ADOLFO, UNA VIDA DE CINE (José Luis Barrera)

  31 Mayo 2008

21-adolfo.jpgQuien conozca a Adolfo Bellido sabe que es hombre que lleva el cine inyectado en las venas y que de él no puede hablar sino con pasión. Adolfo es de Salamanca, aunque vive desde hace muchos años en Valencia, está casado y tiene dos hijos –uno de ellos anda de ayudante de dirección de Basilio Martín Patino– ronda los sesenta años y lleva toda la vida dedicado al cine. Su profesión es profesor y en la actualidad es catedrático de Física y Química en un instituto de Valencia. Pero ha sido durante muchos años director del Departamento de Audiovisuales en el Centro de Profesores de Valencia, y antes, profesor de Medios Audiovisuales de la Universidad de Cheste. Por sus aulas han pasado centenares de alumnos a los que él ha sabido traspasar su amor al cine. Algunos ya han llegado a dirigir sus propias películas. Todo lo sabe sobre cine.

(Ya hace muchos años que nos conocemos y nos une además, de nuestra afición al cine, una gran amistad. Para hacer esta entrevista hemos quedado en ir juntos,  una semana más, al cine. El cielo del atardecer está nubloso, barruntando lluvia. Antes de que empiece la película elegida, un filme español, comenzamos a charlar.)

-Adolfo, ¿desde cuándo y cómo empezó tu acercamiento al mundo del cine?

-Desde pequeñito. Había un cine de programa doble cerca de donde vivía y allá me metía. Eso era en Salamanca. Debía tener tres años cuando vi la primera película. Aún recuerdo la impresión que me causó Encadenados cuando la vi por primera vez. Tendría unos siete años... Veía todo lo que podía.

-¿Tiene el cine contemporáneo que decir algo al hombre de hoy?

-¡Malo será si no tiene nada que decirle! Las películas buenas nos hablan del hombre de hoy, de ayer o de mañana. Nos cuentan sus angustias, sus dudas, sus problemas. Puedo comentarte, por citar películas que se desarrollan en épocas diferentes, la obra de Kubrick y se comprobará como tanto Espartaco en el pasado más lejano como los futuristas seres de un hipotético y lejano 2001, que para nada deben confundirse con una época determinada, hablan de cosas concretas, de temas que nos interesan o nos inquietan: la libertad, el miedo, la evolución, el hombre frente al universo al suyo propio y a ese otro más grande que se extiende por todo el cosmos.

-¿Qué opinión tienes sobre la actitud de la Iglesia a la largo de la Historia del Cine?

-No creo que sea la persona más adecuada para contestar a esta pregunta. En tal caso, creo que la actitud de la Iglesia con respecto al cine es la misma actitud que ha tenido a lo largo de su historia con cualquier hecho novedoso. Aquí, como en esos casos, sus dirigentes se han puesto nerviosos. Resultado: ir contra “eso”. El cine ha sido muy atacado, luego, en muchos casos, se ha admitido de forma resignada. Hoy, creo que ya no está en la ola de la polémica. En general se opta por ignorarlo desde la más total de las incomprensiones.

20-barrera.jpg-¿Que piensas del cine religioso? ¿Por qué no se filman hoy películas religiosas?

-Y ¿qué se entiende por películas religiosas? ¿Acaso las mastodónticas producciones bíblicas hollywodienses? ¿O habrá que referirse a las películas españolas de la postguerra? Efectivamente, y por fortuna, ese cine no se hace. Si pensamos, o definimos, lo que es “religioso” probablemente llegaríamos a admitir que existen muchas más películas religiosas de lo que parece. Ahí está el cine de Scorsese, Schrader, Rohmer, Angelopoulos, entre otros muchos que, como yo, quizá consideren que el mejor cine religioso de todos los tiempos es el de Dreyer, Bergman, Bresson...

(Ha terminado la proyección de la película de la que yo salgo perplejo por lo abstruso del guión; Adolfo sale además decepcionado, porque su director es una promesa del cine español y el filme no cumple nada. En la calle ha empezado a llover, por lo que nos refugiamos en una cafetería donde seguimos charlando.)

-¿Cuáles son las tendencias del cine moderno?

-El cine moderno evoluciona, como es lógico, más en la forma de contar que en lo que cuenta. Algo que es común a las otras ramas culturales. Ya te lo he dicho antes los temas, las historias, se repiten. La evolución estará en la forma de contar esas historias, de que sean menos primitivas. De ahí que el cine moderno pida, en gran parte, que el espectador sea tan hacedor de la historia como destinatario de la misma. El cine, el buen cine actual, nos pide que seamos cómplices de lo que cuenta. No pide una identificación con los personajes. Esa complicidad es algo muy distinto. El hecho de que el espectador actual sea ya un conocedor del cine es lo que hace posible que se parta de ese conocimiento y se evolucione. También que salgan de los guetos películas que hace años se dirigían a minorías muy minoritarias. Aún hoy existen obras minoritarias, pero ahora no lo son tanto. Por ejemplo, hoy se estrenan en los cines, y no sólo en versión original, películas como las iraníes y se proyectan más o menos normales, es decir en todo tipo de cine, películas de Rohmer, Haneke... A lo mejor resulta que incluso ahora hasta todos somos más cultos.

-El cine considerado como séptimo arte ¿es un eufemismo o una definición?

-No lo sé realmente. Probablemente denominarlo arte fue una coartada cultural para lograr borrar su primitivo sentido de espectáculo propio de una barraca de ferias. La realidad es que para definir tal propuesta habría que preguntarse qué es arte. Y de ahí llegar a si el cine es arte o espectáculo. Realmente, creo que poco importa saber si es esto o aquello, y centrar el cine como hecho cultural y como diversión de masas.

22-barrera-fiestas.jpg

(Adolfo tiene un montón de artículos escritos en aquellas antigua y prestigiosas revistas de cine como Cinestudio. Su actividad cinematográfica se inició en revistas de la Universidad de Salamanca donde se encargaba de la sección de cine. A comienzos de los años sesenta fue subdirector del Cineforum Studio 1 salmantino, para pasar en 1963 a ese mismo cargo en el famoso cineclub Universitario de Salamanca. Desde 1964 a 1968 sería el director de dicho cineclub. En la emisora de Radio de la COPE de Salamanca durante todos estos años fue el responsable de un programa semanal de cine.

Ha publicado varios libros de un gran interés como son un estudio exhaustivo sobre el filme de Billy Wilder El crepúsculo de los dioses, otro sobre la obra del cineasta casi maldito Basilio Martín Patino y otro sobre el director Budd Boetticher, que ha abierto a muchos los ojos sobre la grandeza de un cineasta considerado de serie B. Escribe en la prestigiosísima revista Nickelodeón que edita José Luis Garci y dirige la edición digital de la revista En Cadena Dos (www.encadenados.org) que años antes había iniciado su trayectoria impresa en papel.

Ha dejado de llover y, pagada nuestra consumición, dejamos la cafetería. Paseando, seguimos charlando.)

-¿Se puede considerar al cine como un instrumento de educación eficaz para la juventud?

-El cine enseña a comprender, a pensar, a mirar. Entonces ¿cómo no va a ser un instrumento eficaz para la juventud? Puede decirse que si enseña valores también puede pregonar anti-valores. Es cierto, pero en ello, en enseñar a mirar, está el sentido, también de aprender a pensar. Se debiera enseñar a leer películas en los centros educativos, pero eso es desmontar la “paraeta”, y parece que ninguno de los poderosos dominantes está dispuesto a perder el poder.

-Dime tus tres directores favoritos.

¿Sólo tres? Son decenas y decenas. Algunos de mis favoritos son Hitchcock, Welles, Bergman, Ophüls, Fellini, Ozu, Kurosawa, Godard...

-¿Qué películas salvarías de un incendio?

-Querría salvar tantas que probablemente me quedaría sin ninguna... ¿Una lista? Con el mayor de los pesares, daré sólo una por director: Vértigo de Hitchcock, Sed de mal de Welles, Cantando bajo la lluvia de Donen-Kelly, Persona de Bergman, Yojimbo de Kurosawa, Cuentos de Tokio de Ozu, La colina de los diablos de acero de Mann, Al final de la escapada de Godard, Los cuatrocientos golpes de Truffaut, Desayuno con diamantes de Edwards, El crepúsculo de los dioses de Wilder, Él de Buñuel, Amarcord de Fellini, El gatopardo de Visconti, El placer de Ophüls, Ordet de Dreyer... y cien, doscientas y muchos cientos o miles más de películas.

(Ya ha anochecido. Las calles brillantes, lavadas por la reciente lluvia, parecen el decorado de una escena nocturna de una película, cuando ambos nos despedimos hasta otro día.)

Escribe José Luis Barrera
(Artículo publicado originariamente en diciembre de 2001, en la revista Cresol)

23-redaccion.jpg