Mis años en Cinema Jove (20): Misión posible

  31 Julio 2012

Patino acepta el homenaje y el libro 

1996-basilioLas calles madrileñas coloreadas con multitudinarias bombillas y adornos hablaban de la cercanía de unas nuevas Navidades, conformadas como las anteriores con su parafernalia comercial y mentirosa de una paz y de un amor, negado durante el resto del año (e incluso en ese mismo mes). Se trata del plácido espectáculo que tan bien retratara Berlanga en su excelente película sobre la caridad.

Los reflejos de las personas, unas veces instantáneos otras veces movidos en su busca de lo que regalar (o con lo que sorprender) en los inmediatos días, se unen a otros muchos reflejos, que restañan a lo largo de nutridos y pícaros escaparates.

Sin preocuparnos de nada de ello, del intento de foto instantánea, me dirigía al atardecer, en compañía de Jesús Arranz, a coger el bus de línea que me dejaría en Valencia en las primeras horas del nuevo día.

En la casa del amigo

Habíamos charlado con Patino durante varias horas en la tarde tempranamente oscurecida de aquel diciembre suave. En su casa, en la espaciosa habitación central de su extenso ático, original y cercano, al mismo tiempo reconvertido en despacho, estudio, comedor o improvisada sala de conferencias.

Una casa, en cuyos variados vericuetos se pasa desde el secreto de su amplia biblioteca con múltiples cajones en los que navegan miles de historias personales y ficcionadas, de su vida o de las historias que fueron pensadas, hasta el curioso cuarto de baño decorado con algunos de los múltiples premios conseguidos a lo largo de su dilata carrera audiovisual, y no sólo cinematográfica, considerando esta palabra en su estrecho y cauteloso significado.

En cualquier rincón de su casa puede el visitante encontrarse, o darse de bruces, con una sorpresa: un tenebroso Cristo que parece sacado del Bergman medievalista, un dibujo de tal o cual artista junto a alguno de Pilar, su mujer, un legajo más o menos antiguo… y, claro, en algún rincón hasta algún antiguo y curioso artilugio cinematográfico.

No puede faltar, en la amplia sala de reposar y trabajar, una tele y un video que cuando no está en su productora (La linterna mágica), situada a tiro de piedra de su casa, le sirve para pasar una y otra vez uno de los episodios sobre el que se está trabajando de la serie Andalucía, un siglo de fascinación.

Tan minucioso como indeciso, va buscando el acabado perfecto e imposible. Cada momento hay una nueva idea o un cambio sobre lo anterior (“Aquí más música; letras más grandes; mayor tiznado en la foto; más rayajos aquí que se vea que es son imágenes que estuvieron escondidas durante tiempo”).

Con sus trabajos realizados en formato video, con su montaje lento, que ya hace innecesario utilizar la moviola para domar el celuloide, da la impresión que ha parado el tiempo o lo ha domado a su antojo. Y es que, como sabemos, Patino es un gran maestro del montaje, uno de los más expertos maestros en el arte de mezclar, jugar con las imágenes para adecuarlas a un tiempo y un espacio. Así, la Historia se transforma en otras historias capaces de sugerir ideas, de relacionar tiempos. O al revés. Patino es, sin duda, el gran ficcionador de la Historia, de esa que es la nuestra.

Nuestras primeras palabras, probablemente, le sacaron del juego. Le sorprendió la presencia de Jesús. No sabía, o quería ignorarlo, encerrado en su sarcástica y amigable mascara, cuál era el motivo real por el que yo le había llamado: ¿Sólo para vernos y charlar delante de un café, una infusión o un copazo?

La verdad es que, a pesar de las primeras dudas, Basilio aceptó que en “ese raro festival Jove” le hicieran un homenaje. Se pasaría prácticamente toda su obra, incluso algunos (no todos: se terminarían en junio de 1986, cuando tenía lugar el certamen) episodios de la serie televisiva Andalucía, un siglo de fascinación.

Se le ha comentado que la Filmoteca Valencia será quien se encargue de encontrar todo lo encontrable o lo que Basilio permita que se encuentre porque, eso sí, está dispuesto a ayudar en todo lo que le sea posible.

Conociendo a Basilio se entiende fácilmente lo que para él quiere decir ser posible. Por ejemplo, es imposible, a pesar de nuestro interés por su proyección o  al menos para que la veamos con vistas al libro que se va a escribir sobre su obra, echar vistazo alguno de los muchos, y variados, anuncios publicitarios que dirigió. Es sabido que Patino y Erice se encuentran entre los más destacados, originales y activos, realizadores de spots del cine español. Y es imposible que ese material se encuentre perdido. Sobre todo, por él, un gran coleccionista de imágenes.

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El libro posible

Una vez que Patino ha aceptado el homenaje, y su casi probable asistencia al certamen para recibir el premio (“a tanta distancia no puedo asegurar qué o dónde estaré en junio”) pasamos a proponerle lo del libro.

Sus reticencias son grandes (“Han escrito cosas sobre mí, algunas buenas otras horribles, pero un libro sobre mi obra…. Alguien lo intentó pero no se hizo realidad. Pero, de veras ¿a quién le va a interesar un libro sobre mi obra, si para muchos ni siquiera existo?”).

Si al final da el visto bueno pienso que se debe en gran parte a pensar que no sería posible que se escribiera el libro en ¡tres o cuatro meses!, incluida la corrección e impresión (lo que llevaría a los cinco meses). Supondría, sin duda, un esfuerzo mayor que el llevado a cabo en el libro de Boetticher. En contra se tiene el tiempo y el hermetismo de Patino frente a la locuacidad de Boetticher, a favor el contacto permanente con el director bien por teléfono, por quedar con él en Madrid o por la casi diaria persecución de la que será objeto por parte de Jesús. Tanto él como sus colaboradores más cercanos.

Mi problema, al enfrentarme al libro, es mi propia resistencia personal. Tiene que llevarse a cabo sin dejar, claro está, mi trabajo en el CEP, que ahora por eso del cambio de amos en la Generalitat Valenciana pasa a denominarse CEFIRE. Ni se sabe la razón, el gratuito capricho, que ha producido tal sustitución. Lo que sí es cierto que ahí, en el Centro de Formación de Profesores, empezaremos a sufrir el cambio. Nuevos métodos, nuevas propuestas y hasta el intento de sometimiento determinados planteamientos ideológicos proclamados de forma sibilina.

Lo que era un plan de formación coordinado por lo diversos centros formativos va derivando hacia una función sobre todo administrativa llevada a cabo por los directores, nuevos a partir del año siguiente, desde una autoridad mayestática. Aún en este centro aguantaré tres cursos más. No me siento a gusto con las formas que se nos van imponiendo y mucho menos al comprobar cómo compañeros de trabajo parecen haber sido puestos para erigirse en auténticos comisarios políticos. Tal es su ineptitud en el cargo asumido convencidos del respaldo que reciben a través de unas extrañas gaviotas mensajeras.

Eso sí, la mayor parte de esos asesores están agradecidos por habérseles concedido, en comisión de servicios, su empesebrado puesto, que les ha permitido huir del aula. Con tal de no aguantar a los alumnos que tenían en las clases, cualquier cosa es buena. Unos con más mano derecha que otros, se dedicaran a practicar diversos juegos: peloteos, chivatazos, chismorreos, entremetimientos y otras lindezas.

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Misión cumplida

De momento eso, los problemas en los repintados del CEP, no van a repercutir ni en mi labor allí, ni en mi presencia en Cinema Jove, acuñando el apartado escolar, ni en la escritura del libro.

Patino, de todas maneras, al despedirnos nos mira y vuelve a decir ya veremos. Su seriedad siempre esconde una inteligente ironía, y sus frases dicen algo más de lo que pronuncian. El ya veremos significa también el pensar, por su parte, que el libro no estará a tiempo a pesar de haberle asegurado que sí lo estará y que será distinto en estructura, a otros que he escrito. Unas palabras que le preocupan más que le satisfacen.

Algo que le dejo claro al despedirnos es que el libro no lo leerá hasta que no esté publicado. Siempre días antes de la celebración del festival. Me arriesgo, pues, a que a última hora, ante la lectura del libro, decida no aceptar el homenaje: se producirá si considera que el libro es una especie de traición a él o a su obra, pero, yo considero que la traición sería hacer un libro acorde con lo que él proponga o con lo que decida suprimir.

Eso por un lado, por otro estaría la lentitud en la devolución de originales, no verdadera sino probablemente impuesta para que no se publique. Todo ello me lleva a tomar la decisión de no enviarle el libro hasta su publicación. A la que habría que añadir una más: si Patino es uno de los libertarios más grandes del cine español, tanto en la forma de emprender sus obras como en su trabajo, no es posible que un libro sobre su obra esté sujeto a unos condicionantes, por mínimos que sean, que alteren su libertad de exposición y estructura.

De todas formas, a lo largo de los meses que nos llevarán a junio, una de las primeras cosas que me dice Patino cada vez que hablamos y nos vemos es sobre el estado del libro y, no se si en broma o en serio, añadir que ya le podía enviar una parte de lo que llevo escrito. Le contesto con un “ya sabes que no”. Y pasamos a otra cosa.

Cuando a las puertas del bus que me traslada a Valencia me despido de Jesús sólo tengo clara una cosa: él, como persona que está en Madrid, debe ir haciendo acopio de información, búsqueda de noticias, fotografías. Tiene que conseguir que Patino le deje revolver en los armarios de su biblioteca.

Unos días después le llamaré y comenzaremos a coordinar el plan de actuación, para lo cual lo primer que debo haces es proceder a realizar la primera estructura de lo que será el libro.

Tendrá que ser antes de que termine el año. Y quedan menos de quince días.

Escribe Adolfo Bellido López

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