Mis años en Cinema Jove (2): En el umbral de la vida

  06 Diciembre 2010

Retorno al pasado

Canciones para después de una guerra, de Basilio Martín PatinoFaltaban escasamente veinte años para llegar al año 2000, en España habían pasado muchas cosas en poco más de diez años. Murió el dictador (¿era lo que presagiaba el final de Canciones para después de una guerra con la canción Se va el caimán?). Aparentemente todo era maravilloso después de unos años en los que España entera había vivido con un nudo en la garganta.

La transición (menos mal que fue light), siguiendo el esquema de los últimos años de la dictadura, fue excesivamente dura. La extrema derecha, la extrema izquierda, junto a los vigilantes de la Patria, fueron protagonistas de hechos violentos, conspiraciones, asonadas militares… Se secuestró, asesinó a personas civiles y militares, se cometieron múltiples atentados, se había intentado enjaular a los representantes del pueblo…

Era lo negativo, claro, pero también existieron cosas positivas. La principal que, al fin, teníamos libertad de reunión, de pensamiento. No había libros, ni películas prohibidas, al contrario, recuperábamos aquéllas que años atrás nos habían sido hurtadas. Eso sí, grupos integristas seguían exigiendo que pensáramos como ellos deseaban. Se consideraban los salvadores de no se sabe bien qué. Bastaba verles rogando por nosotros, o impidiendo nuestra entrada en ciertas películas que pensaban sólo ellos podían ver.

Con el triunfo socialista de 1982 las cosas parecieron calmarse. El pueblo iba cambiando (¿haciendose más adulto?), aunque los extremos (ni siquiera las dos Españas) seguían sin desaparecer. Su sistema de lucha o resistencia tampoco. Realmente eran los herederos directos de la dictadura, los más intransigentes, los que pactaban con la Iglesia (con mayúsculas, claro, pues se reafirmaban, con descaro, en que la suya era la única y verdadera), los que desde entonces (y siguen en ello) se oponen a todo lo que no les gusta, confundiendo la ley civil con sus implicaciones religiosas.

Los que se manifestaran contra el divorcio (aunque luego se apuntarán a ello sin rubor), contra el aborto (obviando que entre ellos se encuentran más de uno de los que fueron a abortar, en tiempos idos, al extranjero). Se denominaban la mayoría, jaleados por la prensa de la derecha más recalcitrante, afirmando ser más de uno o dos millones de personas los que, pongamos por ejemplo, en Madrid claman contra tal proyecto de un gobierno de izquierdas (bueno, naturalmente de una izquierda light) sin tener en cuenta que ese número tan excesivo de personas es superior, por ejemplo, al que se contabiliza en la tercera ciudad de España, en Valencia. Da igual, todo cabe…

La exposición fotográfica censurada en el MUVIM por el gobierno del Partido Popular en 2010... ¿el siglo XXI?

La ciudad alegre y confiada

En 1979 tienen lugar las primeras elecciones municipales. El pueblo es quien después de demasiados años de espera vuelve a emitir su voto. Equivocándose o no, pero al fin y al cabo vota.

En varias ciudades importantes, en aquella primavera tan real que parece simbólica, gana la opción de la izquierda en bastantes poblaciones. Una izquierda moderada, no violenta. Ocurre también en Valencia. La alcaldía será regida, en aquel momento, por el PSOE con el apoyo del Partido Comunista. Los años, pocos, en los que se prolongue esta alianza serán sin duda los mejores que vivirá la ciudad desde el punto de vista de la cultura.

La etapa posterior monocolor del PSOE pone los mimbres para la llegada del PP (también en coalición con trasnochados partidos regionalistas) con su gusto populachero, su desprecio hacia el propio ciudadano, con una chulería y un abuso del poder que asombra y, a veces, hasta asusta. En su poderío avasallador quieren pasar como propios algunos de los logros de los anteriores gobiernos.

En la Generalitat Valenciana va a pasar algo de lo mismo. Con idénticos resultados. La cultura se convierte en circo, el buen hacer en grosería parlamentaria, la aparente prosperidad en una comunidad que será (desde sus inmensos gastos), en el momento actual, el mayor agujero económico de España, la comunidad más endeuda.

También aquélla en que la corrupción, impulsada tanto por negocios inmobiliarios como por otros que parecen proceder de películas americanas del cine negro, arrasa de Norte a Sur de la Comunidad. Pero no les preocupa, siguen pegados a sus sillones. El partido de la gaviota (sin oposición fuerte que pueda sonar a alternancia) no quiere, o desea, darse por enterado. Ya se sabe, lo dicen ellos cantarinamente: los votos les respaldan, les absuelven. Como si eso les absolviera de sus culpas. Ambas cosas son tristes realidades.

Por si fuera poco, desde un tiempo para acá esos políticos se empeñan en transformar la cultura en circo, mientras, paso a paso, lo van consiguiendo: proceden a cercenar la libertad de expresión censurando exposiciones (la de las celebres fotos del MUVIM) o pidiendo (como recientemente ha ocurrido con una representación teatral que ha tenido lugar en la Universidad de Valencia) que no se represente una obra porque les critica.

Actúan, como elefante en una cacharrería, contra lo que no les gusta, utilizando todos los medios a su alcance (impedir que se imparta la asignatura de ciudadanía, proponiendo la peregrina idea que se dé en inglés; arremeter contra la paralización de los derribos del barrio del Cabañal; aducir que los ordenadores que entrega el Ministerio de Educación resultan dañinos para los escolares… valencianos). Asombra su falta de pudor, de respeto, su desmedida ansia por convertir la ciudad en un (más que discutible) museo para que los turistas admiren tal despilfarro fallero, sin pensar en conseguir una ciudad grata, con amplios servicios, habitable para sus ciudadanos.

A algunos les pudo resultar asombroso el cambio de color político en una ciudad que fue capital de la República, en una comunidad que fue de las últimas en caer bajo las botas rebeldes. La realidad es que nunca se produjo tal cambio. Valencia sí fue republicana, pero de derechas. Una sociedad esencialmente conservadora. De tarde en tarde sale de su letargo, pero la hibernación es casi eterna. Prefieren no salir del sopor con el fin de no admitir que algunos de sus dirigentes proclamasen que estaban en política para hacerse ricos. Para qué quejarse. ¿Es que acaso, no veis, lo bonita que está la ciudad matriz? Triste olvido de que eso, incluso el déficit que padecemos, se ha pagado con el dinero de todos los valencianos. Incluso, aquel que al parecer forma parte del patrimonio de algunos políticos, también forma parte de sus impuestos.

Formula 1, velas al viento (que no banderas, aunque poco les falta), tierras míticas movedizas, especulaciones sin cuento, un IVAM que languidece, el nuevo estadio de fútbol con su obra parada desde hace más de un año, un ágora costosísima que nadie sabe para qué utilizarla, recalificaciones a espuertas de terrenos… Y, también aquí en la capital de la comunidad, Valencia, cohabitan dos festivales de cine más o menos oficiales junto a algún otro que lo es menos.

¿Quién me compra un festival?

Mostra de Valencia, Cinema del Mediterráneo, primera ediciónEl ayuntamiento valenciano decidió al inicio de los años ochenta dar cabida a un festival de cine. Un inicio tímido, casi ignorado por todos, prácticamente sin un claro director del evento, iba en pocos años a convertirse en un buen festival conocido como la Mostra de Valencia, Cinema del Mediterráneo.

Largometrajes llegados de diferentes países del Mediterráneo, cinematografías desconocidas o emergentes, con —en bastantes casos— una aproximación desde el documento a la realidad áspera del país emisor de las imágenes. Argelia, Marruecos, Túnez, Grecia, Yugoslavia estaban presentes en la sección oficial junto a producciones de Italia, Francia o España.

De todas formas aquellos primeros años, gloriosos de la Mostra, lo fueron (gracias sobre todo a un buen equipo de trabajo) por los ciclos que acompañaron a las películas. También por las actividades paralelas. Inolvidables ciclos como el dedicado al neorrealismo, a la nueva ola, al cine yugoslavo… con presencia de directores, de actores venidos de aquellos ecos. Imposible olvidar la presencia (encantadora, entrañable) de Giulietta Massina al amparo de Las noches de Cabiria. Estupendas jornadas junto a complementos tales como los congresos de música de cine.

Los vaivenes políticos, los cambios de directores del festival (con algún elemental escándalo como sobremesa) han conducido a la Mostra a un callejón sin salida, con ciclos, proyecciones o presencias desafortunadas. Cada año la ceremonia de la confusión es mayor. En el momento actual, 2010, el festival ¿de la mano? del fundador del Festival de Málaga es una irreconocible marioneta que ha perdido su mediterraneidad a golpe de intrigas, de peleas sin cuento, como muestra la especificad que atesora el certamen al dedicarse a acción y aventura. Su reclamo asemeja la pintada metáfora de una ciudad, de una comunidad dada a veleidades mil. Un festival que, insisto, está patrocinado por el ayuntamiento de la ciudad gobernada por el Partido Popular.

En 1986 el Departamento de Juventud de la Generalitat Valenciana bajo gobierno socialista, buscando la colaboración de personas dedicadas dentro de la enseñanza al trabajo del audiovisual con los jóvenes, dio los primeros pasos para crear un certamen o muestra escolar.

La primera edición se celebró coincidiendo con una serie de días de vacaciones con el fin de poder habilitar ciertas partes de la Universidad Laboral de Cheste (pues allí fue donde se llevó a cabo el parto) para acoger a los invitados de la comunidad, que acudieron a la llamada tanto para presentar obras realizadas en centros escolares como en organizaciones (especialmente ayuntamientos o centros juveniles) que llevaban a cabo experiencias de trabajos audiovisuales debidas a jóvenes.

Universidad Laboral de Cheste en los años 80

La marcha durante unos días de los estudiantes de la Universidad Laboral a sus hogares cercanos (especialmente de Magisterio) dejaba libre una serie de habitaciones que podían ser utilizadas por los participantes en el encuentro. En ese inicio el encuentro se denominaba algo así como “experiencias de grupos escolares”, lo que no quería decir que —como hemos apuntado— se realizaran exclusivamente en los colegios.

Este encuentro sobre el que hablaremos posteriormente en este u otro capítulo de este serial, supone el inicio del festival Cinema Jove, que únicamente en esa edición se celebra en el citado centro docente.

Durante estos años, sobre todo más acá que más allá, se ha comentado en varios foros sobre la posibilidad de unir los dos certámenes, o sea la Mostra y Cinema Jove. Ambos, ahora, se cobijan bajo el paraguas del mismo partido. Pero eso también ocurrió no sólo en sus inicios, sino durante toda la paralela historia de los dos festivales. Primero bajo el patronazgo socialista, después del PP.

La diferencia, de todas maneras, creemos que ha quedado clara: la Mostra va unida al ayuntamiento, mientras que Cinema Jove corresponde a la Generalitat (cultura–juventud o juventud–cultura, tanto da). Nadie quiere unir a ambos certámenes dentro de las órbitas recorridas por ambos. No fue hace demasiado cuando el actual director de la Filmoteca de Valencia, José Luis Rado, que lo fue también de cinema Jove de 1997 a 1999, expresaba su negativa a tal proceso unificador.

No hace demasiados años la ciudad de Valencia dio la bienvenida a un nuevo festival de cine, los Premios Tirant, dedicado sobre todo a producciones valencianas. Un certamen que, de forma especial, tiende a primar los medios más modernos de producción y comunicación audiovisual. De ahí que uno de sus espacios principales sea ocupado por los trabajos en y con móviles. Entre sus secciones existe una que, como ocurre en Cinema Jove, se abre a las producciones escolares.

No es el único festival de la Comunidad que admite o tiene una sección escolar. Igualmente ocurre en el joven certamen Inquiet, también con especialización valenciana, desarrollado en una población cercana a Valencia, Picassent.

Más cerca aún está Quart de Poblet, que desde hace años, creo que incluso con anterioridad a Cinema Jove, celebra a finales de septiembre un festival de cortos en cualquier tipo de formato.

Y es que en la Comunidad, al igual que en el resto de España, crecen los certámenes de cine como hongos. Cerca de Onteniente nació, como quien dice ayer, un certamen dedicado al cine documental. De cortos, existen con origen cercano o más lejano, festivales por aquí (Valencia y provincia) por el Norte (Castellón y provincia), por el Sur (Alicante y provincia),

Hoy día a cualquier cosa se llama (con gran alegría) “festival” por parte de sus organizadores; basta que en un lugar decidan proyectar durante dos o tres jornadas seguidas una serie de películas. Pueden ser largos o cortos (especialmente), rodados en 35mm, digital o móvil. Lo importante es sacar pecho, reafirmarse —sea o no cierto— en que esto es un festival de cine. Algunos con más solera, otros imberbes; unos consolidados, otros dando un paso adelante junto a otro u otros atrás; algunos desapareciendo después de una o dos ediciones sin dejar ni rastro.

Algunos de estos certámenes, de estos, de aquellos, de los de más allá o más acá son o fueron los de Alfas del Pi, Alicante, Villareal, Morella, Elche, Alzira, Peñíscola...

El mítico paraninfo de la Universidad Laboral de Cheste

Megametrópolis

Las universidades laborales nacen como propaganda del régimen franquista. Se trata de ofrecer a los hijos de los trabajadores lo mejor en cuanto a enseñanza y… medios. También en cuanto a cuidados, porque en las laborales el alumnado será mimado hasta extremos difíciles de entender ante el estado de crisis económica por el que pasaba España. El alumnado que formaría parte de los escogidos, vive en el centro con todas sus necesidades cubiertas (no sólo los estudios).

De todas formas, sobre la laboral de la que puedo hablar con propiedad es aquella que conocí a fondo por estar de profesor de asignaturas regladas… y de más cosas. Es decir de la Universidad Laboral (o Centro de Orientación de Universidades Laborales) de Cheste, en Valencia.

Indicaré una serie de datos respecto sobre esos centros:

  1. La primera universidad laboral abierta en España fue la de Gijón, a finales de los años cuarenta. Construida por todo lo alto, con las máximas comodidades, podía recibir alrededor de 500 estudiantes, que estudiaban en régimen de internado. Todo en ella era grandioso, aunque actualmente, como todas las otras, ha tenido que ser reformada para adecuarla a modernos sistemas tanto de enseñanza como de estancia, incluso rehabilitadas para fines distintos que para el que fueron creadas. Todo (el lujo) para (la contemplación) del alumnado, parecía ser su lema. Al parecer su coste fue idéntico al que tuvo la de Cheste, construida cerca de veinte años más tarde. Mármol de Carrara, materiales nobilísimos, zonas de mantenimiento absurdamente exquisitas, como una vaquería (se pretendía que el centro se abasteciera a sí mismo) de la que se dice fue cubierto el suelo con mármol. Se supone que para que las vacas pudieran… patinar. Su lugar dorado se encuentra en el salón de actos con un juicio final pintado en la parte alta del escenario. Entre los salvados, en lugar preferente (no sé si esa imagen seguirá allí actualmente), se encontraba el ideólogo de las Universidades Laborales, el Ministro de trabajo Girón de Velasco, que naturalmente fue quien impulsó esta primera universidad en la que —a decir de algunos— los camiones de cemento para su construcción entraban por una puerta, saliendo, como llegaban, por otra…
  2. Las laborales, a través de las Mutualidades de trabajo (agrupación de los trabajadores de acuerdo a su especialización), se gestionaban por el Ministerio de Trabajo y no por el de Educación. Fue en los años 80 cuando todas las laborales fueron transferidas al Ministerio de Educación.
  3. Los estudios realizados en las laborales son, en conjunto, los mismos que se pueden dar en cualquiera de los centros regidos por educación, al menos eso ocurre en los años 70. No sé si al principio serían diferentes, se plantearían, pongamos por caso, como estudios llamados “laborales”. En los años indicados, los que conozco, se imparte bachillerato, además de diferentes tipos de peritajes en otras laborales, pero no en Cheste.
  4. Durante mucho tiempo, en las laborales al jefe se le dará el rimbombante título de rector.
  5. En las laborales no sólo se cuenta con profesores (por oposición, interinos), sino también con todos los trabajadores necesarios para que el centro pueda funcionar por si mismo: electricistas, albañiles, cocineros, personal de limpieza, fontaneros… Muchos de ellos serán funcionarios enmarcados en la correspondiente categoría profesional.
  6. En algunas universidades laborales, al menos en las más antiguas, el cuidado del alumnado (cuidando probablemente la orientación religiosa) corre a cargo de ordenes religiosas (jesuitas, dominicos…) que son quienes mandan sobre el internado. En las nuevas no ocurre eso (caso de Cheste), el internado es llevado por directores y tutores, en general —aunque no en su totalidad— procedentes de organismos (como la OJE) ligados a Falange. Los tutores contarán con auxiliares, que no serán sino estudiantes de determinadas carreras en la Universidad de turno (en nuestro caso Valencia).

Solamente el grupo de los docentes superaba en Cheste el número de 200. En los años setenta su gasto diario (contabilizando el sueldo de todos los que allí trabajan, la comida, servicios…) del centro ascendían a un millón de pesetas.

La última de las universidades laborales que se crea en España es ésta de Cheste (Centro de Orientación de Universidades Laborales, se denomina)

La última de las universidades laborales que se crea en España es ésta de Cheste (Centro de Orientación de Universidades Laborales, se denomina). El impresionante complejo educativo, después de una larga búsqueda sobre el lugar donde debería instalarse (primero quiso llevarse a una zona cercana a la playa de El Saler, un espacio protegido que en los años sesenta fue objeto de una total degradación debido a la voracidad inmobiliaria consentida por los correspondiente ayuntamientos franquistas), decidió construirse en un monte aislado de cualquier núcleo urbano. Se ubicó a unos pocos kilómetros de la población de Cheste y a 22 de Valencia. Actualmente, junto a la universidad se encuentra el circuito de Cheste proyectado para pruebas de todo tipo, una enorme inversión cuya presencia pone más en evidencia el posterior trazado urbano de la Fórmula 1.

Dentro del recinto amurallado encontramos una zona de oficinas, comercios, cafetería, comedores, una entidad bancaria, fuentes, edificio de docentes, 24 colegios donde habitaban, en cada uno, 200 alumnos, con su director al frente, sus tutores, sus auxiliares. También encontramos piscinas (al aire libre o climatizadas cubiertas, éstas olímpicas), impresionantes campos deportivos, 8 edificios con diversos pisos dedicados a aulas a derecha e izquierda del edificio central (considerado el docente por estar allí situados los despachos de la subdirectora, jefes de estudio y residencias, junto a las correspondientes secretarias, más los departamentos docentes), de acuerdo a una cierta simetría que pivota sobre la estructura general del centro.

En ambos extremos del edificio docente (por uno de sus lados se accede por un coqueta escalera de caracol) se encuentran dos salas de actos. En ese edificio central existe también una amplísima biblioteca, un departamento audiovisual equipado con sistemas de televisión para grabar y emitir programas, y pequeñas salas de visionado.

El centro contaba también con almacenes, un pequeño hospital con permanencia de 24 horas de médicos y enfermeras, una capilla (curiosamente pequeña en cuya parte inferior se encuentran habitaciones para invitados), casas para los jefes, pinadas, grandes espacios al aire libre.

El remate a tanta grandiosidad es el edificio emblemático que se denomina nada más atravesar el control de la puerta central: el inmenso paraninfo con capacidad para todo el alumnado que estudia en esa laboral, es decir para el escalofriante número de cinco mil. Se trata de una enorme sala construida —de ahí su nombre— con el esquema de un teatro griego o romano (pero cubierto, aunque en su parte trasera exista un escenario para representaciones al aire libre). En su interior no existe ni una sola columna. Cuenta con un buen escenario y una enorme pantalla rectangular. Para proyectar se usa una máquina supermoderna (de lámpara), el sonido es perfecto desde cualquier lugar del paraninfo.

El complejo educativo fue construido de hormigón armado. En el proyecto se cuidaron pequeños detalles como la creación de pasillos cubiertos en el exterior, para posibilitar que el alumnado pudiera trasladarse de un lugar a otro del centro sin mojarse, en caso de lluvia.

El complejo educativo fue construido de hormigón armado. En el proyecto se cuidaron pequeños detalles como la creación de pasillos cubiertos en el exterior, para posibilitar que el alumnado pudiera trasladarse de un lugar a otro del centro sin mojarse, en caso de lluvia

Se pensó convertir a laboral de Cheste en un centro de orientación para el alumnado más joven, es decir, para que al salir de aquí, pudiera saber a qué estudios podría acceder con mayor facilidad, brillantez en los centros hermanos. En los primeros años de funcionamiento (se inaugura casi a comienzos de los años 70) se imparte exclusivamente el Bachillerato Elemental (o sea de primero a cuarto curso, lo que actualmente sería parte de la secundaria).

Los eficaces psicólogos de Cheste eran los encargados de realizar el seguimiento del alumnado desde que llegaba al centro, y que venía desde cualquier lugar de España con una beca que le asumía absolutamente todos sus gastos y necesidades —estudios, comida, transporte, libros, vestuario, incluso se le entregaba un albornoz, cuadernos, lápices, material de escritura, dibujo, asistencia a las sesiones de cine en general o de cineclub, en particular—.

Naturalmente todo cambió con el paso del centro a Educación. Incluso dio un vuelco el modelo de enseñanza que se experimentaba durante los primeros años y que se centralizaba en la enseñanza individualizada. La mayor cantidad de alumnos que llegó a tener el centro fue de cinco mil: ¡Una asombrosa enseñanza individualizada, pues, para nada menos que 5000 alumnos! (1).

En los primeros años, el servicio de comedores de los pequeños alumnos (entre 11-13 años) muestra claramente el sentido protector que trata de ejercerse (los alumnos reciben el desayuno a las 8 de la mañana, la comida a las 2 de la tarde, la cena a las 19:30, incluso un refrigerio, sobre las 22 o 22:30) ya que la totalidad de los cinco mil alumnos, en diferentes turnos, son servidos en los cuatro comedores (de alumnos) existentes. Se sientan y las camareras ponen, quitan las bandejas en la mesa, les sirven las jarras de agua.

Todo un lujo para aquellos niños venidos de diferentes lugares de España, algunos de pueblos pequeños, casi perdidos o desconocidos. Niños que los primeros días de su llegada se sentían indefensos, perdidos en aquel gran monte que sería su casa a lo largo de interminables bloques trimestrales (los del curso) con el lógico sopor, sobre todo, de los días festivos.

Algunos alumnos (hablo de esos tiempos iniciales de inicio de los años setenta) ni siquiera saben usar de forma correcta —aunque parezca mentira— los cubiertos. No es raro ver cómo ése o aquél otro come unos huevos fritos tratando de cogerlos con la mano para llevárselos a la boca. Pasarán algunos pocos años para que el comedor, como estaba pidiendo, impartiera sus comidas en régimen de autoservicio.

Los primeros años el centro es únicamente para chicos. Al comienzo de los años ochenta llegarán a los nuevos estudios de Bachillerato un arriesgado y maravilloso grupo de alumnas, que al principio se encontraran acobardadas y perdidas entre tanto chico. Resulta interesante, divertido, pero a la vez algo triste, escuchar contar a alguna de ellas las experiencias que vivieron en aquellos años.

Las aulas de la Universidad Laboral de Cheste, donde las primeras alumnas vivieron situaciones de película

Luego llegarían más alumnas, claro. Por de pronto la laboral que después de la desaparición del bachillerato elemental parecía iba a centrarse exclusivamente en el segundo ciclo de EGB, vio cómo crecía el alumnado del nuevo bachillerato. Sin desaparecer totalmente el segundo ciclo de básica, se incorporaron a sus aulas estudiantes de Formación Profesional, tanto en los niveles I y II, así como un número grupo de alumnos/as estudiaban magisterio. En todos los sentidos, un monstruoso macrocentro de enseñanza.

El alumnado no sólo estudiaba las asignaturas regladas (eran excelentes alumnos, sobre todo porque si sacaban notas no demasiado buenas perdían la beca) también se beneficiaba de una serie de actividades, según sus gustos, a las que podía optar. Por ejemplo los amantes del deporte se preparaban a fondo al tiempo que los que decidían experimentar o profundizar en las artes (pintura, diseño, canto, teatro, cine) también tenían la posibilidad de ello.

Varios alumnos que pasaron por Cheste, por ejemplo, forman parte de la elite de los directores y actores de teatro en Valencia. Como también algunos de los que formaron parte (me centro en esos grupos porque son los que mejor conozco) del cineclub, de los talleres de cine, han seguido experimentado, trabajando bajo formas diferentes (talleres, televisiones, revistas, impartición de asignaturas…) en el campo audiovisual. Incluso aquí mismo, en Encadenados, varios antiguos alumnos de Cheste forman parte del consejo de redacción de nuestra revista.

¿Todo el bloque anterior qué sentido tiene? Más arriba está indicado, esa labor sirvió de introducción y presentación a Cinema Jove, o al menos al asentamiento de las bases para que su nacimiento fuera feliz.

Es el momento en que debo entrar en escena.

Rumbo a… ¿Camelot?

En los 60 y 70 me curtía en la crítica cinematográfica en la revista Cinestudio (la tercera en importancia de España)Desde mis estudios universitarios en Salamanca había estado relacionado con el cine bajo diversos aspectos. Fui subdirector, primero, del cine Forum Studio 1 (años 1961-62), luego al año siguiente subdirector (1963) del emblemático cineclub universitario salmantino fundado por Basilio Martín Patino y que en 1955 había impulsado las I Conversaciones Cinematográficas Nacionales. Del 64 al 68 me hice cargo de la dirección de ese cineclub.

A finales de 1965 marché a Madrid, donde viví durante dos años. Tiempo en que, desde la distancia, seguí ejerciendo de director del cineclub salmantino. En Madrid intenté ingresar en la Escuela Oficial de Cine, trabajé en la Federación de Cineclubs, asistí a festivales de cine, presenté decenas de películas y llevé los coloquios finales en varios cineclubs de España, al tiempo que me curtía en la crítica cinematográfica en la revista Cinestudio (la tercera en importancia de España). Las otras dos eran la esteticista, también derechista Film Ideal, una especie de mala copia de la clásica francesa Cahiers du cinema; y la ética e izquierdista Nuestro cine.

Cinestudio era una especie de cajón de sastre donde, comandados por José María Pérez Lozano, coincidimos entre otros Fernando Moreno, Mamerto López Tapia, Ángel Llorente (los tres ya fallecidos), Antonio Mercero, José Luis Hernández Marcos, Antonio Giménez Rico, José Luis Garci… Luego se incorporaron a la redacción algunas de las personas que actualmente se encuentran incorporadas a nuestro Encadenados, como Carlos Losada o José Luis Martínez Montalbán. En la última etapa de Cinestudio, antes de su desaparición en los años setenta, escribe en sus páginas Carlos F. Heredero, director actualmente de la interesante revista de cine Cahiers du Cinema España.

Cuando terminé la carrera universitaria de ciencias químicas, que, al parecer, debe tener bastante que ver con el cine, aparte de que su nacimiento se produce desde la ciencia, como lo demuestra el hecho de que algunos de los críticos citados también son químicos, como Llorente o el admirado Montalbán, al que bauticé en una de las reuniones como Monti, con tal éxito que es el entrañable nombre que actualmente empleamos para dirigirnos a él, opté, junto a mi mujer Elvira (química al igual que yo) por dedicarme a la enseñanza.

Nuestro primer puesto de trabajo fue en Ciudad Rodrigo. Ambos impartiríamos física y química en el instituto de esa hermosa ciudad situada a unos 80 kilómetros de Salamanca. En ese momento abandoné la dirección del cineclub universitario, pero no la crítica cinematográfica, que seguí ejerciendo en Cinestudio así como, de forma esporádica, en diarios salmantinos, ante la insistencia del insaciable y excelente periodista Ignacio Francia (íntimo amigo de Patino, nacido, como él, en la localidad salmantina de Lumbrales).

¿Qué podría inventarme allí en la más bien quieta Ciudad Rodrigo que tuviera que ver con el cine, sin que se alejase de mis clases? Después de meditarlo, decidí mirar lo que había desarrollado anteriormente, pero tratando de adaptarlo al momento presente. Sería trasladar lo andado a la educación.

Puse en marcha un periódico mensual en el instituto, preparé, adapté, dirigí diversas obras teatrales (2) desde Los físicos de Dürremat a La enamorada del rey de Valle-Inclán, pasando por Los caciques de Arniches, En la ardiente oscuridad de Buero, La pereza de Telesnick, Esperando a Godot de Samuel Beckett, El zoo de cristal de Tenesse Williams…, pero sobre todo uní a todos los centros educativos que existían en Ciudad Rodrigo —durante los tres años que allí estuvimos— en unas sesiones semanales de cineclub (alternando las de bachillerato elemental con las del superior: dos semanales por cada grupo): además del instituto, el centro de formación profesional, las alumnas de un colegio de monjas y los estudiantes del seminario de la localidad.

Fueron dos años y pico de espléndidas sesiones (de Teléfono rojo a Nazarín, de Recuerda a Surcos…) con presentación y coloquio incluidos, que, acogidas al sistema de asociados del cineclub, llenaban completamente el local del cine Madrid.

En Ciudad Rodrigo, Adolfo Bellido dirige (sentado, eso sí) varias obras de teatro

Vientos valencianos

En 1970 había nacido nuestro primer hijo, fue el momento en que Elvira y yo pensamos trasladarnos a un nuevo centro docente (éramos interinos pero en aquellos años era fácil buscar acomodo en cualquier instituto, fuera del lugar que fuese).

Estábamos preparando el cambio, viendo qué lugar nos interesaba más, cuando de manera casual (el estar en el lugar exacto en el momento adecuado, ese dicho que tanto le gustaba expresar por ejemplo a Billy Wilder) nos encontramos en unas vacaciones en Salamanca a un matrimonio: él, conocido de los tiempos en los que dirigí el cineclub universitario, y ella, por haber estudiado el bachillerato con Elvira.

La conversación parecía enunciarse dentro del más elemental de los rituales. O sea, ¿dónde estáis? ¿Qué hacéis? ¿Cómo va la vida? En un determinado momento él (Antonio Mayor) me pregunta que si allí, en Ciudad Rodrigo, sólo me dedico a dar clases de química, que si he abandonado todo lo relativo al cine. Le cuento lo que hago. Cuando termino nos suelta a Elvira y a mí lo siguiente: “Soy jefe de estudios en la Universidad Laboral de Cheste. Decís que queréis salir de Ciudad Rodrigo, pues bien, os ofrezco un puesto a ambos, para el próximo curso, de profesores en el centro que acabamos de inaugurar. Iríais naturalmente como profesores de física y química, pero vuestra inclusión en la laboral implica una condición: tú, Adolfo, tienes que poner en marcha y llevar toda la actividad cinematográfica de la laboral, además de impartir las clases que te correspondan. Tú verás, porque la actividad de cine tendrías que llevarla fuera de tus horas lectivas, sin que el dedicarte a ello sea a expensas de quitarte horas de clase, ni que se pague por esa dedicación especial al cine”.

Fuimos a conocer el centro antes de dar el sí definitivo. Comprobamos cómo era aquel sitio grandioso, cómo eran sus alumnos, visitamos el paraninfo, los talleres, las aulas... Y nos decidimos.

Encontré enseguida la compresión de los compañeros, del jefe de residencia: los rectores desde el primer día me dieron libertad absoluta a la hora de programar las películas del cineclub (incluso el cine de los festivos, que desde mediados del curso de nuestra llegada se programaba para toda la laboral), elegidas en función de unos determinados objetivos, sin ajustarme a las calificaciones o restricciones de edad, sino que, por diversas razones, las consideraba válidas y necesarias en aquel instante.

La primera sesión del cineclub C.O.U.L. (Centro de Orientación de Universidades Laborales) dirigida a alumnos de cuarto de bachillerato tuvo lugar en noviembre de 1971. La película elegida fue Viento en las velas. Un punto de salida que dará lugar a una amplísima actividad desarrollada a lo largo de 17 años, en cuyo transcurso se crea en la laboral un imperio cinematográfico.

Recuerdo, de forma satisfactoria, cómo en un ciclo de cine español para alumnos de 8ª de E.G.B. cohabitaron nada menos que La caza con El espíritu de la colmena, El verdugo o El extraño viaje

El cineclub se transformará con el tiempo en múltiples cineclubs. La excelente, pero simple, actividad de llevar el cineclub se amplifica en otras varias. En estos años se crean diversos cineclubs. Los cambios de planes de enseñanza media y la incorporación de nuevos estudios en la laboral posibilitará la existencia, cada día de la semana, de distintos cineclubs con películas diferentes, adecuadas cada una de ellas al nivel educativo al que se dirigen.

Dependiendo de cada nivel, los ciclos y esquemas fueron diferentes. Bien es verdad que hoy si me encontrará ante un proyecto semejante no pasaría películas que eran válidas entonces, pero que actualmente serían despreciadas (incomprensiblemente) en determinadas edades.

Recuerdo, de forma satisfactoria, cómo en un ciclo de cine español para alumnos de 8ª de E.G.B. cohabitaron nada menos que La caza con El espíritu de la colmena, El verdugo o El extraño viaje, junto a otros títulos más fáciles o que se encontraron en el camino.

A nivel de 4º de bachillerato, Psicosis con Fresas salvajes, El pequeño salvaje, Retorno al pasado o ¡Qué verde era mi valle!. Cuando llegaron los primeros de B.U.P. asistieron a títulos como The last picture show, Sierra de Teruel, Las uvas de la ira o La encajera, mientras que el cineclub de C.O.U. y Magisterio programó un ciclo de cine cubano o (antes del estreno en Valencia) uno del primer cine de Wim Wenders. En los primeros años de la década de los setenta incluso tuve la osadía de proyectar para todos los alumnos de 3º de Bachillerato como lección de clase de ciencias naturales (con asistencia de profesores), 2001, una odisea del espacio.

Ciclos de películas (uno amplísimo de cine fantástico en el que, como introducción pudieron ver secuencias de clásicos del género como algunos cortos de Melies, Nosferatu, El hundimiento de la casa Usher, El golem, Metrópolis, Sumurum, El difunto Matias Pascal…). Semanas de cine (que según la denominación actual serían considerados festivales) con ocho o nueve películas distintas cada día, realización de películas en super 8, introducción de asignaturas de cine en el currículum (especialmente a nivel de magisterio), viajes a festivales de cine infantil o juvenil, e incluso la edición de una revista de cine: el primer Encadenados en papel, madre de nuestra actual revista digital Encadenados

Una labor que se pudo llevar a cabo gracias a la ayuda de profesores (primero) que colaboraron conmigo a la hora de plantear los coloquios (en una de las etapas del cineclub llegamos a proyectar cuatro películas diferentes al mismo tiempo). Después los profesores dejaron su puesto a determinados alumnos (en aquel momento habían o estaban a punto de terminar la carrera de Magisterio) que desde los cursos de básica llevaban asistiendo a las sesiones de los cineclubs. Incluso este alumnado se encargará del funcionamiento de algunos talleres, o de trasladar la experiencia a otros municipios como ocurrió con otro encadenado, Sabín, que llegó a poner en marcha y dirigir durante siete años, la primera televisión municipal de la Comunidad Valenciana, la Emisora Municipal de Televisión de Puçol, en Valencia.

Clausura del primer curso de la Escuela Municipal de Cine de Puçol, en 1983

Diversas actividades

Al final de los 70 y principios de los 80 debemos destacar algunos hechos importantes en el campo cinematográfico escolar valenciano:

  1. Entre 1980 y 1987 se edita la revista cinematográfica en papel Encadenados. Fueron en total 27 números, todos ellos a la sombra de los cineclubs de la Universidad Laboral de Cheste.
  2. El nombramiento de uno de los directores de residencias de la laboral (las personas que llevaban el peso de las actividades y funcionamiento de los 24 colegios o sea del internado) y posteriormente rector del complejo educativo, Vicente Sanonofre (una de las personas que desde su cargo en Cheste más nos apoyó para potenciar la actividad cinematográfica que desarrollamos en el complejo educativo) como director del I.C.E. de la Universidad Politécnica (fallecería años después repentinamente en su propio despacho) propiciará la realización de diferentes cursos dirigidos al profesorado, referidos a diferentes aspectos sobre el audiovisual en el aula o la lectura de imágenes. Varios de esos cursos fueron coordinados directamente por nosotros.
  3. Varios profesores de la Comunidad preocupados por la enseñanza del cine en el aula, después de largos debates, diseñamos lo que sería un programa audiovisual escolar con vista a su aplicación en los estudios de enseñanza media. La Conselleria de Educación nos apoyó en la propuesta tomándola como base para lo que años después se convertirá en una asignatura más bien optativa y demasiado marginal. De todas maneras, cuando poco después dicha Conselleria pusiera en funcionamientos los C.E.P. (Centros de Formación del Profesorado) no olvida incluir asesores audiovisuales en algunos de esos centros. Incluso a partir del de Valencia, de cuya asesoría audiovisual me encargué, se puso en marcha un ambicioso programa audiovisual en toda la Comunidad Valenciana. La experiencia no fue demasiado lejos: sólo duró un curso. Con la llegada del Partido Popular (1995) a la Generalitat Valenciana, los C.E.P. pasaron a llamarse C.E.F.I.R.E., sin saber muy bien la razón del cambio de nombre. Hoy siguen realizando la labor de formación más o menos de acuerdo al anterior diseño, pero ahora en gran parte los asesores se convierten en oficiantes gestores. La burocracia va impidiendo ver el bosque.

Adolfo B. Ramos protagonizaba 'Sillas irreparables', ganadora del primer encuentro de escolares (padre o madre de Cinema Jove)

El parto de los montes: nacimiento feliz

Alumnos y alumnas del cineclub COUL durante los años ochenta realizan numerosas películas en super 8. Suyo es todo el proceso que conduce del guión a la sonorización (magnética). En algunos casos las películas nacen de los concursos de guiones que durante varios años se promueven desde el cineclub.

A partir de 1982 se hermanarán estas producciones con las realizadas por la escuela municipal de otro municipio valenciano, Puçol. Una experiencia ésta que me ayudará a poner en marcha Sabín, para posteriormente dirigirla él en solitario y poner en marcha, con los propios alumnos de la escuela municipal de cine, la ya citada primera televisión municipal de la Comunidad Valenciana.

En conjunto, unos y otros (a veces en producciones realizadas al alimón) viajarán al Cerinterfilm (Certamen Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud) de Gijón, para exponer sus obras durante los años en los que la ciudad asturiana mantiene esa posibilidad de enseñar, analizar y discutir las producciones realizadas por los escolares. El alma mater de toda la movida que traslada a los escolares valencianos a Gijón no puede ser otro que Sabín.

Años antes los alumnos de Cheste se habían trasladado al festival para asistir al desarrollo del certamen que tenía lugar en la Universidad Laboral de Gijón. Aunque entonces no tenían lugar debates y proyecciones de películas realizadas por los alumnos, si se efectuaban viajes multitudinarios organizados desde varios puntos de España. Los filmes que se veían eran largometrajes supuestamente adecuados a sus edades. También se llevaban a cabo actividades lúdicas y excursiones. Con los años, para bien, Gijón y su festival serían otra cosa. Esa que actualmente le ha llevado a convertirse en uno de los más atrayentes festivales de cine que tienen lugar en España.

En aquellos años nadie pensaba en el actual festival gijonés. Sí en el de entonces, dominado por el barullo de los asistentes más preocupados de pasarlo bien que de encontrarse, y mucho menos debatir, buenas películas.

En los años 80, alumnos y profesores de Cheste y Puçol compartían estancia en el festival de Gijón

Una de las actividades que van configurando el nuevo panorama del festival asturiano consistió en la organización de unas jornadas anuales sobre pedagogía (más o menos ese era su referente) de la imagen, bajo el sonoro título de Jornadas de la OPPI (Oficina Permanente para la Pedagogía de la Imagen).

A su llamada acudían profesores y profesionales que trabajaban el tema desde diferentes ámbitos, incluso desde lo privado y lo público. Acudí invitado por el festival en 1992 para exponer la experiencia chestana. Participé, pero decidí no volver. Aquello era un polvorín donde los puñales florentinos se aireaban sin gracejo. Unos trataban de esconderse para no explicar demasiado a las claras (¡como si les estigmatizaran extrañas culpas!) que lo suyo no era original (como si alguno de los presentes pudiéramos asegurarlo de lo nuestro); otros engreídos, soberbios, avasalladores, con su verbo se convertían en dioses incendiarios poseedores de la verdad, mientras los de más allá trataban de enseñar sus débiles espolones…

Triste espectáculo de personas cuya finalidad parecía ser la misma. Qué malo es creerse en posesión de la verdad absoluta. Aquellas jornadas, al menos la única a la que acudí, eran guerras de egos o superegos. Fue la primera y la última vez que acudí a tal (depende de cómo se mire) cruenta batalla. Aquella experiencia me sirvió para conocer a algunas personas que desconocía y que me parecieron brillantes (Enrique Monterde, por ejemplo), también para conocer de verdad a otras que pensé eran buenos amigos, pero… sobre esos lo mejor es cerrar el telón.

Supusieron también aquellas jornadas el encuentro con una persona que será fundamental para el desarrollo del apartado escolar de Cinema Jove, pues sería a quién escogería años después para que compartiera conmigo la coordinación del encuentro escolar. Me refiero, claro está, a Ángel San Martín.

Mario Viché, co-creador de Cinema Jove... aunque al principio lo bautizaron con otro nombreNo, en aquel encuentro no estuvo Mario Viché, aunque en algunos foros se empeñe en decir que me conoció en Gijón. No, Mario, no te equivoques, nos conocimos en Valencia. Eso sí, en nuestro primer encuentro hablamos de Gijón, de sus jornadas, de su especialización.

Mario, militante socialista, trabajaba en la Conselleria de Juventud, organizando, entre otras cosas, los cursos de animadores juveniles (para impartir algunas materias sobre imagen en esos cursos no tardó en reclutarme). No sé si entonces, estamos en 1985–1986, era director de área o no. Sabía Mario de mis actividades más que yo de las suyas, conocía el trabajo que estábamos desarrollando en Cheste, así como los trabajos/reuniones sobre imagen del grupo de profesores de Valencia, pero poco más. Bueno, acaso habría conocido a Sabín en algunas de las jornadas de Gijón, porque mi discípulo —y a veces maestro—, siempre dado al combate cuerpo a cuerpo, no renunció a ir al guirigay pedagógico de Gijón. Era y sigue siendo un polemista impenitente.

En febrero o marzo de 1986 fui nombrado asesor de audiovisuales del C.E.P. de Valencia (cargo que ocuparía hasta 1988), lo que me llevaría a dejar mi puesto en el complejo de Cheste. Pasaba en comisión de servicios (en esos años naturalmente tenía allí, en la laboral, mi puesto de trabajo fijo, después de haber padecido las correspondientes oposiciones) a tal destino. No volvería más a la antigua laboral; uno de los años de estancia en el C.E.P. en un concurso de traslados conseguí la plaza en un instituto de la propia ciudad de Valencia.

Pero debió ser antes, bastante antes, cuando Mario se puso en contacto conmigo para plantearme la posibilidad de realizar algo parecido a Gijón. No voy a polemizar con él sobre quien fue, o fuimos los dos (pero sí recuerdo que nunca fui partidario de lanzar nuestros encuentros mientras el festival de Gijón siguiera asumiéndolos) los que estuvimos de acuerdo en no pisar lo que se hacia en Gijón hasta que allí decidieran abandonar esa especificidad.

En 1986 Gijón había agotado la formula de su certamen, por lo que buscaba encontrar y poder consolidar otra novedosa. Fue el momento que Mario y yo elegimos desarrollar unas jornadas en el complejo educativo de Cheste sobre experiencias audiovisuales escolares realizadas en la Comunidad Valenciana.

Durante ellas realizamos una serie de actividades, de proyecciones con coloquios, aparte de visionar las películas realizadas por los grupos presentes. Contamos, para esta edición, con la presencia de Domingo Solano, uno de los más destacados directores de fotografía del cine español, que acababa de presentar su primera película como director, Nosotros en particular, en el festival de cine de Valladolid y al que Sabín (que cubría desde años atrás el festival para Encadenados) convenció para venir a Valencia con su película y para que fuera jurado en esa primera edición.

No recuerdo cuantas películas se proyectaron, pero sí que los otros dos jurados fueron José Prosper (antiguo alumno de Cheste, ¡cómo no!) y el crítico de la Cartelera Turia Antonio Llorens.

A Antonio no le debieron hacer demasiada gracia aquellos encuentros porque de ellos no escribió ni una sola palabra en la cartelera. Una producción de Puçol se llevó el primer premio. Era Sillas irreparables, co–dirigida por Raúl Diaz (actualmente realizador destacado de cine de animación, siendo una de sus películas Goya a la mejor película de animación) y Adolfo Bellido Ramos, que, sí, es uno de mis hijos, quien luego ha intervenido como auxiliar o ayudante de dirección en varias películas y series televisivas (Octavia, La mala educación, Las cerezas del cementerio, Atasco en la nacional...).

Fueron (como casi siempre ocurrirá en el apartado escolar de Cinema Jove) tres días de visionados, debates y diversión. Nadie en aquel momento podía imaginar que aquellas jornadas señalaban el pistoletazo de salida del festival Cinema Jove. Pero señaló su comienzo. Eso sí, al año siguiente las jornadas no se celebraron en Cheste, sino en el Expo Hotel de Valencia. De unas jornadas a otras se daría un paso tímido pero importante.

En honor de la verdad, tengo que decir que no me acuerdo en absoluto que invitase, ni estuviera por allí Ángel San Martín, pero si él lo dice será cierto. De todas formas a él, como digo más arriba, le llamaré unos años más tarde: primero para que me ayude a seleccionar las películas que se verán en el encuentro (cuando las que nos llegan son demasiadas), después para que pase a colaborar directamente conmigo en el apartado escolar.

Cinema Jove, aunque aún no se llamé así, ha nacido. Los padres estábamos contentos aún sin saber como resultaría el hijo. El recién nacido únicamente quería coger el testigo del Cerinterfilm de Gijón, que ahora deseaba transitar por nuevos caminos. Años después, Cinema Jove también los buscaría, eso sí, sin que el padre muera realmente. Lo que ocurre es que a veces parece obligado a vegetar. Pero eso forma parte de otras historias.

 Rodaje de un vídeo didáctico en el CEP de Valencia: a la cámara... ¿cómo se llamaba aquel individuo de la cámara?

Momentos (más o menos) estelares de la humanidad

Me olvidaba: los cineclubs de Cheste cerraron su actividad en junio de 1987. Igual que la revista (en papel) Encadenados se despedía cuando, en ese momento, sacaba el número 27.

En 1987 no había ni Internet, ni teléfonos móviles.

Fue en 1998 cuando dejé el C.E.F.I.R.E. Ese mismo año volvíamos a sacar la revista Encadenados, ya en la red.

En 1998 existía Internet. También teléfonos móviles

Y 1995 supone la llegada del Partido Popular a la Generalitat Valenciana. Un año después Mario Viché tiene que dejar la dirección. Su lugar lo ocupa José Luis Rado. Ángel y yo seremos, a partir de ese año, nombrados oficialmente coordinadores del encuentro escolar con… sueldo. Hasta ese momento ninguno de los dos cobramos nada por nuestra dedicación para poner a punto y llevar a buen término el encuentro. Aunque parezca raro…

Será 1999 el último año en que Rado sea el director del festival. El año anterior había sido nombrado director de la Filmoteca Valenciana por lo que es imposible mantener ambos cargos.

2000 señala el año en el que Rafael Maluenda asume el cargo del director de Cinema Jove.

En 2003 dejo de asumir la coordinación del apartado escolar de Cinema Jove. Tres año más tarde los Premios Tirant me concederían un premio por mi dedicación a lo largo de los años en pos del audiovisual en la enseñanza.

Ciro Ballester pasará a coordinar el encuentro escolar (desde ese momento encuentro audiovisual de jóvenes) en 2004 junto a Ángel. Sólo estará hasta 2009.

2010 señala el año en que Cinema Jove cumple 25 años.

Varias de estas cosas las trataré de forma más amplia en los próximos capítulos de este repaso que estoy realizando sobre la historia de Cinema Jove.

Escribe Adolfo Bellido López

La Escuela de Cine de Puçol se puso en marcha gracias al gobierno socialista de aquel pueblo valenciano 

Notas

 (1) Al parecer con la laboral de Cheste se quería demostrar que acá se podía impartir enseñanza individualizada a un número de alumnos superior a los que la disfrutaban o padecían en un centro francés: cerca de 2000 alumnos.

(2) Cuando llegué por primera vez al complejo educativo que conformaba la laboral, pasé por sus controles de seguridad, vislumbré la cerca que lo rodeaba e imaginé entrar en un campo de concentración. Entusiasmado por el teatro libre de Ronconi, en especial por la visión en Madrid del Orlando furioso pensé (en función de los montajes teatrales de Ciudad Rodrigo) que era el lugar para representar Morir por cerrar los ojos de Max Aub. Todo aquel lugar se podría convertir en el campo de concentración narrado por el autor. Mi gran dedicación al cine y la presencia de dos personas expertísimas en teatro en el centro, me llevó a abandonar (durante mi estancia en la laboral) cualquier idea referida a poner en pie ni una sola obra de teatro.

Adolfo Bellido y Elvira Ramos... tal como éramos