60 Seminci, Semana internacional de cine de Valladolid (4): Temas universales

  01 Noviembre 2015

La soledad y el deseo

seminci-41-45 yearsCon matices diversos, los temas universales están siempre presentes en la literatura y el cine, y en esta ocasión tampoco podían faltar. Dos de las películas más aplaudidas, Hrutar y 45 years, ilustran estos conceptos de forma diferente.

Hrutar Rams (El valle de los carneros), del islandés Grimur Hákonarson, relata con gran vigor narrativo el modo en que la conexión entre la naturaleza y los hombres resuelve  el conflicto entre Gummi y Kiddi, dos hermanos, pastores de una raza carneros muy especiales y valorados. El odio que se profesan desde la infancia, debido a celos y rencillas irrelevantes, desaparece ante la necesidad de supervivencia de las criaturas que habitan esa tierra inhóspita y bellísima.

Al margen del contenido costumbrista del filme, el director ha sabido combinar acción y descripción para llevarnos a reflexionar sobre la primacía de las leyes naturales sobre la insignificancia de los hombres.

45 years, del británico Andrew Haig, en un tono más intimista vuelve su interés hacia el análisis de los sentimientos y emociones de una mujer celosa de la antigua novia de su marido. El modo en que se muestra el proceso psicológico mediante el que la protagonista construye todo un castillo mental de agravios y afrentas imaginarias ha llevado a los críticos a hacer una valoración muy positiva de este filme.

En contra argumentan los que califican a la película de lenta y carente de ritmo, que sólo se salva por la excelente interpretación de Charlotte Rampling.

En Punto de encuentro, 2 yötä hamuun (Dos noches hasta la mañana), del finlandés Miko Kuparinen, aborda un tema recurrente en el cine como es el encuentro casual entre un hombre y una mujer durante un viaje. Las exigencias del trabajo en la actualidad y la necesidad de frecuentar hoteles y salas de espera de aeropuertos y estaciones han generado suficiente materia narrativa para explorar el interior de unos personajes cuyo miedo al cambio y al riesgo se encubre con múltiples máscaras.

Lo interesante de este filme, protagonizado por Marie Josée Croze y Arly Jover, es que no cierra el relato con la resolución de conflicto alguno, sino que se limita a mostrar al espectador las contradicciones de los personajes y su lucha interior por superar la difícil decisión de elegir entre la incertidumbre de la vida y la seguridad de la costumbre.

Dentro de nuevo en la Sección oficial y de la temática que nos ocupa, dos filmes ofrecen distintas perspectivas.

Por un lado, Fusi, del francés naturalizado en Finlandia Dagur Kari. Su historia gira alrededor del personaje de Fusi, interpretado magistralmente por Gunnar Jónsson, un cuarentón gordo, tímido y solitario. A medida que el filme desarrolla su argumento se van desvelando tanto las carencias del protagonista como la bondadosa naturalidad con que las va superando.

Sin mieles subjetivas ni lacrimosas escenas, el proceso transformador del personaje surge de un guión bien ejecutado y del talento de su realizador. La parquedad de los diálogos y la economía de las imágenes, sujetas a la sagrada ley cinematográfica de la elipsis, caracterizan favorablemente este filme, donde la objetividad formal no impide su naturaleza entrañable.

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Por otro lado nos encontramos con la interesante propuesta de Pere Vilà Barceló, L’Artèria invisible, una historia de soledad y sueños frustrados que es común a tres personajes: un político que aspira ser alcalde, una esposa que no puede ser madre y un joven sin oficio ni beneficio. Los tres están unidos por un hilo rojo, la arteria invisible, que enlaza sus destinos más allá de sus decisiones, comportamientos o actos.

Lo más singular es el lenguaje cinematográfico empleado por su director: el plano frontal y fijo que se mantiene con una escasa o ninguna acción, la cual —así como algunos diálogos— a veces permanece en off fuera de campo. Encuadrada dentro del estilo europeo que subsidia el discurso narrativo al descriptivo y a la caracterización de los personajes, el director confirma su intención de mantener el foco en la incomunicación y el abandono, resueltos mediante escenas duales y poca acción. Asimismo afirma que lo que le interesa es “establecer un equilibrio en el estilo a la vez que prevalece el vacío, lo que no está, los silencios en la sociedad del ruido”.

La libre adaptación de la novela El peaje, de Joaquim Vidal y Josep Valls, se centra más en el análisis psicológico de los personajes que en los aspectos sociopolíticos de la actualidad, aunque de forma sutil y en segundo plano, la crítica aparece en los diálogos y en los contenidos de los telediarios que mira distraídamente el protagonista.

Decepcionante ha resultado la esperada producción de Margarethe Von Trotta, Die abhandone Welt (El mundo abandonado). El descubrimiento de un pasado común y doloroso hace reaccionar a dos hermanas de muy distinta manera. La historia deriva hacia los territorios del melodrama más que hacia la introspección y el análisis, por lo que podemos considerarla un producto fallido.

Hay además otras tres películas que quizá consigan algún palmarés si los jurados se dejan llevar por aquello de la corrección política o las conveniencias comerciales. Aunque no aportan novedad alguna a la cinematografía ni en cuanto al contenido ni a la forma, hay que señalar su más que correcta factura y la amenidad y entretenimiento que garantizan a los espectadores del común.

Se trata de Beeba boys, del premiado y asiduo a la Seminci, Deepa Mehta, un cuento de mafias sijs canadienses con personajes disfrazados con casacas y coloridos turbantes que disparan tiros por doquier, en aras de homenajear a Tarantino.

La producción de Mika Kaurismaki, The Girl King (Reina Cristina, la mujer que fue rey), es un acertado biopic que utiliza como reclamo la rebeldía e independencia de la joven reina homosexual. Basada en una historia verídica, no es una película histórica, como afirma acertadamente su director, pues los errores en el contexto y las costumbres gastronómicas de la época demuestran el escaso interés de los guionistas en documentarse adecuadamente.

Lo mismo diríamos de Elser, 13 días, de Olivier Hirschbiegel, que ya nos regaló con la historia de la princesa Diana. Un relato ameno y bien filmado sobre la persona que quiso matar a Hitler y falló por unos minutos. Tres películas que probablemente no dejarán huella en la memoria, pero que han sido muy aplaudidas.

seminci-40-mustangMucho más interesantes son las dos diferentes miradas al fundamentalismo religioso extremo y sus consecuencias, encarnadas en dos filmes también muy distintos: Mustang, de la directora turca Deniz Gamze Ergüven, y Tikkun, del israelí Avishai Sivan.

En la primera se observan las huellas de la coguionista canadiense Alice Winocour y su impronta en la estructura del relato. Con un ritmo más  propio del cine americano que del turco, al que se suman la interpretación de cinco actrices seductoras y los paisajes marinos y boscosos de los alrededores del mar Negro, asistimos al dramático encierro a que son sometidas por sus familiares cinco hermanas adolescantes.

El fundamentalismo religioso de los mayores determina la educación y valores femeninos dictados por el Islam, y de los que en vano las jóvenes intentan escapar. El carácter fabuloso del final de esta historia y sus exigencias comerciales, le sustraen parte del interés  que el tema plantea, aunque no hasta el extremo de frivolizarlo. Es la clásica historia que cuenta hechos terribles mediante una envoltura amable.

El título de la segunda, Tikkun, significa algo parecido a “reencuentro”, y hace alusión a aquellos que regresan del mundo de los muertos para cumplir alguna tarea pendiente en el de los vivos. La relación con el argumento del filme se encuentra en la milagrosa vuelta a la vida, a manos de su padre, del académico ultraortodoxo Haim-Aaron, cuando los médicos ya le habían declarado muerto.

Sin embargo este no es el tema central de la película, sino el cambio  experimentado por el protagonista tras su resurrección y su interés por placeres más sensitivos y terrenales, que hasta entonces había ignorado. Este doloroso proceso de transformación no se relata con la profundidad exigida por tan grave acontecimiento ni con la claridad y síntesis obligadas.

El relato discurre por los terrenos de la desorientación y la lentitud farragosa, por lo que el espectador no acaba de enlazar la acción con el mensaje esencial del filme: la imposibilidad de que los diferentes sobrevivan en un entorno donde la rigidez de ideas, normas y costumbres constituyen la única y primordial ley que integra a los miembros de la tribu.  

Escribe Gloria Benito

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