PASIÓN POR EL CINE (Carles Alberola)

  12 Enero 2008
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Tuve la suerte de ser alumno de Adolfo Bellido en la Universidad Laboral de Cheste allá por los años setenta. Hoy, treinta años después, sigue siendo mi profesor y amigo, y eso me hace sentir un privilegiado. Él, sin saberlo, cambió mi vida. Me hizo amar el cine, alentó en mí el deseo y el placer por contar historias, hasta el punto que hoy es mi profesión. Nunca le estaré lo suficientemente agradecido.

Soy de los que creen que tener un buen profesor es un pasaporte para la felicidad. Adolfo era más que un buen profesor. Él, además de impartir sus enseñanzas como profesor de física y química y de dirigir magistralmente el cine-club de la laboral, nos inculcó algo que considero tan importante como el aire para respirar: nos inoculó la PASIÓN por aquello que contaba y, sobre todo, por el cine.

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Creo, sinceramente, que sin pasión no hay nada que valga la pena. Gracias a él, un numeroso grupo de alumnos pudimos ver, comprender y amar el mejor cine que se hacía en aquella década: Scola, Patino, Godard, Pakula, Allen, Kubrick, Rohmer, Coppola, Saura, Truffaut... Pudimos también repasar la gramática cinematográfica de los clásicos (a un servidor le hizo amar de por vida a John Ford), nos empujó a presentar y conducir coloquios del cine-club ante más de mil compañeros, creó un concurso de guiones que nos permitió realizar nuestras primeros cortos, puso en pié la revista de cine Encadenados, donde empezamos a escribir y que aún hoy sigue viva, y todo esto, cuando solo teníamos 13 y 14 años.

Gracias Adolfo por estar siempre ahí, por haber ampliado nuestra línea del horizonte y por haber alentado nuestra curiosidad y atrevimiento.

Gracias por tu amistad y confianza, que hacen de nuestra relación una conversación ininterrumpida a lo largo de los años.

Eternamente en deuda contigo.

Escribe Carles Alberola

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