Mis años en Cinema Jove (12): Boetticher en el festival

  26 Mayo 2011

Una tarde triunfal

BUDD_EN_VALENCIA-02Prácticamente todas las películas que Boetticher había realizado con posterioridad a El torero y la dama se proyectaron en la sala de la Filmoteca Valenciana durante la edición de Cinema Jove de 1995. Y algunas en los días (en primera o segunda proyección) inmediatamente posteriores al certamen.

La asistencia superó las expectativas. Parecía que toda la información que se había filtrado con anterioridad al certamen sobre el director daba sus frutos. Aparte, claro, de la presencia de Boetticher en Valencia con esa aureola de personaje díscolo, aventurero como si fuera un reflejo de sus propias películas. Los western y los no western, los filmes taurinos, los policiacos… Todos tuvieron una más que aceptable concurrencia.

¿Ocurríría lo mismo el día que en solitario se presentara al público en la misma sala de la filmoteca donde se estaba proyectando su obra? Sí, en aquella sesión, algo más allá de las cinco de la tarde, los aficionados al cine, los asiduos a sus sesiones, críticos y amigos habían sido convocados para ese encuentro en el que no se proyectaría película alguna. Cualquier cosa podía ocurrir ante la presencia de este joven cowboy de 80 años de edad.

Allí, ese día, esperando que sea la hora del comienzo del acto, se encuentra en el despacho del director de Filmoteca Valenciana, Ricardo Muñoz Suay, y junto a él la persona que será el mantenedor, Budd y Mary. También, lógicamente, estamos nosotros, Sabín y yo, con nuestras mujeres.

Para alegrar el acto a Budd Boetticher he aparcado momentáneamente mi vestimenta veraniega. Llevo chaqueta, pero no corbata. Sobra con la de Boetticher, que aunque es distinta de la del día del encuentro también brilla con sus eléctricas tonalidades. Boetticher al verme tan elegante (de acuerdo a sus ideas) muestra su aprobación con un simple gesto. Para él esa es la forma digna de vestirse un caballero que se precia, de ser un beau Brumell a la americana.

José Antonio Hurtado entra y sale del despacho con el fin de asegurarse de cómo va la cosa en la sala donde va a tener lugar el encuentro con el director. Las noticias son excelentes. El local está lleno. Se ha tenido que cerrar la taquilla ante la avalancha de gente que desea acudir a la sala; entre las personas que desean entrar se encuentran amigos a los que Sabín y yo hicimos llegar una invitación para el acto; en ella claramente se indicaba que era preciso canjearla en la taquilla por una entrada.

También se indicaba hasta qué hora (al mediodía de ese mismo día) tenían preferencia para acudir al encuentro con Boetticher que, además, coincidiría con la presentación del libro. No son las doce de la mañana, sino las siete de la tarde, pese a lo cuál algunas personas exigen unos inexistentes derechos en taquilla. No admiten que su invitación sólo es válida si se ha cambiado por la correspondiente entrada.

BUDD_EN_VALENCIA-08Algunos, incluso, nos envían misivas para que tengamos en cuenta que están allí. ¿Qué podemos hacer nosotros? Nada. El aforo está al límite y el local no puede agrandarse.

En la mesa, tampoco puede ampliarse, estaremos (además de una traductora) Ricardo, Budd y yo. Sabín se dedicará antes del acto, durante el acto y después del acto a realizar decenas de fotografías. Al final de ese encuentro, en la parte baja del edificio, sacará una foto al matrimonio Boetticher y a… Rafael Maluenda, que está en una de las primeras filas de la sala (en el artículo citado del libro publicado con motivo del 25 aniversario de Cinema Jove lo explica él profusamente) acompañado por unas llamativas muletas y enchaquetado. Que es como, según el parecer de Boetticher, debe vestir toda persona que se precie (1).

Es en ese encuentro con Boetticher cuando conozco a Rafael Malueda. Después de ese día quedaremos varias veces para charlar sobre cine. Incluso asistiré al rodaje de uno de los cortos que ha dirigido. Aquel encuentro–conversación de Rafael con Boetticher le llevará a tener una cierta amistad  con el realizador.

Creo recordar, aunque sin demasiado convencimiento, que fui yo quien (al preguntarme si la tenía) le di la dirección de Boetticher. Rafael le visitaría en un viaje que realizó a Estados Unidos junto con su compañera, la inolvidable Gemma Santaclara, arrebatada incomprensiblemente a la vida en plena juventud. Boetticher y Mary habitaban una casa–rancho de Ramona en California en la que ofrecían espectáculos de rodeo taurino a los turistas.

Años después, Rafael, ya como director de Cinema Jove, conseguiría traer al festival en 2001 (en una copia impecable) la excelente película Seven men from now, iniciadora del ciclo de sus siete famosos western (no todos de la misma calidad) y que había sido imposible conseguir en el momento de su homenaje. Budd envió un artículo titulado Sobre Seven men from now con el fin de que fuera publicado en aquel momento.

Por diversas razones no pudo publicarse entonces. Ahora ese trabajo se recoge como anexo en el libro de los 25 años del festival. Poco aportan esas líneas al conocimiento de tan excelente película (por cierto hace poco ha sido editada en DVD), sobre lo que es y cómo se llegó a ella. Fiel a su estilo, el director escribe sobre las anécdotas que incansablemente relataba con su personal impronta de falsa novedad o de secreto a voces.

Boetticher, gran conversador (y fuertemente conservador), escribió algunos libros autobiográficos o sobre el mundo del cine. Uno de ellos nos los hizo llegar a Sabin y a mí, muy agradecido por el libro que habíamos escrito sobre su obra. Su título, When in desgrace.

Poco después, sin poder haber realizado ningún otro filme, murió tan singular director, fue en el mes de noviembre de 2001.

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Ovación y vuelta

Fue emotivo el encuentro de Budd Boetticher con el público. Se le veía encantado, a gusto. Fue uno de sus (últimos) maravillosos momentos de gloria. Allí, viendo a la gente entregada, se consideraba útil, importante. Consiguió guardarse en el bolsillo al público asistente. Los espectadores estuvieron encantados escuchándole, oyendo sus respuestas, en las que nuevamente volvía a contar algunas de sus anécdotas preferidas, aquellas que constantemente relataba, pero que siempre parecían nuevas. Completó una tarde gloriosa. Sólo faltó que le aclamaran, le vitorearan, jalearan al grito de torero, torero. Y que finalmente le sacaran a hombros.

El último gran acto en el que Boetticher iba a intervenir era en el que iba a recibir el día de la clausura del festival, el premio especial de Cinema Jove. Fue otra noche triunfal para Budd. Erguido, a pesar de sus insoportables dolores de espalda, henchido de gloria, agradecía desde el escenario, aquellas muestras de entusiasmo. Una gran faena la realizada por el maestro. El tiempo no pasará. Boetticher, como los héroes de sus western, aguantaba la embestida, el duelo final.

libro_boeticcherSin embargo, al terminar el acto se derrumbó. No podía más. Se excusaron (tanto él como Mary) por no asistir a la cena final de Cinema Jove, que en ese año ya no tenía lugar en el claustro del Monasterio del Puig sino en los salones de un hotel céntrico. Como se había excusado un día anterior, por no asistir a la visita que habíamos programado para que conociera Sagunto.

Boetticher, al despedirse, prometió volver por Valencia. Al menos, dijo, “cuando venga a España para rodar esa película que empezaré pronto. Una vana ilusión, pero que a él le servía para mantenerlo vivo. Los que le  conocimos en esos días, los que hablamos con él, estábamos convencidos de que era imposible que realizará otra película.

La edición de Cinema Jove 1995 coincidió con la celebración de los cien años del nacimiento del cine (de ahí que uno de los ciclos se dedicase a los 100 años de cortos). El certamen sirvió para celebrar con creces tales efemérides. Fue una excelente edición, aupada por la presencia de Boetticher, por la de Alex Cox, por la de tantos otros.

Por ese lado nada que objetar, pero… en ese mismo año, con aquellas mismas fechas, se estaban produciendo en la Comunidad Valenciana otra serie de acontecimientos que iban a ser importantes en muchos aspectos, también para la cultura de Valencia y, por supuesto, para el futuro del certamen. Una bomba (real) precedía a los actos de Cinema Jove sobre Boetticher. Otra bomba, o un terremoto (ambos metafóricos), como mejor se quiera, ponía el colofón a la presencia del director.

Escribe Adolfo Bellido López

NOTAS

(1) Lo que viene, en parte confirmado, por lo que cuenta Rafael Maluenda en el libro indicado: “Me dijo que le parecía educado y eso escaseaba: Hoy llevas una chaqueta, el otro día también (se refiere al día de la mesa redonda). Hay que hacer lo correcto. También yo llevo corbata por respeto al público que tiene el detalle de venir a escucharnos”.

  

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