60 Seminci, Semana internacional de cine de Valladolid (2): primer fin de semana

  29 Octubre 2015

Violencia, risas y tortitas rellenas

dheepanLa Semana internacional de Cine de Valladolid se ha abierto con la proyección de la última película de Jacques Audiard, Dheepan, que en esta ocasión aborda una historia de lucha, supervivencia y superación, donde un exsoldado tamil, Dheepan, huye de la guerra de su país, Sri Lanka.

La única posibilidad que tiene de ser admitido como refugiado por las organizaciones encargadas de la evacuación es formar parte de una familia, por lo que Dheepan no tiene otra opción que inventarse una. A las penurias de un viaje lleno de peligros e incertidumbre se añade la decepción por las circunstancias de una vida que en nada se parece a los sueños de paz y bonanza que los personajes habían albergado.

Resulta interesante el análisis del comportamiento del trío de personajes, formado por Dheepan (Antonythasan Jesuthasan), su falsa esposa (Kalieaswari Srinivasan), y la supuesta hija (Claudine Vinasithamby). El trabajo actoral resultaría aceptable a no ser por algunos altibajos en el guión que afectan a la verosimilitud de la posición y actitudes de los personajes, en cuanto a la tensión psicológica provocada por la necesidad de fingir una convivencia que no corresponde a la verdad y que pone en peligro la precaria situación que sufren.

De esta forma, al conflicto interior se suma el exterior, consecuencia de vivir en un entorno degradado por la miseria y las bandas de narcotraficantes. Al final lo que queda meridianamente claro es que la violencia, sea bélica o social, tiene el mismo origen: la injusticia y la desigualdad entre los hombres.

La brutalidad de algunas escenas contrasta con el ambiguo contenido de la secuencia final, donde no se sabe si el utópico mundo feliz que se evoca corresponde a la esfera de los sueños o a un futuro ya actualizado. En cualquier caso, demasiado azúcar para una historia tan amarga.

En otro orden levantó ampollas la proyección fuera de concurso de la última película de José Corbacho y Juan Cruz, Incidencias. Los puristas “seminzados” —en palabras de Alex O’Dogherty como conductor de la Gala de inauguración— y defensores del cine de autor, se ofendieron por la presentación de esta comedia, que encierra a un grupo de personas, aparentemente normales pero en el fondo unos frikis, en un AVE, y los coloca en una situación tan extrema que acaban adoptando comportamientos más que absurdos.

Con un lenguaje que no aporta demasiado a un género tan estudiado como difícil, y con claras alusiones a las películas de trenes, este trabajo del dúo Corbacho-Cruz además de hacer reír cuenta con las interpretaciones de un elenco de actores nada desdeñable, como las de Lola Dueñas, Carlos Areces y Rubén Ochandiano, entre otros. Al margen de si un filme como éste debe estar o no en un festival como la Seminci, lo que sí deja en evidencia es la naturaleza cruel y estúpida del ser humano.

El domingo 25, se proyectaron dos filmes absolutamente diferentes: An, Una pastelería en Tokio, de la japonesa Naomi Kawase, y Une histoire de fou, del francés Robert Guédiguian.

La primera es el resultado de un encargo para adaptar un libro del mismo título, que relata la historia sentimental y vital de la anciana Tokue, interpretada por la popular actriz Kirin Kiki, y el joven Sentaro (Masatoshi Nagase), un pastelero aburrido de su trabajo.

El relato contiene todos los lugares comunes que lo convertirían en un producto que, bien administrado, pudiera tener éxito en las taquillas. Es tierno, posee una buena fotografía y realización, abunda en imágenes vegetales y símbolos fácilmente  interpretables, y sobre todo, acaba bien, muy bien. El hecho que pretende denunciar, la discriminación de los enfermos de lepra en Japón, pasa a un segundo plano con valor de simple anécdota, envuelto en tanto azúcar.

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La segunda se presenta con tonalidades muy distintas. Se inspira en la historia narrada en la novela Bomba, por el periodista José Antonio Gurriarán, y en su experiencia como víctima de un atentado perpetrado por terroristas armenios. La vivencia del encuentro entre el periodista —interesado en conocer las causas del uso de la violencia como forma de lucha en defensa de los derechos del pueblo armenio— y sus verdugos se transforma en manos del director francés de ascendencia armenia, en Une histoire de fou.

El odio como herencia psicológica y política encuentra su salida en la venganza como forma de restablecer la justicia mediante las armas. Todo el desarrollo argumental se supedita a explicar el contacto entre Gilles, el estudiante de medicina que resulta ser víctima colateral de un atentado, y Aram, el terrorista responsable del mismo y que se estrena en lo que será su primera operación bélica.

Si la historia real resulta poco verosímil, trasladada a la pantalla adolece del mismo síntoma. Aunque autor y cineasta defienden el carácter pacifista de su obra, algunos episodios están tratados más desde el punto de vista dramático que el de su solvencia documental.

En este sentido, Robert Guédiguian se muestra tajante respecto a la importancia de la necesidad de difundir y extender los problemas de los genocidios de los pueblos en general y el del armenio en particular: “Hay que hablar del genocidio, no filmarlo, pues la violencia en los medios de comunicación tiende a convertirse en espectáculo”, afirma.

Defiende los recursos formales empleados en el filme, como el blanco y negro de la primera parte, como forma de demostrar que la violencia inicial ejercida por el estado turco ha existido realmente, pues el relato ha sido elaborado a partir de las actas del proceso contra el primer héroe que mató y luchó por Armenia.

incidencias

Gurriarán también justifica y explica su periplo personal en 1982, en Líbano, cuando contacto con el Esala: “Me moví como ser humano, no como periodista, y además con cierto síndrome de Estocolmo”, responde a la pregunta sobre su experiencia en la búsqueda de contactos con los movimientos de lucha armada.

En resumen, una película que responde a una intención tan loable como es la reconciliación y el perdón entre víctimas y verdugos, pero con un resultado irregular respecto a la configuración de los personajes y al desarrollo argumental.

Como en numerosas ocasiones, nos sentimos obligados a destacar el trabajo de la mayoría de actores y en especial el de Ariane Ascaride en el papel de Anouch, la madre de Aram. Su disertación, durante la rueda de prensa, sobre su método para prepararse para un papel, mediante comparaciones gastronómicas del más alto nivel, refleja tanto la belleza como la inteligencia y sensibilidad de esta veterana actriz.

De momento la Seminci mantiene un tono medio con filmes que presentan una irregular realización o un perfil en exceso simple, sin demasiada exigencia en cuanto a coherencia y profundidad se refiere, pero con una calidad formal considerable. 

Esto, en lo relativo a la sección oficial. Veremos lo que hay en el resto de Secciones, como Punto de encuentro y Tiempo de Historia, durante los próximos días.

Escribe Gloria Benito

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