BAFICI, 15 Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (3): algunos títulos

  23 Mayo 2013 Tchoupitoulas,
de Bill Ross y Turner Ross (EEUU, 2012)

tchoupitoulas-2Es un documental de corte muy independiente que toma su nombre de una calle de Nueva Orleans y a su vez de un reconocido grupo musical del Mardi Gras conformado por indígenas en la década de los 70.

Tres hermanos, dos adolescentes y uno más pequeño, y su perro pierden el ferry que los traslada hacia su casa, por lo que pasan toda la noche vagando por las calles de Orleans. La cámara en mano, nerviosa, sigue los pasos de los chicos quienes se tropiezan con bailarines, músicos de jazz, drags queens, prostitutas y beodos que festejan hasta el amanecer.

Lo sensorial aquí marca el ritmo: contornos, figuras, fuego, música… se materializan a cada paso formas inesperadas, intensas y cambiantes, toda una road movie nocturna y cinestésica construida desde un punto de vista infrecuente.

Like Someone in Love,
de Abbas Kiarostami (Francia/Japón, 2012)

Debo confesar que la ultima de Kiarostami me hizo padecer debido a que mi credencial no funcionaba en el código de barras, por ende no me dejaban entrar a la sala. Tras esperar y conversar gentilmente con las chicas de la organización, finalmente me dejaron pasar… y no se imaginan cómo lo agradezco, ya que la película me maravilló.

Abbas sigue transitando su mejor momento a pesar del cambio de país, sigue experimentado, probando y todo le sale bien. Con una premisa sencilla, como la de una joven prostituta interactuando con un señor mayor y un novio celoso rondando, hace un manifiesto fílmico.

Una narración precisa y poderosa, con planos-secuencia esculpidos y dos fuera de campo cíclicos (principio y fin) y sumamente reveladores. Ni hablar de la construcción de los personajes, es tal la verosimilitud que la realidad se cristaliza con la ficción, acompañado por ese tono testimonial característico del director que involucra inmediatamente al espectador.

Inolvidable la escena en donde la protagonista, sentada en un taxi, gira alrededor de una plaza mientras llora y ve a su abuelita buscando ansiosa entre la gente hallar su rostro, hallarla a ella, concretar un encuentro que nunca llega a serlo. ¡Cómo manipula el tiempo este señor!

Todo se reduce a una oda donde los silencios significan más que las palabras, donde el amor fraternal se amalgama con el amor enfermizo, donde la violencia vedada late en cada rincón… donde los personajes se encuentran por esa necesidad encomiable de saciar tanta soledad…

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Tanta agua,
de Ana Guevara y Leticia Jorge (Uruguay/México/Holanda/Alemania, 2013)

Entre tanta agua esta película sale a flote y muy dignamente. Un padre, separado, sale con sus dos hijos de vacaciones: un niño de diez años y una púber en plena ebullición hormonal.

La película está dividida en dos partes, la primera, la de la lluvia copiosa aludida en el título, se centra en el vínculo de los chicos con su padre en un contexto de encierro; éste no sabe cómo abordar a sus hijos en esta circunstancia de tiempos vacíos, sin actividades externas y la tensión flota en el ambiente.

La segunda parte, cuando cesa la lluvia, el punto de vista de Lucía (la hija adolescente) logra la primacía. Y aquí se narra con simpleza y naturalidad las emociones de ella ante el amor, los primeros besos, experimentar con el alcohol y el cigarrillo, maquillarse, sentirse atractiva y también ante sufrir la primera gran desilusión amorosa.

Franca, espontánea y con una cadencia calmosa, meritoria de sus personajes, esta comedia agridulce marca el halagüeño comienzo de estas dos realizadoras uruguayas.

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Exit Elena,
de Nathan Silver (EEUU, 2012)

Los datos curiosos de esta película de escaso presupuesto es que la actriz principal es la ex novia del director y también que actúa él mismo y su madre. Y tiene todos los ingredientes del cine independiente norteamericano inaugurado por el gran John Cassavetes: libertad, improvisación actoral, escenarios naturales, informalidad fílmica, etc.

Con su cámara al hombro incómodamente Silver sigue los pasos de Elena, una joven enfermera recién recibida que ingresa a trabajar en una casa de familia para cuidar a la más anciana del clan. Resulta ser una familia disfuncional: una mujer abrumadora e hiperactiva, un marido dócil obsesionado con su trabajo y un hijo con algún desorden de comportamiento no identificado.

El gran problema de Elena se resume en la soledad, necesita encontrar su lugar, y es capaz de tolerar lo intolerable para no quedarse sola, de adaptarse a la neurosis enfermiza del grupo familiar… hasta de fingir enamorarse del hijo.

Pero hay situaciones que no se pueden forzar y cuando el sentido común se hace presente, la valija de Elena está siempre preparada para seguir camino. Además de las formalidades indies, Exit Elena está atravesada por un humor ácido, más opresivo que catártico y una gran belleza melancólica.

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Stemple Pass,
de James Benning (EEUU, 2012)

Quienes van a ver una película de Benning saben que no van a encontrar mucha acción del tipo convencional, ya que sus realizaciones son experimentales y muy conceptuales. Por eso no me extrañó ver como muchas personas se iban de la sala ante la incomodidad de tener que  observar un plano fijo en silencio durante quince minutos.

Las formas de los árboles agitándose, las distintas tonalidades de la naturaleza, el humo que sale de la cabaña, los sonidos que inundan el ambiente… el director en vez de atiborrar de estímulos al espectador da lugar a la contemplación, y de este modo construye un espacio reflexivo.

El film se divide en cuatro planos fijos de una cabaña en el medio del bosque, atravesada por las cuatro estaciones; mientras que al comienzo de cada plano el director lee en off escritos de Ted Kaczynski, el filósofo, matemático, enemigo de la tecnología, que se hizo famoso como el Unabomber tras llevar a cabo varios atentados.

Las lecturas son reveladoras, sórdidas e intensas y cobran aun más potencia gracias a estos espacios silenciosos, de quince o veinte minutos, que hay entre una y otra. Toda una experiencia mística.

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Buenos días, resistencia,
de Adrian Orr (España, 2013)

Este cortometraje cautiva por su sencillez y por la franqueza en que retrata la cotidianidad a la que la mayoría de la gente que tiene hijos se enfrenta todos los días.

El relato se centra en un padre joven que lidia con sus tres críos a la mañana para llevarlos al colegio. El rito del despertase, cambiarse, peinarse, tomar el desayuno, el recorrido del trayecto hacia la escuela… cosas simples y maravillosas que muchas veces, por el vértigo de la vida misma, no logramos dimensionar.

Veinte minutos de pura candidez con tres pequeños tan encantadores como carismáticos.

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Resistente,
de Renate Costa y Salla Sorri (Dinamarca/Finlandia/Paraguay, 2012)

Las directoras encuentran un personaje muy rico para realizar este documental: Don Alberto Bonnet, un viejito italiano que vive en medio de la selva paraguaya. Un señor culto que ¿elige? vivir en la indigencia, con lo mínimo indispensable… un ermitaño nostálgico y optimista que se comunica a través de cartas y escucha la radio.

Don Bonnet le abre las puertas de su casa y del corazón a las realizadoras y les cuenta varias anécdotas, incluyendo una que incumbe al duce Benito Mussolini, y le muestra su forma de vida diaria.

Resistente es formalmente impecable, la fotografía de tan exacta es casi pictórica, los rayos de sol iluminan el cuerpo deteriorado de don Alberto quien se mimetiza con las paredes corrugadas de su rancho; y el sonido también acompaña captando todos los ruidos ambientales que se fusionan en el entorno.

Un retrato sumamente sutil e intimista que trasciende los límites de lo testimonial para enlazarse con el arte.

Escribe Paula Ríos

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