54 Festival de Cine de Londres (2): un festival para todos

  26 Diciembre 2010

Actividades, conferencias, clases maestras y té

Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Loong Boonmee raleuk chat/El tío Boonmee, quien puede recordar sus vidas pasadas) del director tailandés Apichatpong Weerasethakul El festival de cine de Londres tiene un funcionamiento peculiar. Dos semanas antes de su inicio comienzan los pases de prensa en el National Film Theatre, sede del British Film Institute en la parte sur del río Támesis. Se trata de una selección de los títulos que se mostrarán más adelante y se alienta a la prensa a asistir a ellos en lugar de solicitar entradas durante el festival. Estos pases continúan paralelos al festival en diversos locales. En otras ediciones he mencionado que, una vez se inicia el festival, el acceso de la prensa a las salas está limitado a los pases matutinos. Los espectadores que pagan su entrada siempre tienen prioridad y uno llega al cine sin saber si podrá hacer su trabajo.

Este año los pases de prensa están muy concurridos y las diminutas salas del NFT se llenan por completo. Pobre de ti si alguien más alto que tú se sienta en el sillón de delante y olvídate de leer los subtítulos.

Hablemos ahora un poco de algunas de las películas mostradas en esta 54 edición del festival, de sabor menos hollywoodiense que el año pasado, con un mayor énfasis en el cine británico y producciones poco accesibles al público.

De Gran Bretaña llega Self Made, el primer filme de la artista premiada en 1997 con el Premio Turner Gillian Wearing. Se trata de una mezcla de documental y ficción que se inició cuando la artista puso un anuncio: “¿Te gustaría aparecer en una película? Puedes interpretarte a ti mismo o un personaje de ficción”. De los cientos de respuestas, se seleccionaron siete personas, cinco de las cuales tienen la oportunidad de explorar sus traumas personales con la ayuda de un profesor de interpretación que sigue las pautas del método.

Para aquéllos poco familiarizados con el término, estamos hablando de una serie de técnicas que ayudan a los actores a acceder memorias y experiencias personales con el fin de crear una interpretación lo más auténtica posible. Como suele ocurrir, es una escuela de interpretación con defensores y detractores. En este caso y a mi modo de ver, Self Made es un experimento fallido que parte de una premisa interesante.

Comienza con un ejercicio que ayuda a los improvisados actores a conectar consigo mismos por medio del sonido y acaba convirtiéndose en una sesión de psicoterapia donde hablan de diversas experiencias dolorosas del pasado y protagonizan una escena final que ha sido escrita para ellos. Los temas explorados incluyen violencia, ira, soledad y desesperanza, pero de un modo que termina siendo superficial y poco satisfactorio, muy alejado de la catarsis que pretende. Al final, uno se plantea consideraciones acerca de la validez tanto del método como de la psicoterapia tradicional y echa de menos el que los cineastas comiencen sus proyectos preguntándose no sólo qué quieren contar sino sobre todo por qué.  

Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Loong Boonmee raleuk chat/El tío Boonmee, quien puede recordar sus vidas pasadas) del director tailandés Apichatpong Weerasethakul

Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Loong Boonmee raleuk chat/El tío Boonmee, quien puede recordar sus vidas pasadas) del director tailandés Apichatpong Weerasethakul y ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes, me resultó tediosa en extremo.

Basada en un libro en el que un abad recoge los recuerdos que Boonmee adquirió sobre sus vidas pasadas, tanto humanas como animales, a través de la práctica de la meditación, también presenta tibios comentarios políticos sobre la represión de la libertad de expresión a la que están sometidos los artistas en Tailandia. El espíritu de su mujer que llega para cuidar de él, un hijo perdido que regresa convertido en mono, escenas de la vida cotidiana, historias más o menos mágicas que guardan una dudosa conexión entre sí y hablan de la extinción de viejas culturas y de la transmigración de las almas entre humanos, animales, plantas y fantasmas.

Personalmente, este es un tema que no me resulta novedoso o intrigante y no conseguí conectar con la supuesta magia y poesía de una película que, según su director, “refuerza la asociación especial entre cine y reencarnación”.

Kelly Reichardt es el director de Meek’s Cutoff

Kelly Reichardt es el director de Meek’s Cutoff, un filme que nos sitúa en Oregón en 1845. Tres familias que viajan “a la conquista del oeste” se encuentran perdidas en medio de un paisaje desértico. Desesperados, hambrientos y sedientos, el grupo no tiene más remedio que confiar en un indio que se cruza en su camino.

El director nos plantea un western alejado de John Wayne y otros mitos masculinos para centrarse en las mujeres, el espacio y el silencio, el elemento de trance que acompaña la experiencia, el aislamiento, la soledad, la dureza y la repetitividad de las actividades cotidianas, un día igual al siguiente en una lucha continua.

Se trata, de nuevo, de un proyecto con una premisa interesante que no nos proporciona lo que promete. La película está rodada de tal forma que experimentamos el mismo aburrimiento y desesperanza que los protagonistas, sin que las tibias relaciones que se establecen entre ellos o su personalidad, apenas sugerida, puedan captar nuestro interés. Cuando la película finaliza (y fueron muchos los que no se quedaron a ver su repentino final) uno se siente envejecido y tiene la sensación de haber estado observando el crecimiento de una planta que no tiene gran cosa que aportar.

Robert Epstein y Jeffrey Friedman dirigen Howl, imaginativa interpretación del libro de poemas de Allen Ginsberg

A pesar de lo difícil que resulta confeccionar una película interesante alrededor de un poema, eso es precisamente lo que consiguen Robert Epstein y Jeffrey Friedman en Howl, imaginativa interpretación del libro de poemas de Allen Ginsberg (encarnado aquí por James Franco). La columna vertebral del filme la constituye el juicio por obscenidad al que se sometió al editor del libro en 1957 (y que no hizo sino acrecentar las ventas).

Los directores, siguiendo el espíritu experimental de la generación Beat, combinan entrevistas reales con Ginsberg, animación colorida y escenas en blanco y negro donde el poeta lee su poema en locales de San Francisco cargados de humo. Además de Franco, cabe destacar la interpretación de Jon Hamm como el abogado defensor Jake Ehrlich.

Como curiosidad, Ehrlich fue el carismático abogado que inspiraría la creación del televisivo Perry Mason. Howl es, en fin, un filme que retrata con éxito al poeta y una generación que luchó por la libertad artística.

Blue Valentine llega de Sundance y Cannes

Blue Valentine llega de Sundance y Cannes y se presenta como la inteligente y dolorosa historia del final de un matrimonio. Y puede que esto sea cierto. El problema es que hemos visto historias similares un millón de veces.

El director, Derek Cianfrance, alterna entre el deprimente presente y el pasado, en 16mm, más optimista de la pareja formada por Dean (un “manitas” que bebe demasiado) y Cindy (una médica con serios problemas de autoestima). Padres de una niñita adorable, su relación, que comenzó con unos cimientos ciertamente frágiles, se enfrenta a un final inevitable.

El guión es endeble, con momentos tediosos y un excesivo énfasis en el principio y final de la relación, obviando por completo el espacio intermedio. Si algo salva la película son las muy buenas interpretaciones a cargo de Ryan Gosling y Michelle Williams.

West is West

En 1999 se estrenó con gran éxito la comedia británica Oriente es Oriente (East is East, Damien O'Donnell), basada en una obra de teatro autobiográfica de Ayub Khan-Din (como nota curiosa, ahora afincado en España). Allí nos contaba la historia de una familia formada por un padre paquistaní, una madre inglesa blanca y sus hijos en el Manchester de 1971. George Khan (Om Puri) era un musulmán estricto que pretendía que sus hijos siguieran las reglas de Pakistán, a pesar de que ellos se consideraban británicos y rechazaban unas tradiciones que no sentían como propias.

West is West, la fabulosa secuela de esta historia, nos llega once años más tarde y nos sitúa en 1975. La inflexibilidad de George ha alejado a todos sus hijos del hogar. Sólo queda Sajid (Jordan Routledge), quien a los trece años sufre tanto la tiranía de su padre en el seguimiento de las tradiciones pakistaníes como el acoso de sus racistas compañeros de clase. Cuando su padre decide enseñarle una lección llevándoselo a Pakistán durante un mes no sospecha que será él quien tendrá que enfrentarse a la vida y a la familia que abandonó treinta años atrás. Mientras Sajid aprende unas cuantas cosas y hace nuevos amigos George acabará entendiendo que no se puede imponer el modo de vida de un país en otro completamente distinto.

Divertida, inteligente, con interpretaciones magníficas, West is West refleja aspectos y conflictos de la multicultural sociedad británica que todavía siguen vigentes. 

La princesa de Montpensier (La princesse de Montpensier, Bertrand Tavernier, 2010)

La princesa de Montpensier (La princesse de Montpensier, Bertrand Tavernier, 2010) se inspira en la novela homónima de Madame de La Fayette. Al igual que La reina Margot (La reine Margot, Patrice Chéreau, 1994), la historia retrata la sangrienta guerra entre católicos y hugonotes en la Francia del siglo dieciséis.

Aquí, una joven (Mélanie Thierry) enamorada de su primo, el duque de Guisa (Gaspard Ulliel), se ve obligada a casarse con el príncipe de Montpensier (Grégoire Leprince-Ringuet). El triángulo amoroso se convierte en un quinteto cuando François de Chabannes (Lambert Wilson) y el mismísimo duque de Anjou (Raphaël Personnaz) se unen a la corte de enamorados.

Sin criticar sus méritos literarios, he de decir que no soy gran fan de Madame de La Fayette. Otra de sus novelas, La princesa de Clèves, adaptada al cine en versiones contemporáneas, también deja a las mujeres en una posición muy poco deseable y comunica un mensaje ciertamente reaccionario.

Bertrand Tavernier y su guionista se han apartado del original explicando que La Fayette escribió desde el puritano siglo diecisiete sobre lo ocurrido en un siglo que no lo fue. Esto significa, básicamente, que la desnudez (notoriamente a cargo de la hermosa Mélanie Thierry) parece tomarse con total naturalidad. Los protagonistas, las localizaciones, la música, el vestuario, los decorados… todo resulta de una belleza sobresaliente. El mensaje no lo es.

Colin Firth en The King’s Speech (El discurso del rey), dirigida por Tom Hopper

The King’s Speech (El discurso del rey), dirigida por Tom Hopper, cuenta la historia de la relación que se estableció entre Bertie, duque de York y futuro rey Jorge VI (Colin Firth), y un muy poco ortodoxo logopeda australiano (Geoffrey Rush).

La historia de esta producción comenzó en los años cuarenta, cuando el guionista David Seidler, que sufría una tartamudez severa, escuchaba los discursos del rey Jorge VI en la radio durante y después de la guerra. Esto le hizo pensar que si un rey tartamudo podía arreglárselas hablando en público, él también podía. El rey se convirtió en su inspiración, en su héroe y un modelo a seguir.

El guión se basa en hechos históricos, como la abdicación del rey Eduardo para casarse con la divorciada estadounidense Wallis Simpson (no se hace mayor hincapié en su afinidad a las ideas de Hitler) que convirtió a Bertie en un muy reacio rey o la existencia del logopeda Lionel Logue que lo ayudó a controlar su tartamudez. Sin embargo, dado el secretismo que rodea a la familia real británica y la ausencia de fuentes, el guión tiene que tomarse necesarias licencias artísticas para llenar los huecos. Película muy recomendable de la que cabe destacar su maravilloso sentido del humor inglés, buena historia, geniales interpretaciones y una ambientación impecable.

El festival, que concluirá el próximo 28 de octubre, continúa con sus actividades educativas, conferencias de prensa, clases maestras y sus “té de la tarde”, donde se puede charlar de modo informal con los cineastas. Tras algunas proyecciones también ofrece a la audiencia la oportunidad de conocer y hacer preguntas al equipo detrás del filme que acaban de ver.

Escribe Lucía Solaz Frasquet

Bertrand Tavernier dirigiendo La princesa de Montpensier (La princesse de Montpensier, 2010)