Mis años en Cinema Jove (15): ¿Volver a empezar?

  01 Noviembre 2011
José Luis Garci en 1995: asignatura pendiente 

Asignatura_pendienteAquel verano del 1995 en La Coruña, en mis conversaciones con José Luis Blanco Vega comenté la posibilidad de contactar con Garci, con motivo de la publicación del libro sobre Boetticher, un director que admiraba el realizador de El abuelo.

Hacía años que no coincidíamos. La última vez que nos habíamos visto fue cuando él preparaba Asignatura pendiente. Y eso sumaba un porrón de añitos.

Cinestudio y los años sesenta

A José Luis Garci (García Muñoz) le conocí durante la segunda mitad de la década de los años sesenta. De entrada nos caímos bien, lo que nos llevó a una buena amistad durante los tres largos años en los que viví de forma intermitente y/o seguida en Madrid (1966-1968). En aquellos años colaboré asiduamente en la revista Cinestudio de cuyo comité de redacción Garci formaba parte.

En la revista Cinestudio escribían entonces o acabarían escribiendo, José María Pérez Lozano, Fernando Moreno, José Luis Hernández Marcos, Antonio Giménez Rico, Antonio Mercero, Carlos Pumares, Carlos Heredero, Ángel Llorente, Mamerto López Tapia (estos dos últimos fallecidos al igual que Pérez Lozano y Moreno). También eran del grupo de Cinestudio Carlos Losada y José Luis Martínez Montalbán, muy ligados a todos nosotros ya que ambos forman parte del equipo de ENCADENADOS.

No voy a hablar ahora de lo que significó esta revista, de mi colaboración en ella, ni de la relación amistosa y los enfrentamientos, que también los hubo, con mis compañeros. Cada cosa a su tiempo, y ello, incluso el encuentro con Garci, será cumplimentado cuando volvamos a enlazar estos mis recuerdos, Amarcord, con el final de la primera parte de ellos, aquellos en que hice referencia a mi marcha a Madrid. Es claro que este viaje que estoy llevando a cabo en el tiempo no es lineal sino zigzagueante, con su juego de idas, vueltas y revueltas.

Diré simplemente ahora que en aquella época Garci y yo fuimos —al menos así parecía ser hacia los demás, así lo creí, y probablemente sea la verdad… de aquel momento—, fuimos excelentes amigos: “Siempre pensé que la vuestra era una gran amistad y que por tanto seguiría siendo en el presente”, me comentó Montalbán no hace mucho.

En aquel entonces ambos intercambiamos lecturas, hacíamos confidencias sobre nuestros poco satisfactorios amoríos, casi siempre puestos en chicas imposibles, o sobre nuestras, escasas, conquistas. Fue Garci quien me dio a conocer la ciencia ficción y los grandes autores del género —que prácticamente desconocía, como tantas otras cosas— cuando llegué a Madrid. Al fin y al cabo yo no era más que un chico provinciano.

Los fieles asistentes diarios a la redacción de la revista (situada en un bajo de la calle Hermosilla) en mis años madrileños fueron, además de nosotros dos, Pérez Lozano, Fernando Moreno, Giménez Rico, Montalbán, Mamerto y Ángel Llorente. Losada y Pumares se incorporaron poco antes de mi vuelta a Salamanca, mientras que Heredero pasó a escribir en los últimos tiempos de la revista.

jose-luis-garci-1De ellos me fui empapando, como ya he dejado escrito en otro capítulo, en la obra de varios de los buenos autores españoles exiliados como, entre otros, Sender, Barea, Ayala o Max Aub, así como de los libros, pasados bajo manga, de la editorial Ruedo Ibérico. Garci entonces, como la mayoría de nosotros, probablemente no todos, éramos furibundamente antifranquista. Luego él, con la llegada de la incompleta democracia, fue afín, o coqueteó, con el partido comunista.

En aquel 1995 Garci es un director de cine suficientemente conocido. Incluso ha conseguido uno de sus ansiados sueños (o quizás el mayor): ganar el Oscar de Hollywood y pertenecer a la academia cinematográfica generadora de dichos premios. Una  manera sin duda que recompensaría su gran cinefilia

A medida que el tiempo ha avanzado, sus planteamientos ideológicos, de forma sorprendente, han ido abrazado causas opuestas, cada vez más derechistas. El progresismo, real o aparente, de su juventud se ha ido aplacando o esfumando. No es el único caso percibido en personas cercanas, a las que el tiempo ha ido tiñendo de tintes conservadores. Al menos estos, en el ayer, no profesaron en el extremo del arco ideológico de la violencia ultraizquierdista pasándose luego (casos los hay de personas conocidas) a escribir con reglones de la ultraderecha. Peligro habemus.

Personalmente mi pensamiento, en el hoy, se acerca a aquel que seguía, por ejemplo, Saramago, desde una curiosa disquisición: ¿por qué el miedo a una cierta edad ya apartada la juventud, atenaza a las personas, máxime a algunos intelectuales, obligando a cambiar sus ideas? ¿Miedo de qué o a qué? Cuando se llega a una cierta edad, y el tiempo se acorta, poco hay que temer.

Nunca milité en ningún partido, pero siempre mis actuaciones, mi vida, han repelido lo reaccionario, afianzándome en un planteamiento de izquierdas, de progreso. Pero ¿acaso existe tal cosa en este mundo nuestro tendente a una falsa idea de bienestar, bajo el dominio de los todopoderosos de la tierra y la opresión de la clase trabajadora?

Garci, al menos sus actos, así lo atestiguan (varias de sus empalagosas películas también lo proclaman), ha cambiado su forma de pensar hasta —de forma inexplicable— pactar con posiciones rabiosamente derechistas. Más exultantes, e inexplicables, a medida que nos acercamos al hoy.

Por ejemplo, llegará a firmar en su momento, junto a otros señalados artistas, un documento en el que apoyaba la candidatura de Aznar como presidente de la Nación, pasando luego a ser uno de los visitantes de la Moncloa cuando el bigotudo, mal encarado y malhumorado muchachito de Valladolid intentó transformar España en su finca particular. Con tal rocambolesco personaje, Garci se convertirá en uno de los predilectos artistas del PP para algunos de cuyos dirigentes, caso de la inteligente presidente de la Comunidad Madrileña, pasará a realizar un filme patriotero en la mejor línea del cine de la dictadura, al cantar aquella guerra de (in)dependencia de 1808.

No es la disparidad ideológica lo que me separó y nos separa a ambos. De hecho tengo excelentes compañeros en la izquierda y en la derecha siempre y cuando unos y otros somos civilizados. Lo que no es siempre así en cuanto a temas políticos, religiosos, sociales. Una pena que no nos respetemos en nuestras ideas, no adoctrinarnos, ni intentemos salvarnos, muchas veces, unos de los otros.

Las relaciones con Garci han ido por otros caminos más obtusos.

cinestudioAlgunos de los cambios profundos de Garci no se han producido aún en ese 1995, pero sí en otros aspectos.

Poco he sabido de él de directamente durante todos esos años transcurridos desde que fuera a realizar Asignatura pendiente. Sólo me han llegado noticias suyas a partir de conocidos comunes o las que aparecen en prensa, incluidas las entrevistas que se le han hecho por diversos motivos.

Me han ido llegando diferentes noticias sobre Garci y en general en sentido negativo. Que si no acudió, sin avisar, a una comida organizada y pactada, por los compañeros de Cinestudio en su honor por ganar el Oscar, que si dice que la mayor parte de sus antiguos amigos o compañeros le critican porque le tienen envidia, que si se siente un triunfador que desprecia al resto de los mortales.

Lo cierto es que se asienta, cada vez más, en una inútil mitomanía cinéfila (1) y que va saltando de un amor a otro (algunos muy sonados), sobre todo, y unido a lo anterior, referido a algunas de las actrices de sus películas

De todas maneras, antes de seguir adelante, deseo hacer una aclaración.

Cada uno de nosotros se hace una idea diferente de los demás. Es fácil comprobarlo. Basta preguntar cómo es esa persona a un grupo de gente. Recibiremos respuestas que dan, a veces, un retrato muy diferente sobre la persona que se pregunta. Somos así, nada objetivos. Qué se le va a hacer.

Querría añadir algo más, que ya he reseñado en otra ocasión: la persona que conocimos ayer, y que desapareció de nuestras vidas, no es la misma de hoy. Por eso en el pasado pudo ser muy cercana o lejana a nosotros y hoy podrían invertirse los papeles. Cuando se habla del ayer se habla de lo que uno sentía entonces. Recuerda a la persona del pasado. Aquella amistad e identidad que se tuvo con la persona, aquella chica de la que se uno quedó prendado… pero nada tiene que ver con el hoy, la actitud que tendríamos con esa persona si, después de perderla en el túnel de tiempo, la volviéramos a encontrar. Sería probablemente una desconocida. Sus vivencias y nuestras vivencias, sus andaduras y las nuestras en los diferentes ámbitos habrían sido diferentes lo que nos llevaría (salvo excepciones) a distanciarnos.

el_crackMuchas veces aquellos hechos maravillosos del pasado, aquellas personas que formaron parte activa en nuestra juventud, es mejor no tratar de volverlos a la vida. Sería como un espejismo que de golpe desaparece: aquel oasis que vemos en el desierto cuando estamos sedientos al acercarnos desaparece. Y nos deja frustrados y más sedientos. Es lo que con frecuencia ocurre cuando intentamos recuperar cosas del pasado. Aquello existió y nunca volverá a ser. La vida en su camino de ida y vuelta, es así. Y siempre sorprendente, impredecible.

Por todo ello el Garci que yo conocí nada tenía que ver con el Garci de 1995, de la misma manera que yo no era ahora el mismo joven de los años sesenta.

Garci siempre había dejado claro que sería (no que quería ser) director de cine. ¿Se podría por ello vender la vida a quien fuera? Él es quien lo sabrá. De mí, el pobre chico de la pueblerina Salamanca, decía que a lo que podía aspirar era a convertirme en un buen escritor, que no se me daba mal eso de la escritura; escritor, por ejemplo, en la línea de Vasco Pratolini, un italiano muy en boga durante los años sesenta, algunas de cuyas obras se convirtieron en películas importantes: “Puedes llegar a escribir como él. Bueno, a lo mejor, un poco peor”, decía.

Garci y yo comenzamos en aquel entonces a escribir un guión que nunca terminamos o más bien simplemente lo esbozamos. Una historia que podía recordar Novio a la vista: el chiquito y la chiquita que se conocen en verano y al terminar el verano, ya en Madrid, si te he visto no me acuerdo: la historia de un primer amor que tiene lugar en verano. No es que aquello, como se deduce, fuera muy original.

Quizá en aquel entonces Garci y yo nos reconocíamos en el ansia de querer ser protagonistas en cualquier sitio o lugar, una cualidad o defecto que nos arropa a (¿todos?) los hijos únicos.

Después de los años de Madrid, volví a Salamanca, terminé la carrera, seguí dirigiendo el cineclub universitario, preparé la licenciatura, comencé a dar clases en un colegio, me volví a enamorar, me casé y marché a un instituto de una población cercana a dar clases. Todo ello, como ya contaré en lo que serían las segundas partes de estas memorias, que han dejado esa enorme laguna al pasar de la primera a la tercera (o cuarta, vete a saber) parte.

Por supuesto en cualquier lugar seguí escribiendo y enseñando cine.

Mientras tanto, Garci, en Madrid, trataba de dejar el Banco en el que trabajaba dedicándose íntegramente al cine, primero como guionista, luego como director. Nunca, por otra parte, dejó de escribir de cine, aunque sí aparcó sus relatos de ciencia ficción.

Antes de que Garci comenzara el rodaje de Asignatura pendiente nos encontramos, después de varios años. Le invité a participar en un curso de cine que dirigía para profesores en la Universidad Laboral de Gijón. Me tuvo en jaque hasta el último momento. Había sufrido en el pasado más de uno de sus clásicos imposible asistir, lanzados in extremis. Allí, en Gijón, me (nos) contó la historia que había escrito y que iba a dirigir. Hablaba y hablaba sin parar (siempre le ha gustado hacerlo en demasía: resultaba siempre un divertido conferenciante), sin dejar que nadie metiera baza. Engatusaba con sus palabras. Probablemente de ahí debe proceder su atracción hacia las mujeres. O quizá sea por otra cosa. Vaya usted a saber.

Comentó que la productora le quería imponer una actriz exuberante (“Figuraos cómo debe ser ya que será el fiel reflejo de un ama de casa. No lo permitiré. Seré yo quién decida quién es la actriz. Faltaría más”). Luego optó por una opción sorprendentemente contradictoria con sus palabras: Fiorella Faltoyano. ¡Vaya usted a saber el porqué!

Después de aquel encuentro se produjo un choque entre nosotros, tras el estreno de aquel filme. Algo que ya comentaré en otra ocasión. Lo que me interesa ahora es volver a aquel momento de 1995 en que Garci recibió el libro de Boetticher, que había escrito en colaboración con Sabín.

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Después de treinta años

A través de Jesús Arranz hice llegar el libro a Garci en los propios estudios de Televisión Española. Le fue entregado cuando se preparaba a grabar uno de sus programas televisivos-cinematográficos semanales que durante años tuvieron lugar en La 2.

Jesús Arranz, del que ya he hablado en uno de los capítulos sobre Cinema Jove y Boetticher, había sido alumno de la Universidad Laboral de Cheste, posteriormente reconvertida en Centro de Enseñanzas Integradas. Allí colaboró intensamente en la actividad cinematográfica que dirigí durante los años en los que allí ejercí de profesor de Física y Química (1971-1997) en aquel mastodóntico centro con cinco mil alumnos. Desde entonces Jesús, gran persona, excelente amigo, ha estado presente en varios de los proyectos que he llevado a cabo.

Jesús estudió la carrera de Biológicas en la Universidad de Valencia y posteriormente siguió los cursos del Instituto Oficial de Radiotelevisión, ya en Madrid, lo que le llevaría a trabajar a continuación en Televisión Española, donde se convertiría en un eficaz y experto montador. Allí sigue.

Como he dicho en capítulos anteriores, Jesús fue una pieza esencial para que el libro sobre Boetticher pudiera hacerse realidad. Fue quien recogió en diferentes lugares (sobre todo en la Filmoteca Nacional) información filmográfica-bibliográfica sobre la obra del director de La ley del hampa. Tarea que repetiría y de manera más amplia al año siguiente para el nuevo libro que escribiría, sobre Basilio Martín Patino.

Hablé telefónicamente con Jesús: “He pensado en entregar un ejemplar del libro de Boetticher a Garci. ¿Le ves tú en la tele? ¿Podrías entregárselo?”. “Sí, todas las semanas, cuando viene a los estudios para grabar el programa de cine. Ningún problema­, se lo entregaré”. Lo que no recuerdo es si le remití a Garci un ejemplar dedicado o le entregó Jesús uno de los que él tenía.

nickelodeonDías después Jesús me llamó para confirmarme que Garci tenía el libro en su poder. Subía por unas escaleras hacia los platós cuando le abordó: “Señor Garci, un momento”. “¿Sí?”. ”Quería hacerle entrega de un libro escrito por un amigo suyo. Me ha dicho que se lo hiciera llegar”. “¿Un amigo?”. “Sí, me dijo que quizá le gustaría ya que es sobre la obra de Boetticher. Uno de los autores del libro es Adolfo Bellido. Él es quién me ha dicho que se lo entregue”.

Garci, me dijo, se quedó sorprendido. Cogió el libro, miró la portada. Lo ojeo. “Claro, Adolfo. Mucho tiempo sin saber de él. Dígale que lo leeré y me pondré en contacto con él inmediatamente. Me puede dar su teléfono?”.

Pocos días después me llamaba. Sí, en su momento, me dijo, había recibido mi mensaje de enhorabuena por el Oscar, pero ya sabía lo que son estas cosas del mundo del cine; que, claro, que hacía muchos años que no hablábamos pero eso no importaba porque seguíamos siendo los mismos, igual que nuestra antigua amistad: “¡Qué suerte la tuya! ¿Profesor? ¿También llevas cosas de cine con los alumnos? Lo mío es agotador. En el cine, bien por estar realizando una película o bien porque la estás preparando, no tienes tiempo de nada. Ahora, ¿sabes?, voy a editar una revista de cine. Será distinta a todas. No habrá críticas, ni actualidad. Serán números dedicados a directores, cinematografías, técnicos de cine, temas, géneros. El primer número ya se encuentra en impresión. Es sobre cine español. Lleva una gran entrevista con Pedro Almodóvar. En todos los números habrá una encuesta sobre el tema general que se trata. En este número sólo queda eso por cerrar, así que si quieres puedes enviar el listado de películas para la votación de este número”.

Luego me comentó que quería que en la revista sólo escribieran los verdaderos críticos. “Los de nuestra época. Ahora no hay verdaderos críticos de cine. Quiero reunir en mi revista a la gente que en aquellos pasados años escribían en Film Ideal, Nuestro Cine, Griffith, Casablanca… o nuestro Cinestudio. También escribirá gente famosa. Será una publicación trimestral, distinta en todo, incluso en diseño. Se llamará Nickelodeon, como mi productora. Y pagaré, claro, los trabajos que se escriban. ¿Quieres escribir en el próximo número? ¿Sobre qué irá? Se dedicará a esa gran actriz y señora que es Deborah Kerr. Piensa sobre qué escribirás. Me llamas y me lo dices. ¿Qué lo tienes ya pensado? ¿Sobre Suspense? No, nadie me ha pedido esa película. Hecho. ¿Extensión? La que te parezca. ¿Enviar el artículo? Cuando quieras. En cuando recibas el primer número, por cierto, dame tu dirección que la apunto, piensa que el siguiente saldrá tres meses después. Con dos meses de antelación que me lo remitas hay tiempo”.

Hablamos, bueno, hablo él, Garci hablando es como un tren AVE que no para en casi ninguna estación, de cine, de sus películas favoritas, de su programa (¿vienes alguna vez por Madrid? Podrías estar en mi programa), de los filmes que él ha realizado y considera excelentes: “Le tienes manía a mi cine. ¿El crack es la que más te gusta? Tengo otras buenas. ¿No te gustó Volver a empezar? No lo entiendo. Luego te gustan las de Patino que a veces hace cosas inaguantables. Claro, como es tu amigo”.

En aquel momento ninguno de los dos sabía que el próximo libro que iba a escribir lo dedicaría a Patino. Era cierto que me gustaba su cine y que era amigo. Una cosa nada tiene que ver la otra. A Patino le había conocido después que a Garci, aparte que nuestra amistad había seguido por otros derroteros.

Con esta larga conversación comenzó, y casi terminó, mi contacto con Garci, al tiempo que se iniciaba mi variada y a veces accidentada relación con… Nickelodeon.

De ello hablaremos en el siguiente capítulo

Escribe Adolfo Bellido López


NOTA

(1)  Su cinefilia le llevó a llamar a sus hijas Eva y Laura en honor de las protagonistas de dos de sus admiradas películas. No es el único caso. También otros directores, como por ejemplo Fernando Trueba, han puesto a sus hijos nombres ligados a personajes de películas.

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