17º Festival de Cine Alemán de Madrid (4): Freitag

  15 Junio 2015

Mundos conocidos, vieja aproximación

aleman-30-entre mundosMentiríamos si dijéramos que el cuarto día del festival fue tan atractivo como los dos anteriores; de hecho, pareció repetirse la historia del inaugural: sólo pudimos asistir a una sesión, y fue una cinta que a pesar de sus promesas no terminó de cumplir con lo esperado.

No significa eso, ojo, que el viernes fuera un mal día para el festival. Se volvieron a proyectar varias cintas (Un regalo de los dioses, Tour de Force, Cuando fuimos reyes y Somos jóvenes, somos fuertes) de entre las que mejor aceptación habían recibido por parte del público. Además, la última sesión de la noche la ocupó el ciclo de cortometrajes Short Tiger 2015: Next Generation, imprescindible ya en este festival, y tan agradecido como siempre.

Nosotros sin embargo, decidimos dedicar la única sesión a que pudimos asistir a Entre mundos, una cinta protagonizada por el ya más que conocido en estos días Ronald Zehrfeld, y que no se proyectaría en pases en otras ocasiones.

La trama no llamaba a nada demasiado especial. La excusa bélica para desarrollar una trama que no lo era, con ambientación en la Guerra de Afganistán, no es algo que nos pille muy lejos; tampoco esa trama no-bélica, centrada en la relación entre un líder de pelotón alemán y su intérprete en el país afgano, es algo especialmente novedoso. Si acaso, como punto de originalidad, podríamos encontrar ese intento de mostrar al país dividido en facciones enfrentadas entre sí… pero ni eso lleva a buen puerto.

La culpa la tiene, una vez más, el no saber qué contar, por parte ahora de Feo Adalag, una directora casi debutante (siendo este el segundo largometraje que dirige, tras actuar y escribir muchos otros) que pretende abarcar un culmen de historias demasiado amplio, que al cabo quedan en nada.

Así, se nos mezcla una mirada muy sucinta hacia el conflicto, que desde el principio deja claro que no es el hilo conductor. Quizás este pretenda ser la relación entre el alemán y el afgano pero, si bien ambos personajes están construidos por su lado (sobre todo el intérprete), y su química en pantalla no es mala, tampoco se incide lo bastante en su relación como para que sea un retrato interesante.

Del mismo modo, no lo es la historia de la hermana del afgano, a la que apenas se da juego; o del enfrentamiento entre las distintas facciones del país, cuyos motivos no importan demasiado (el enemigo talibán es, de hecho, básicamente invisible), pues lo único que sabemos de ellos es que parecen compartir el desagrado por los extranjeros, colaboración con ellos aparte.

La película se vuelca entonces en un intento poco acertado de entremezclar todas estas historias en un pisto que no sienta nada bien. No es lo bastante larga como para tocar todas ellas correctamente, pero sí lo suficiente como para hacerse densa y poco entretenida. Las escenas de acción parecen más una excusa para que la rueda siga girando que un ejercicio de guión lógico y deseado; hay que advertir, eso sí, que al final son esas mismas escenas las que crean alguna secuencia realmente emotiva.

No son las escenas sueltas lo único bueno del filme. La fotografía construye un relato bastante preciosista y atractivo del país afgano, apoyada por un buen juego de cámara y de dirección de actores, todos ellos magistrales en su papel.

Zehrfeld (que desde que lo vimos en Cuando fuimos reyes me dicen mis compañeros, como lo dice el propio festival hablando de esta cinta, recuerda a Russell Crowe, aunque a mí me asemeje más a Gerard Butler) quizás no esté tan bien construido como en su papel de agente de la ley, aunque su interpretación siga siendo sólida; más destacables son Mohsin Ahmady o Adul Salam Yosofzai, que contrastan con un personaje femenino que, irónicamente tratándose de una película escrita y dirigida por mujeres, resulta absolutamente plano e insulso, sin ser culpa de la Saida Barmaki que lo interpreta.

Al cabo, y a pesar de ciertos aspectos interesantes, toca demasiados palos y se pierde demasiado en sí misma como para enganchar al espectador, que mira más el reloj que lo que sucede en una guerra que ya tiene demasiado conocida. Un pequeño bache en la jornada, que sin duda será recuperado en la siguiente.

Escribe Jorge Lázaro 

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