Mis años en Cinema Jove (16): Nickelodeon, la revista

  23 Diciembre 2011

Los inicios de una nueva revista 

nickelodeon-3Soy Juan Cobos.

—Vaya Juan, cuánto tiempo…. Desde los años sesenta en que estabas en Film Ideal y luego dirigiste Griffith. Los años sesenta.

—Y tú escribías en Cinestudio. Y dirigías el Cineclub Universitario de Salamanca. Nunca llegamos a coincidir en Madrid.

—Sólo nos comunicamos por carta. Os enviaba calificaciones de estrenos para el panel de vuestra revista-boletín del cineclub.

—Sí, claro, y ahora, acabo de ver la revista. Me acaba de llegar. Está bien. No sabía que dirigías la publicación de Garci, de su productora, Nickelodeon. Ambas se llaman lo mismo.

—Por eso te llamaba. Hemos recibido un artículo tuyo para el próximo número dedicado a Deborah Kerr y me ha sorprendido.

—Claro, es muy largo

—No, no es por eso. Es porque no lo esperaba. No se te había pedido.

—A ver, ¿cómo es eso de que no se me había pedido?

—No, además ese artículo, sobre Suspense, se lo encargué a Horacio Varcárcel

—Aclaraos. Así no se hacen las cosas. Hace unos meses hablé con Garcí y quedamos en que yo haría ese artículo.

—¿Garci? Ya está con sus cosas. No nos las cuenta. En fin, lo siento.

—Más lo siento yo. No me importa escribir gratis, si es preciso, pero que mi tiempo no sirva para nada, sea perdido. Eso no.

—Hablaré con José Luis y veremos lo que dice

—Pues habla…o, mejor, que me llame

(…)

Este curioso incidente corresponde a mi entrada como colaborador, y el primer  berrinche, con Nickelodeon, la revista editada por José Luis Garci.

Una nueva revista

film-ideal-2Las revistas de cine en España han tenido en general una corta vida. Nacen y a los pocos meses o años desaparecen, lanzadas además varias sin un exacto periodo de salida.

En los años sesenta hubo tres revistas de cine lanzadas con una idea de seriedad: Film ideal (en realidad nació a finales de los años cincuenta), Nuestro cine y Cinestudio. La primera comenzó siendo una revista de tendencia católica dirigida por José María Pérez Lozano. Luego surgieron problemas entre los dirigentes de la publicación, lo que llevaría a que la abandonara su director, quien posteriormente (con patronazgo jesuítico) crearia Cinestudio.

En su segunda etapa, Film Ideal tomó la línea cahierista, escorándose poco a poco hacia unos planteamientos derechistas afines con algunas de las gentes que dominan la publicación, donde había militares y falangistas, que, incluso, serán críticos del periódico de la ultraderecha El Alcázar. Su clara línea política lleva a la publicación a una defensa a ultranza de la forma frente al fondo, obviando que aquella expresa éste. De acuerdo a su carácter ideológico pasarían a despreciar obras como la de Buñuel, Pasolini o Visconti.

Con todo, Film Ideal fue importante y en ella escribieron algunos de los mejores críticos españoles como, entre otros, José Luis Guarner. Juan Cobos, por entonces en Film Ideal, descontento del rumbo que toma la revista, se sale de ella para crear una nueva, Griffith, de vida muy corta. No llegó a superar cinco números.

Nuestro cine, por su parte, nació bajo la protección de la revista de teatro Primer Plano. Ambas bajo la dirección de José Monleón. Sus páginas, a veces, parecen una prolongación de la revista semanal Triunfo. La línea de Nuestro cine se opone a la de Film Ideal. Se valora el fondo (cuanto más social mejor) frente a la forma. Es, claramente, una revista de izquierdas. Ambas publicaciones, que se desarrollan en gran parte de forma paralela, logran tener una larga vida

cinestudioCinestudio es una especie de cajón de sastre, variopinto en ideas, propuestas e intereses. En esa publicación donde me integro en mis años madrileños, cada uno vamos a nuestro aire, es decir, los redactores y colaboradores tenemos nuestras ideas personales, sin que exista nada que nos agrupe, aunque se nos cuelgue el sambenito de catolicones por el hecho de ser dirigida por un católico de pro como Pérez Lozano (autor, entre otros, de un libro titulado, Un católico va al cine).

O si no, se nos cree curatas o jesuitones. Lo primero por el carácter de la publicación, lo segundo por el hecho de que, en parte la publicación es financiada por jesuitas,  incluso existe algún colaborador ligado a la orden de San Ignacio. La realidad es que los que allí escribimos tuvimos libertad absoluta para decir lo que queríamos. Nadie dictó, ni nos hizo saber, ninguna norma restrictiva. Cinestudio, como las otras dos revistas tuvo una aceptable vida media.

A mitad de los años sesenta desaparecía Cinema Universitario, la revista del Cineclub Universitario de Salamanca, dirigida desde Madrid, de salidas impredecibles y de lectura, digamos, algo espesa como si el pomposo título Universitario la hiciera solo apta para ciertos lectores. Eso sí, su línea era, como la de Nuestro cine, izquierdista.

Había en aquellos años otras revistas ligadas al cine amateur o a ciertos cineclubs, pero su importancia no fue equivalente a las reseñadas. Posteriormente Fernando Trueba sacó una revista especializada, asequible para el gran público. Se llamó Casablanca. Una revista cuya idea fue mejor que el resultado.

Otra estupenda revista, pero de carácter más minoritario, fue Contracampo que dirigió Paco Llinás.

Actualmente sigue adelante una revista de cine cuyos comienzos, en clase, calidad, fueron notables, pero que hoy parece transitar en una tierra de nadie, tal es su desorientación general o la de algunos de sus colaboradores. Me refiero a Dirigido, que cuenta con una competidora tan seria, pretenciosa e irregular como es Cahiers du Cinema España, franquicia de la mítica Cahiers du cinema. Existen más revistas de cine. Entre las minoritarias, siempre bajo la amenaza de desaparición, se encuentra Archivos de Filmoteca editada por la Filmoteca Valenciana.

En otra esfera se mueven las publicitarias con algo de glamour y de cotilleo: Fotogramas, la revista que todos los de la profesión, al menos hace años, leían, pero que ha conocido mejores épocas, y la hermana pequeña (o la mayor, según se mire) de Dirigido, Imágenes de actualidad.

Entre unas y otras, la forma de abarcar el cine de estas y aquellas, nació en 1995 Nickelodeon con el fin de ser una revista nueva en todo, lo que quiere decir distinta, diferente. Al menos al decir de Garci.

Los dos primeros números: un conflicto

nuestro_cineEn la conversación telefónica que tuve con Garci, cuando recibió el libro que le había enviado sobre Boetticher y que escribí junto a Sabín, me anunció la salida de la nueva revista, al tiempo que me ofrecía colaborar a partir del segundo número (“el primero ya está cerrado”). Le dije que contase conmigo. Incluso cerramos cual sería mi artículo para ese número: un profundo análisis de Suspense de Clayton, debido a que el número iría, en gran parte, dedicado a Deborah Kerr,  gran actriz y gran señora.

El primer número de la revista, de salida trimestral, correspondería al invierno de 1995. Su tamaño y espesor aparecen como poco apropiados para una revista de cine. Nada menos que 196 páginas en un tamaño excesivo. La revista cuenta con una mezcla de críticos, profesionales de cine, de escritores (articulistas, novelistas) y artistas en general. Una publicación demasiado heterogénea en cuanto a los participantes. Cada número se centrará en un determinado tema como nexo y cierre del mismo.

Lo que quiere decir que Nickelodeon no pretende adaptarse al clásico esquema de la revista convencional. No hay noticias sobre cine, ni crónica deel lo monográfico de cada número. Para tener una idea clara, indicamos cuál es el índice del primer número.

Se abre (como los siguientes) con el editorial firmado por el director Juan Cobos (el editor es José Luis Garci) y que se denomina Carta sin acuse. Después aparecen diferentes artículos sobre el cine español centrándose, en algún caso, en el comentario sobre algunas destacadas películas españolas. Como en los posteriores números habrá una encuesta sobre las mejores películas del enunciado del número (la votación entre 100 personas corona El verdugo de Berlanga como la mejor película española, seguida de Viridiana de Buñuel). Luego una referencia a tres libros (un clásico, un raro y un moderno) relacionados con el cine español y una amplia entrevista con Pedro Almodóvar (este bloque de entrevista será uno de los puntos fuertes de los diferentes números)… El esquema, con ligeras variantes, se mantendrá a lo largo de toda la publicación.

El diseño y la maquetación del primer número, brillantemente moderno, son sugestivos, con portada original de Eduardo Úrculo (otras posteriores serán de José Ramón Sánchez). Lo peor, algo lógico ante la calidad de impresión y presentación de la publicación, es el precio: 1000 pesetas (posteriormente subirá a 1500 pesetas o como aparece en el último número, el 33, de invierno de 2003: 9 euros).

El consejo de redacción del número inicial estaba formado por Garci, Antonio Giménez-Rico, Juan Miguel Lamet, Miguel Marías, Fernando Méndez Leite, Juan Tébar, Eduardo Torres-Dulce y Horario Valcárcel. Muchos de ellos son contertulios prácticamente fijos del programa, que por aquel entonces Garci lleva en la 2 de TVE, Qué grande es el cine. Un consejo de redacción que del primero al último número cuenta con pocos cambios. Y esos cambios lo que únicamente implican es la caída de dos nombres: Méndez-Leite y Tébar.

deborah_kerrLa relación de colaboradores, entre los que se me incluye, es grande. Aparecen, entre otros, Carlos Aguilar, Alvaro del Amo, Francisco Ayala, Cabrera Infante, Antonio Drove, Gutiérrez Aragón, Julio Llamazares, Carmen Martín Gaite, Javier Marías, Antonio Mercero, Terenci Moix, Muñoz Molina, Pérez-Reverte, José María Pou, Miguel Rubio, Oti Rodríguez-Marchante, Gonzalo Sebastián de Erice, José Sacristán.

La nómina de colaboradores irá creciendo con los números. Así van a ir incorporándose nombres como los de Josefina Aldecoa, Pedro Almodóvar, Pere Gimferrer, Fernando Guillem, Juan Manuel de Prada, Javier Rioyo, Fernando Savater o Francisco Umbral.

El segundo número, dedicado al cine romántico, se divide en dos partes: la primera se centra en Deborah Kerr, a la que se le dedica una amplia entrevista, al tiempo que se analizan algunos de los filmes que ella interpretó. La segunda se centra en el cine romántico. Esta parte se abre con una amplia encuesta sobre las mejores películas románticas. La ganadora será Casablanca de Curtiz, seguida de la versión del año 1957 de Tu y yo de Leo McCarey y de Carta de una desconocida de Max Ophüls

En el número dos, primavera de 1996, se incluye, a pesar de la sorpresa de Cobos, y no digo de la mía, mi artículo sobre Suspense, bajo el subtítulo Otra historia de fantasmas, dentro del espacio denominado Capricho Deborah.

Si a Juan Cobos le resultó rara la recepción de mi artículo, para mí su llamada como mínimo me pareció asombrosa. ¿Cómo era posible que Garci no se hubiera acordado de decir que yo iba a hacer ese estudio? ¿Cómo no me puso en contacto con Juan, ya que era el director?

Desde ese momento para cualquier artículo posterior que escribiera en la revista, el único interlocutor sería Juan Cobos. Me llamaría para decirme bien si me quería ocupar de tal o cual película o bien para preguntarme cuál podría hacer sobre tal tema o director.

Mi enfado ante aquella insólita llamada fue grande: Garci me comentó en aquella entrevista meses atrás, que la revista iba a ser diferente a las demás. De acuerdo a ello, escribí un artículo un tanto rompedor, sin temor a que fuera demasiado largo (“no te preocupes de la extensión”). Constaba de un prólogo y un epílogo. Era como una historia dentro de otra historia con la que trataba de ubicar el filme en el momento en que fue estrenado.

No entendía eso de “por qué has enviado ese trabajo” o aquello de “es que lo tiene otro”. Cuando lo escribí ni siquiera tendría claro que me pagaran por hacerlo. Casi siempre mis escritos de cine —como ahora en Encadenados— los había hecho gratis (en los diversos cineclubs donde había estado o dirigido, en las emisiones de radio semanales que había llevado, en Cinestudio…), pero lo que realmente revolvía era el sentirme engañado: escribir un trabajo al que había dedicado mucho tiempo y que no servía para nada. No porque fuera malo, simplemente debido a que “se le ha encargado a otra persona”. Y nada menos que al guionista de gran parte de las películas de Garci, el también director Horario Valcárcel.

Así se lo dije a Cobos. Me pidió disculpas, “hablaré con José Luis, esto no tiene demasiado sentido”. Tenía razón: no lo tenía.

Dos días después tenía una llamada de la productora, de quién dijo ser la secretaria de Garci: “Le llamó de parte de Don José Luis Garci para decirle que su crítica se va a publicar”. Nunca supe si Horacio la había llegado a escribir o se le pidió que la retirara.

Ahí no terminó todo, Juan me volvió a llamar para decirme que el artículo era muy largo: era preciso reducirlo.

Siempre que me ha pasado algo parecido, me he enfrentado a un hecho de difícil solución. Hay que cercenar algo que ya está hecho. Me resulta, muchas veces, más difícil que escribirlo. En muchos casos he pedido a los demandantes que sean ellos los montadores. Así se lo indiqué a Juan, como en otros momentos de mis artículos para Nickelodeon.

nickelodeon-1Supuse que el prólogo y el epílogo irían fuera, como así fue, pero lo que no pude suponer es que se tocaran ciertas partes centrales, sobre todo alguna en que me refería al error de ciertos críticos que cuando se estrenó (incluso señalaba la referencia tal cual) llegaron a decir que el filme era indescifrable o que la interpretación de Deborah era mediocre. Pues bien, eso y otras pequeñas cosas fueron eliminadas, en algún caso porque el crítico disconforme de entonces formaba parte del entorno de Nickelodeon.

Eso sí, me pagaron este trabajo y los otros que llevé a cabo. Y bien, bastante bien. No me puedo quejar. Había que aceptar que no todos cobrábamos igual. Ciertas plumas de renombre  —pero con escasos fundamentos fílmicos— recibían por breves artículos más que bastantes de los críticos que allí escribíamos. En estos casos, lo que se pagaba era el nombre del autor, no lo que escribía.

El artículo completo sobre Suspense lo publicaría posteriormente en un número de Encadenados y más tarde lo recogería como uno de mis artículos preferidos para el Encadenados del 10º aniversario.

No fue este el único conflicto que tuve con Nickelodeon a lo largo de sus 33 números de existencia, repartidos a lo largo de ocho años. De eso hablaremos en el siguiente capítulo de estas mis memorias.

Escribe Adolfo Bellido López