PIEZA INCOMPLETA PARA UN PIANO MECÁNICO (Sabín)

  03 Enero 2008

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Sin duda, el mejor crítico de cine que ha tenido este país ha sido el ingenioso hidalgo Don José Luis Guarner.

En la época en que Fotogramas era una revista y no un simple escaparate promocional, uno podía abrir semanalmente sus páginas con la seguridad de que (además del póster central en color) iba a disfrutar aprendiendo de cine gracias a este despierto cronista que, en apenas unas líneas, nos enseñaba a descubrir pequeñas joyas perdidas, vapulear con elegancia títulos que no merecían su prestigio o, sencillamente, llamar la atención sobre algunas escenas o ciertos momentos de cine-cine que no debían pasar desapercibidos al exigente paladar del auténtico cinéfilo.

Recuerdo ahora una de sus críticas, a propósito de un exitoso thriller hoy absolutamente olvidado, en la que definía perfectamente el abismo que separaba a Hitchcock de la anodina manada de imitadores, y lo hacía con una frase casi sublime: “es la diferencia entre quien afina pianos y quien fabrica Stradivarius”.

Adolfo Bellido no fabrica Stradivarius... pero afina pianos como pocos.

Desde hace treinta años vengo comprobando, día sí y noche también, su habilidad para situar muchísimas películas en el lugar que realmente les corresponde, lejos de la mimética aprobación o rechazo al que las someten algunos funcionarios de la pluma, más atentos a los canapés de los preestrenos que a las virtudes del título en cuestión.

Ya sea desde las páginas de un modesto boletín editado por un cine-club, una revista de prestigio, cualquiera de sus libros o a través de Internet, Adolfo disfruta transmitiendo su saber, con infinita generosidad, enseñando sin esperar nada a cambio, abierto a todos. Y así, como quien no quiere la cosa, va engrasando las ideas de muchos espectadores, para que cada nuevo título “afinemos” un poco más en nuestro análisis.

Además, los que hemos sido alumnos de este infatigable conversador hemos podido comprobar que lo suyo no es amor al cine, sino auténtica pasión. Pasión, una palabra que aparece muchas veces en su vida y no pocas en los escritos de los que vais a poder disfrutar en estas páginas. Pasión, un sentimiento que Adolfo ha sabido transmitir a través de distintos cine-clubs en Salamanca y Cheste, del centro de profesores de Valencia, de la escuela de cine de Puçol, del festival Cinema Jove, de la revista de cine Encadenados o a través de sus innumerables cursillos sobre lectura de imágenes.

Por último, los que después de tantas aventuras juntos podemos considerarnos sus amigos somos, con diferencia, los más afortunados. Aprovechando las ventajas de las nuevas tecnologías y la rapidez del e-mail, no pasa una noche sin que nuestro correo reciba un detallado informe del último estreno. Son reflexiones apresuradas, sin muchas florituras gramaticales, de hecho, sus textos son pródigos en paréntesis que se abren pero jamás se cierran, y Adolfo es capaz de poner acentos en lugares donde ningún miembro de la Real Academia Española de la Lengua habría llegado a imaginar. Pero son textos que transmiten pasión, sabiduría y un indudable “amor por el cine”.

Escribe Sabín