quizás, el genio artístico de su hermano pero gran parte del acabado final de muchas de las fotografías de Robert se debe a su perfecto dominio de la técnica fotográfica.

Cuando tuvo obra propia y quiso exponer, Robert le prohibió que utilizara su apellido de pila. Mapplethorpe solo había uno, él. Y Edward adoptó el apellido Maxey. La última reflexión sobre su hermano es suya: “Lo que le costó hacerse Robert Mapplethorpe fue lo que le quitó la vida, literalmente”. Con esta frase demoledora de Edward termina el documental.  

La película es un ejercicio preciso de comunicación y composición cinematográfica, tan impecable como ortodoxo, pulcro, meticuloso y absorbente donde todo el interés es acaparado por la figura y el trabajo del representado. Quizás un personaje tan especial y polémico se merecía una propuesta más creativa y menos formal en consonancia con su espíritu transgresor y polémico. O quizás, por eso mismo, los autores han optado por una exposición pulcra y neutra para que la personalidad y obra de su extravagante retratado destaque aún más. En cualquier caso sea porque la figura engancha y porque el documental está bien contado, sus 108 minutos se pasan volando.

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Fuera de concurso

Otros dos documentales que hemos podido ver en la sección oficial pero fuera de concurso son  Where to invade next/¿Qué invadimos ahora? de Michael Moore proyectada en la sesión de inauguración, y la reflexión que sobre Internet ha realizado Werner Herzog, Lo and Behold: Reveries of the connected World, encargada de cerrar el festival. Dos películas my interesantes con vocación didáctica que no conviene perderse. 

Con su desparpajo y sentido del humor habitual pero con un tono menos incisivo y un ritmo algo menos trepidante que de costumbre, Michael Moore nos trae con Where to invade next/¿Qué invadimos ahora? una nueva entrega de su documentalismo socarrón, crítico y de investigación más cosmopolita y entretenido, dispuesto a invadir pacíficamente cuantos países sea necesario para recopilar buenas ideas que llevarse al suyo. 

Esta vez Moore sale de Estados Unidos (pero sin dejar de mirar hacia dentro) y cruza el charco pertrechado con su cámara, su reputación y una banderita patria para rescatar todos aquellos progresos foráneos de los que su país carece, como: las integradoras cárceles de máxima seguridad noruegas, la educación sin deberes finlandesa, las vacaciones pagadas italianas, la comida equilibrada en los colegios franceses, la despenalización de la droga portuguesa, las reivindicaciones de derechos de las mujeres tunecinas, el recuerdo vivo (para no repetir la barbarie) del genocidio alemán, la igualdad entre hombres y mujeres islandesa…

Asombrado por todos estos logros europeos, Michael Moore se ofrece voluntario para que le envíen a él, en vez de a los marines, cada vez que su país quiera invadir otras tierras. 

Sin embargo, al final, el documental da un giro. El director barre para casa y hace un guiño cómplice a sus compatriotas (que sin duda decepcionará al público europeo, después de darle tanta cera durante el resto de la película) reivindicando todos esos logros transnacionales como una donación de la constitución del “sacro imperio norteamericano” al  resto del mundo. Un poquito de humildad, señores. Que ustedes nacieron prácticamente ayer.

Por su parte, Lo and Behold: Reveries of the connected world cerró el festival con dos salas del festival, Azcona y Borau, totalmente llenas. La película ofrece una panorámica exhaustiva del pasado, presente y futuro de la red de redes. Con su pulcritud de documentalista experimentado y de excelente comunicador, Herzog analiza cómo Internet ha transformado la vida de la gente y la manera en que funciona el mundo actual, desde sus orígenes hasta la actualidad y más allá. 

Con profundidad y sin concesiones, una estructura capitular disecciona los aspectos más relevantes de Internet, su evolución, consecuencias e influencias en sectores como la educación, la sanidad, el comercio, la comunicación interpersonal, el ocio, los viajes espaciales, la robótica, la astronomía, el comercio, etc., a la vez que repasa sus ventajas e inconvenientes, a través de entrevistas con pioneros, investigadores, profetas, expertos y afectados del ciberespacio.

Un documento  absorbente, denso e intenso, que no da tregua al espectador apabullado ante  la cantidad y velocidad de información que ofrece, en ocasiones con un lenguaje erudito, sólo apto para expertos en la jerga informática. Sin embargo, se impone su carácter didáctico y  divulgativo y una clara intencionalidad reflexiva que sin abandonar la seriedad a veces se permite ciertas licencias irónicas.  

Cortometraje Documental

docu-ojo salvajeNuestra fascinación por el corto no remite, y en esta edición hemos podido disfrutar de algunos títulos, menos que en otras ocasiones.

El buzo (2015) de Esteban Arrangoiz. México. 16 min.

Julio Cesar Cu Cámara no es buzo cualquiera, actualmente es el jefe del equipo de buceo de drenaje de Ciudad de México. Su trabajo en los últimos treinta años ha sido sumergirse en las aguas negras residuales para reparar bombas y retirar la basura que tapona los canales de drenaje que vierten fuera de la ciudad.

En una ciudad que históricamente ha sufrido de grandes inundaciones, su trabajo es esencial para disminuir este riesgo.

Impresionan sus palabras sobre como siente esta profesión, para cualquiera, tan desagradable. Él, en cambio, la vive no solo sin repugnancia sino de una manera muy especial, sintiéndose protegido y seguro cuando está abajo, enterrado entre el lodo, además de experimentar una gran satisfacción por prestar un servicio a la comunidad.

El director nos muestra cómo es su trabajo cotidiano y enfatiza el recurso de la pantalla en negro cuando Julio Cesar está sumergido en el fango utilizando sus declaraciones y reflexiones más profundas como contrapunto.

My enemy, my brother (2025) de Ann Shin. Canadá. 17 min.

Esta es una historia de hermandad contada de una forma sencilla y directa, que sin impresionar formalmente resulta muy necesaria en estos tiempos de odio.

Zahed y Najah son dos excombatientes de la guerra entre Irán e Irak. En el pasado, hace veinticinco años, cuando eran enemigos, uno de ellos salvó la vida del otro. Luego los avatares de la vida conducen a ambos a Canadá donde la casualidad o el destino quieren que vuelvan a reencontrarse y que el salvado devuelva al otro el favor recibido, convirtiéndose desde entonces en hermanos de sangre para siempre. 

Narrada sin alardes narrativos ni estéticos (recrea el pasado en blanco y negro y graba el presente en color) los protagonistas cuentan a la cámara su historia y cómo vivieron esos dos momentos tan significativos en sus respectivas vidas.

Su directora es una reconocida y multipremiada productora y directora cuyas películas y series han sido proyectadas y galardonadas en los festivales de cine más importantes del mundo.  

Ojo salvaje /The Rate’s cut (2015) de Paco Nicolás. España. 15 min.

A partir del material grabado hace veinticinco años por un campesino murciano, con una videocámara amateur, el director reelabora su propio documento fílmico. Rate se compra una cámara en 1991. Desconoce sus funciones más elementales y por supuesto los códigos mínimos del lenguaje audiovisual, pero se lanza a registrar todo lo que le rodea, incluso sin sonido al principio: su mujer, su hijastro,  sus animales, su entorno más próximo. Pero pronto se cansa y a los tres meses abandona.

Cuando su hermana enferma encuentra el argumento que estaba buscando. Postrada en su cama, con su torpeza de principiante graba su enfermedad, las visitas que recibe, su agonía y su velatorio. Complacido porque al fin ha conseguido contar una historia propia completa nunca más volverá a grabar.

Un drama morboso y cutre que provocó muchas carcajadas entre el público, que le otorgó la segunda nota más alta de la categoría de cortometraje: 7,65. Y es que el morbo tira mucho y si además roza lo patético y bordea el ridículo, como en este caso, más.

Schicht/Shift (2015) de Alex Gerbaulet. Alemania. 29 min.

Shift nos cuenta cómo cambia todo con el paso del tiempo; las ciudades y las personas que habitan en ellas. A través de un análisis introspectivo y reflexivo la directora alemana expone el retrato de su propia familia y de la ciudad industrial de Salzgitter (Alemania) retrotrayéndose a un pasado compartido que ya es solo un fantasma con un futuro desalentador.

El trabajo en la mina y luego en la planta de Volkswagen de su padre, la larga y dura enfermedad de su madre, su propia búsqueda personal. Y en paralelo a todo ello el deterioro de una ciudad venida a menos, la progresiva evolución de la industria minera hacia su desaparición y su próxima reconversión en vertedero de residuos nucleares a partir de 2020.

A través de documentación de todo tipo (material de archivo, noticias, grabaciones actuales, fotografías del álbum familiar, diarios personales…) Alex Gerbaulet compone una retro-autobiografía introspectiva y profunda que mezcla reflexión, análisis e imaginación en una propuesta formal y conceptualmente arriesgada ajena a los códigos narrativos convencionales.

La directora propone un experimento complejo, distante y poco empático con reminiscencias del video-arte (el cartel anunciador de la película es bellísimo), que no gustó, en absoluto, al público, suspendiendo en su apreciación con la nota más baja del festival de todas las categorías: 3,76. Alejarse de la ortodoxia, lamentablemente, casi siempre se penaliza.  

The shining star of losers everywhere (2016) de Mickey Duzy. EEUU. 18 min.

Cuando en 2003 el hipódromo de Kochi (a 800 kilómetros de Tokio) estaba a punto de cerrar, un genio del marketing fue capaz de convertir el fracaso continuado de un caballo de carreras en un éxito espectacular, consiguiendo, además de librar al hipódromo de la ruina, dar esperanza a todo un país.

La brillante estrella de todos los perdedores era Haru Urara —que en japonés significa “preciosa primavera”— una yegua pura sangre que nunca en su vida había ganado una carrera (y que nunca la ganó). Corrió más de cien pero a pesar de sus continuadas derrotas se convirtió en un símbolo nacional, en el revulsivo que el pueblo japonés necesitaba para soportar la grave crisis económica que padecía y el desencanto que ésta había producido en la sociedad.

De la fascinación del artista y director Mickey Duzyj por esta extraña historia de superación y esperanza nació este cortometraje, mitad imagen real mitad animación, rodado en japonés que sin alardes notables resulta entretenido y agradable. El público la obsequió con un bien alto: 6,69.

Panorama del Documental Español

docu-socotraLo social manda en DocumentaMadrid, pero tampoco se desdeñan apuestas aliadas con la plástica expresividad, como muestra esta película de Jordi Esteva a medio camino entre el reportaje de creación estética y la filosofía poética de la realidad.

Socotra. La isla de los genios. (2015) de Jordi Esteva.

Proyectada dentro de la sección Panorama pero fuera de concurso, este corto largometraje, de tan sólo 64 minutos, es un maravilloso viaje visual y emocional, fantástico y real, a un paraíso casi a punto de desaparecer en una isla perdida del océano Índico. Socotra, es la versión filmada del libro del mismo título del director, escritor y fotógrafo Jordi Esteva, publicado por Atalanta en 2011 y galardonado en 2012 con el V Premio de Literatura de Viajes Camino del Cid.

Jordi Esteva es un buscador de mundos fabulosos a punto de extinguirse —un viajero impenitente apasionado de la geografía y las culturas orientales y africanas— que desde niño ansiaba conocer. El producto de sus experiencias viajeras y vivenciales son un puñado de libros apasionantes y tres películas documentales Retorno al país de las almas (2010), Komian (2014) y esta última.

Introducida con una cita de Malcom Lowry en Bajo el volcán, en la que se habla de esta misteriosa isla del mar Arábigo, la película narra el viaje de un grupo de camelleros socotríes hasta las montañas, antes de la estación de las lluvias. Un peregrinaje abrupto al que sólo el director, que ha convivido con estos pastores durante largas estancias, ha tenido acceso.

Morada del ave Fénix, del ave Roc y cuna de Simbad, Socotra es un lugar incontaminado de aguas transparentes y vegetación sorprendente donde crece el incienso, la mirra y el drago (el árbol de savia roja de la sangre de dragón tan preciado en la antigüedad como medicina o tinte) y donde los más ancianos transmiten oralmente leyendas fantásticas que guardan en la memoria.

Dice el director que esta película será el único documento que quedará para la posteridad filmado en lengua socotrí en estado puro, una lengua milenaria emparentada con la del reino de Saba y que ya sólo conocen los más ancianos, porque los más jóvenes hablan una mezcla contaminada de árabe.   

Parte muy significativa del encanto de la película lo tiene la maravillosa fotografía en blanco y negro (con un tratamiento exquisito de la luz, la textura, la composición…), una opción conceptual y emocional muy significativa que acentúa el carácter fabuloso del relato a la vez que reivindica la memoria y su compromiso con la realidad interior de una cultura a punto de desaparecer.

Esta elección resulta no obstante determinante para contactar, o no, con según qué tipo de espectadores. Sin duda, los que vean en ella una opción meramente formal se sentirán decepcionados porque no podrán admirar el colorido natural de este hermoso paraíso terrenal, pero, sin embargo, resultará fundamental para aquellos que conecten —como pretende el director— con el espíritu atávico del relato.  

Esta opción estética y expresiva, además de remitir al trabajo/espíritu de los documentalistas pioneros, preocupados por captar la realidad sin desatender la expresión, es la forma que el director tiene de obviar lo superficial (“lo superfluo” lo llama él), lo evidente, lo inmediato. Su propuesta, mucho más profunda y reflexiva, mezcla la historia, la tradición, la leyenda y lo mágico con lo natural, lo simbólico y lo real. Un equilibrio entre fantasía evocada y realidad que conectan pasado y presente a través de un formalismo lírico de nostálgica belleza. 

La Socotra que nos muestra Esteva no es la que veríamos en una revista de viajes o en un reportaje naturalista, es una Socotra oculta, misteriosa, tribal, imposible de encontrar a simple vista, a la que él ha tenido acceso gracias al contacto y convivencia con sus gentes, reacias a las cámaras de cualquier visitante o curioso accidental.

Socotra es un paraíso a punto de extinguirse, un lugar aislado en el espacio y en el tiempo, anclado en un mundo casi neolítico, donde se habla una lengua semítica que ya sólo los ancianos conocen y a través de la cual el espíritu de lo invisible que anida en su memoria, conecta el mundo fabuloso con el real a través de relatos poblados de genios, ogros, serpientes y duendes.

En la película estas figuras mitológicas conviven con otras históricas, como el hijo del último sultán de la isla que relata también en la oscuridad de la noche a la luz de una hoguera el drama de su vida como si fuera un relato fantástico más. “De vosotros depende que no se pierda la memoria” dice un anciano en la película mientras cuenta historias fantásticas, ante el fuego, a los más jóvenes.

Esteva sabe colocar la cámara en cada momento, componiendo planos de distinta escalaridad y gran belleza plástica, fijos o en movimiento, encadenando imágenes, jugando con el foco, la profundidad de campo, la iluminación y la textura para crear misterio y lirismo.

La cámara sigue a la caravana de pastores en su ascenso a las montañas con contrapicados extremos para hacernos sentir el peligro de su ascensión por caminos pedregosos casi intransitables. Otras veces reposa con ellos y se demora en su escucha o en la contemplación minuciosa de sus rostros y expresiones —congelados en el tiempo mirando a la cámara con profunda sinceridad—, componiendo bodegones humanos de estilizado barroquismo. O se deleita con absorta melancolía en sus paisajes, olvidándose casi de su presencia.

Cine de bellísima factura visual que busca la emoción a través de la imagen y de la subversión estética para capturar el verdadero espíritu de un paraíso oculto en la memoria. 

Los premios

docu-when two worldsEn la categoría de Largometraje Documental el primer premio del jurado ha sido para When two worlds collide (2016) de Heidi Branderburg y Mattew Orzel (Reino Unido, Perú) que narra el enfrentamiento primero verbal y después violento entre el gobierno peruano y los indígenas defensores de la pureza amazónica.

El segundo premio del jurado ha sido para Les sauteurs  (2016) de Moritz Siebert, Estephan Wagner y Abou Bakar Sidibe (Dinamarca) que narra el drama que no cesa en la frontera melillense con Marruecos, personalizado en uno de sus protagonistas.

El premio especial del jurado ha sido para The land od the enlightened de Pieter-Jan De Pue (Bélgica), según el jurado, por retratar la vida desolada y brutal de un grupo de niños afganos obligados a sobrevivir en una zona de guerra permanente. También ha recibido una mención especial la película mexicana Tempestad (2016) de Tatiana Huezo, por rescatar testimonios que describen la injusticia y profunda corrupción de su país. 

El premio del público ha recaído en Sonita (2015) una coproducción de Alemania, Suiza e Irán dirigida por Rokhsareh Ghaem Maghami que narra cómo una joven refugiada afgana en Irán canaliza su frustración a través de la música. Para ella ha sido la calificación más alta del festival (9, 01) en la apreciación popular.

En la categoría de Cortometraje Documental el primer premio ha sido para la película My Aleppo de Melissa Langer (Estados Unidos), la historia del sufrimiento de una familia que tras huir de Siria asiste a través de Skype a la desintegración de su ciudad y sus seres queridos.

El segundo premio ha sido para Then, then, then (2015) de Daniel Schioler (Canadá), una película sólida y singular que habla sobre los conflictos morales de una generación incapaz de influir en el cambio social.

El premio especial del jurado ha recaído en el corto brasileño Pele de Pássaro/Piel de pájaro (2015) de Clara Peltier, la historia de una bailarina que vive en las favelas de Río, que no convenció mucho al público que sólo le ha dado un rácano 5,7. En cuanto a la mención especial del jurado, ha sido para Der bitere apfel von stamm/La manzana amarga del árbol, (2015) de Hana Kim (Alemania, Corea), un retrato poético de la madre de la directora y de la modernización de Corea del Sur que ha suspendido en la apreciación popular.

El público ha otorgado su premio en esta categoría a la película Yo no soy de aquí de Maite Alberdi y Giedre Zickyté, (Chile, Lituana, Dinamarca) con la historia de una anciana vasca que vive en una residencia chilena. Consiguió una calificación de 8,39.

En la categoría Panorama el premio al mejor documental español ha sido para La mayor locura (2015) de Adolfo Dufour, según el jurado “por la originalidad con la que trata el tema de la memoria; así como por la elección de los personajes, la capacidad de lucha que trasmiten, su resistencia a la soledad y al paso del tiempo… la calidad de la filmación del documental, y el sugerente lenguaje poético que utiliza”.

Finalmente el Premio Movistar + ha sido para The other kids (2015) de Pablo de la Chica, “por mostrar cómo los sueños también se pueden convertir en un motor para sobrevivir… aunque sean sueños de fútbol”.

Jurado y público no siempre coinciden en sus apreciaciones, algo que por otra parte tampoco importa porque así hay más premios para repartir, que, sólo por el esfuerzo que supone seguir haciendo cine comprometido en los tiempos que corren, todos se merecen.  

Escribe Purilia  

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