Mis años en Cinema Jove (13): eXistenZ

  16 Agosto 2011

Ordenando mis recuerdos

Cinema-Jove-21Este artículo, como el resto de esta sección, forma parte de mis memorias cinematográficas, que se vienen publicando desde hace años en nuestro ENCADENADOS. La sección se autodenomina Amarcord.

A partir del verano de 2010 las memorias, que entonces abarcaban desde los años cuarenta hasta la mitad de los años sesenta del siglo pasado, dieron un salto en el tiempo para adelantarse hasta 1986, año en el que junto a Mario Viché procedimos a cofundar el certamen Cinema Jove. Eso no quiere decir que el amplio paréntesis, hoy en blanco, que transita desde los años sesenta hasta ese 1986, no prosiga en el futuro. Se hará a su debido tiempo, pero antes debo cerrar la etapa abierta y que conducirá directamente hasta el hoy.

Deseo, antes de seguir adelante, realizar una serie de aclaraciones sobre esta serie.

La primera se refiere a lo que tiene de escritura inmediata y a la vez discontinua. Tal hecho implica la existencia de repeticiones, vueltas atrás, probablemente innecesarias en su mayor parte, al haber quedado suficientemente explicitas en un momento anterior. Es lo malo, pues, que tiene el ir cerrando de forma unitaria, o como máxime en bloques, estos artículos.

Ello me lleva a otra aclaración. Con motivo de un homenaje (inmerecido como casi todos los homenajes) que me hicieron en un festival en los primeros años de este siglo por la labor educativa que había realizado en el campo audiovisual dentro de la Comunidad Valenciana, mis compañeros de la revista, sin yo saberlo, procedieron a editar en un tomo la primera parte de las memorias que se habían publicado, hasta ese momento, en ENCADENADOS y que —como queda dicho— abarcaban en ese momento hasta la citada mitad de los años sesenta. Esa publicación llevada a cabo con gran cariño no fue revisada por lo que (y no son los únicos errores), está plagada de reiteraciones. Algo inadmisible si se tratase de una publicación unitaria y no por entregas.

En lo posible, si cuando termine de publicar estas memorias por entrega, lo que aún va para lejos, se decidiera realizar la publicación completa de ellas habría que proceder a eliminar las reiteraciones. Se realizaría, entonces, una revisión de la totalidad de esta sección de Amarcord, lo que no invalidaría la primera publicación que se hizo, pero sí la espulgaría de variopintos errores, incorrecciones y vueltas y revueltas sobre idénticos hechos.

No hace falta decir que aquí hablo de lo vivido. Y que el punto de vista de los hechos es exclusivamente personal. Las opiniones, querencias y dolencias son, por tanto, exclusivamente mías. Habrá quién tenga otras diferentes de los mismos hechos. Me parece perfecto. Y las respetaré mientras se respeten las mías en cualquier forma o modo. Cada persona mira las cosas de distintas maneras. Para ello, basta comprobar las variadas opiniones (distintas según quién las haga) que se tienen de una misma persona. Pues así en todo.

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El festival y su futuro: Los cambios políticos

Cinema Jove 1995 se había celebrado  en el año en el que el cine cumplía los 100 años de existencia (de ahí que uno de los ciclos se dedicase a cien años cortos), al menos referido al momento en el que tuvo lugar la primera proyección pública. Lo cual, sin duda, era independiente de que lo que vieron los asombrados espectadores en la sesión parisina del 28 de diciembre de 1895 fuera aquello, o no, lo más parecido al verdadero cine.

En su décimo aniversario (décima parte de cien) Cinema Jove celebró tal efemérides por todo lo alto. La estancia de Boetticher fue todo un hito, pero no fue lo único grande del certamen. Hubo otras cosas destacadas, como el ciclo (con libro incluido) dedicado a los cien años del corto. O el libro y ciclo sobre Alex Cox.

Cinema Jove se ha ido consolidando año tras año. El futuro será sin duda mejor. Al parecer, al menos cuando ese año se plantea el festival, no se barrunta ninguna tormenta a la vista. Sólo tranquilidad, templanza. De todas formas, como nos explican muchas películas, la posibilidad de una catástrofe está cercana cuando todo, y todos, entramos en total relajación.

En ese año de 1995 se celebrarían elecciones municipales, a nivel general, y también autonómicas en la Comunidad Valenciana. En las primeras elecciones democráticas tanto en el Ayuntamiento de Valencia como en la Comunidad Valenciana se había optado por gobiernos de izquierdas. Alguien, ante ello, dijo ingenuamente que tal hecho era natural en una región que había sido de izquierdas per se, cómo al parecer se demostraba simplemente por haber albergado (Valencia) el Gobierno Republicano en su marcha desde Madrid. A Valencia se habían trasladado las obras de El Prado antes de enviarlas a Ginebra. Llegaron a Valencia en una misión rápida y de alto riesgo con el fin de evitar que tantas pinturas maestras fueran destruidas por las bombas que caían sobre Madrid y que tomaban, incluso, el museo como uno de sus objetivos.

Valencia fue por entonces, durante algún tiempo, capital de la II República en aquella terrible guerra (in)civil. Ahí tuvo lugar el congreso antifascista que albergó a diversos intelectuales. Alicante sería, por otra parte, la última ciudad refugio, y al mismo tiempo, ratonera de los republicanos que querían huir por mar de la masacre ejercida por los rebeldes.

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Durante años, desde la llegada de la democracia a España y desde una muy discutible transición, los ciudadanos en la Comunidad Valenciana votaron izquierda. Realmente no había demasiado donde cortar ante la presencia de una derecha que parecía adaptarse a los nuevos tiempos.

A lo largo de los años, desde el ya lejano 1979, se sucedieron varios gobiernos municipales y autonómicos de progreso en los que llegó a producirse una eficaz alianza entre socialistas y comunistas. Fueron años de una gran riqueza cultural. Posteriormente el partido socialista, al menos en el ayuntamiento, dio un giro, dejando abierta la llegada de los populares comandados por la populachera Rita Barbera, que intentó incluso aprovechar logros socialistas como el jardín del Turia y hasta el Palau de la Música. De la misma manera que el ex-presidente de la Comunidad llegase a asegurar con el mayor de los cinismos, ¡faltaría más!, que el AVE había llegado a Valencia gracias a él. Olvidando (o mintiendo descaradamente ante tal afirmación) que tal llegada se debía al gobierno de esa persona que algunos consideran algo así como el diablo, Zapatero, un presidente cuyo mayor mal es no haberse sabido vender.

Lastima cuando es el presidente de España (le ha tocado vivir un gran crisis económica a nivel mundial), desde que se instauró la democracia, que más reformas sociales ha impulsado. Por supuesto, ha cometido muchos errores, pero aquellos que perdonan muchos más al malhumorado Aznar, no le pasen a ZP ni medio. Como ha ocurrido con Suárez, será la Historia quién dignifique al Presidente del Gobierno y proclame su honestidad. Y ponga en su lugar exacto lugar condenatorio a una demoníaca oposición cuyo único objetivo es gobernar a coste de lo que sea. Algún día el pueblo entenderá la diferencia que existe entre alguien que piensa en el ciudadano y entre los que sólo piensan en ellos mismos y en sus intereses.

Cuando el buen alcalde que fue Pérez Casado salió del Ayuntamiento, el campo estaba abonado para el advenimiento de la impresentable derechona que aún sigue. Y que nadie se engañe: la Comunidad Valenciana, en su conjunto, nunca ha sido una región de izquierdas. Sí, fue republicana, pero desde unos planteamientos de derechas, como luego fue franquista y posteriormente a través del auge de las abundantes asociaciones conservadoras consiguiera que el PP, la nueva derecha que reemplazaba a una AP que no sonaba tan bien (esa A podía recordar la palabra Alzamiento), fuera tiñendo de azul toda la costa levantina.

El Ayuntamiento de Valencia había pasado, en la anterior legislatura, a ser gobernado por el PP con el apoyo de un partido regionalista (Unión Valenciana, hoy desaparecido al ser absorbido por el PP). Pese a que el PSPV había sacado más votos que el PP, su alianza condujo al cambio municipal.

Lo mismo pasaría en 1995 con respecto al gobierno autonómico. Al poder llegaría el PP con los votos de UV. Como en el caso del gobierno municipal, el mayor número de votos obtenido por los socialistas no fue suficiente para impedir la alianza de derechas (los votos del Partido Comunista no eran suficientes para equilibrar la situación). Así se cerró, por el momento, el poder de la izquierda en la comunidad.

La presidencia del socialista Lerma había abierto nuevos e interesantes caminos para los ciudadanos. Se trató, en ella, de crear una ciudad para el ciudadano, un sitio habitable y no una ciudad museo para que sea degustada o rechazada por los visitantes, como ocurrirá con la llegada del PP, interesado además en hinchar al máximo la burbuja inmobiliaria, construir grandes edificios de mucho cemento, ampliando coste o promocionando eventos grandilocuentes de escasa rentabilidad: la Ciudad de las Artes y las Ciencias que, en realidad, aunque de otra forma, fue diseñada por los socialistas, junto a puentes y más puentes, la fantasiosa Terra Mítica, el Circuito Urbano de Fórmula 1, la Copa América de vela, la Ciudad de la Luz

Mientras el gobierno de Lerma, en sus años en el poder, no fue acusado de ningún trapicheo corrupto, los que vendrían detrás —del PP— estarán implicados en múltiples corruptelas, sin que al parecer tales hechos, que suponen transacciones de dineros públicos, molesten a los ciudadanos.

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Ya están aquí: El cambiazo

¿Y todo eso qué tiene que ver con Cinema Jove? Bastante. Los dos festivales de cine que existen en Valencia fueron creados por gobiernos socialistas, uno desde el ayuntamiento (Mostra de Valencia), el otro, nuestro Cinema Jove, desde la Generalitat Valenciana. Es problemático que los festivales o ciertos eventos culturales tengan que apoyarse en gobiernos del tipo que sean, ya que, se quiera o no, están sujetos a los vaivenes políticos provocados por los cambios que tienen lugar. Curiosamente, o no, la política y la cultura (o la incultura) van demasiado unidas. Aunque no debiera ser.

La Mostra posee una historia un tanto caótica. De todas formas su decadencia ya se había iniciado antes que el cambio político tuviera lugar. Cinema Jove se había mantenido (y seguirá manteniéndose) en una línea más ecuánime, como si los cambios no le afectasen, aunque sí afecten a los cargos directivos del certamen.

No entremos en la discusión sobre si una ciudad, sobre todo en época de crisis, debe mantener dos festivales cuando a lo mejor si sólo existiera uno, podría lograrse, en la unión de ambos, una mayor calidad. Sobre todo si ambos festivales se costean con dinero público. Máxime cuando el partido que domina ambos gobiernos es el mismo. Y que estamos, como he apuntado, en una grave época de crisis económica. La ridícula subvención que ambos certámenes reciben del Ministerio de Cultura (25.000 euros la Mostra y 30.000 Cinema Jove) no supone una gran ayuda.

Dejemos esos inútiles debates y centrémonos únicamente en Cinema Jove.

Dentro de la Generalitat Valenciana, Cinema Jove nació dependiente del Instituto Valenciano de Juventud (IVAJ), tanto por la propia denominación del festival, como por sus inicios dedicados exclusivamente al cine escolar.

Mario Viché estaba demasiado unido al instituto, además de ser militante socialista, para pensar que un cambio de gobierno no iba a afectar a su continuidad como director. De ahí que el X festival viviese, desde el esplendor de su celebración, la zozobra sobre su futuro.

Las elecciones se celebraron inmediatamente antes del festival. No había mayoría de gobierno, por lo que los  partidos mantuvieron conversaciones para proceder a la proclamación del nuevo presidente. No había color entre el experimentado Lerma (que en cultura había contado con pesos pesados como Cipriano Ciscar, Carmen Alborch o Pilar Pedraza) y el arribista Zaplana. Pero la política es cuestión de pactos y de demasiados intereses. El destino político (y cultural) tanto de la ciudad como de la Comunidad Valenciana estba echado para largo.

Cinema Jove, que depende del IVAJ, había sido apoyado directamente por la Conselleria de Cultura y por la propia presidencia de la Generalitat. Joan Lerma, su presidente, acudió incluso a algunos de los actos inaugurales del certamen. Cosa que no harán en el futuro ni Zaplana, ni Camps.

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Mario se muestra intranquilo sobre la continuidad del festival en general y la suya en particular. Si el gobierno queda en poder del PP-UV la continuación de Mario será casi imposible. Incluso la cada vez más pujante Filmoteca Valenciana se pregunta sobre su futuro, ya que la dirección se encuentra en las expertas manos del sin par Ricardo Muñoz Suay.

La Filmoteca viene trabajando en los últimos años con Cinema Jove para la preparación/realización de algunos ciclos e incluso para hacer posible las publicaciones anexas al certamen. Unidos al festival y en un trabajo conjunto —incluso formando parte de la junta directiva— se encuentran pesos pesados de la Filmoteca, como son los buenos amigos José Antonio Hurtado y Aurea Ortiz, quien años después dejará su trabajo en la Filmoteca para pasar a dar clases en la Universidad dentro del Departamento de Pilar Pedraza.

Mientras en los próximos años los cambios políticos provocarán cambios en la directiva de Cinema Jove, no interferirán de ninguna manera en la Filmoteca. Ricardo Muñoz Suay seguirá en la dirección hasta su muerte.

A los pocos días de terminar el festival, marcho a La Coruña para intervenir en un congreso anual que versa sobre el papel del audiovisual en la educación. Participo en una mesa redonda como coordinador del programa audiovisual de la Comunidad Valenciana dentro de la Consellería de Educación. En esa mesa redonda estamos los responsables de los diferentes programas existentes, consolidados o en ciernes, en las diferentes comunidades autónomas.

En nuestra comunidad intenta arrancar, pero cuando parece que empieza a ser una realidad, otra realidad, nada soñadora, lo devuelve a sus inicios. Tal caminar, duro y a la vez ilusionado, lo he llevado a cabo desde el CEP (Centro de Profesores). De su existencia y mi trabajo en ese centro de formación, escribiré con posterioridad. Baste ahora con señalar su existencia, mi presencia y mi trabajo educativo en los CEPs. En los que curiosamente entré en el mismo año que iniciamos Cinema Jove, hecho que más de uno, o una, lo hayan querido unificar como parte del mismo todo. Cuando una cosa y otra nada tienen que ver a no ser mi presencia en ambos lugares.

Fue allí, en La Coruña, donde una tarde una técnica del servicio de educación de la Generalitat Valenciana, que también había acudido al congreso, nos dio la noticia de la llegada de las gaviotas al Gobierno Valenciano. A pesar de que esperábamos la noticia, nos dejó un regusto amargo. Aquella nueva presencia  también tendría importancia sobre el futuro de los CEPs.

Y sobre otras muchas cosas.

Escribe Adolfo Bellido López

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