Mis años en Cinema Jove (14): cambios y amistades

  18 Septiembre 2011

El congreso Audiovisual de La Coruña. Los CEP 

los_comulgantesFue, pues, como he indicado en la anterior entrega, en el Congreso Audiovisual de la Educación de La Coruña donde nos enteramos de lo inevitable: el pacto entre el PP y UV que consolidaba la llegada de la derecha al gobierno valenciano. Habrá que esperar algún tiempo para ver cómo tal hecho afecta a Cinema Jove, la Filmoteca Valenciana y a los propios CEP. Quizá será a partir de septiembre cuando las aguas comiencen a bajar turbias.

Asistía a las jornadas de aquel congreso como responsable del programa audiovisual de la Generalitat en materia educativa, que recaía en el cargo de asesor audiovisual, que desempeñaba en el CEP (Centro de Profesores) de Valencia (1). Puesto que ocupaba desde 1986, momentos en que iniciaron su andadura los Centros de Profesores tanto en la Comunidad Valenciana como en la totalidad del Estado Español.

De los CEP, mi implicación, el trabajo que en ellos desempeñé, escribiré en otro capítulo, aquel en que me refiera el momento de mi renuncia a ellos, y mi vuelta a un instituto público de Bachillerato, que tuvo lugar en junio de 1998. Un cambio que curiosamente motivo el nacimiento de esta nuestra revista digital que es ENCADENADOS.

El Congreso de La Coruña tuvo su continuidad a lo largo de algunos años (tampoco demasiados). Era impulsado por compañeros-asesores del programa de la Junta de Galicia (el buen amigo Bua era el responsable audiovisual) con el gran apoyo de significativos profesores que desde la UNED venían, desde hacía años, trabajando en el diseño y realización de excelente programas educativos para la formación del profesorado en el campo de la imagen: lectura, producción, análisis, fichero de experiencias a nivel tanto de España como de otros países. Una labor que ampliaron con la publicación de prácticos e importantes libros sobre el tema. Aquellos profesores de la UNED eran, entre otros, Roberto Aparici y Agustín García Matilla (2).

Ayudados por ellos, apoyándonos en su experiencia, habíamos también realizado diferentes cursos de formación en la Comunidad Valenciana, incluso antes de que los CEP iniciaran su andadura. También en Valencia, y conjuntamente entre CEP - Cinema Jove, promovimos algunas jornadas generales, abiertas a toda España, sobre la Pedagogía de la imagen. Aquellas gratificantes experiencias nos llevarían a realizar viajes de intercambio con otros países europeos bien para ahondar, conocer o colaborar en proyectos comunes. Incluso uno de ellos consistió en un intento (frustrado) de crear un programa audiovisual europeo de educación. Fue una iniciativa francesa que nos llevó varias veces a festivales juveniles (Sarlat o Perigueux), congresos anuales (Arlés) o a reuniones periódicas a lo largo de un año en París. Los intercambios se extendieron a otros lugares, aunque estos centrados exclusivamente en Cinema Jove y orientados a dar a conocer las producciones escolares más importantes que nos llegaban en festivales como el de Helsinki (Finlandia) o Pesaro (Italia).

Como dato curioso paso a relatar una curiosa anécdota ocurrida en uno de los intercambios que tuvo lugar en Alemania. Debió ser a comienzos de los años noventa. A ese viaje debíamos acudir Ángel San Martín (hoy compañero de redacción de nuestra revista), Juan Pastor (actualmente con puestos de responsabilidad en el campo de la comunicación en el PSCV), Agustín García Matilla y yo. Se sacaron con antelación los correspondientes billetes de avión, se programó el viaje y… al final yo no pude ir al viaje debido a unos cursillos que tenía pendientes en el CEP.

¿Qué hacer? Para no perder el billete, ni la posibilidad de asistir a ese viaje de intercambio y en el que eran invitadas cuatro personas, sería un cuarto hombre el que me sustituyera, pero (billete de avión incluido) sin cambiar mi nombre. Quién fue en mi lugar fue un joven que trabajaba en el Instituto de Juventud y que llevaba algún tema relacionado con la imagen. Viajó, sin problema alguno, a lo largo de una sema como si fuese yo, quien mientras tanto seguía aplicado en mi trabajo diario en Valencia. La persona que me sustituyó no se parecía nada a mí. Era incluso más joven. Hoy, Carles, pues ese es su nombre, trabaja en el CADE de la Universidad de Valencia. Allí casualmente le he reencontrado este mismo año, recordando jocosamente aquel cambiazo.

Algo parecido ocurriría también con el intercambio - invitación en una de las ediciones del festival escolar de Pesaro. Una de las dos personas que habían sido invitadas era yo. Por circunstancias parecidas no pude ir. En este caso fui sustituido por uno de mis hijos, que coordinaba talleres audiovisuales en centros educativos. Al menos, ahora, quien intercambiaba la personalidad tenía mi mismo nombre. La sorpresa, grande o pequeña, era para parte de los organizadores de aquel certamen (los que, claro, no me conocían) al creer en principio —hasta que se les sacaba del error— que alguien tan joven coordinase el apartado escolar del festival Cinema Jove y que, además, fuese el cofundador de tal certamen.

Son algunas de las sorpresas con las que nos encontramos en una vida… de imágenes.

Gratificante encuentro

rey_y_patriaLos días del congreso que estuvimos en La Coruña, salvo el disgusto del cambio político, fueron fructíferos: conocimiento de diversas experiencias audiovisuales, ponencias y debates de gran altura. Además de comer muy bien y de poder conocer una ciudad que desconocía, pude reencontrarme con un buen amigo: José Luis Blanco Vega, que falleció, algunos años después, allá en La Coruña.

Cuando nos dejó le dedique un cariñoso recuerdo en una de las secciones de nuestra revista. Creo que fue en el apartado editorial, que entonces se denominaba Cuando ruge la marabunta.

Blanco Vega era jesuita. Creo que más por obligación (la influencia de su madre) que por convencimiento. Era uno de esos curas extraños. De esos que no parecen serlo. Abierto, culto, de gran saber cinematográfico jamás se adentraba en cuestiones relacionadas con la religión. Dejaba que cada uno actuará o fuera como creyera que debiera ser. No te sermoneaba, ni te adoctrinaba, ni pretendía salvarte de nada.

Lo que si debió tener problemas varios con su Orden. Nunca le quise preguntar sobre ello. Sólo así se entiende que el bergmaniano y unamunesco Blanco fuera desterrado a La Coruña. Él, que durante años había vivido en Madrid, ante su traslado se encontró durante un tiempo fuera de juego. Formó parte de la revista Reseña y de Cine para leer. Dio clases de literatura (era poeta) y cine por los diversos centros de la Compañía por los que pasó.

Lo había conocido atrás en la Universidad Laboral de Cheste (luego Centro de Enseñanzas Integradas y finalmente Complejo Educativo) donde había sido invitado, por recomendación de Antonio Mayor, Jefe de Estudios del centro educativo, para dar unas clases de cine dentro de las semanas, cine club o programas educativos sobre imagen que yo allí llevaba. De ello, de mi labor en tal centro educativo tanto como profesor de física y química como de la dirección de las actividades cinematográfica, que ejercité desde 1971 a 1986, hablaré en otro lugar de estas memorias. Sirva ello, ahora sólo, para indicar que fue allí donde conocí a Blanco.

Enseguida congenie con él en aquel primer encuentro, que debió tener lugar a mitad de los años setenta. Nos gustaba el mismo cine (a él más Visconti y Pasolini; a mí Godard; a ambos Bergman) y cierta literatura (la ambivalente querencia por la obra de Valle Inclán o la de Clarín). Blanco volvió más veces a Cheste para impartir otras charlas sobre cine. Me encontré frecuentemente con él, mientras estuvo en Madrid. Sobre todo en épocas de vacaciones en Salamanca. Y allí charlábamos e íbamos a ver las nuevas películas que se estrenaban. Recuerdo que los últimos filmes que vimos en la ciudad salmantina fueron El último emperador de Bertolucci y Negocios de familia de Lumet.

Allá a la ciudad amada y odiada de las dos catedrales, solía ir con mi mujer y mis hijos porque era la ciudad donde habíamos nacido tanto mi mujer como yo y allí, entonces, mi mujer tenía bastante familia. Mientras vivió su madre por lo menos íbamos allá una vez al año. Lo normal es que fuéramos al menos dos. Por supuesto en Navidades. Y, en general, durante parte del verano. Era en Navidades, sobre todo, cuando el tímido, educado y culto personaje volvía también a una Salamanca en la que había vivido varios años a la sombra de la iglesia de Espíritu Santo, más conocida como Iglesia de la Compañía. Por supuesto de Jesús.

Hambre de buen cine. Las salas de arte y ensayo

faraonEn mis viajes a Madrid también pudimos encontrarnos para charlar ampliamente sobre cine, literatura y a veces sobre las películas de Bergman y en especial  una de las que más interesaba que, y no era raro, era Los comulgantes.

Al final de los años sesenta y comienzos de los setenta hicieron furor en España los cines de arte y ensayo, proyecciones en versión original subtitulada, entre tantos espectadores hambrientos de cine como éramos en aquellos años.

Y es que la censura nos escamoteaba muchos títulos importantes en su totalidad o eliminaba, con total impunidad, las escenas y diálogos que le apetecía. Así, por ejemplo, en 1968 se estrenó una versión mini del largo e interesante Faraón de Kawalerovicz.

En cines de la frontera francesa se organizaron diversos maratones con muchas de las películas importantes que pesábamos nunca veríamos. O bien allí en Perpignan o en viajes a París es donde conocíamos un cine necesario.

A España llegaron grandes películas a los cines de arte y ensayo. Bastantes de Losey, por ejemplo. Una de ellas, Rey y patria, la vi con Blanco en Madrid. Nos dejó tan impresionados que a la salida decidimos ir a ver una película más amable en un cine cercano. No me acuerdo de su título. Probablemente sería alguna comedia musical, uno de los géneros preferidos de Blanco. El mío, quizá porque en me eduqué al arte cinematográfico, era entonces y aun lo sigue siendo, el western. Ambos géneros, el musical y el western se encuentra hoy en total decadencia

Adiós al amigo

Las ideas políticas de José Luis, en eso también coincidíamos, nada tenían que ver con el franquismo, ni con un planteamiento social de derechas. Sus ideas eran más acordes con el pensamiento socialista. Con alegría celebró en 1982 la llegada al poder del PSOE. Él, que había nacido en Avilés, conocía muy bien lo que suponía la vida de los trabajadores bajo la supervisión de los grandes señores.

No podíamos imaginar que aquel junio de 1995 sería el último encuentro personal con Blanco. Seguimos teniendo largas charlas epistolares, y algunas conversaciones telefónicas (3), en un tiempo donde el correo electrónico no era aún el pan —o los muchos panes— en nuestro devenir diario. A él, como a mí, de distintas generaciones pero distantes a las del mundo ordenado, nos daba por el género epistolar. Algo que en mi vida sobre todo se extendió a múltiples conversaciones tanto con Blanco como mi tío Antonio, la persona por la que conocí y amé la literatura.

José Luis era un entusiasta de nuestra revista ENCADENADOS. No tenía ordenador, pero unos amigos le imprimían cada nuevo número. Entonces la revista salía a la red prácticamente cada trimestre. Si hoy hubiera vivido, con una revista que se hace diariamente, hubiera sido casi imposible el tener todos los artículos en papel.

En aquella visita le regalé el libro que habíamos escrito Sabín y yo sobre Boetticher. Lo leyó de un tirón. Le gustaban las películas que había visto del director de La ley del hampa. Me habló con entusiasmo y cariño del estudio sobre el director americano.

A nuestras conversaciones acudió también el recuerdo de amigos y conocidos comunes. Y hablamos de Basilio Martín Patino, que había sido uno de sus compañeros de seminario en Comillas, y con el que, en alguna parte, había intervenido en Canciones para después de la guerra (¿sabes que aparezco en los letreros de crédito finales?), de Antonio Mayor, de Perez Millán (estos dos últimos habían sido alumnos suyos en sus clases de literatura), actualmente, después de variados bandazos de uno a otro lado, director, este último, de la Filmoteca de Castilla y León bajo dominio del PP.

Sobre estas personas, al igual que sobre otras o temas que quedan pendientes, ya hablaré cuando llegue el caso.

Me preguntó por José Luis Garci. Sí, hacía tiempo que no le veía (desde que rodó Asignatura pendiente). Le parecía imposible ya que Garci y yo habíamos sido grandes amigos (o al menos eso parecía), durante mi etapa madrileña (1965-1967), cuando ambos escribíamos en aquella revista de cine, que era como un cajón de sastre, y que fue Cinestudio.

¿Por qué no le envías un ejemplar del libro que habéis escrito?. Me pareció una buena idea. Había una manera fácil de que el libro llegará directamente a sus manos. Ese envío-recibo dio lugar a otra historia, mi etapa, o como se quiera llamar, de colaborador en la revista de cine Nickelodeon que promocionó Garci a través de su productora desde aquel 1995, pero eso es otra historia. Como también lo es mi unión inicial al grupo que puso en marcha una colección de libros de cine sobre el análisis de películas concretas, dirigido en principio al alumnado de centros de enseñanzas medias donde se impartiera comunicación audiovisual. Una asignatura que habíamos propuesto a la Consellería de Educación, y prácticamente programado, una serie de profesores que trabajábamos el tema de la imagen en las aulas. Puntos que comentaremos, pues, en otras entregas.

Pocos días después de la vuelta a Valencia, al ir a resolver unos asuntos en el Departamento de Formación del Profesorado de la Consellería de Educación, del que dependen los CEP, me encontré con una sorpresa: a alguna floreadas, alegres y bellas funcionarias que gustaban de llevar minifaldas se les ha sugerido que emplearan una vestimenta más honorable.

El cambio se había iniciado.

Escribe Adolfo Bellido López

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NOTAS:

  1. Los CEP sufrirán enseguida el cambio, aunque fuera desde un punto de imagen. Inmediatamente se les cambió de nombre. El nuevo sería el de CEFIRE. A continuación se incrementó la burocracia hasta el punto que muchas asesorías más que dar cursos o plantear proyectos innovadores en los centros se dedican a contratar a buscar profesores de fuera para que pongan en marcha seminarios o largos cursos. Con el coste que eso lleva consigo. En uno de los numerosos cursos que impartí en los centro de profesores me reencontré con Marcial Moreno, que había sido uno de mis alumnos (muy brillante además) en la Universidad Laboral o Centro de Enseñanzas Integradas de Cheste, tanto en la asignatura de física y química como de cine. Tal reencuentro propició el que estuviéramos en contacto, de forma que le ofrecí que participara en ENCADENADOS cuando se decidió su puesta en marcha. Actualmente parece que los CEFIRE se encuentran en acoso y derribo. El nuevo conseller de Educación, nombrado después de las últimas elecciones de 2011, ha anunciado que disminuirá (¿hasta su extinción?) el personal existente de dichos centros. Un número que comenzó a crecer ampliamente desde su inicio. En el CEP de Valencia éramos cuatro profesores cuando se inició su andadura. Cuando me marche había alrededor de quince. Lo peor era que, tanto en ese CEP o CEFIRE algunos de los profesores adscritos a las asesorías ocupaban el cargo como forma de huir del alumnado de colegios o institutos. Una realidad y no sólo por lo que corresponde a la Comunidad Valenciana.
  2. Con motivo de uno de estos espacios de mis memorias, en concreto las publicadas en el blog el pasado año, Matilla nos envío un cariñoso comentario. Hablada aquellos proyectos personales o comunes en los que pusimos tanta ilusión y que, en parte, se habían frustrado por diversas circunstancias. Realmente hoy, prácticamente todos los programas audiovisuales en educación han sido o bien desmantelados o reducidos a la mínima expresión. Aunque sólo sea por ese encuentro, vía artículo-comentario en red, tiene ya todo su sentido esta inmersión en el recuerdo. Devuelto en muchas casos, como en el de Matilla, con efecto boomerang: personas amigas, entrañables perdidas en el camino vuelven a ser (re)encontradas en los vericuetos de los artículos de ENCADENADOS.
  3. Fueron llamadas suyas en épocas dominadas por ciertos periodos depresivos que me acompañaron de 1993 a 2006. Cuando no le llegaban cartas mías tenía claro que había caído en una depresión. Llamaba, entonces, para animarme. Los años del 94 al 97 fueron casi tranquilos por lo que respecta a aquellas frecuentes recaídas, actualmente, al parecer, superadas. Aunque ya se sabe… nunca digas nunca jamás

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