60 Seminci, Semana internacional de cine de Valladolid (3): Mujeres

  01 Noviembre 2015

Personajes y problemas femeninos

seminci-30-nahidComo en otros aspectos de la sociedad y de la vida, la Seminci no es ajena a la problemática de la mujer en la actualidad, por lo que progresa el protagonismo de personajes femeninos en los filmes que se presentan, así como la presencia de mujeres realizadoras.

Actos como la rueda de prensa que ofrecieron un extenso grupo de directoras de cine, españolas, responsables de la fundación CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas, que  desde 2006 impulsa actividades y proyectos para respaldar la presencia de la mujer en los medios audiovisuales.

Como afirmó Daniela Fejerman, “el hecho de que no se hable tanto de un género femenino, y sí de otros temas como la creatividad ya es un cambio. El cine de mujeres no es un género. También importan los silencios, es decir, los que se refieren a las mujeres de talento que han quedado en la sombra a lo largo de la historia; y los vacíos, o sea, todos aquellos temas relativos a la mujer sobre los que no se ha escrito ni indagado”.

Otra cuestión de interés es la de los roles femeninos en los medios de comunicación, ya que “éstos no representan a las mujeres del siglo XXI”, según afirma Chus Gutiérrez. Por ello son necesarias nuevas miradas que modifiquen el punto de vista y enriquezcan la perspectiva sobre la problemática femenina  en cuanto a sus relaciones personales, familiares, profesionales y sociales.

En este sentido hay que señalar que el programa de la Seminci contiene un abanico de historias que abordan la temática femenina  con una gran variedad de enfoques. Ahora no nos ocuparemos de la sección Femenino singular, dedicada exclusivamente a difundir y deliberar sobre las dieciséis películas, desde 1977 hasta hoy, que han sido programadas por el festival con el fin de profundizar en la situación de la mujer desde múltiples perspectivas, países y culturas. Nos centraremos en algunos filmes proyectados en la Sección oficial con atención especial al tema que nos ocupa.

La directora iraní Ida Panahandeh presentó su primer largo Nahid, en el que ofrece un valiente planteamiento sobre la falta de libertad de la protagonista en un mundo gobernado por los hombres, sean éstos maridos o novios, padres o hermanos. El personaje de Nahid, interpretado por Sareh Bayat, representa el sufrimiento de muchas mujeres consideradas como personas menores de edad, cuyas vidas deben ser  dirigidas por los hombres de la familia.

Mediante la historia de la lucha de Nahid por conquistar su independencia y la libertad a la que cree tener derecho, la directora propone un modelo de comportamiento, canónico para el resto de mujeres y hombres que persigan un modelo social más justo y equitativo.

Sin llegar a la sutileza y fuerza narrativa de Jafar Panahi, Ida Panahandeh confiere a su relato el ritmo narrativo y la verosimilitud suficientes para trasladar de forma clara su mensaje a los espectadores, de tal forma que, sin ser una película excepcional, pueda representar un digno papel en cualquier foro de debate cinematográfico, teniendo en cuenta la trayectoria de esta realizadora, que hasta el momento se ha desenvuelto más en el cortometraje y en los telefilmes.

Dégradé, ópera prima de los hermanos Tarzán y Arab Nasser, representa el nacimiento de un nuevo cine palestino, que lleva a la pantalla otros enfoques sobre la dramática situación de un país en guerra, que sobrevive como puede a los bombardeos y ataques israelíes. 

Como declaran los hermanos Nasser, es la primera película que trata el conflicto palestino en relación con las tensiones interiores de la sociedad y política de Hamas, organización que no simpatiza con el contenido del filme.

El argumento gira alrededor de un grupo muy diverso de mujeres, encerradas en una peluquería con un calor asfixiante, mientras fuera suenan los golpes, los disparos y las bombas. La reclusión forzosa de mujeres de tan diversa índole funciona como metáfora del pueblo palestino, compuesto también por gentes procedentes de una gran variedad de razas y culturas. Y aunque la tipología femenina que se ofrece se ajusta más al estereotipo que a la realidad, el conjunto consigue el objetivo de representar una historia coral en uno de los pocos espacios donde las mujeres pueden expresarse con libertad.

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El contraste entre el interior y el exterior se acentúa a medida que la temperatura sube, la tensión se hace insoportable y el ruido, atronador. Los fallos de guión o los tópicos en los temas de las conversaciones cruzadas, más propios de la comedia que del drama, pueden restar calidad al filme pero no eficacia comunicativa.

Respecto a los problemas que puedan derivarse en el país, debidos a la distribución y exhibición del filme, los hermanos Nasser citan una máxima popular, cuya filosofía aplican: “Si tienes miedo, no lo digas. Si lo dices, no tengas miedo.”

El resto de películas, que comentaremos brevemente, no aluden directamente al mundo femenino pero sí lo consideran como una de las partes esenciales de las historias narradas.

Así, La adopción, de Daniela Fejerman, y Aurora, del chileno Rodrigo Sepúlveda, plantean el mismo tema —el deseo de adoptar un niño  cuando la pareja que no puede tenerlos— desde distintos ángulos. Ambas películas cuentan con dos actrices excelentes, Nora Navas y Amparo Noguera, para encarnar a sus respectivos personajes.

En el primer filme, lo que se denuncia es la corrupción y arbitrariedad de las organizaciones de muchos países del Este, que extorsionan a los futuros padres con el fin de enriquecerse a su costa de forma ilícita. En el segundo, la situación es de una singularidad casi surrealista, pues la protagonista se empeña contra viento y marea en adoptar un niño muerto encontrado en un basurero. Lo que en este caso se denuncia son las trabas burocráticas y la rigidez de las leyes para resolver algo que, por muy raro que sea, responde a una intencionalidad generosa y humanitaria. 

Finalmente, reseñamos la proyección de una película israelí, Hatuna meNiyar (Boda de papel) también en la Sección oficial, que suma los problemas de la incapacidad a los de la condición femenina. El comportamiento de la protagonista, Hagit, representada con gran talento por la joven actriz Asi Levi, simboliza tanto la  importancia del amor y el derecho a la felicidad como la necesidad de ser reconocida como igual por una sociedad discriminadora, que niega a algunos de sus miembros el derecho a la libertad.

El personaje de Hagit podría seducir sin equívocos al espectador más reticente, por su vitalidad, pasión y sana alegría, llena de optimismo, a pesar de las duras señales que los otros le envían. El sentido trágico de la historia resulta coherente con la entrañable ternura que desprende la protagonista.

Los dos cortometrajes relacionados con el tema femenino que más nos han interesado han sido la producción turca (Sombra), de Bülent Óztürk, y la hispano-estadounidense El adiós, de Clara Roquet.

La primera cuenta la escalofriante historia de una madre y dos hijas adolescentes que, para huir de los yihadistas, viven en el sótano de una casa abandonada, en unas condiciones inhumanas y penosas. La segunda deja en evidencia a muchos hijos que delegaron el cuidado de sus padres viejos, enfermos y discapacitados, en manos de cuidadoras inmigrantes, y no les muestran consideración ni respeto cuando los ancianos fallecen.

En ambos casos, el lenguaje formal y los recursos cinematográficos se adecuan a la perfección al contenido de cada una de las historias y a aquello que en cada caso se pretende denunciar: la dureza de la persecución fundamentalista hacia las mujeres, en el primer caso, y el egoísmo y desconsideración hacia las cuidadoras, en el segundo.

En suma, todo un catálogo de filmes que trasladan la preocupación de sus realizadores por los problemas de la mujer, ya sean directos o indirectos. Un acierto, sin duda.

Escribe Gloria  Benito

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