17º Festival de Cine Alemán de Madrid (1): Inauguración

  12 Junio 2015

Más mentiras que victoria inaugural

aleman-0-cartelEn estos días de calor incipiente (ocasionales lluvias de visita), Madrid se convierte en un crisol de festivales. Dos de los más importantes que acoge la capital española a lo largo del año, de hecho, se suceden de manera cercana en el tiempo: el festival Nocturna, de cine fantástico, de ciencia ficción y de terror; y el Festival de Cine Alemán, que celebra este año su decimoséptima edición.

Al primero, que terminó hace pocos días, no pudimos acudir, al negársenos las acreditaciones pertinentes por parte de la organización (sin que supiéramos el motivo ni recibiéramos respuesta a la pregunta); el segundo, sin embargo, ha dado hoy su primer paso con el estreno de la cinta inaugural: Las mentiras de los vencedores.

Es fácil entender por qué esta edición del festival ha decidido poner el foco en Die Lügen der Sieger, esa nueva obra de Christoph Hochhäusler que algunos comparaban con los trabajos de Pakula y Fincher, pero que el retrotraía más a las obras de los dos Howard (Hughes y Hawks) en la rueda de prensa que seguía al pase matinal, previo a la presentación del filme al público. Es fácil, digo, porque si hay algo que la defina, y que siempre vende es, sin duda, la ambición.

La ambición y la actualidad, claro. Las corruptelas del poder, desde que se nos presentaran en la tragedia de la historia grecorromana, no han pasado de moda. Si se actualizan con una empresa que trata de asegurarse el apoyo de cierto político para el voto de leyes en interés propio, y con una investigación periodística que podría resultar muy incómoda a los primeros, pues el atractivo es innegable.

Ahora, en la misma ambición radica el fracaso de la cinta. Las mentiras de los vencedores toca muchos vértices y no logra decidirse por ninguno. ¿Es una película sobre el sometimiento de la política a la economía? ¿Trata la larga mano y la ausencia de límites cuando el poder económico entra en juego? ¿Va sobre el valor de un profesional a pesar de sus problemas personales? ¿Tiene que ver con lo complicado de la investigación periodística, y lo fácil que resulta engañar al que le da a la tecla? ¿O es quizás una cinta acerca de cómo no puedes dejar que la realidad arruine una buena historia (y con ella tu reputación)? ¿Es un romance forzado y obvio desde el comienzo?

La cinta es todo ello… más o menos. Y al final no es nada. Al perderse en un cúmulo de historias tan enorme, no logra triunfar con ninguna de ellas. Picotea aquí y allá sin decidirse y el plato se queda a medias; y no sólo eso, sino que algunos de los ingredientes ni siquiera tienen sabor por sí mismos (ahí tenemos esa historia de amor entre dos personajes que es obvio que la tendrían, pero que no tienen química ninguna).

Además, el guión tampoco supone una gran ayuda. La mezcla, el abuso, de líneas narrativas sólo consigue construir una película farragosa, artificialmente compleja, y en general, un tanto aburrida y vacía de sentimiento. Entre lo evidente, lo que nos sobra conocer, lo que nos cuesta conocer, y lo que se pierde sin llegar al término ni a explicación (como esa despedida final, o ese desmayo del pobre diabético) el resultado es bastante mejorable.

Las actuaciones, eso sí, son un punto a favor. Bien es verdad que a excepción de Fabian (interpretado por Florian David Fitz), nuestro ludópata diabético periodista (sí, un tanto tópico también), los personajes asemejan a sombras un tanto planas; sin embargo, el apartado interpretativo da lo mejor de sí, y tanto Fitz como Lilith Stangenberg y el resto del reparto (Hannes Hubach, Karina von May, Carlo Bühler…) están a un nivel más que destacable.

El problema es que esa es la gran baza, y cojea con lo que la rodea. Técnicamente, el uso de la música resulta bastante extraño y poco acertado, pues de poco sirve, salvo para desviar la atención e impedir al espectador entrar en lo que ve. Y la dirección poco puede hacer con el guión que la sustenta. Ciertos planos y transiciones, eso sí, resultan ejemplares, y la fotografía es tan impecable como acostumbra el cine alemán.

Se nota, por supuesto, que el director que nos enfrenta a esta apuesta no es un novato. Se nota en su forma de mirar el marco de la historia, y en su forma de dirigir a los actores; sin embargo, también se nota una ambición excesiva y una indecisión… quizás un afán de contar demasiado, que desemboca en la imposibilidad de abarcar todo. Y, al cabo, en un trabajo que podía haber resultado muchísimo mejor.

Sin duda, y aunque se entiende su elección, no es la mejor apuesta para comenzar el festival. Los días dirán si la calidad aumenta. Visto el listón altísimo de las pasadas ediciones, confiaremos en que sí.

Escribe Jorge Lázaro 

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