DocumentaMadrid 2017 (2): Competición Cortometraje Nacional

  09 Julio 2017

Lo bueno, si breve, dos veces bueno…

25-cines-2Un año más entre la amplia selección de actividades paralelas y películas que ha programado el festival, las restricciones que ha ofrecido a la prensa (que sólo ha podido acceder a determinadas sesiones y horarios) y la disponibilidad propia hemos optado por aproximarnos al cortometraje en sus distintas secciones —nacional, internacional y fugas— porque nos interesa y porque sigue siendo un género a reivindicar.

El largo ya cuenta con el noventa por ciento de la atención mediática. Por eso, a esa gran minoría a quienes les gustan los cortos nos dirigimos. Porque es difícil encontrar artículos dedicados especialmente a ellos. A los que los hacen y a los que los ven. Lástima que este año haya habido tan poco público en todas las sesiones a las que hemos asistido, bastante menos que en años anteriores.

Habrá que analizar las causas, quizás menos difusión que en ediciones pasadas, quizás obras algo más “difíciles” y de calidad desigual (hemos presenciado varios abandonos en mitad de la proyección), etc. Sea como fuere, lo cierto es que si se apuesta por el cortometraje la decepción siempre será menor, porque como terminaba sentenciando Gracián “…y aún lo malo, si poco, no tan malo”.

En total se han proyectado un total de 32 cortometrajes (que en esta convocatoria han ampliado su duración a 45 minutos) a competición en tres categorías: doce en Nacional, diez en Internacional y nueve en Fugas. Propuestas desde todos los lugares del mundo que traspasan y trascienden fronteras físicas para internarse en territorios compartidos.

CORTOMETRAJE NACIONAL

El cortometraje nacional vuelve a competición en DocumentaMadrid con sección propia y dotación económica después del paréntesis de los últimos tiempos. Un impulso necesario para fomentar la producción autóctona.

Se han seleccionado un total de doce películas, con un criterio de paridad total, rodadas en castellano, catalán, griego, inglés y rumano. Proyectos con diferentes temáticas y estéticas que visibilizan realidades, más o menos apremiantes (desconocidas, íntimas, próximas o lejanas, individuales o colectivas, entrañables o reivindicativas…), siempre a la búsqueda de la mirada cómplice o crítica del espectador activo. 

Cucli (2016)
Xavier Marrades. 16 min.

cucliEsta película ha sido la más votada por el público de su sección y la tercera entre los 32 cortometrajes presentados en todas las categorías. Creemos que por la inmediatez de su mensaje, por su capacidad para emocionar y empatizar con el espectador, por la sencillez de su discurso, por su enfoque intimista y la manera clara de contar una historia tan personal.  

Cucli es una historia de amor después de la muerte. La de un hombre y una mujer, reencarnada en paloma. Así lo cree y siente Ramón, un camionero viudo de mediana edad que vive con sus padres. Sumido en la tristeza desde la muerte de su mujer ha encontrado en el ave mucho más que una mascota. Habla con ella, duerme, pasea y le acompaña en sus largos y solitarios viajes por carretera. El pequeño animal le proporciona compañía, alivio a su soledad y el consuelo necesario para superar su pérdida y compartir con ella parte de lo que les quedó pendiente.

Sin perderse en innecesarias divagaciones ni complicados discursos, el autor compone un relato que va de lo superficial a lo trascendente donde el protagonista cuenta sin pudor, por primera vez, su experiencia como una especie de terapia liberadora. 

El tratamiento visual de la imagen y del tiempo es muy cinematográfico. Cuidado y meticuloso. Encuadres casi pictóricos, contemplativos, donde se cuida el tratamiento lumínico para crear una atmósfera con cierto grado de belleza.

Reflexión sobre la vida y la muerte, el miedo y la pérdida. Sobre lo que deberíamos haber hecho y no hicimos, sobre la expiación de la culpa y sobre la necesidad de transformar los recuerdos en experiencia vital, incorporándolos, con naturalidad, a la vida cotidiana.

Un documento sencillo, humano y tierno. Realismo mágico en estado puro, serio y trascendente no exento de sentido del humor y cierto toque surrealista que ha cautivado al público del festival consiguiendo la mejor nota de su categoría.

The fourth Kingdom/El cuarto reino (2017)
Alex Lora y Adán Aliaga. 14 min.

Alex Lora Cercós es, pese a su juventud, todo un veterano en los festivales de cine. Un cineasta completo, de esos que han pasado por casi todas las facetas de la profesión y tiene a sus espaldas una brillante trayectoria reconocida internacionalmente. 

Desde que nos cautivara a todos hace ya ocho años con su poética y distópica (En)terrados (2009), Lora compagina el corto de ficción con el documental, del que también nos ha dejado en los últimos tiempos otros comprometidos ejemplos como: Odysseus’ Gambit (2011), sobre la supervivencia de un músico callejero camboyano en Nueva York;  Godka circa (2015), la vida de una pastora somalí; o Parivara (2016), basada en historias reales de niños del orfanato Goldungha para ciegos de Nepal. En 2015 también realizó el largometraje documental The father’s chairs co-dirigido con Antonio Tibaldi.

Adán Aliaga es otro cineasta todo terreno, ganador del premio de guion de la SGAE 2016 y autor de un largometrajes documental muy reconocido internacionalmente, La casa de mi abuela (2005), y otros como Esquivar y pegar (2010) o La mujer del eternatuta (2011), además de varios trabajos de ficción.

Juntos han escrito, dirigido, fotografiado y montado este cortometraje sobre la realidad neoyorquina menos glamurosa. Ambos autores conocen bien Nueva York y esta historia de supervivencia los coloca de nuevo en el lado oscuro de la gran urbe. En ella han coincidido con la ONG Sure we can (fundada por una monja española en 2007), un microcosmos que ellos han bautizado como El cuarto reino y que viene a ser como una metáfora de la sociedad de hoy en día.

El documental visibiliza una realidad poco conocida pero muy consustancial a una gran ciudad como Nueva York: la de los canners (recogedores de latas y botellas). Cientos de personas acuden cada día a éste y otros espacios como éste, a intercambiar por dinero (5 centavos la pieza) los envases que recogen, hurgando entre la basura. En un principio era una labor asociada a los homeless, inmigrantes (asiáticos y latinos sobre todo) y parados, pero en la actualidad mucha gente considerada “normal” consigue pagar la renta y los estudios de sus hijos con los ingresos que obtienen durante interminables jornadas de trabajo. “Muchos jóvenes americanos están viviendo y pueden ir a la universidad porque sus padres pasan el día recogiendo latas por las calles…”, dice Aliaga.

Para muchas de estas personas este espacio es como un hogar, un lugar donde pueden hablar y compartir sus alegrías y sus penas. Algunos de ellos han conseguido incluso formar parte del equipo de trabajadores de la ONG y se sienten agradecidos y felices. Para ellos este reino de los plásticos es la realización del sueño americano. 

Reconocida con una merecida Mención Especial del Jurado a mejor cortometraje “por el retrato certero de una distopía multicultural actual que muestra la paradoja de un infierno que a través de la ironía y el imaginario se convierte también en una posible salvación”.

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Tigger!/¡Tigre! (2016)
Iban del Campo. 10 min.

Segunda entrega de la serie iniciada con Dirty Martini (2009) sobre artistas del burlesque neoyorquino que trabajan en garitos nocturnos marginales. Tigger es uno de los máximos representantes del nuevo burlesque que ha surgido en el off-off Broadway de Nueva York. 

James “Tigger” Ferguson es bibliotecario de día y performer de noche. Su espectáculo es provocador y divertido, una mezcla de sexo, humor y crítica religiosa y política. Reivindicativo, homosexual y lúcido no es un personaje marginal como era la protagonista de Dirty Martini.

El autor utiliza una estética austera, naturalista y cutre con rodaje cámara en mano, formato cuadrado, poca iluminación (predominio de luces rojas) y escasa definición de imagen en consonancia con el carácter out del espectáculo. 

Iban del Campo ejerce de cineasta completo en estos trabajos, acaparando todas las facetas: producción, dirección, guion, fotografía, sonido y montaje.

Sus dos producciones coinciden en temática y en estilo, pero mientras Dirty Martini ofrecía un retrato emocional y mucho más humano del personaje, filmando su vida cotidiana diaria, toda ella en torno al mundo del cabaret, Tigger! es un retrato más reivindicativo. De ahí que el autor obvie su faceta personal y se centre exclusivamente en su faceta artística, filmándole sólo antes de salir al escenario mientras se prepara y durante el espectáculo, con planos cortos y poca variedad de encuadres, intentando dar al documento espontaneidad, frescura y proximidad.

Kafeneio (2016)
Nuria Giménez Lorang. 30 min.

kaeneioLa autora es una inquieta mujer que tras realizar una completa formación académica, pasar por diversos trabajos, vivir en varios países y viajar por algunos más, debuta ahora en el documental con este interesante cortometraje.

La película consigue captar la atmosfera de los kafeneios griegos, especialmente los de los barrios periféricos y pueblos. Un tipo de locales que podrían corresponderse con los “bares de viejos”, como los llama la autora, de cualquier parte del mundo.

Lo que la atrajo de esos espacios es la sensación de sentirse a salvo cuando estás en su interior, más allá de lo que se haga dentro que son actividades tan simples como beber, comer, charlar, jugar a las cartas o simplemente pasar el tiempo.

Ambiente exclusivamente masculino donde la directora tuvo la suerte de poder entrar, según ella, por ser extranjera, mujer joven y no entender su propósito. De hecho en el corto dudan de si es detective, topógrafa o cineasta.

Gracias a la generosidad de sus protagonistas y a que filmadora y filmados no se entendían, como queda patente en el corto, consigue dar al documento un aire muy espontáneo y natural. La única pega es que no hacía falta demorar tanto algunos planos para captar ese lento, cansino e insustancial paso del tiempo. O quizás, sí.

Kafeneio es mucho más que el retrato colectivo del tipo de personajes que frecuentan este tipo de locales en Grecia. Intenta a la vez ser una reflexión sobre la experiencia fílmica como lugar seguro donde confluyen la realidad del autor y la de los personajes filmados.

25 cines/seg (2017)
Luis Macías. 38 min.

Este cortometraje es el resultado de un proyecto de largometraje que no pudo ser. La idea original era filmar cines abandonados por toda España intentando capturar los ecos de las películas y personas que los habitaron.

Cuando director y productora rompieron su acuerdo el proyecto se vino abajo. Años después, Macías lo rescata. Recopila el material que tenía grabado en distintos formatos y transforma el concepto inicial en algo más experimental y menos nostálgico. Centrándose en el cine como espacio conceptual más que físico.

El director incide en que el cine es el único arte que ha dependido siempre de la industria, pero que actualmente, gracias a las nuevas tecnologías, necesita cada vez menos infraestructura económica y se pueden hacer cosas interesantes con pocos recursos.

Todo empezó hace diez años por eso la llama “mi primera-última película”. Mientras, ha trabajado en proyectos experimentales (proyección monocanal, cine expandido, multiproyección, interacción de dos proyectores y otros soportes) fronterizos con el arte: instalaciones, esculturas cinemáticas… Un autor curioso e inquieto que no deja de investigar en nuevas posibilidades creativas.

25 cines/seg ha sido la ganadora de la categoría. Premio al mejor Cortometraje, dotado con 5.000 euros más trofeo, según el jurado porsu destreza para reflexionar sobre la imposibilidad de hacer una película, tomando la ruina como punto de partida para contar a través de un lenguaje no normativo, la desaparición del cine como imaginario y lugar de encuentro”.

Escribe Purilia

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