Mis años en Cinema Jove (18): La aventura del saber

  15 Julio 2012

Deshojando la margarita 

jose-luis-radoEl verano de 1995 fue de inquietud referido al futuro de Cinema Jove. ¿Qué iba a pasar con el certamen después del cambio de político que había tenido lugar en la Comunidad Valenciana? Un cambio que, a medio plazo (¿sólo?), traerá, desde el punto de vista económico y de corrupción generalizada, la ruina a una comunidad reconvertida en una especie de alegría de la (pobre) huerta.

Los grandes eventos deportivos, la megalomanía de sus políticos, el despilfarro ocultado con imágenes exportables de cartón piedra, la construcción sin fin, irán dando al traste con la ética, la estética y la cultura. Pero, en ese momento, esa oleada aún no ha comenzado. Pronto lo hará: el impetuoso oleaje se llevará todo lo que encuentra en su camino. Los tiempos serán diferentes.

Aquellos meses, no demasiados calurosos, nos llevarían a un septiembre activo y expectante.

Cinema Jove, se seguirá dictando a la entrada del nuevo curso, seguirá dependiendo en la Consellería de Juventud. Sus jefes no pertenecerán al partido de la gaviota sino al de sus socios (luego devorados por los depredadores pajarracos) agrupados en Unión Valenciana, ya que son ellos con sus votos los que han propiciado que las aves tomen el poder, repitiendo lo ocurrido unos años antes en el ayuntamiento de la ciudad del Turia.

La sorpresa, en aquel septiembre, es que el director del Instituto Valenciano de Juventud no reclama para los suyos la dirección del certamen sino que sigue manteniendo a Mario Viché como director. Y con él, el resto del equipo.

El mantener a Mario puede resulta sorprendente debido a que Cinema Jove fue creado desde el Instituto de Juventud por él y por mí en 1986. Lo fue a propuesta de Mario,  responsable entonces —y durante estos años— tanto del certamen como de uno de los departamentos del citado instituto. Eso sí, debido a la amplitud cada vez mayor de Cinema Jove, Mario, año a año, debe dedicarse más intensamente al certamen. En definitiva, Mario —y eso es lo que hace pensar en su sustitución— es un cargo afín al partido de la rosa. No solamente eso, además es —al menos lo era entonces no sé si lo seguirá siendo— militante del partido perdedor.

Mario, pues, será reafirmado como director de Cinema Jove para la siguiente edición, la de 1996.

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Algunas conexiones del apartado escolar

Desde que se celebra el apartado escolar (o sea desde el inicio de Cinema Jove), el cual coordino directamente, se ha tratado de relacionarlo con otros festivales extranjeros de carácter escolar. Un hecho que va haciéndose realidad. Se producen conexiones con Finlandia (Pori y Helsinki) e Italia (Pesaro), lugares con los que realizamos también intercambio de trabajos. A esas y a otras ciudades de fuera de España iremos algunos años para presentar los premios de nuestro certamen.

También, desde hace años, el apartado escolar ha conseguido el patrocinio del Ministerio de Educación a través de su departamento de innovación educativa. Un patrocinio que se llevará, durante años, en buena amistad con sus directores, debido también a nuestra presencia como responsable del —siempre naciente y nunca crecido— programa audiovisual de la Consellería de Educación valenciana. Labor que coordinaré desde 1986 a 1998 y que, entre otras cosas, propiciará una serie de reuniones trimestrales en Madrid, en el propio Ministerio o en otras comunidades autónomas que poseen o tratan de poner en marcha programas audiovisuales en las enseñanzas no universitarias, con del fin de llevar a cabo una eficaz coordinación entre todos los programas.

También se ha llegado, desde hace unos años, a un acuerdo con el programa de La 2 La aventura del saber, que pasa por otorgar un premio especial en el certamen escolar. Debido a esta presencia del programa en Cinema Jove a través de apartado escolar, todos los años, meses antes de que se inicie el certamen, vamos a Madrid para intervenir en el programa televisivo: una especie de llamada/anuncio sobre cada nueva edición.

Ya que el premio del programa se concede el apartado escolar, voy varios años, personalmente a Madrid, para la grabación de una entrevista, que será acompañada con imágenes de la película premiada en la última edición. Alguna vez va también Mario, quien simplemente acude para saludar a los responsables del programa o aprovecha para llevar a cabo gestiones relacionadas con Cinema Jove, bien en televisión o bien en alguna distribuidora madrileña.

También acompañándome o bien sustituyéndome en la entrevista acude Ángel. Ni durante los años en que Cinema Jove fue dirigido por Mario, ni en los dos o tres que estuvo llevando el timón José Luis Rado se cambió la norma. Ambos consideraron que lo normal y lógico es que Ángel o yo interviniésemos en ese programa: al fin y al cabo éramos los responsables del apartado escolar y la relación de La aventura del saber es únicamente con dicha sección del certamen. No se tuvo duda en ello, ni se trató de cambiar las reglas del juego. Cuando recibían la llamada de Madrid (entonces aún no se estilaba lo del correo electrónico) se ponían en contacto con nosotros para que fuéramos a intervenir en la entrevista televisiva.

La llegada a la dirección de Rafael Maluenda cambió la norma. Como director absoluto del certamen ni siquiera nos comunicaba la llamada del programa. Será él quien, al menos en los años en que seguí junto a Ángel coordinando el apartado escolar (o sea hasta 2003), irá al programa y será entrevistado. Quizá Rafael lo hiciera el primer año de director, ignorando cómo se había llevado anteriormente o, quisiera dejar claro quién era el director total y absoluto del certamen.

Sorprendente tal posicionamiento, cuando a pesar de las palabras el interés mostrado, por el apartado generador del certamen, irá siendo con los años cada vez más bien testimonial.

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Amigos en la tele

Aquellas idas y venidas a costa de televisión en unos rápidos viajes de ida y vuelta (mañana-noche) en avión de Valencia a Madrid suponen conversaciones para una mayor promoción del apartado escolar con los responsables del programa educativo, así como reencuentros con antiguos amigos que trabajan en el ente; también serán momentos de continuadas conversaciones con otros compañeros que también están en el medio televisivo.

Tales son los llevados a cabo, en primer lugar, con Luciano Valverde, Toti, ya fallecido y del que he hablado en otros puntos de estas memorias, ligado entonces al canal internacional y que fue una de las personas que colaboró intensamente conmigo tanto en el buen funcionamiento del cineclub universitario en la etapa en la que lo dirigí como en el programa cinematográfico de radio que una vez a la semana llevé a cabo en una emisora de Salamanca desde 1963 a 1968.

A Luciano le voy a ver a su despacho. Allí mismo o bien en el bar de televisión departimos siempre un corto espacio de tiempo. Mirada en el pasado hoy de un tiempo ido y del que esperábamos, como siempre ha ocurrido y ocurrirá, otro futuro, al menos porque nunca podíamos suponer que existiera al que en ese momento las circunstancias —ni mejores ni peores, simplemente distintas— nos habían arrojado.

En algunos de esos encuentros nos acompaña otro hombre de la casa. Antiguo alumno de Cheste, excelente montador y gran persona, hábil conversador y siempre abierto al amigo. De él también he hablado en estas memorias, de lo que nos ayudó (y nos ayudará en posteriores trabajos) en la búsqueda de datos para el libro de Boetticher.

Es naturalmente Jesús Arranz, quien, atento a nuestra llegada a Madrid, nos espera en la misma puerta por donde desembarcamos en nuestro corto viaje. Y luego nos lleva de un sitio a otro de Prado del Rey. Qué grande es este Jesús siempre aparentemente malhumorado, reñido con el mundo pero en todo momento abierto a hacerte un favor, a solucionarte cualquier papeleta, preocupado por los amigos, por luchar contra las múltiples injusticias que nos cercan y asfixian. Y su incremento, general y particular en TVE desde este verano de 2012 bajo el imperio alado.

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Un viaje accidentado

En uno de esos viajes a Madrid, se produjo una anécdota que nos convirtió en los protagonistas del día al salir publicada (anónimamente) nuestra aventura aérea en los periódicos.

Aunque había realizado frecuentes viajes en avión (el primero nada menos que a la avanzada edad de 33 años) mi temor a volar era grande, algo que he ido eliminado con el paso del tiempo.

Era en los primeros meses de 1995. Mi hijo mayor, aprovechando aquella visita, quiso conocer los estudios de televisión. Como a él no le pagaban el viaje, decidió ir y volver en autobús de línea. Saldría a primera hora de la mañana y le recogeríamos en un determinado punto de Madrid. Así fue a la ida. El avión llegó puntual. Y allí, en el sitio indicado, estaba mi hijo… y Jesús.

La vuelta se realizó de la mima manera. Mientras Ángel y yo nos dirigíamos al aeropuerto, Adolfo salía en el bus (Auto Res entonces, ahora Avanza bus). Cuando él, cuatro horas más tarde, llegaba a Valencia nosotros aún no habíamos llegado a Manises.  Cuando, al fin, llegué a casa comenté que vaya viaje el que habíamos tenido, que había sido sonado. Me tomaron a guasa, incluso cuando conté lo que había ocurrido en ese medio accidentado viaje. Claro, para la familia todo se debía a mi temor al avión.

Al día siguiente, sin haber leído los periódicos locales, conté lo mismo en mi lugar de trabajo, el Centro de Profesores. Debieron pensar que exageraba. Al salir del trabajo me encaminé a las oficinas de Cinema Jove. Nada más llegar me dijeron que vaya viaje el que nos había traído de vuelta a Valencia. Creí que habría sido Ángel quien lo había comentado, pero no era así se habían enterado por… la prensa.

Así era, allí en una noticia del periódico Levante se podía leer lo ocurrido en el accidentado viaje Madrid-Valencia de un avión en el que venían personalidades valencianas. No, claro, no se refería a nosotros. Se debía a que en ese mismo avión volvía a Valencia Joan Lerma, Presidente de la Generalitat en aquel momento, y otros miembros de su gobierno.

Aquel accidentado viaje era como el presagio de la pérdida de poder (cambio del PSOE al PP) que se produciría unos meses después.

El tal accidentado viaje, imposible de olvidar, y que me curaría para futuros viajes del miedo a volar, se debió a la salida del avión en el instante, quizá, menos propicio después de permanecer durante mas de una hora (y con retraso en el embarque) enfilados en la pista de despegue. Primero se nos anunció que íbamos a tener una media hora de retraso debido al intenso tráfico aéreo, después que seguía el retraso pero debido (algo que todos los viajeros pudimos contemplar desde la posición en que se encontraba el avión) a una fuerte tormenta que se encontraba rodeando Madrid. Al fin salimos. Sonó el pitido para quitarnos los cinturones; unos segundos después se nos comunicaba que volviéramos a ponérnoslo y que permaneciéramos con ellos abrochados durante todo el trayecto. Prepárate, el viaje va a ser movidito, me dijo Ángel.

Directo enfiló el avión hacía las nubes tormentosas. Nada más entrar en ellas se escuchó un golpe sordo al tiempo que el avión sufría fortísimos vaivenes. Algunos pasajeros gritaron. Un olor intenso a quemado, a algo chamuscado recorrió el avión. Nos miramos unos a otros inquietos; algunos, como queriendo comunicar o preguntar algo a los vecinos de asiento, llevaban un dedo a la nariz en expresión del olor preocupante que les llegaba. Luego todo se fue normalizando. Nadie nos explicó lo que había ocurrido aunque para gran parte de nosotros era claro: un rayo había impactado en el avión.

Todo quedó, pues, en un susto que a mí me sirvió como una eficiente vacuna para futuros viajes aéreos, aunque, eso sí, como ha quedado dicho, aquel hecho suponía el presagio de lo que se venía encima sobre la Comunidad Valenciana.

Así seguimos. Y, ahora, no solamente en ella.

Aunque, eso sí, Cinema Jove, con sus más y sus menos, sus altos y sus bajos, sigue adelante. Cada vez desde más distancia sigo su andadura, que deseo sea más y más fructífera, exitosa. Con una vida larga, larga, por delante. Algo que sin duda deseamos todos los que un día tuvimos puestos de responsabilidad en el certamen.

Escribe Adolfo Bellido López

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