54 Festival de Cine de Londres (3): conclusión

  27 Diciembre 2010

Dieciséis días muy completos (y agotadores)

Black Swan, de Darren AronofskyLa última semana del festival ha contenido, como la primera, una mezcla de filmes que tienen algo que vale la pena contar con otros donde una no puede evitar preguntarse por qué el grupo de gente necesario para llevarlo a cabo malgastó semejante cantidad de tiempo, dinero y energía. Pero así es la vida y así es el cine. Y esto es sólo mi opinión, más o menos informada, como la de cualquier crítico, pero al fin y al cabo sólo una opinión.

Nota: los títulos en paréntesis son mi traducción y no necesariamente el título oficial que tendrá la película en España.

En 1865, 163 galeses partieron desde Liverpool rumbo a Argentina en busca de una vida mejor, lejos de la pobreza de sus granjas y minas, un lugar donde pudieran hablar libremente su propio idioma, prosperar y desarrollar su cultura. Sin embargo, cuando llegaron a la Patagonia argentina encontraron una tierra más inhóspita que la que habían dejado atrás. Con la ayuda de las tribus nómadas, los Tehuelche, comenzaron la dura tarea de irrigar y conquistar el desierto. Hoy en día, la cultura galesa continúa viva en la Patagonia.

En la recomendable Patagonia, el director Marc Evans explora la curiosa conexión entre la esta parte de Argentina y su tierra natal. Filmada en castellano y galés, narra el viaje de dos mujeres, una en busca de su pasado y otra en busca de su futuro. Cerys (Marta Lubos), una anciana casi ciega a causa de la diabetes, nacida en Argentina e hija de una galesa, cruza el Atlántico junto a su joven vecino en busca de la granja de sus antepasados. Mientras tanto, en Cardiff, Gwen (Nia Roberts), una actriz sin mucha suerte, decide acompañar a su pareja Rhys (Matthew Gravelle) a la Patagonia, donde ha de realizar el encargo de fotografiar las capillas diseminadas por la zona. Allí tendrán como guía a un guapo galés-argentino llamado Mateo (Matthew Rhys), que afectará el frágil equilibrio de la pareja. Estas historias paralelas que muestran hermosos paisajes del otoño argentino y la primavera en Gales, suponen además el debut cinematográfico de la cantante galesa Duffy (defendiéndose en castellano).

Black Swan, de Darren Aronofsky

Con Black Swan (Cisne negro) Darren Aronofsky consigue una muy efectiva combinación de thriller psicológico y película de terror al estilo de Hitchcock, Cronenberg y Polanski.

El mundo de Nina (Natalie Portman), como el de otros muchos bailarines, gira exclusivamente en torno al ballet. Vive en Nueva York con su madre, una bailarina retirada (Barbara Hershey), que la trata y domina como si fuera todavía una niña. Cuando el director artístico (Vincent Cassel) decide reemplazar a la prima ballerina de la compañía (breve aparición de Winona Ryder) en la nueva producción de El lago de los cisnes, se abre una competición feroz. Nina es perfecta para interpretar la inocencia y belleza del cisne blanco, pero el director artístico quiere que la misma bailarina encarne al seductor y sensual cisne negro. Esto supone un auténtico reto para Nina, que ha conseguido una técnica perfecta a fuerza de autocontrol en todas las áreas de su vida y le cuesta dejarse llevar. Además de la presión del director artístico, Nina ve una gran rival en la recién llegada Lily (Mila Kunis), quien baila con menor técnica pero más pasión, come, bebe, disfruta de su sexualidad y resulta perfecta como cisne negro. Llevada por su ambición y el deseo imposible de alcanzar la perfección, Nina abraza su parte oscura con tal abandono que su ya frágil estado mental pasa de la paranoia a la destrucción.

Infiltrarse en el hermético mundo del ballet no resulta tarea nada fácil, como pudo comprobar su director. A pesar de la dureza de la producción, Black Swan cuenta con unos actores comprometidos entre los que cabe destacar, claro está, a su protagonista. Natalie Portman, que debe pesar apenas cuarenta kilos de puro músculo y hueso en esta película, entrenó durante diez duros meses para meterse, literalmente, en la piel de Nina. Su fragilidad y dedicación trascienden la pantalla en una interpretación extraordinaria. Se podría incluso decir que hay ecos en ella de su personaje, dispuesta a cualquier sacrificio para alcanzar la perfección artística.

Dejando aparte la crítica de temas como la eterna, simplista, dualidad femenina de la virgen o la puta, ángel o demonio, se trata de una película de múltiples registros que no deja indiferente.

The kids are allright, de Lisa Chodolenko

Escrita y dirigida por Lisa Cholodenko The Kids Are All Right (Los chicos están bien) habla con humor del matrimonio, la maternidad y las relaciones familiares en la sociedad contemporánea.

Nic (Annette Bening) y Jules (Julianne Moore) están casadas y comparten una vida confortable en el sur de California junto a sus dos hijos adolescentes, Joni y Laser (Mia Wasikowska y Josh Hutcherson), concebidos a través de inseminación artificial con un donante anónimo de semen. Joni, que está a punto de abandonar el hogar para ir a la universidad, accede al deseo de su hermano de contactar con su padre biológico. Es así como conocen a Paul (Mark Ruffalo) y la dinámica de la familia, hasta ese momento controlada por Nic, comienza a cambiar de forma inesperada.

A pesar de contener algunos momentos de honesta y divertida incomodidad y de haber cosechado triunfos en Sundance y Berlín, The Kids Are All Right me dejó la sensación de que, en conflicto con su “carácter alternativo”, esta pareja homosexual sigue los mismos valores y comete los mismos errores que cualquier familia burguesa convencional. Es muy posible que otros la alaben precisamente por lo mismo. El personaje interpretado por Annette Benning (caracterizada físicamente como un calco de la directora, siguiendo uno de los estereotipos de la comunidad gay) resulta insufrible, Paul acaba recibiendo un trato injusto y seguro que más de una lesbiana encuentra la película insultante.

My joy, de Sergei Loznitsa

My Joy (Mi alegría) es el título más irónico que uno pueda imaginar para la primera película del director ruso de documentales Sergei Loznitsa.

El filme recoge una serie de episodios que vive un camionero, en lo que parecía una entrega rutinaria, basados en la propia experiencia del director y guionista y en historias que ha ido recogiendo en sus viajes por Rusia. No resulta fácil ver esta película de tono kafkiano que presenta una sociedad completamente deshumanizada donde la violencia latente emerge en cualquier momento.

En Des filles en noir (Jóvenes vestidas de negro) Jean Paul Civeyrac retrata la angustia adolescente encarnada por dos jovencitas de estética gótica o emo, Noemie (Elise Lhomeau) y Priscilla (Léa Tissier).

Desencantadas de la sociedad, buscando el absoluto donde no se encuentra (es decir, fuera de ellas mismas), acuerdan un suicidio doble siguiendo el ejemplo de su héroe, el autor romántico alemán Kleist.

Este filme francés, pretendidamente poético, habla sobre adolescentes perdidos que creen que la sociedad les debe algo sin acabar de arrojar mayor luz sobre por qué decidimos ser infelices.

Les amours imaginaires, de Xavier Dolan

Les amours imaginaires, la segunda película del canadiense Xavier Dolan investiga de modo juguetón y sin excesiva profundidad los mecanismos del enamoramiento.

Cuando dos amigos, Francis (el propio director Xavier Dolan) y Marie (Monia Chokri), conocen al misterioso y ambiguo Nicolas (Niels Schneider), lo más parecido a una estatua griega, los dos comienzan a obsesionarse con él y a fantasear sin ocurrírseles tener en cuenta los sentimientos o inclinación sexual del objeto de su amor. De forma paralela, vemos una serie de testimonios, a modo de documental, donde varios jóvenes hablan de las diversas fases del enamoramiento: pasión, expectaciones, dolor, humillación y finalmente, soledad.

Para Xavier Dolan, una especie de “Juan Palomo” que está presente en casi todos los departamentos, el amor parece acabar irremediablemente en lágrimas. Hasta que un nuevo chico se pone en su camino.

Somewhere, de Sofia Coppola

En Somewhere (En algún lugar) Sofia Coppola vuelve a hacer gala de la sutilidad y minimalismo que tantas alabanzas le cosecharan en Lost in Translation (2003). La fórmula, de la que no soy fan, parece haber vuelto a dar resultado, proporcionándole el León de Oro en el Festival de Venecia.

Johnny Marco (Stephen Dorff) es un actor hollywoodiense que intenta combatir su hastío con bailarinas eróticas, fiestas, alcohol y pastillas. Al principio de la película lo vemos dando vueltas en un circuito en su Ferrari, metáfora bastante obvia de una vida sin dirección y sin significado de la que el protagonista no sabe cómo salir.

A pesar de su éxito, Johnny no participa de la actitud de diva de las estrellas de cine y no vive en una mansión en Malibú, sino en Sunset Boulevard, el hotel donde vivieron Greta Garbo y Howard Hughes, donde John Belushi y Helmut Newton murieron. Johnny mantiene una relación cordial con su ex mujer y su hija de once años Cloe (la muy efectiva Elle Fanning, hermana pequeña de Dakota). Al igual que Sofia, que solía acompañar a su padre durante las presentaciones de sus películas, Cloe se convierte en su compañera de hotel y viaja a Roma con Johnny.

La película cuenta con buenas interpretaciones, sobre todo a cargo de la jovencita Fanning, mientras que la falta de personalidad de Stephen Dorff como actor resulta perfecta para Johnny, y se nota que Coppola conoce el mundo del cine y las absurdidades que lo rodean. Sin embargo, el enfoque distante sobre sus personajes, su insistencia en largos planos y una cámara excesivamente estática no acaban de convencerme.

Gregg Araki dirigiendo Kaboom

Kaboom (una onomatopeya del ruido de una explosión) es el título de la muy divertida, irónica y extraña película de Gregg Araki, quien regresa al mundo de los adolescentes y su despertar sexual en una historia que mezcla suspense, terror, ciencia ficción y comedia.

Smith (Thomas Dekker) acaba de empezar la universidad, tiene un extraño sueño recurrente y está encaprichado de su compañero de habitación, un surfista cachas sin mucho cerebro. Mientras tanto, su mejor amiga, la mordaz Stella (Haley Bennett) ha comenzado una relación con Lorelei (Roxane Mesquida), quien parece poseer poderes oscuros. Poco después de conocer a London (Juno Temple) en una fiesta, Smith cree haber sido testigo del asesinato de la chica pelirroja que aparecía en su sueño.

Hermosos adolescentes, realidad y sueño, mesías y cultos secretos, conspiraciones y encuentros sexuales se combinan en una película que se ríe de sí misma y que les proporcionará un buen rato a quienes decidan entrar en su juego.

127 Hours, de Danny Boyle

127 Hours, la nueva película de Danny Boyle, fue muy bien elegida para clausurar el festival. Escrita por Simon Beaufoy, está basada en la historia real del montañista Aron Ralston, atrapado en un cañón de Utah durante 5 días cuando una roca le aplastó el brazo derecho. Sabiendo que nadie iría a rescatarlo, Aron (interpretado magníficamente por James Franco) se enfrentó a su propia muerte, rememoró su niñez, sus amigos y aventuras románticas, reconectó con su familia y creció como persona.

Está claro que al director británico le gusta cambiar de registro con cada proyecto y que disfruta enfrentándose a todo tipo de retos. 127 Hours aprovecha el vibrante colorido y las texturas del paisaje desértico y pone los recursos tecnológicos al servicio de una historia muy bien contada que cuenta con momentos duros, pero también con humor y ternura.

Alexei Popogrebsky recibió el premio a la mejor película por Kak ya provyol etim letom/How I Ended this Summer

Cifras y galardones

El quincuagésimo cuarto Festival de cine de Londres ha exhibido 201 películas y 112 cortos de 68 países, incluyendo 11 estrenos mundiales. Ha habido 530 pases, 629 cineastas invitados, se han concedido 990 acreditaciones para la industria y han asistido 1.307 miembros de la prensa de 58 países. El festival ha obtenido además la mayor audiencia hasta la fecha, con 132.000 espectadores frente a los 130.000 del año pasado.

A la capital inglesa llegaron a presentar sus filmes Keira Knightley, Carey Mulligan, Hilary Swank, Sam Rockwell, Michelle Williams, Freida Pinto, Julian Schnabel, Alejandro González Iñárritu, Javier Bardem, Julianne Moore, Mark Ruffalo, Lisa Cholodenko, Darren Aronofsky, Mila Kunis, Vincent Cassell, Colin Firth, Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter, Mike Leigh, Lesley Manville, Jim Broadbent, Peter Mullan, Jimi Mistry, Om Puri, Apichatpong Weerasethakul, John Sayles, Rachid Bouchareb, Robert Epstein, Jeffrey Friedman, Ryan Fleck, Michaelangelo Frammartino, Amir Bar-Lev, Thomas Vinterberg, Diego Luna, Anton Corbijn, etc.

Cabe también mencionar a Yoko Ono, quien hizo una aparición especial para introducir el festival que celebra a su Lennon en LENNONYC.

Darren Aronofsky y Mark Romanek dieron charlas mientras Olivier Assayas, Lisa Cholodenko, Peter Mullan y Alejandro González Iñárritu se encargaron de clases maestras. Los directores Patrick Keiller, Clio Barnard y John Akomfrah participaron en las charlas British Cinema: Breaking with Convention mientras Thomas Vinterberg y Richard Ayoade hicieron lo propio en A Novel Idea: Adapting Books for the Screen.

En cuanto a los galardones, el ruso Alexei Popogrebsky recibió el premio a la mejor película por Kak ya provyol etim letom/How I Ended this Summer (Cómo terminé este verano); el mejor nuevo talento británico fue para Clio Barnard, director de The Arbor y Janus Metz recibió el Grierson Award al mejor documental por Armadillo. Danny Boyle se hizo con el mayor honor que concede el British Film Institute, la BFI Fellowship, por sus logros en el campo de la dirección.

Han sido, en definitiva, dieciséis días muy completos (y agotadores) con una gran cantidad de actividades para todos los públicos.

Escribe Lucía Solaz Frasquet

127 hours, de Danny Boyle