17º Festival de Cine Alemán de Madrid (3): Donnerstag

  14 Junio 2015

 Juventud, divino tesoro

aleman-21-about girlA marchas forzadas, la juventud de los personajes se abre camino en el festival. Empezando el jueves, de hecho, con la ya tradicional proyección matinal dedicada a un público infantil, que en esta ocasión presenta Rico, Oskar y las sombras profundas, adaptación de una apuesta novelada que nos presenta el secuestro de un niño y la lucha de su mejor amigo por encontrarle (y donde, entre otros rostros, encontramos el de Ronald Zerhfeld, que señorea esta edición del festival de manera más que justificada).

Ya en horario vespertino/nocturno, vemos que los jóvenes protagonizan la práctica totalidad de las cintas: About a Girl (sobre una quinceañera que intenta suicidarse), Un apartamento en Berlín (universitarios israelíes en la capital alemana que se enfrentan al pasado de los judíos en la II Guerra Mundial), Somos jóvenes, somos fuertes (la conflictividad de la juventud desempleada a principios de los 90), Tour de Force (jóvenes… y no tan jóvenes que se embarcan en un viaje por la vida antes de que esta depare desdichas), y la ya reseñada El fin de la paciencia.

Únicamente Un regalo de los dioses, sobre una actriz en paro que da clases a desempleados y sirve como vehículo de crítica sociopolítica, escapa a esa tendencia.

De entre todas las propuestas, quizás es About a Girl la que mejor encarna los valores que este género de cine suele querer presentar: juventud e ilusiones, por supuesto, pero vitalidad desenfrenada, amor por la vida y lo sencillo, y la necesidad de evitar el colapso ante problemas que parecen inabarcables a cierta edad.

Cuando Charleen (Jasna Fritzi Bauer), una joven de 15 años, decide repentinamente suicidarse, no espera, como ella misma afirma, que todo salga mal y tener que dar explicaciones a quienes le rodean. En el seno de una familia un tanto disfuncional (sus padres se separaron cuando era niña, su padrastro es su profesor de biología, y su interés sentimental es… digamos que no es del todo normal. Como tampoco lo es, por cierto, su psicólogo), Charleen tendrá que aprender a dejar de lado la obsesión con Amy Winehouse y Kurt Cobain, cuya huella está muy presente, para aprender a disfrutar de los pequeños placeres que le da la vida.

Se construye así una historia teñida de esperanza, belleza y fijación por los pequeños detalles, sean los que sean. La película toma como hilo conductor un comienzo volcado en la depresión y la angustia existencial, pero lo va abandonando poco a poco sin por ello marginar algunas escenas realmente duras (y es que me perdonarán, pero el ver cómo un niño pequeño recibe la noticia de la muerte de un familiar no es un trago fácil), que son las que ponen en contraste el mensaje positivo que se lleva a la pantalla.

Para ello, más que de una historia que resulta, la verdad, un tanto manida ya (ahí tenemos, entre otras muchas, semejanzas con la muy sonada El mejor padre del mundo, a colación del suicidio de Robin Williams el pasado año), el guión, a imagen de la joya oculta que es el K-Pax de Ian Softley, depende más de cómo se cuenta que lo que se cuenta: de una colección de frases lapidarias, que podrían rozar la filosofía de baratillo, pero que no dejan de sacudir los sentimientos del espectador en favor de un bellísimo y muy bien escrito discurso.

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A ello acompaña por supuesto el doble trabajo de dirección y actuaciones combinadas. Mark Monheim mira con enorme lucidez las luces y sombras de unos personajes que, al cabo, son humanos, más o menos elogiables, y llenos (muy llenos) de errores y de actitudes contradictorias o poco lógicas. Lo que es la vida, vaya.

En cuanto al reparto, Jasna Fritzi Bauer encabeza de manera magistral un conjunto de interpretaciones que funcionan por la enorme química que tienen con ella Heile Makatsch, Aurel Manthei, Simon Schwarz, Lauritz Greve, Dorothea Walda… y especialmente, los geniales Sandro Lohmann y Nikolaus Frei, que forman con Jasna el tripartito más divertido y tierno de la película.

Y cuando se habla de química, hay que hablar, sin duda alguna, de la banda sonora, pues la música, como en tantas cintas de este tipo, supone un personaje más, o el cuadro que enmarca a los protagonistas. Curiosamente, ni Joplin, ni Hendrix, ni Cobain, ni Winehouse… ninguno del club de los 27 tiene una gran presencia, siendo su papel meramente anecdótico, y más una excusa para dar comienzo (y publicidad) a la historia.

Tierna, quizás un tanto sensiblera, alegre, positiva, vitalista… About a Girl retuerce los conceptos con los que se inicia, para decirle adiós a los problemas por enormes que puedan parecer, en ese guión que resulta cíclico y termina casi (y solo casi) donde empezaba.

Atractiva de principio a fin, y uno de los grandes aciertos del festival.

Escribe Jorge Lázaro

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