Mis años en Cinema Jove (9): Partos varios y variados

  17 Abril 2011

Preparando el arranque de Cinema Jove 1995

BUDD_EN_VALENCIA-11La presencia de Budd Boetticher en la edición de Cinema Jove de 1995, debía suponer todo un acontecimiento. Había que cuidarla. Mario Viché, con el equipo organizador del certamen, había diseñado un plan para que la prensa y los aficionados pudieran interesarse por la presencia del realizador. Se emitieron diversidad de noticias sobre sus aficiones, oficios, películas. Más, y menos distanciadas en el tiempo, a medida que la fecha del certamen se acercaba. Se preparaba su llegada tratando de que generase una gran expectación en los medios. Se trataba de una espera cronometrada.

Unos días antes de que el certamen se iniciase, se decidió presentarlo en Madrid para darlo a conocer más ampliamente. Se suponía, como así fue, que el impacto en la prensa sería mayor. Era la primera vez que se realizaba esa presentación. Posteriormente, Cinema Jove seguiría manteniendo en Madrid esta especie de pregón como forma de dar a conocer el certamen a los diferentes medios, referidos a cualquier ámbito de la información. Es el tipo de presentación o puesta de largo que hoy se ha utiliza por gran parte de los festivales: aparte de presentarlos en su ciudad de origen, hacerlo en otras ciudades y muy especialmente en Madrid. Que, para bien o para mal, sigue siendo donde se centra el mentidero de la corte.  

Cinema Jove, por aquel entonces, no parecía interesar en demasía ni a la prensa general, ni tampoco a la especializada. Hoy, años más tarde, algo se ha logrado en ese aspecto, aunque, de todas formas, la expansión mediática del festival no ha llegado a ser tan firme como firme es su existencia. Las noticias que dan cuenta del certamen son escasas a nivel de todo el Estado Español e incluso dentro de la propia Comunidad Valeriana (el seguimiento antes, incluso, era mayor que ahora).

Uno de los foros que siempre nos había apoyado, dando una cierta cobertura anual, era un programa televisivo: La aventura del saber, espacio educativo que se emitía por las mañanas en la 2 de TVE. Un día, estando ya cercano el festival, acudía personalmente para informar, en entrevista abierta, sobre la nueva edición de Cinema Jove. Sobre todo, por la entidad del programa, se hablaba del apartado escolar, pero nadie me impedía que me pudiera extender a otras secciones del festival, a aquéllas más sonadas, importantes. No se nos concedía demasiado tiempo, pero sí el suficiente para explicar lo conseguido y lo que pretendíamos. También se proyectaban algunas partes de las películas premiadas en la anterior edición.

No recuerdo si algún año me acompañó, e intervino, Ángel Sanmartín al programa. Creo que sí, su dificultad se encontraba en las clases que impartía en la Universidad de Valencia. Mi tiempo, entonces como profesor del Centro de Profesores de Valencia, me permitía una mayor libertad de movimientos.

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Mario Viché, el director entonces del conjunto de Cinema Jove, sí me solía acompañar a Madrid, pero no para intervenir en el programa sino para saludar a los responsables del mismo o cerrar, en algún otro despacho o en alguna distribuidora, alguna propuesta inmediata, o a más largo plazo, para el próximo certamen.

El director que sustituyó a Mario, José Luis Rado, siguió alejado del plató de aquel programa porque era de la opinión que no era cuestión suya, ya que en aquel programa los que deberíamos estar presentes éramos los que llevamos el apartado escolar. La llegada de Rafael Maluenda a la dirección del festival cambió el esquema. Como director de Cinema Jove decidió que era él quien debía acudir a aquella anual entrevista/presencia televisiva.

No recuerdo cuántos años se siguió manteniendo esa presencia. Como tampoco sé cuál ha sido el destino de La aventura del saber. De todas maneras aquellos contactos fueron muy importantes, ya que posibilitaron una intensa colaboración del festival con televisión, que se sigue manteniendo y que entre otras cosas llevó a que Televisión Española concediera un premio especial.

No sabemos si muchos usuarios de televisión, aficionados al cine o interesados en participar en la sección escolar de Cinema Jove, conocieron a través de La aventura del saber la existencia del festival, debido a la hora de emisión y a la especificidad del programa. Al menos era educativo, y eso era ya un tanto a la hora de que los (no demasiados) espectadores del programa se interesaran por cuanto tratábamos.

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Con las horas contadas

El libro estuvo a tiempo días antes del inicio del certamen, aunque costó lo suyo. Sabíamos que no iba a ser fácil cuando iniciamos la obra a finales de 1994. Poco más de cuatro meses para terminarlo, releerlo, corregirlo, editarlo. Todo un record.

Menos mal que Sabín y yo pudimos contar con una ayuda inestimable, la de Jesus Arranz Parra. También había sido antiguo alumno del la Universidad Laboral de Cheste. Había estudiado, al igual que Sabín, Magisterio y como él había integrado el núcleo duro del cine club del centro educativo chestano, o sea, que además de acudir a sus sesiones se había involucrado en las diversas actividades que se organizaron durante los años en los que existió (1971-1987).

¿Qué aportó Jesús? Su labor se centró en investigar en la Filmoteca Española madrileña y en otros foros. Tal como se dice en el prólogo del libro… “a través de sus numerosas amistades contactó con personas y organismos tanto en Madrid como en Miami y en Londres”. Él fue quien nos pasó toda la información que aquí o allá existía sobre el director americano: sus trabajos en cine o televisión, las publicaciones existentes sobre su obra, fichas amplias de sus películas… Su aportación fue decisiva para los capítulos del libro dedicados a la filmografía y bibliografía de Boetticher.

En aquel momento Jesús era un experto montador de Televisión Española. Allí sigue compartiendo ese oficio con su (inmensa) labor sindical.

Sabín y yo, al tiempo que íbamos escribiendo los diferentes capítulos, recogíamos, valorábamos y ordenábamos lo que recibíamos. Sin la aportación de Jesús el libro no hubiera podido estar a punto en ese espacio de tiempo.

Ya casi acabado, leído dos o tres veces, se encontraba dispuesto para enviarse a la imprenta. Faltaba tan sólo… un pellizco. Es entonces cuando el ordenador, mi ordenador, pareció que había engullido todo el trabajo. Se negaba a cargar el texto y remitirlo al correspondiente disco. Era imposible acudir a Sabín. Él era quien sabía de informática. Mi idea, en aquel entontes era casi nula de ese mundo. Actualmente sigue siendo escasa pero al menor puedo nadar en (pequeños) asuntos informáticos. Mi prueba de fuego en el tecleado, corrección, en Microsoft, cortar, pegar, corregir y guardar había tenido su bautizo a medida que el libro se escribía.

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Sabín sí estaba bastante avanzado en ese campo. Su edad, y no sólo eso, le permitía dominar todo lo referente a técnicas audiovisuales. El máximo impulso se había producido por su parón obligado al ser cesado como director de la Emisora Municipal de Televisión de Puçol, que él había creado años antes (1). Una televisión que en aquel 1993, superados los problemas de sus inicios, contaba hasta con un edificio propio que el propio Sabín había diseñado para adaptarlo a las necesidades de la escuela municipal (sótano), televisión (planta baja y primera) y radio municipal (segunda planta). Por problemas repetidos con el alcalde de la localidad fue remplazado como director de la escuela y como responsable técnico en la televisión.

Su carácter rebelde (2), incapaz de plegarse a directrices de aquí o de allá, le llevó, una vez despojado de sus cargos a vagar por el ayuntamiento sin un claro trabajo. El descubrimiento de unos libros de informática le llevó a interesarse por el tema. Al poco tiempo al comenzar la informatización del ayuntamiento, Sabín apareció como una persona (otra vez) que podría encargarse de (nuevas) importantes tareas. Actualmente lleva, en ese ayuntamiento, el Departamento de Comunicación. Aparte de ello, tiene el personal hobby de dedicarse a nuestra revista Encadenados: es el jefe de redacción y edita y maqueta todos los días puntualmente los artículos que va recibiendo de los distintos colaboradores. Y aparte de todo ello debe ocuparse de su amplia familia.

En aquel mayo de 1995 esa familia no era tan numerosa como ahora. Mejor no era nada numerosa porque aún no tenía ningún hijo. Eso sí, su mujer Marisa, antigua alumna de la escuela y realizadora de la televisión municipal, estaba embarazada. Su primer hijo estaba a punto de nacer. No sólo eso, además tuvo la genial ocurrencia de venir al mundo en aquel momento. Con el libro casi terminado. Le faltaba el casi. En aquella mañana de mayo en que nacía Carlos, yo me encontraba sin saber qué hacer. Surgió el problema informático. Era imposible llevar el trabajo a la imprenta. Había una especie de atasco. Imposible contar con Sabín preocupado por su mujer y por el nacimiento de su primogénito.

¿Qué hacer? Me acordé de un compañero y amigo que había tenido conmigo en el departamento audiovisual del Centro de Profesores. Él, buen técnico y experto informático, en aquel entonces profesor de EGB y que se encontraba liberado (no sé si seguira)  en uno de los sindicatos de la enseñanza, iba a ser la tabla salvadora. Le llamé. Acudí a su casa y en un plis-plas solucionó el problema. Es bueno tener excelentes amigos. Él siempre lo ha sido. Se trata de José Manuel Soler Sánchez. Sin su ayuda el libro, con casi toda probabilidad, no hubiera estado a tiempo.

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Lo demás fue rápido, incluido el trabajo en la propia imprenta con el diseñador gráfico consistente en buscar la portada más adecuada y colocar las fotografías seleccionadas, escogidas entre las muchas que nos había hecho llegar Boetticher, en los lugares exactos de libro. Luego, también, tuvimos que preparar algo con lo que no se había contado: un último capítulo dedicado al índice onomástico y de títulos.

Nuestra publicación, obra de muchos, se titula Budd Boetticher, un caminante solitario y ambos (Sabín y yo) la dedicamos a nuestros compañeras de toda la vida (el título nos lo había regalado mi mujer). Llegó a tiempo, incluso para entregarse días antes de la inauguración del certamen en la presentación del festival que se iba a llevar a cabo en Madrid.

El día en que recogí los primeros ejemplares al ojearlos, me quede helado. La primera errata me saltaba a la cara. Con las prisas (algo que se nos había pasado en los repasos sucesivos de los textos, y es que los textos no se pueden corregir de inmediato, hay que dejarlos reposar) habíamos dado como título español del filme Lassie come home, La barrera invisible y no La cadena invisible. De sobra sabíamos que La barrera invisible era un buen título de Kazan que para nada tenía que ver con perros, al menos en cuanto a animales ligados a la perrita Lassie, pero surgió el desliz: nos dejamos llevar por el título (parecido) más conocido e interesante.

Se lo dije inmediatamente a ese gran persona amiga que era Ricardo Muñoz Suay, director de la Filmoteca Valenciana, ya que el libro era una publicación de Cinema Jove realizada en colaboración con la institución fílmica valenciana. Ricardo sonrió. Era normal que eso ocurriera. Por él supe, en aquellos instantes, que todas las publicaciones tenían erratas, que habría más, bastante más en nuestro libro, que eso estaba, incluso, estudiando ampliamente en otras publicaciones: a tal extensión le corresponde tal número de erratas.

Incluso, al menos yo, las sigo cometiendo. No muy lejano, en uno de los rashomones de nuestra querida Encadenados, se encuentra una que por otro desliz se me escapó. Es en el Rashomon dedicado precisamente al estudio de la película de Hitchcock, Encadenados. Pues bien en ese trabajo hablo del beso psicoanalítico de Recuerda entre Cary Grant e Ingrid Bergman. Debería decir Gregory Peck, que era el deudor de aquella escena con, evidentemente, Ingrid Bergman. El error surgía porque el artículo general se centraba en el filme Encadenados. Y es que ahí existe (y más de uno) también ¡cada beso! Sean o no de carácter psicoanalítico.  

Es verdad eso de que cada día se aprende alguna cosa nueva. Aquel libro me llevó (y a Sabín también) a aprender muchas cosas que desconocíamos.

Escribe Adolfo Bellido López

NOTAS

(1) La EMTV Puçol fue la primera televisión no profesional que funcionó en la Comunidad Valenciana. Es Sabín quien la construyó, la puso en funcionamiento. Fue durante años su director. Los cámaras, montadores, guionistas y presentadores eran antiguos alumnos de la Escuela Municipal de Cine de esa localidad, situada a escasos kilómetros de Valencia. Esa escuela, dedicada a alumnos de 8º de EGB, la pusimos ambos en marcha en 1982. Pocos años después asumió Sabin la dirección en solitario. Esa historia pertenece a un pasado anterior a la fundación de Cinema Jove. No es, por tanto, el momento de repasar esa etapa. Será en otra ocasión.

(2) Al menos era, en aquel año, funcionario municipal, puesto conseguido en unas oposiciones tiempo atrás. La plaza a la que opositó, adecuada a su perfil técnico, le permitía coordinar las actividades audiovisuales y especialmente todas las centradas en la programación del cine de la Casa de Cultura, la Escuela Municipal de Cine y la puesta en marcha de la televisión local.

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